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TEMA 5. TIPOLOGIA DE LAS SECTAS


Y NUEVOS MOVIMIENTOS RELIGIOSOS

¿Quién -y bajo qué criterios- puede imponer con autoridad y calificar como "secta" a un determinado grupo religioso?, ¿a quién se ha dado potestad para definir el grado de peligrosidad de algunas sectas?, ¿es acaso el Estado juez para juzgar sobre la religiosidad de grupos que se califican a sí mismos como religiosos?. Y en el caso que deba ser la Iglesia, ¿qué Iglesia está autorizada para ello?, ¿la más antigua?, ¿la que tiene mayor número de fieles..? Nos movemos en un terreno particularmente ambiguo, no exento del peligro de la subjetividad. Vale la pena declarar lealmente la dificultad real que implica una aproximación objetiva, y universalmente válida, al problema sectario.

Pero nunca deberíamos caer en el estéril relativismo, como si todo fuese igual y cualquier grupo religioso poseyese la misma credibilidad objetiva. Tanto desde el punto de vista sociológico como desde una perspectiva confesional (sea católica o evangélica) se han ofrecido diferentes criterios para poder emitir un juicio creíble sobre las sectas. Pero un juicio creíble -habrá que reconocerlo- para aquellos que aceptan los postulados sociológicos de tal escuela o de determinado autor, o para los miembros que pertenecen a alguna Iglesia cristiana. Solo la fuerza de la argumentación y la racionalidad de las explicaciones gozarán de una autoridad universal reconocida más allá de los círculos en que se emiten estos juicios.

Este tema aborda un tema especialmente delicado. Es el de la tipología de las sectas, o lo que es lo mismo, el criterio o criterios de clasificacón para poner cierto orden y claridad en este vastísimo panorama sectario, ya que existen multitud de sectas y NMR, con orígenes y desarrollos muy variados resultado de la fragmentación de las Iglesias cristianas, en algunos casos, en otros originados en las grandes religiones de Oriente o simplemente surgidos de visiones y doctrinas contemporáneas. Conviene, por tanto, disponer de algunas claves de lectura, de una hermenéutica, para facilitar una mejor aproximación y conocimiento de los mismos.

La tipología permite ordenar los casos particulares y diversos dentro de un marco general de referencias claras, ya que "el tipo, a diferencia de la especie o clase, presenta una identidad común a diferentes casos dentro de una misma realidad compleja, pero al mismo tiempo señala límites suficientemente claros para excluir a otros".

El trabajo sobre la tipología sectaria ha encontrado especial eco entre los sociólogos. También algunos autores eclesiásticos abordaron el tema. Los estudios de unos y otros se apoyan, lógicamente, en criterios distintos lo que hace muy plural sus aportaciones. El presente tema se estructura en dos partes muy desiguales en extensión: la primera ofrece los dos criterios clásicos de clasificación sectaria; la segunda presenta una extensa gama de criterios propuestos por los mejores especialistas del tema..

1.1.- El criterio clásico de clasificación

Ninguno de los intentos realizados hasta hoy por hallar el organigrama perfecto en el que ubicar todos y cada uno de las sectas y NMR ha conseguido imponerse. Tal intento seguramente nunca estará disponible. Tratándose de fenómenos sociales y religiosos cabe pensar, sin embargo, en diferentes catalogaciones en base a algún determinado criterio a través del cual puedan agruparse por sus características más afines.

Los criterios para la clasificación de los grupos religiosos marginales varían de unos a otros autores. Antes de pasar a exponer las tipologías de diferentes especialistas, recordamos el criterio básico y admitido como clásico sobre el que se basa buen número de estudios.

Este primer criterio, ampliamente utilizado por su carácter general y que cubre todas las sectas, se remite a los sociólogos Max Weber y Ernst Troeltsch y sirve para determinar el campo propio de los grupos sectarios frente al campo específico de las Iglesias. La contraposición dialéctica a la idea de Iglesia vendría a definir a la secta. El criterio de referencia de la secta sería, consiguientemente, la Iglesia. Desde estos autores se vienen repitiendo las siguientes características que especifican a la secta:

- voluntariedad en la pertenencia al grupo;

- estructuración cerrada a la mayoría de la población (los no convertidos) y abierta sólo a los adeptos;

- oposición o enfrentameniento abierto a las organizaciones estatales, culturales, militares, religiosas, etc. y rechazo del diálogo;

- negación del bautismo de los niños, cuando se trata de grupos originariamente cristianos.

Estos rasgos delimitan el terreno de las sectas frente a ese otro tipo ideal que constituye la categoría sociológica llamada Iglesia.

En realidad este criterio es más definitorio que tipológico, porque unifica a las sectas frente a las Iglesias, pero no las diferencia entre sí. Adolece, precisamente, de imprecisión por su amplitud y universalidad. Incluso el binomio Iglesia-secta –ya se dijo en temas anteriores- tan común entre sociólogos y teólogos de la vieja Europa, manifiesta muchas deficiencias cuando se emplea en otros contextos culturales y geográficos en los que la "secta" ha perdido su referencia fundamental que es la "Iglesia". Donde ésta no es institución oficial, nacional o dominante, qué razón hay para calificar a los otros grupos como "secta". El ejemplo clásico, ya se ha repetido en otro lugar, es el de los Mormones. ¿Puede, acaso, la "Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días" ser llamada "secta" en el contexto de los Estados Unidos, y en concreto en el estado de Utah?

