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HISTORIA DE LA IGLESIA

EPOCA MEDIEVAL

SEXTA PARTE: EL SIGLO XII


CAPÍTULO I

 LAS CRUZADAS. DESDE LA PRIMERA CRUZADA HASTA 1204.

1.- INTRODUCCIÓN: EL MOVIMIENTO DE LAS CRUZADAS, IDEA Y MOTIVACIONES.

La investigación sobre las Cruzadas como fenómeno típico de la cristiandad occidental de la plena Edad Media debe aproximarse a su objeto por dos vías:

·Las Cruzadas son una acción eclesiástica siendo una iniciativa pontificia. Por eso es necesario estudiar los motivos, no sólo políticos, que han llevado a los papas a proclamarlas, sino las expectativas espirituales que se encuentran detrás de esta iniciativa.

·Ningún papa ha sido nunca el comandante supremo de las Cruzadas, no tenían ningún medio para obligar a la gente a emprender la Cruzada. A la Cruzada se va por propia voluntad, no por ser obligado. Tampoco tuvieron los papas un influjo sobre la ejecución de las Cruzadas una vez comenzadas; si alguna vez lo intentaron los resultados fueron desastrosos. Las Cruzadas tienen por tanto una dinámica propia independientemente del pensamiento eclesiástico papal.

Las Cruzadas surgieron de determinadas condiciones económicas y sociales existentes en el occidente latino en el paso al siglo XI. El movimiento delas Cruzadas no se puede definir a partir de su forma organizativa, o de su finalidad político-militar, de ser así no sería otra cosa que una guerra eclesiástica con una finalidad geográfica precisa y con la indulgencia como medio publicitario. Resulta excesivo que esta guerra eclesiástica sea introducida en un cuadro de interpretación que la distingue del resto de las guerras. Es obvio que lo decisivo para el establecimiento del movimiento de las Cruzadas fueron las ideas teológicas.

Debemos hablar en primer lugar de la ideología de las Cruzadas. El primero en estudiar la idea de Cruzada fue Karl Erdmann en su obra de 1935, cuyas ideas siguen siendo clásicas a pesar de que la investigación reciente ha modificado algunos aspectos. Menos estudiada ha sido la evolución de esta idea en los siglos XII y XIII, faltando una síntesis del período.

Los elementos esenciales para comprender la idea de Cruzada son los siguientes:

1) Una nueva valoración de la guerra en el siglo XI. Originariamente la Iglesia había distinguido netamente la militia Christi de la militia secularis. La militia Christi expresaba la lucha espiritual contra el mal (así aparece en la Regla de San Benito). La militia secularis era el servicio militar profano, que en el imperio pagano romano implicaba también sacrificios a la divinidad del emperador, lo que era incompatible con la fe cristiana.

La desconfianza de la Iglesia hacia el servicio militar continuó incluso tras la cristianización del imperio romano y durante la primera Edad Media. Se retoma en occidente en la primera Edad Media la idea agustiniana de la guerra justa para justificar la existencia de ejércitos cristianos (tiempos carolingios). Según los teólogos de la Alta Edad Media sólo la guerra defensiva podía considerarse guerra justa.

Hacia el año 1000 podemos constatar un cambio en la base teórica y se comienzan a admitir excepciones, de modo que en casos particulares una guerra ofensiva puede ser una guerra justa (Reconquista de la Península Ibérica, lucha de las ciudades marítimas italianas contra los sarracenos).

Con el papa Gregorio VII la diferencia entre militia secularis y militia Christi comienza a desaparecer. Ahora ya el uso de las armas en una guerra puede ser expresión de la militia Christi en cuanto se transforma en lucha por la fe cristiana. Aquí han tenido un papel importante los canonistas, uno de los primeros, que sigue la definición de S. Isidoro de León (¡perdón!, de Sevilla) tomada a su vez de San Agustín, será Ivo de Chartres en sus Colecciones de Cánones (1191-1195): .Isidoro conoce como motivos para una guerra justa sólo la defensa, la punición de los disturbadores del orden, la recuperación de los bienes robados. (Etym xviii 1, 2-4). Ivo en sus obras Decreto y Panormia, no quiere incitar a la guerra, pero sus explicaciones alteraron la aplicación del concepto de la guerra justa a la Cruzada. Afirma Ivo: .para los que alaban verdaderamente a Dios también aquellas guerras son pacíficas ya que se llevan a cabo, no por obediencia o por crueldad sino por amor de la paz, para castigar a los malos y elevación de los buenos.; y en otro lugar dice que .la guerra justa es la que se hace para recuperar los bienes o para la represión de los enemigos.. En estas afirmaciones entraba perfectamente la Cruzada. La militia Christi puede realizares incluso con las armas. Al mismo tiempo la obligación a esta lucha por la fe se extiende a todos los caballeros cristianos, involucrando así no sólo a los reyes y príncipes cristianos, sino a todos los que están en grado de poder luchar.

Con estas nuevas interpretaciones de la militia Christi la iniciativa pasa del soberano al pontífice, de modo que no habrá un papa en toda la Edad Media que no se haya expresado en este sentido en favor de las Cruzadas. Incluso Pío II quería organizar una Cruzada contra los turcos y murió en Ancona 1464 esperando la partida del ejército cruzado.

Gregorio VII será el primer papa en desarrollar estas ideas, el cual ha sido llamado por Karl Erdmann .el papa más guerrero de toda la historia de la Iglesia.. Si Gregorio VII no había pensado en ningún ejército para las Cruzadas, si deseaba llevarlas a cabo, debiéndose a él y a su partido reformista en gran parte la idea de la Cruzada. La idea de Cruzada es un fruto de la reforma gregoriana.

2) Junto al papado es determinante para la consecución de la idea de Cruzada el interés que tenía en ella la caballería europea. No es casual que la primera Cruzada sea sobre todo una empresa francesa. En la Francia del período de la disgregación feudal cada príncipe tenía un gran interés de tener un gran número de vasallos bien pertrechados para poder defenderse e imponer su propio influjo. Así se había desarrollado en Francia a lo largo del siglo X y XI, más que en otras regiones, una pequeña aristocracia excepcionalmente numerosa, la caballería.

Los que habían alcanzado esta dignidad tenían un gran interés por mantener este status. No sólo no era posible estar dividiendo continuamente la limitada propiedad de las tierras, sino que incluso eran caballeros bastante pobres con un pequeño terreno llamado alodio, que no se podía dividir entre los descendientes. Unido a ello se desarrollará en Francia la fraternitia, por la que el alodio permanece como propiedad de toda la familia sin permitirse la división entre los herederos. Incluso los representantes del estrato noble clásico, más alto, que disponían de derechos soberanos, los castellanos, tenían problemas económicos cuando tenían muchos hijos.

De este modo sólo les quedaba a muchos jóvenes nobles la siguiente posibilidad: o entrar en un monasterio o en una colegiata, o la ampliación de sus posesiones mediante la faida, las pequeñas guerras privadas con los vecinos, o el tentativo de ganarse una existencia adecuada al propio rango como aventurero, como guerrillero. Muchos optaron por la última opción asociándose al Duque Guillermo de Normandía cuando conquistó Inglaterra en 1066. En 1064 muchos caballeros franceses tomaron parte en una denominada Cruzada para socorrer a los cristianos españoles contra los sarracenos.

Como resultado de estas premisas la idea de la Cruzada no estaba de suyo ligada a un determinado territorio, es decir a la Tierra Santa, sino a otras regiones y a otros enemigos, que podían llegar a ser el adversario de los caballeros cruzados. Aquí surgirá una discusión entre los expertos sobre cuándo podríamos hablar verdaderamente de una Cruzada. Algunos estudiosos ligan el concepto de Cruzada a las guerras en Tierra Santa o en Oriente Medio, mientras otros alargan el concepto a otros adversarios y objetivos sin perder la concepción de la propia cruzada.

3) En la base del movimiento cruzado está la idea del peregrinaje para expiar la propia culpa. La peregrinación es una de las características de la espiritualidad medieval, presente ya en la época merovingia con la peregrinación a las tumbas de S. Pedro y S. Pablo a Roma, el de S. Martín en Tours, Santiago de Compostela, Sto. Tomás Becker en Canterbury.

El espectáculo del peregrino que se dirige hacia su meta era muy habitual en la vida social del medioevo. La Cruzada se une al vivo deseo de los peregrinos de visitar Jerusalén. Desde comienzos del XI se puede constatar un aumento del peregrinaje en Oriente Medio y Tierra Santa. En esa misma época comienzan a correr voces catastróficas sobre persecuciones y las crueldades sufridas por los cristianos por obra de los musulmanes. Estas reacciones se unían al creciente número de los peregrinos, que llegó a preocupar a las autoridades musulmanas que no querían que aumentase este fenómeno.