1. 2.- Criterios de tipificación sectaria

Teniendo en cuenta este tipo genérico de agrupamiento que se reduce al binomio Iglesia-Secta, será necesario considerar algunas de las tipificaciones más importantes dadas por los especialistas. En este análisis nos fijamos en el criterio clave que cada autor coloca para su propia construcción. He aquí los que consideramos más significativos:

1.- Criterio según el origen y las raíces;

2.- criterio del equilibrio moral aportado a sus seguidores;

3.- criterio según el tipo de ofertas de "salvación";

4.- criterio según las actitudes frente al mundo;

5.- criterio descriptivo u organizativo;

6.- criterio según la conflictividad;

7.- criterio doctrinal;

8.- otros criterios.

Estos criterios corresponden a tipos ideales de sectas y grupos marginales y son más bien resultado de construcciones teóricas que de una precisa analítica empírica.

-(1) Criterio del origen y de las raíces.

El intento de clasificar a las sectas por su origen es un criterio muy extendido. Buena parte de la literatura consagrada a las sectas está basada en este criterio, incluso aunque sus autores no expresen, a veces, explícitamente el intento.

Es un criterio natural, de fàcil comprensión para el lector, y además facilita el trabajo a los mismos autores. La dificultad aparece cuando no se tienen en cuenta las características socio-culturales de la época de aparición y no se matizan suficientemente las motivaciones que explican la misma razón de ser de cada grupo sectario, porque entonces cabe unir en un mismo apartado sectas y NMR que comulgan sólo en el hecho de unas comunes raíces religiosas o culturales. Pero esto parece ser insuficiente para una satisfactoria explicación tipológica.

Dos excelentes especialistas acuden a este criterio en obras recientes.

Jean Francois Mayer en su libro Las sectas, agrupa las diferentes familias sectarias bajo una triple perspectiva: 1). Inconformismos del cristianismo occidental, donde traza una panorámica histórica que va desde la "herencia de la reforma radical" (anabaptismo, mennonitas, amish, hutterianos, bautistas) y cuáqueros, hasta las corrientes adventistas, pentecostales y sectas del catolicimso romano; 2). Maestros y grupos de Oriente, en la que incluye sectas islámicas, hinduistas y las nuevas religiones del Extremo Oriente (Soka Gakkai, Oomoto, Sekai Kyusei, Mahikari y la Iglesia de la Unificación); y 3). Brotes occidentales de ultra cristianismo. Mayer entiende que "una religión no solamente sirve para responder a las cuestiones eternas del hombre acerca del sentido de la vida, sino también a interrogantes y aspiraciones íntimamente unidas a la época en que dicha religión aparece". Pero si la época moderna "está marcada por el papel de la ciencia" no es extraño que numerosos grupos religiosos deseen adquirir una "cierta tonalidad científica": la Cienciología, los Hermanos del Espacio, el Movimiento Raeliano, etc.

Jean Vernette, uno de los mejores especialistas franceses en el tema sectario, en su libro Las sectas, aparecido en 1990, las clasifica en tres grandes bloques:

1). Grupos nacidos del tronco judeo-cristiano, divididos a su vez en tres secciones:

- "Milenaristas": Testigos de Jehová, "New Age", Rosacruces, Fraternidad Blanca Universal, Adventistas del Séptimo Día, Amigos del Hombre, Iglesia Universal de Dios, Mormones;

- "Movimientos del despertar": Niños de Dios, Ejército de Salvación, Comunidad Internacional de Hombres de Negocios del Evangelio Pleno (Full Gospel Business Men' s Fellowhip International), Darbystas, Iglesia Católica Apsotólica, Mennonitas, Pentecostales, Sociedad de Amigos (cuáqueros);

- "Grupos sanadores": Antoinismo, Iglesia Cristiana Universal del Cristo de Montfavet, Iglesia cientista (Christian Science Church).

2. Movimientos orientales, cuyas raíces se hunden en las grandes religiones de Oriente: Asociación Internacional para la Conciencia de Krishna, Mahikari, Asociación para la Unificación del Cristianismo Mundial, Fe Baha'i, Movimiento Neo-Sannyas de Bahagwan Shree Rajnesh, Brahma Kumari, Misión de la Luz Divina, Sokka Gakkai, etc.

3. Grupos originarios del Esoterismo, Gnosis y Movimientos del Potencial Humano. Vernette reconoce que este reagrupamiento puede parecer a primera vista un tanto disparatado. Opta por él, sin embargo, porque "un cierto número de convicciones comunes les anima a todos ellos". Estas comunes convicciones consisten en: ofrecer los medios para hacer del adepto un "ser realizado", posibilitarle el acceso a un nivel superior de existencia y de autoconocimiento como término de un largo camino iniciático, liberar y sacar a flote todo lo divino que está escondido en cada ser humano por medio de diversas técnicas sicológicas y corporales. Las fuentes de que se alimentan los grupos de este tercer aparatado proceden de la Biblia y del Oriente, pero remodeladas por el tamiz de la tradición esotérica occidental. Cita entre ellos a: Rosacruces, Iglesia de la Cienciología, Organización de Análisis Accional, Antroposofía, Atlantis, Ecoovia, Extraterrestres, Fraternidad Blanca Universal, Meditación Trascendental, Nueva Acrópolis, Obra de Reintegración Crística, Raelianos, y Teosofía.

-(2) Criterio del equilibrio moral aportado a sus seguidores.

Para algunos autores el fenómeno sectario, lejos de manifestar un mal en sí mismo y un descrédito para aquellos que ingresan en sus filas, representa más bien la posibilidad de liberarse de la anomía que circunda las sociedades contemporáneas. Los NMR vendrían a aliviar el sentido de culpabilidad moral que muchos individuos sienten precisamente por su pertenencia a una sociedad definida por la anomía. Y por eso y en este sentido, las sectas y NMR pueden llegar a proporcionar el reequilibrio perdido por tantas gentes.

Frederick Bird publicó en 1979 un trabajo importante titulado A la búsqueda de la inocencia. Describe allí la confusión reinante en gran parte de la juventud contemporánea debido al choque entre el relativismo y subjetivismo moral que impregna la cultura moderna de Occidente y la permanencia de ciertos presupuestos de una vieja moral tradicional y objetivista. Pero esta conflictividad produce en muchos jóvenes resultados inesperados: por una parte, estimula sentimientos de ansiedad y culpabilidad y, por otra, predispone hacia búsquedas de caminos espirituales y experiencias místicas que mitiguen aquellos sentimientos de culpabilidad.

Y en esta búqueda de la "inocencia perdida", este autor tipifica los diferentes movimientos sectarios según la categoría de sus miembros, a los que califica de: devotos ("devotees"), discípulos ("disciples"), y aprendices ("apprentices").

Los devotos, según la terminología de Bird, son quienes se abandonan al maestro sagrado o líder carismático que encarna poderes supremos. Los grupos que representan mejor a estos devotos son Hare Krishna, Misión de la Luz Divina Divina, Meher Baba y algunas comunidades neopentecostales.

Los discípulos intentan alcanzar el estado de "iluminación" a través de progresivas separaciones de los deseos mundanos y del dominio de diferentes técnicas espirituales, psíquicas y corporales. Algunos grupos de Yoga y Zen, caerían propiamente en esta categoría. Los miembros clasificados por Bird como aprendices, buscan conocer a fondo las habilidades psíquicas, terapéuticas y chamánicas que se hallan en el ser humano en orden a realizar acciones sagradas que liberen sus sentimientos de culpabilidad. Estos grupos ofertan al candidato un notable sentido de autonomía personal y un conocimiento de sus propias capacidades. En esta categoría deben incluirse grupos como "Silva Mind Control", Cienciología, Meditación Trascendental...

La riqueza de esta tipología consiste en haber tenido en cuenta no sólo las prácticas y habilidades de los diferentes individuos que ingresan en estas sectas, sino también las doctrinas que iluminan sus comportamientos morales, el análisis de la conflictividad moral presente en la moderna cultura occidental y, sobre todo, una visión positiva de las sectas y NMR considerados como posibilitadores del equilibrio y de la reintegración necesarios a los adeptos.

-(3) Criterio según los caminos de salvación.

Bryan Wilson es, sin duda, uno de los sociólogos de la religión que más ha aportado en el campo de la tipología sectaria. Para Wilson resultan insuficientes aquellos criterios que se basan, por ejemplo, en los distintos tipos de organización o de la clase social de los adeptos. Por ello elige como cuestión decisiva el tipo de respuesta que se da a esta pregunta clave: ¿qué hemos de hacer para salvarnos? Si conseguir la salvación es la preocupación central de todas las sectas y religiones, la respuesta a esta pregunta definirá con exactitud la identidad del movimiento en cuestión.

Esta tipología tiene en cuenta los modos y métodos de obtener la salvación, así como los lugares y tiempos donde alcanzarla. Elementos que difieren considerablemente de unas sectas a otras. De ahí la necesidad de matizar bien las respuestas de cada secta para poder tipificarlas con coherencia.

En su obra Sociología de las sectas religiosas presenta los tipos ideales de movimientos sectarios desde claves soteriológicas. He aquí los siete grandes grupos de la tipología wilsoniana:

- Sectas conversionistas. Estas sectas insisten, ante la afirmación de la maldad y perversidad del mundo y de sus instituciones, en que la salvación solo puede obtenerse mediante el cambio de uno mismo, retornando a la pureza del evangelio y experimentando la conversión personal. Estos movimientos "poseen un carácter sumamente emocional", enfatizan el sentimiento sobre la razón y tratan de resaltar la culpabilidad del ser humano para hacerle experimentar la verdadera conversión. Wilson incluye en este tipo sectario a movimientos tales como el Metodismo, los Discípulos de Cristo, los "grupos de santidad" (Iglesia de Dios, Iglesia Pentecostal de Nazarenos, Ejército de Salvación), y los pentecostales clásicos como las Asambleas de Dios, Iglesia del Evangelio Cuadrado, y las Iglesias de Dios en Cristo.

- Sectas revolucionistas. Creen en la transformación del mundo presente mediante una acción sobrenatural y milagrosa de Dios. De sus miembros se espera el preparar tal cambio que ya está a punto de producirse. Procuran evitar el sentimentalismo y cualquier "experiencia mística". Lo que asegura la verdadera salvación es el conocimiento de la palabra de Dios y la obediencia a sus mandatos. Los grupos más típicos son: Adventistas, Cristadelfianos y Testigos de Jehová.

- Sectas introversionistas. Ponen todo el énfasis en la huida del mundo para refurgiarse en el seno de la nueva comunidad que es signo de salvación. En realidad "la comunidad es el único ámbito de salvación, tanto como lugar de preservación (hasta que ocurra la muerte o la Segunda venida) como salvación dentro de esta vida". No dan demasiada importancia a las cuestiones doctrinales respecto a la salvación, tiene mucha más importancia, en cambio, la rectitud moral porque ella es camino seguro para sentirse miembro del "resto congregado". Sus mejores representantes serían los Hutterianos, Mennonitas, Amish, Rappitas, Cuáqueros y Darbystas.