Hay cronistas cristianos del XII que acusan a los turcos de persecuciones anticristianas afirmando que esta es la causa de la reacción cristiana y de las cruzadas. Lo cierto es que estas interpretaciones históricamente no aparece como verdadera. Los propios cruzados se consideraban peregrinos, llamando a su expedición, en un primer momento, peregrinación. Sólo en el tardo medioevo aparecerá la voz cruce signati.

Para Erdmann la novedad de la Cruzada está en la conjunción de dos conceptos hasta hacerlos indistinguibles: la militia Christi, como guerra Santa y la peregrinación. Por ello las Cruzadas son peregrinaciones armadas. Se partía para hacer penitencia por las propias culpas; pero se llevan armas porque se partía por la causa de Dios contra sus enemigos los paganos.

4) Un motivo estrictamente pontificio, es decir, la reunión con la Iglesia Bizantina mediante una campaña militar en ayuda de los bizantinos contra los musulmanes. El primero que expresado esta idea fue Gregorio VII en dos cartas: una que es una llamada del papa a todos los fieles para socorrer a Constantinopla contra los paganos (1074); la otra dirigida a Enrique IV, su futuro gran adversario, en la que le pide ayuda militar para los cristianos de Oriente, manifestando su intención de ir personalmente a la cabeza de un ejército occidental en Oriente para combatir a los infieles, nombrando a Enrique IV en ese período como protector de la Iglesia de Roma.

Podemos citar otro libro fundamental sobre la Cruzadas de Alphandéry y A. Dupront, publicado en París 1954-1959.

5) Este motivo ha sido investigado recientemente y se ha formulado así: la Cruzada como movimiento escatológico-mesiánico. Portadoras de esta idea no eran las Cruzadas oficiales sino las de los pobres y campesinos, es decir las Cruzadas .irregulares..

La situación de la población campesina en Europa Occidental era catastrófica en gran parte, por lo que el terreno estaba preparado para excitaciones mesiánicas, que se encuentran sobre todo en las Cruzadas de los pobres, es decir en las acciones llevadas a cabo junto a las Cruzadas oficiales. Los participantes de estas Cruzadas irregulares consideraban sus acciones como una expedición hacia la Jerusalén terrestre, según la creencia apocalíptica de que el anticristo no vendrá hasta que Jerusalén no sea dominada por los cristianos, llegando con él el final de los tiempos. En este motivo está la esperanza de anticipar la venida del Reino de Dios. Era un motivo muy fuerte en el XI.

La mayor parte de estas cruzadas populares están acompañadas de acciones contra los judíos en Europa por la influencia de las ideas apocalípticas. El propio pueblo se considero como elegido y destinado a heredar el Reino de los Cielos que empezaría desde la Ciudad de Jerusalén.

6) Un último elemento, frecuentemente sobrevalorado en la literatura, es la concesión de una indulgencia por las Cruzadas.

2.- NACIMIENTO DEL MOVIMIENTO DE LAS CRUZADAS. PREDICACIÓN DE LA PRIMERA CRUZADA.

Recueil des historiens des croisades (R.H.C.); Historiens occidentaux (R.H.C. OCC.).

Una ocasión inmediata para la Primera Cruzada fue la solicitud de ayuda por parte del emperador bizantino Alessio I. Desde 1089 había contactos entre el papa Urbano II y la corte bizantina. Sabemos también que desde hacía tiempo Bizancio había reclutado a mercenarios occidentales para su ejército, por la debilidad de su potencia militar. Para llevar a cabo los contactos Alessio envía una embajada que se presenta en el Sínodo de Piacenza, presidido por el papa Urbano II, en marzo de 1095. El cronista Bernoldo de Costanza nos refiere esta visita de los legados bizantinos, en su Crónica de 1095.

Alessio I quería mercenarios, no un ejército occidental independiente. Urbano II y el Sínodo pensaba que debía enviarse un ejército. No obstante el papa todavía no había pensado en una Cruzada mientras estaba en Piacenza.

Desde Piacenza Urbano se traslado a Francia. En agosto se encuentra en Le Puy, al sur de Francia, cuyo obispo era Adhémar de Monteil, que tendrá un papel importante en la Primera Cruzada. En Le Puy el papa Urbano II convocó a los obispos franceses a un sínodo que se celebraría en noviembre en Clermont que tiene lugar entre el 14 y el 28 de noviembre de 1095. La fecha más relevante para la Primera Cruzada será el 27 de noviembre, fecha de su convocatoria.