- Sectas manipulacionistas. Insisten en redescubrir la salvación en los valores que están a la vista de todos (salud, capacidad mental, fama, control de recursos económicos, etc.), pero hallando una clave para que no acaben convirtiéndose en ídolos del hombre sino en medios benéficos capaces de ofrecer dignidad y salvación. Algunas de estas sectas "ejercen su atractivo sobre sectores algo más cultos del público..., florecen en contextos urbanos, entre personas habituadas, por lo menos, a un tipo de pensamiento abstracto y marcadas por la educación y el progreso". Se ha dicho que "su Dios no es un Dios redentor, sino la idea abstracta de un poder extraordinario que los hombres pueden aprender a utilizar para su propio provecho en el mundo presente". El culto y servicio religioso son algo marginal. Su gran preocupación es la doctrina y el redescubrimiento de las verdades ocultas de las Escrituras. Movimientos pertenecientes a esta categoría son: Ciencia Cristiana, "Nuevo Pensamiento", Teosofía, Antroposofía, Cienciología, Iglesia Universal de Dios, etc.

- Sectas taumatúrgicas. La salvación se obtiene mediante la realización de milagros y la suspensión de las leyes ordinarias, tanto en el individuo como en la comunidad. Ello es signo de la benevolencia divina sobre sus elegidos. Suelen poner mucha fe en los oráculos y en la salvación de los males inmediatos. Wilson recuerda que aunque el protestantismo ha reprobado siempre las prácticas de tipo mágico, algunos de los grupos inspirados en él "han seguido recurriendo a ellas en los movimientos que buscaban la curación mediante la fe". Hoy día las sectas de esta índole suelen mantener cierta relación, al menos simbólica, con la corriente espiritista. La comunicación con los muertos y la vida de ultratumba son señales distintivas de los movimientos taumatúrgicos. El mismo autor recuerda que "la relación fundamental no es la de salvador y pecador, entre los que media el predicador, sino una relación entre espíritu y fiel, presentes el uno al otro a través de un medium". El Espiritismo, los Antoinistas, las congregaciones de manipuladores de serpientes de Kentucky, y la Iglesia del Señor, Aladura (Nigeria) pueden tipificarse como sectas pertenecientes a este apartado.

- Sectas reformistas. Wilson señala al Cuaquerismo actual como representante único de este tipo de sectarismo. "La salvación se obtiene transmitiendo una ética mediante la cual puedan vivir los hombres". Pero esta salvación no la consideran exclusiva para sí, anhelan un tipo de salvación que está ofrecida para toda la humanidad. Se mantienen alejados de la sociedad pero no manifiestan ante ella ni indiferencia ni hostilidad. Este alejamiento no es debido al rechazo del mundo, es cosa de tradición que sirve, por otra parte, para volcarse sobre él por obligaciones de carácter ético sin el menor asomo de proselitismo. "La Sociedad de los Amigos", conocidos como "cuáqueros" es el prototipo de estos movimientos marginales.

- Sectas utópicas. Afirman la posibilidad de hallar en este mundo la paz universal a través de la puesta en práctica de los principios religiosos. Sólo así podría reconstruirse desde sus cimientos la sociedad ideal que buscan estos creyentes. En esta tarea el protagonismo lo lleva el hombre mismo, pero regido por principios divinos. Se trata de crear un tipo de organización social perfecto en el que la salvación sería como su mejor resultado. No manifiestan deseos de un fácil proselitismo. Ante los posibles adeptos "efectúan diligentes escrutinios, y de hecho son sectas más cerradas de lo que justifica su planteamiento original". Se citan como ejemplo del sectarismo utópico a la Comunidad de Oneida, al "Bruderhoff" de Arnold, y a la Fraternidad de la Nueva Vida.

Bryan Wilson es consciente de que algunas sectas no pueden tipificarse dentro de estos criterios de clasificación. Por ello en la obra citada, añade al final un apartado donde se recogen diversas sectas como "casos excepcionales": Iglesia Cristiana Universal, Iglesia del Reino de Dios, Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días, "Shakers", Iglesia Católica Apostólica. Concluye su libro con una panorámica del sectarismo en Suráfrica, resaltando las sectas de tipo etíope y sionistas; y la inmensa proliferación sectaria del Japón moderno.

-(4) Criterio de orientación ante el mundo.

Desde los estudios de Weber y Troelstsch, casi todos los tratadistas vienen repitiendo que el concepto de secta, además de su referencia fundamental al de Iglesia, posee otras refencias entre las que destaca la idea de sociedad. Una convicción asumida por la mayoría de los autores es que el rechazo del mundo es una de las características definitorias de la secta.

La aportación de la nueva tipología del sociólogo Roy Wallis estriba en una reformulación de este presupuesto. La orientación sectaria respecto a la sociedad no es necesariamente de rechazo -como se venía repitiendo-, aunque ésta sea en verdad la orientación más común. Cabe también la afirmación y la acomodación. Roy Wallis ofrece, por tanto, una división tripartita de los NMR según sea la orientación que mantienen ante el mundo:

1. Movimientos sectarios que rechazan la sociedad (world rejecting movements). La hostilidad de algunos grupos hacia el orden establecido es manifiesta. Con frecuencia definen el mundo actual como corrompido y demoníaco, por lo que tienden a formar comunidades marginales fuera de la sociedad, "comunas" en el campo, espacios libres de la contaminación ciudadana. El rechazo llega a la educación recibida, a las amistades anteriores, al propio "yo" del pasado que se deberá cambiar por el de la "nueva personalidad". Los Niños de Dios, el Templo del Pueblo, la Iglesia de la Unificación, Hare Krishna, serían algunos de los grupos más representativos.

2. Movimientos que afirman la sociedad (world-affirming movements). Estas sectas proporcionan a sus adeptos los medios necesarios que les capacitan para desarrollar sus potencialidades físicas, espirituales y morales para mejor desenvolverse "en el mundo", no fuera del mundo. No existen ninguna invitación a separarse u oponerse al orden social establecido. Wallis enumera en este apartado a grupos como "Silva Mind Control", Meditación Trascendental, Nichirem Shoshu, est, etc.

3. Los movimientos sectarios acomodaticios al mundo (world-accomodating movements). Su característica definitoria es la acentuación de la vida espiritual de sus seguidores en cuanto individuos. De ahí sus similitudes con los movimientos históricos tradicionalmente llamados "quietistas". Ponen menos énfasis en los resultados o beneficios "mundanos" que pueden resultar del uso de ciertas técnicas y capacidades -y en esto se separan de los grupos que afirman los valores sociales-, pero se despreocupan de la construcción de una sociedad totalmente nueva y purificada como hacen las sectas negadoras de la actual sociedad. Los Pentecostales y los grupos de la Renovación Carismática serían los más representativos de este último apartado.

La tipología de Wallis, aunque referida principalmente a las sectas y NMR de hoy, cabe aplicarla perfectamente a todos los movimientos sectarios de la historia de las religiones. Peca, quizá, de bosquejar tipos ideales de secta, al que solamente se podrían "aproximar" los grupos sectarios realmente existentes. Esta convencionalidad nos lleva a la conclusión de que la mayoría de las sectas incorporan en sí mismas elementos, en mayor o menor grado, de la triple tipología de Roy Wallis.

-(5) Criterio según el tipo de organización.

Existe una tipología centrada en las características propiamente comunitarias y organizativas. Autores como Rodney Stark y William S. Bainbridge han distinguido tres tipos de organización sectaria relacionados con el grado de compromiso de sus miembros: audience cults (cultos de audiencia), client cults (cultos de clientes), y cult movements (movimientos cúlticos).

1. Los cultos de audiencia presentan la más difusa y menos organizada colectividad de tipo sectario. "Sus miembros se reúnen ocasionalmente para escuchar conferencias, o participar en manifestaciones...; los intentos de crear una más sólida organización han fallado debido a la escasez de un serio y estable compromiso de sus miembros". Ofrecen su mensaje a los adeptos a través de medios normales como cursillos por correspondencia, charlas, etc.

2. Existe un segundo tipo llamado, según la terminología de Stark, cultos de clientes, porque la relación entre los promotores de la ideología sectaria y los adeptos guarda estrechas relaciones con las que existen entre los terapeutas y sus pacientes. En este caso aunque la organización es más estable por parte de los dirigentes, los "clientes" están poco organizados y en numerosas ocasiones participan simultáneamente en actividades de otras organizaciones religiosas. De ahí que el término "cliente" sea más apropiado que el de "miembro". La fluidez y el trasvase de los adeptos (clientes) de unos cultos a otros dificulta una correcta clasificación. Es sabido que algunos cultos facilitan este fluido tipo de vinculación que les permite mantener a su alrededor constantemente un cierto tipo de clientela. Entre estos grupos cabe pensar en est, Cienciología, etc.

3. Por último, los movimientos cúlticos son "organizaciones con notable estabilidad que intentan satisfacer las necesidades espirituales de los adeptos". Se rigen como la mayoría de las sectas clásicas, tratando de propagar su programa ideológico con el fin de convertir y hacer nuevos miembros. Existe, en este tercer nivel, un rechazo a la "doble pertenencia" de tipo religioso. El grado de compromiso suele ser alto. Cabe, no obstante, que sus miembros alternen su "vida secular" con los compromisos religiosos del culto. Pero el ideal es la vinculación total y exclusiva con la vida de la comunidad. La Iglesia de la Unificación y Hare Krishna suelen citarse como modelos-tipo en este apartado.

El problema de esta tipología sectaria es el uso mismo del término culto. Si la "secta" se define por su rígida organización frente a las más difusas estructuras del "culto", parece que correspondería decir que los movimientos cúlticos según la terminología de Stark son realmente "sectas", mientras que la palabra "culto" debería emplearse solamente para referirse a los "cultos de audiencia" y a los "cultos de clientes".

-(6) Criterio de conflictividad.

La creciente preocupación por el fenómeno sectario en los últimos decenios ha llevado a algunos autores a catalogar las sectas desde el punto de vista de su conflictividad. Este criterio posee, lógicamente, el atractivo de interesar a muchas gentes que, desconociendo el discurso interno sectario, desean una rápida y fácil catalogación de aquellos grupos que han saltado a las primeras páginas de la actualidad. Recordamos las posturas de José Rodríguez, Jean Vernette y Steven Hassan, autores que inciden en esta criteriología.

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P. Rodríguez afirma en su obra Las sectas hoy y aquí: "la secta destructiva será aquella que, durante el adoctrinamiento, utilice técnicas neurofisisiológicas (lavado de cerebro) que acaben despersonalizando al neófito y causándole lesiones psíquicas de mayor o menor cuantía".

Desde esa definición de secta destructiva, Rodríguez ofrece diez indicadores para conocer la posibilidad de que determinado grupo pueda ser catalogado como tal:

1. Ser un grupo cohesionado por una doctrina (religiosa o socioreligiosa) demagógica y encabezado por un líder carismático, que es la misma divinidad o un elegido por ella; o bien un poseedor de la "verdad absoluta" en cualquier ámbito social.

2. Tener una estructura teocrática, vertical y totalitaria, donde la palabra de los dirigentes es dogma de fe. Los líderes intervienen hasta en los detalles más íntimos y personales de sus adeptos y exigen que sus órdenes sean ejecutadas sin la menor crítica.