En Clermont se trataron diversos temas que se referían a la reforma de la Iglesia. El discurso del papa del 27 de noviembre se desarrolló delante del pueblo, pero no conservamos el original, sino en las copias que nos transmiten cuatro cronistas contemporáneos, dos de los cuales atestiguan que estuvieron presentes en la Asamblea:

·       Baldericus Burguliensis (Bourgueil/dol), Abad del Monasterio de Bourgueil.

·       Robertus Monacus.

·       Fulcherius Carmotensis (de Chartes), su texto es la mejor descripción, pero no dice que estuviera presente, aunque capta muy bien el sentir del auditorio.

·       Guibertus de Noyent, Noviyentensis, es una fuente de segunda mano.

·       Podemos mencionar a otros cronistas como: Willelmus Tyrensis, obispo de Tyro, Siena.

Todos estos textos han sido recogidos y coleccionados en inglés por J. Riley-Smith.

Además D. C. Munro intentó reconstruir el discurso del papa Urbano II a través de las diversas fuentes. De su estudio podemos colegir los puntos principales del discurso:

1.     La necesidad de ayudar a los hermanos cristianos de oriente, ya que los turcos están avanzando victoriosamente.

2.     Descripción de los sufrimientos de los cristianos en oriente y las destrucciones de las iglesias y de los lugares santos.

3.     La santidad especial de Jerusalén.

4.     Empresa y obra de Dios para todos y una gracia de Dios.

5.     Concesión de la indulgencia a los pecados.

6.     Es mejor luchar contra los infieles y bárbaros, que  hacerlo ilícitamente contra los propios hermanos.

7.     Provisión de una recompensa eterna y temporal.

8.     Prepararse para luchar bajo la guía de Dios.

Sólo según el relato de Roberto el Monje, los creyentes habrían interrumpido el discurso del papa con el grito .Deus vult.. De este discurso podemos citar algunos pasajes:

.Que no se os quede el pensamiento en ninguna propiedad, en ninguna preocupación de las cosas domésticas, que esta tierra que vosotros habitáis circundada por todas partes por el mar o por escarpadas montañas, y convertida en escasa a causa de vuestra multitud, ni se distingue por la riqueza y a penas suministra de qué vivir a quien la cultiva. Por eso os ofendéis y hostigáis mutuamente, os hacéis la guerra y frecuentemente os matáis entre vosotros. Cesen por tanto vuestros odios intestinos, callen las contiendas, se aplaquen las guerras y se calme toda disensión y toda enemistad. Tomad el camino del Santo Sepulcro, quitad aquella tierra a esa gente perversa y sometedla a vosotros: esa tierra fue dada por Dios en posesión a los hijos de Israel; como dice la Escritura, en ella mana leche y miel.

Jerusalén debe considerarse el ombligo del mundo, tierra fértil sobre todas las demás, casi otro paraíso de delicias; el Redentor del género humano la hizo ilustre con su venida, la honró con su morada, la consagró con su pasión, la redimió con su muerte, la hizo insigne con su sepultura. Y esta ciudad real situada en el centro del mundo, es ahora tenida en segregación por los propios enemigos y los infieles, se ha convertido en sierva del rito pagano. Ella eleva su lamento y pide ser liberada y no deja de implorar que vosotros os pongáis con rapidez en camino en su ayuda. De vosotros más que de nadie pretende encontrar ayuda ya que a vosotros se os ha concedido por Dios sobre las demás estirpes la gloria de las armas. Empezad por tanto este camino en remisión de vuestros pecados, seguros de la imparable gloria del Reino de los Cielos.

Oh hijos carísimos, hoy en nosotros se hace realidad lo que dice el Señor en el Evangelio: Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. Si el Señor Dios nos hubiese inspirado vuestros pensamientos, vuestra voz no hubiese sido unánime; aunque hubiese sonado con tono diverso, único sería aún su origen: Dios que la ha suscitado, Dios que la ha inspirado en vuestros corazones. Sea por tanto vuestra voz vuestro grito de guerra, desde el momento que viene de Dios.

...Nosotros por nuestra parte no invitamos a tomar el camino a los viejos o a los no idóneos para portar las armas; ni las mujeres se muevan sin los maridos o sin los hermanos o sin los legítimos testimonios: todos estos serían más un estorbo que una ayuda, más un peso que una ventaja. Los ricos ayuden a los pobres y paguen los gastos con sus hombres dispuestos a combatir. A los sacerdotes y a los clérigos de cualquier orden  no les será lícito partir sin la licencia de sus obispos, porque este viaje será inútil para ellos sin este permiso; y ni siquiera les será lícito partir a los laicos sin la bendición de sus sacerdotes..