3. Exigir una adhesión total al grupo y obligar (bajo presión psicológica) a romper con todos los lazos sociales anteriores a la entrada al culto: padres, pareja, amigos, trabajo, estudios, etc.

4. Vivir en una comunidad cerrada o en total dependencia del grupo.

5. Suprimir las libertades individuales y el derecho a la intimidad.

6. Controlar la información que llega hasta sus adeptos, manipulándola a su conveniencia.

7.Utilizar sofisticadas técnicas neurofisiológicas -enmascaradas bajo la "meditación" o el "renacimiento espiritual"- que sirven para anular la voluntad y el razonamiento de los adeptos; causándoles, en muchos casos, lesiones psíquicas graves.

8. Propugnar un rechazo total de la sociedad y de sus instituciones. Fuera del grupo todos son enemigos (polarización entre el bien-secta y el mal-sociedad), la sociedad es basura y las personas que viven en ellas sólo interesan en la medida en que puedan servir al grupo.

9. Tener como actividades primordiales el proselitismo (conseguir nuevos adeptos) y la recaudación de dinero (cuestaciones callejeras, cursos, actividades comerciales e industriales e incluso, en algunos grupos, activiades claramente delictivas). En el caso de las sectas multinacionales, el dinero es enviado, en buena parte, a las centrales de cada grupo.

10. Obtener, bajo coacción psicológica, la entrega del patrimonio personal de los nuevos adeptos a la secta o de grandes sumas de dinero en concepto de cursillos o auditorías. Los miembros que trabajan en el exterior del grupo tienen que entregar todo o gran parte de su salario a la secta. Y los que trabajan en empresas pertenecientes al grupo, no cobran salarios (las nóminas de esas empresas de la secta sólo son una cobertura legal, ya que nunca se llegan a hacer efectivas -o devuelven luego el dinero- para sus miembros mano de obra.

Salta a la vista que la preocupación de P. Rodríguez es la temática concerniente a la "persuasión coercitiva y el lavado de cerebro". En la segunda parte de su libro, titulada ¿Quién es quien? Radiografía de veinte sectas, Rodríguez presenta los siguientes grupos en los que se puede presumir se dan algunas de las condiciones previamente expuestas: Agora, Alfa-Omega, Ananda Marga, Comunidad del Arco Iris, Bhagwan Rajneesh, Centro Esotérico de Investigaciones (CEIS), Centro de la Luz Divina (Swami Omkarananda), Iglesia de la Cienciología (Dianética-Narconón), La Comunidad, Edelweis, Gushananda Yoga Ashram, Hare Krsna, Meditación Trascendental, Misión de la Luz Divina (Guru Maharaj Ji), Niños de Dios (Familia del Amor), Nueva Acrópolis, El Palmar de Troya (Iglesia Católica, Apostólica y Palmeriana), Rashimura, Testigos de Jehová e Iglesia de la Unificación (secta Moon).

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Jean Vernette en su obra Las sectas hace una serie de matizaciones, antes de enumerar los cinco criterios que determinan la perniciosidad de un grupo sectario, que arrojan mucha luz ante la difícil y delicada tarea de juzgar a las sectas. Los testimonios de antiguos adeptos, dice Vernette, pueden ser válidos porque hablan desde la experiencia, pero no habrá que olvidar la posible dosis de autojustificación o el intento de arreglar cuentas por problemas personales. Los testimonios de los profesionales, se trate de sicólogos, sociólogos o siquiatras, aportan indudablemente estimables datos dignos de tenerse en cuenta pero siempre que no rechazen por principio las "dimensiones y búsquedas religiosas" que puedan darse en los adeptos. La información de los MCS, añade por último Vernette, son susceptibles de exageraciones ya que por principio presentan los aspectos más sensacionalistas y que mejor "se venden".

He aquí cinco criterios en forma de pregunta, muy matizados por Vernette, de cuyas respuestas podemos colegir la peligrosidad de los grupos sectarios:

1. El poder. ¿En manos de quien reside realmente?

2. El líder. ¿Es autocrítico y respetuoso con las personas?

3. La estructura interna. ¿Qué márgenes da a la libertad individual?, ¿qué reglas tiene respecto a la formación de los nuevos adeptos, de la vida comunitaria, de la vida conyugal y familiar?

4. Las finanzas. ¿Qué origen tienen?, ¿como se utilizan?, ¿quién las controla?.

5. La vida de los adeptos. ¿Cuáles son los modos de reclutamiento?, ¿qué tipo de inserción se da en la secta?, ¿de qué protección social gozan y qué formación profesional obtienen los miembros de la secta?.

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Steven Hassan en su libro Las técnicas de control mental de las sectas y cómo combatirlas, dedica un capítulo especial a "la evaluación de las sectas". Para Hassan toda la dificultad de la cuestión sectaria radica en el empleo, por parte de algunos grupos, de las "técnicas de control mental". Cualquier otro tema relacionado con las sectas es de menor importancia. Se trata, por tanto, de encontrar el método adecuado "para evaluar a un grupo y valorar su impacto negativo".

La pregunta es obvia. ¿Cuáles son los elementos que diferencian a la inmensa mayoría de las sectas de aquellas que pueden llamarse realmente "destructivas"?. Nuestro autor afirma que al evaluar cualquiera de los grupos sospechosos se coloca primordialmente en el "terreno de la psicología y no en el de la teología o ideología". Sus marcos referenciales para juzgar la destructividad sectaria son "los procesos de influencia de control mental, hipnosis y psicología de grupos".

He aquí, pues, el esquema evaluativo de Hassan para tipificar las sectas destructivas: el liderazgo, la doctrina y el tipo de afiliación.

1. Liderazgo. El punto de partida para informarse y hacer una primera valoración es siempre el liderazgo. Y la pregunta es simple "¿Quién es el líder del grupo en cuestión?, ¿cuál es su historia personal?, ¿qué tipo de educación, aprendizaje u ocupación ha desarrollado antes de formar el grupo?". Resulta interesante, afirma Hassan, "observar que muchos de los actuales líderes de sectas han sido antaño víctimas de un grupo de control mental. Cuando una persona es sometida a procedimientos de control mental y abandona el grupo sin recurrir después al consejo profesional, le resulta muy fácil aprovechar lo que ha aprendido y ponerlo en práctica con los demás...".

Antecedentes ambiguos, inestabilidad psicológica, necesidad de tener cada vez más poder, he ahí algunos de los signos que delatan un liderazgo destructivo. "Si un líder tiene antecedentes personales dudosos y estructura su organización de tal forma que todo el poder se centralice y esté controlado por él, el grupo posee características de una secta destructiva".

2. Doctrina. Hassan es consciente del derecho que asiste a cada persona a profesar la doctrina religiosa que más le apetezca. El problema que plantean las sectas destructivas en cuanto a la doctrina no radica en sus contenidos sino en los modos de presentarla. Por eso afirma , "las creencias del grupo deben ser explicadas abiertamente a toda persona que desee afiliarse". Desde el momento en que se proclama públicamente una doctrina -"exterior" en la terminología de nuestro autor-, pero simultaneamente existe otra secreta o "interior", hay suficientes indicios para pensar que se está delante de una organización manipuladora y engañosa.

3. Afiliación. El criterio decisivo del análisis de la secta destructiva radica propiamente en la "afiliación". Criterio que desarrolla en sus tres componentes: el reclutamiento, el mantenimiento del grupo, y la libertad para abandonarlo.

Hassan cree que la "característica básica del reclutamiento en la mayoría de las sectas es el engaño". Este tipo de sectas sabe cómo aprovecharse de los puntos más frágiles de la persona. Para conseguir mantener la afiliación, la secta destructiva emplea todos los medios a su alcance. Hassan enumera algunas de las tretas más comunes: deterioro de las relaciones del adepto con sus familiares y amistades, empobrecimiento de las dietas alimenticias y reducción del tiempo de sueño, dificultades para cualquier aprendizaje que no sea el sectario, fomento de la dependencia del adepto que le incapacitará para tomar decisiones por sí mismo, etc.

Será decisivo, por último, para juzgar sobre la peligrosidad de una secta, conocer el grado de libertad que se concede a sus miembros para abandonarla. Cualquier asociación honesta permite a sus miembros decidir por sí mismos la conveniencia de permanecer o abandonar. Sólo la secta destructiva hace de sus miembros "prisioneros psicológicos". "Las sectas destructivas implantan fobias en las mentes de sus seguidores para fomentar el temor a abandonar el grupo. De esta forma, cierran de hecho la puerta a la libre elección. La gente tiene libertad para adherirse, pero no tiene libertad para abandonar una secta destructiva". Algunos grupos sectarios llegan incluso "a perseguir a sus antiguos adeptos a través de la violencia encubierta, el acoso legal, la intimidación emocional y el chantaje". Esta es quizá la prueba más palpable para Hassan de la peligrosidad del sectarismo moderno.

A lo largo de su obra, este autor norteamericano va denunciando hechos delictivos de sectas muy concretas que nos permiten deducir cuáles son, a su juicio, los grupos que deben llamarse, con todo rigor, "sectas destructivas". Es necesario recordar, en primer lugar, la Iglesia de la Unificación, del reverendo Moon, grupo en el que durante años militó el mismo Steven Hassan. También habla de La Iglesia de la Cienciología, El Camino Internacional (The Way International), el Templo del Pueblo, Los Niños de Dios, Synanon, Hare Krishna, est (Forum) y Meditación Trascendental.

El criterio de "peligrosidad" está también en la base de mucha literatura, no demasiado técnica, sobre las sectas. Ronald Enroth en su libro Las sectas y la juventud , dice que: "desde la perspectiva cristiana los llamados cultos de la nueva época son la manifestación más reciente de una batalla antigua: la batalla entre el bien y el mal".

Pilar Salarrullana clasifica las sectas teniendo en cuenta las tipologías de B. Wilson, Vernette y Ch. Cherry, pero insiste de manera especial en las 18 "sectas más peligrosas para la sociedad" como son: Asociación para la Conciencia de Krishna, Vivekananda, Antroposofía, Iglesia para la Unificación del Cristianismo Mundial (Moon), Movimientos Gnósticos, Iglesia de la Cienciología, Rosacruces-Amorc, Sociedad Teosófica y Graal, Nueva Acrópolis, Los Tres Santos Corazones, Sokagakkai, Meditación Trascendental, Misión de la Luz Divina del Guru Maharaj-Ji, Ananda Marga, Shree Bhaguan, Escuela de Filosofía Práctica, Misión Rama y La Comunidad. A lo largo del libro, sin embargo, califica también como "sectas destructivas" a los Adventistas del Séptimo Día, Testigos de Jehová, Iglesia palmeriana, CEIS, Edelweis y Rachimura.