El discurso de Urbano tuvo una acogida inesperada, incluso para el propio papa, por lo que debemos hacer una investigación más profunda sobre el mismo:

·El papa no exhorta a convertir o eliminar a los paganos, sino solamente a la liberación de los cristianos orientales o de la ciudad de Jerusalén. Esto resulta claro también de la Carta que el papa dirige a los fieles de Flandes en febrero de 1096, en la cual dice que la situación de los cristianos de oriente se ha hecho insoportable por lo que ha invitado a la nobleza y al pueblo de Francia a liberar las iglesias de Oriente.

·El modelo de esta liberación es para Urbano la Reconquista Española, por lo que desaconseja desde el primer momento que los españoles participen en la Cruzada, éstos deben permanecer en casa ya que tienen que combatir a los musulmanes en España. Para Urbano existe una adecuación entre Cruzada hacia Jerusalén y Reconquista en España, siempre una lucha contra los musulmanes.

·El proceso de la Cruzada lo formula Urbano en modo sintético en el can. 2 del Sínodo de Clermont: .Cualquiera que vaya a Jerusalén que lo haga para liberar a la Iglesia de Dios, y no para conquistar honores o dinero. Este viaje le será adscrito como penitencia..

Debemos decir una palabra sobre la Indulgencia. Si tomamos en serio este can 2 de Clermont debemos decir que esta Indulgencia se refiere a las penas terrenas impuestas por la Iglesia en el momento de la absolución en el Sacramento de la Penitencia. No se trata de una Indulgencia de las penas del más allá, de los pecados cometidos contra Dios, no tiene ninguna relación con el purgatorio. El desarrollo teológico de la Indulgencia todavía no se había llevado acabo, no se realizará hasta Tomás de Aquino. En este momento el papa Alejandro III ha rechazado la idea de un efecto sobrenatural directo de la Indulgencia, en su carta de 1169 habla de que los cruzadas alcanzarán una .remisión para las penitencias impuestas. sin ninguna relación con el más allá.

En la Iglesia de la Edad Media, sobre todo de Irlanda e Inglaterra y desde aquí se extiende al Continente, la penitencia que en la iglesia antigua debía realizarse antes de la absolución, podía ser trasladada para después de la absolución. Esta penitencia que era muy larga y pesada, podía ser abreviada o sustituida por otra penitencia, quizás más dura y más breve.

Es este tipo de penitencia substitutiva de la que habla Urbano II al mencionarla en la convocatoria de la Cruzada. Otra cosa es la Remisio pecatorum. En el lenguaje de los canonistas de la época era lo mismo que la indulgencia de los penas temporales. Sobre todo en la predicación popular de la Cruzada se han dejado de lado las finas distinciones teológicas de modo que muchos oyentes podían tener la idea de una remisión de los propios pecados si uno participaba en la Cruzada, es decir, sin confesión.

Pero supongamos que los oyentes hayan entendido bien el significado de .penitencia., sobre todo para los caballeros debía ser muy atrayente el descontar así las penas por los pecados mediante una aventura militar en Oriente con Jerusalén como meta de la peregrinación armada.

Lo cierto es que Urbano II y los papas sucesivos pensaban sobre todo en la conversión, en la penitencia, en la peregrinación, en la imitación de Cristo, empeño de la propia vida por el hermanos necesitados. Para los papas la Cruzada debía ser una especie de retiro religioso.

La doctrina actual sobre la Indulgencia se puede comprobar en la Constitución Apostólica de Pablo vi de 1967 Indulgentiarum doctrina nº 12: .Remisión ante Dios de las penas temporales por los pecados de los cuales las penas temporales ya han sido canceladas. El fiel puede obtener esta indulgencia si está bien dispuesto y bajo determinadas y definidas condiciones, por obra de la Iglesia, la cual como administradora de la Redención dispone con autoridad del tesoro de Cristo y de los Santos y lo aplica.. Durante el Vaticano ii había una corriente entre los obispos para abolir las indulgencias. Pablo vi intentará darle un contenido teológico con respeto a la tradición pero también a las cuestiones teológicas actuales.

Urbano II tenía otras ideas, pensaba en la Cruzada como de expiación de las penas impuestas por la Iglesia en el ámbito de la administración del Sacramento de la Penitencia. Hasta este momento estas penas podían ser descontadas con largos ayunos, oraciones largísimas, abstinencia de la relación sexual conyugal,...; a partir de este momento la expedición para liberar a Jerusalén valdrá como expiación.