La dificultad de catalogación desde el criterio de peligrosidad no es, sin embargo, tarea fácil. Si desde el punto de vista teórico resultan asumibles algunas de las grandes afirmaciones de estos autores, cuando se desciende al terreno de la práctica resulta muy delicado indicar en concreto cuáles son los grupos sectarios realmente "peligrosos". De nuevo saltan algunas preguntas de no fácil respuesta. ¿Desde qué parámetros objetivos y universalmente válidos se puede afirmar el grado de peligrosidad de una secta o NMR?, ¿es acaso el rechazo de la normatividad general, de los estilos de vida comúnmente aceptados por la mayoría -modos de vida, de creencias, de relaciones, etc- motivo suficiente para determinar sobre la peligrosidad de las sectas?, los delitos cometidos por individuos o incluso por los dirigentes de las sectas, y probados legalmente, ¿deben imputarse a los individuos transgresores o a la secta misma?

Parece que la respuesta debe provenir del poder legal del Estado. El espectro de la tragedia del "Templo del Pueblo" (noviembre 1978) planea, sin duda, a la hora de airear el criterio de peligrosidad. Será necesario, empero, tener en cuenta el trabajo de Eillen Barker sobre la influencia negativa de la secta californiana de Jim Jones para entender parte de la histeria anti-secta actual.

-(7) Criterio doctrinal.

Hay autores cuya preocupación fundamental a la hora de presentar una tipología sectaria es acudir, no a criterios de peligrosidad o cualesquiera otros, sino a las doctrinas que profesan a partir de sus raíces y pasado religioso.

Franz Damen, aunque escribe desde Bolivia y su finalidad es presentar el fenómeno sectario latinoamericano, ofrece una "tipología doctrinal" que merece tenerse en cuenta. Se observa que la palabra religión se refiere aquí al cuadro en el que Damen enmarca los grupos sectarios según sus orígenes históricos y doctrinales. He aquí su clasificación:

a) Religiones cristianas, que son mayormente grupos evangélicos fundamentalistas de tipo conversionista o de "santidad". La gran mayoría, sin embargo, son grupos pentecostales. Conviene incluir en esta categoría también a los grupos o movimientos católicos de carácter cerrado y sectario, por lo general de orientación derechista.

b) Religiones para-cristianas (también llamadas pseudo o semicristianas) que surgieron en el seno del cristianismo, pero que se alejaron de esta tradición, añadiendo elementos que son claramente no cristianos. Estas religiones (Adventistas del Séptimo Día, Testigos de Jehová, Mormones) se destacan por su carácter milenarista, su proselitismo insistente y su organización empresarial.

c) Religiones no cristianas, entre las cuales se pueden distinguir varios tipos distintos:

- Religiones y cultos tradicionales de los pueblos negros e indígenas de América latina, que últimamente muestran un resurgir llamativo (religión aymara, cultos afro-brasileños, Vudú, movimientos Rastafari).

- Religiones esotéricas de los seguidores de lo oculto, y buscadores del conocimiento secreto o dela iluminación especial (espiritistas, teósofos, rosacruces, gnósticos, etc.).

- Nuevos Cultos de corte oriental, como la Misión de la Luz Divina, Hare Krishna, Ananda Marga.

- Sectas de religiones asiáticas, del budismo (Nichiren Shusu, Seicho-No lé), del hinduismo (Yoga) o del Islám (Fe Bahá'í).

- Sectas de juventud (Niños de Dios, Revolucionarios de Jesucristo, Hare Krishna) (36).

Damen es consciente de que su clasificación a partir de las raíces y orígenes doctrinales no abarca el amplio espectro sectario. Por eso añade que el panorama descrito "debe completarse con algunos tipos de religiones que destacan por su organización o enfoques particulares"

a) Sectas religiosas políticas ("Politreligionen") que, bajo la apariencia de religión, persiguen objetivos ideológicos y políticos definidos (Secta Moon, Nueva Acrópolis, etc.)

b) Transnacionales o corporaciones religiosas: "organizaciones de servicio" interdenominacionales, ligadas a sociedades evangélicas fundamentalistas y a la "Nueva Derecha" estadounidenses que prestan ayuda a Iglesias y su labor misionera; apelan a canales de evangelización directa, a través de los medios de comunicación o por medio de cruzadas de conversión; otras implementan programas de desarrollo comunicativo (evangelización indirecta) como Visión Mundial.

c) La "Iglesia Electrónica": un conjunto de organismos de servicio religioso, surgido y dirigido desde los Estados Unidos ("Nueva Derecha") que hace uso sistemático de los medios de comunicación (radio, T.V., vídeo) para difundir un mensaje religioso fundamentalista y conservador.

d) Cultos terapéuticos y curativos que, como centros o agencias de servicios, se dirigen más a los individuos que a los grupos.

-(8) Otros criterios.

Hasta aquí se han recordado los principales criterios que fundamentan algunas de las principales tipologías del sectarismo moderno. Podrían añadirse, sin duda, algunos criterios más. De modo muy rápido recordamos el llamado criterio geográfico, que se fija en la procedencia continental o nacional de cada movimiento religioso marginal, el criterio según la gnosis, propuesto por Labrecque, el criterio monístico-dualístico, debido a los estudios de Dick Anthony, Bruce Ecker y Ken Wilber, la tipología de Bird y Raimer, basada en el criterio de las fuentes del poder y bienestar que proporcionan a sus miembros: unas sectas colocan las fuentes en una realidad trascendente al yo, otras en el mismo yo del adepto, otras, finalmente, en la armonía del yo con el cosmos; y, por último, la que ofrece Christian Lalive D'Epinay basada en cinco criterios: relación con la sociedad civil, pretensión de universalidad, ausencia de clérigos profesionales, vínculos comunitarios y tendencias teológicas.

Juan Bosch, O.P.