El entusiasmo por la llamada del papa se mostró sobre todo en Francia, un país en el que las condiciones eran muy favorables para una expedición de este tipo, como ya explicamos más arriba. De suyo el papa se dirige en primer lugar a los caballeros franceses. Al difundirse el entusiasmo Urbano II extiendo la llamada a otras naciones, pero siempre excluyendo a los españoles que debían combatir a los musulmanes en su propia patria.

En Alemania el entusiasmo será muy modesto, con el gran obstáculo de la tensión existente entre el papa y el emperador, todavía estamos antes del Concordato de Worms, y donde influyeron las ideas del movimiento de la Paz de Dios.

El gran entusiasmo de los países latinos provocó, no obstante, un retraso en la finalidad inicial, dejándose de hablar de ayudar al Imperio Bizantino de Alessio I, sino de liberar Jerusalén de los musulmanes no sabiéndose que ocurriría tras esta liberación.

El propio papa perderá rápidamente el control del movimiento que el mismo había iniciado. De suyo se fueron desarrollando ciertas normas con respecto a los cruzados con obligaciones y privilegios; son particularmente importantes al respecto los privilegios que se fijan en un apéndice de los decretos del Concilio Lateranense IV de 1215, con Inocencio III, Expeditio pro recuperanda terra sancta, un largo texto que demuestra la evolución de las ideas de la Cruzada hasta Inocencio III conteniendo muchas de sus iniciativas (COD 267-271). Las principales obligaciones para cada cruzado son estas:

·       Cada miembro de la expedición tenía que llevar el signo de la cruz como símbolo de su empeño. Una cruz de tela roja cosida en la espalda de su capa o manto.

·       El juramento de la Cruzada. Era un acto espiritual ya que era un .voto. para ir a Jerusalén. Si uno volvía atrás muy rápidamente, o no partía después de haberlo prometido, habría sido excomulgado.

·       Eclesiásticos y monjes no podían tomar la cruz sin el permiso de sus obispos o abades.

·       Los viejos y enfermos deberían ser disuadidos de formar parte en la expedición, ya que no era sólo una peregrinación sino una expedición militar.

·       Los cruzados podían emitir el voto sólo con el consentimiento de la propia mujer.

Entre los privilegios destacamos los siguientes:

·       La indulgencia.

·       La especial protección de los cruzados por medio de la Iglesia, por ejemplo los bienes terrenos de los participantes se ponen bajo la protección de la Iglesia durante su ausencia, siendo el obispo local el responsable de su custodia restituyéndoselos intactos a la vuelta del cruzado a la patria.

·       Exención de aduana e impuestos hasta la vuelta de la cruzada. Este fue un motivo muy atrayente ya que las personas que tenían deudas podían esperar ganar dinero o botines y así pagar sus deudas.

3.- SITUACIÓN DEL MUNDO MUSULMÁN HACIA EL 1100.

En la tradición musulmana el mundo se divide en dos partes .Casa del Islam., es decir los países ya convertidos al Islam, y .Casa de la Guerra., los países que esperan aún una conversión al Islam, que tiene que ser conquistados todavía, pudiendo significar conversión pacífica o una verdadera guerra.

La .Casa del Islam. se extendía en ese momento de España vía Sicilia, el norte e Africa, Egipto, Palestina, Siria, Irak, Irán, hasta Asia Central.

La Edad de Oro del Islam ya había pasado. Desde la mitad del siglo X el Islam estaba debilitado por un cisma. Junto al califato de los Abasies de Bagdag se encontraba el califato de la ortodoxia Sumita. En Egipto se había constituido un califato Siyta de la dinastía de los Fatimitas, siendo en este momento el centro más importantes de los Siytas hasta 1171, hoy lo es Irán que se hace Siyta en el siglo XIII, siendo antes Sumita.

En el siglo XI el califato de los Fatimitas de El Cairo estaba en el culmen de su poder. La esfera de los intereses de los Fatimitas y de los Bizantinos se enfrentaron en Siria. El equilibrio que existía entre ambos poderes hasta el siglo XI fue perturbado por la aparición de los turcos Seleúcidas, los cuales conquistaron Bagdag en 1055 y asumieron el protectorado sobre el califato de los Abasies de Bagdag. Los Seleúcidas eran Sunitas.

En el siglo XI los Seleúcidas comenzaron a atacar las fronteras del mundo cristiano. En 1064 cae la capital de Armenia y uno de los sultanes turcos, Alp Arslan refuerza la presión pero sin pretender la destrucción de Bizancio sino la de los Fatimitas heréticos de Egipto y Siria. En 1076 cae Alepo, después Ramla y Jerusalén, y en verano de 1076 Damasco. Al mismo tiempo ejercen presión sobre Asia Menor siendo la fecha fatídica la batalla de Manzikert de 1071 que abre a los turcos el acceso a Asia Menor y la creación del Sultanato de Rum, con Iconio como capital.

En este momento los Bizantinos identifican a los turcos con los pueblos apocalípticos pensando que está llegando el fin del mundo. El 1084 señala el final del dominio bizantino en Siria.

En España existía desde el 929 un califato Sunita de la dinastía de los Omeyas en Córdoba, contra los Fatimitas heréticos de Egipto. En este califato se verifica desde mediados del siglo XI una toma de poder de los beréberes de la vecina Africa, primero de los Almorávides y, más tarde, desde 1130 de los Almohades, que hoy serían calificados como fundamentalistas islámicos. Con los Almohades comienzan las opresiones contra los cristianos, conversiones forzadas al Islam, mientras que antes reinaba un clima de tolerancia con intercambios culturales. Lo cierto es que con la cultura islámica las ciudades alcanzaron un nivel cultural que no tenía parangón en el mundo europeo cristiano del momento: Bagdag, Alejandría, El Cairo, Córdoba, eran centros intelectuales, aunque en el siglo XI comienza un proceso que continúa en nuestros días en que se ve el Islam como estricta ortodoxia que tiende a eliminar todo libre pensamiento y todo libre comportamiento que no está en conformidad con la ortodoxia Sunita o Chiyta. No obstante el desnivel entre la cultura islámica y la cristiana era aún considerable.

La situación de los cristianos en el mundo musulmán era definida por la ley islámica, definiéndose a los cristianos como .gente de la protección., es decir eran tolerados como .gente del libro., que tenían un libro sagrado como los judíos. No obstante los cristianos eran siempre gente de segunda clase, que debían pagar una tasa especial que los musulmanes no tenían que pagar. Estaban sometidos a vestirse de un modo especial para distinguirlos de los musulmanes. Las represalias contra los cristianos dependían de cada soberano por lo que no se pueden generalizar. Los bizantinos sabían reaccionar desde siglos contra estas medidas con adecuados medios diplomáticos. En 1027 los Fatimitas reconocieron al emperador bizantino como patrón del cristianismo ortodoxo en su reino, pudiendo ser reconstruida la Basílica del Santo Sepulcro de Jerusalén. El comportamiento hacia los peregrinos individualmente dependía, no tanto de la gran política sino más bien del deseo de los funcionarios locales, lo cual sirve también para el tiempo de los turcos Seleúcidas.

4.- LA PRIMERA CRUZADA Y SUS RESULTADOS (1096-1099).

Con respecto a las fuentes tenemos una relación de un participante anónimo del Mediodía Italiano llamada Gesta Francorum. Este texto ha sido usado por la mayor parte de los cronistas posteriores.

Con respecto a la IIª Cruzada sólo mencionamos un texto de Odón de Devil (Dioglio, en latín), que era un capellán y secretario del rey francés Ludovico VII, cuyo séquito toma parte en la IIª Cruzada, llamada De protectione Ludovici VII regis francorum in oriente.

Otras noticias sobre la Iª Cruzada las encontramos en la obra de Odón de Frisinga, Historia de Eduardibus civitatitbus.

Para la historia de los resultados de las Cruzadas hasta 1184 podemos acudir a Guillermo de Tiro, que fue arzobispo de Tiro desde 1175, en su Cronicon en dos volúmenes.

No podemos olvidar también a los historiadores árabes de las Cruzadas, de los cuales Francisco Gabrieli ha publicado recientemente un florilegio de los textos más importantes.

Antes de comenzar la Cruzada propiamente según la quería Urbano II, ya se habían reunido varios grupos de hombres, mujeres y niños de Francia central y oriental, de los Países Bajos y de Renania bajo la guía e un predicador itinerante llamado Pedro el Eremita o de Amiens y del caballero Gualtiero Sansavoir (= sin tener).

Este ejército mal adiestrado, indisciplinado se fue por tierra hacia Constantinopla sufriendo grandes pérdidas en el trayecto en la zona de los Balcanes. Llegados a Constantinopla, por su impaciencia, no esperaron la llegada de otros grupos de cruzados siendo trasladados con gusto por los bizantinos más allá del Bósforo; en Asia Menor caerán en una emboscada de los turcos y casi todos fueron eliminados.

Esta cruzada irregular de los campesinos se transformará en el trauma de occidente y del oriente cristiano, que nunca olvidarán esta derrota de Asia Menor suponiendo la ruptura de las esperanzas puestas por Bizancio en el movimiento cruzado. En occidente coincidirá con los primeros ataques contra los judíos mediante estas hordas de campesinos, mientras los cruzados intentaban evitar toda agresión contra los judíos.

La Cruzada oficial comenzó después de llevar a cabo grandes preparativos por parte de los señores feudales. El emperador Alessio I Conmeno concluyó a comienzos de 1097, de acuerdo con cada jefe de los cruzados, un acuerdo obligándoles a prestar un juramento de fidelidad y a restituir las regiones conquistadas o por conquistar a los bizantinos. Hoy se discute si era o no un juramento de vasallaje.

Un factor ya presente en esta cruzada y que permanecerá en todas ellas influyendo gravemente en sus resultado, es la discordia entre los señores feudales que se encontraban a la cabeza de los distintos ejércitos. Para la primera Cruzada podemos señalar a tres jefes famosos: los dos hermanos Gofredo de Boglione, Duque de la baja Lorena y Baldovino de Boglione, y el normando Boimondo de Taranto, primogénito de Roberto el Guiscardo.

Baldovino tomará en 1098 el emirato de Edesa, transformándolo en un condado propio. En junio de 1098 conquistó Antioquía tras fatigosas batallas. Fue una situación desesperada para los cruzados al descubrir en el pavimento de la catedral la Santa Lanza que habría traspasado el costado de Cristo, aunque era una tremenda falsificación. Boimondo de Taranto reivindica para sí la posesión de Antioquía.

Ni Baldovino ni Boimondo respetan el acuerdo jurado con el emperador bizantino de restituir los territorios conquistados. El resto de los cruzados marcha hacia Jerusalén tomándolo el 15 de julio del 1099. El papa Urbano II murió el 29 de julio de 1099, casi seguro sin conocer la toma de Jerusalén por los cruzados. Gofredo de Boglione se transforma en Abogado del Santo Sepulcro tomado a causa de las protestas del clero latino contra el título de .Rey de Jerusalén. que sólo podía ser llevado por Cristo. Su hermano Baldovino, su sucesor, tomará el título de Rey de Jerusalén (1100-1118).

La toma de Jerusalén demuestra cómo se ha pervertido la idea inicial de la Cruzada. Todos los cronistas, de uno u otro signo, califican de atrocidad y asesinato las acciones llevadas a cabo por los cruzados contra los habitantes de Jerusalén, incluidos mujeres y niños.

Rápidamente caerán en manos de los cruzados otras ciudades de Palestina. La finalidad de la Cruzada ya se había cumplido, pero como muchos caballeros franceses decidieron no volver más a Europa, sino crearse una existencia en Tierra Santa, comenzará así una colonización europea en Siria y Palestina, aunque siempre fueron una pequeña minoría que no contaron con la ayuda militar de Europa. Se les llamó a estos colonizados francos por parte de los bizantinos y de los árabes. También se les llamó ulani siendo los descendientes de francos y mujeres indígenas.

Como resultado de la primera Cruzada surgieron cuatro pequeños principados, frágiles estados latinos a lo largo de la costa mediterránea: Reino de Jerusalén, Condado de Trípoli, Principado de Antioquía, Condado de Edesa. Las instituciones de estados latinos, sobre todo las del Reino de Jerusalén, recalcaron las de las monarquías occidentales.

Eran estados de colonizadores, estados coloniales. Algunas evoluciones llevadas a cabo en occidente se podían realizar en estos reinos, sobre todo en el de Jerusalén, como la monarquía hereditaria, que se pudo instaurar sin encontrar los rechazos de occidente por parte de los poderes locales y feudales, por lo menos al comienzo. Ya en la segunda y tercera generación de los francos, junto a la monarquía se desarrollará una casta aristocrática de feudatarios, tendiendo a disminuir la supremacía del rey hasta llegar al fracaso de estos estados latinos, a tensiones y enfrentamientos entre los nobles y los propios soberanos.

En cuanto a la organización eclesiástica se comienza con la elección de una jerarquía latina en Tierra Santa. Inmediatamente tras la conquista de Jerusalén los cruzados habían entronizado a un patriarca latino junto a la Iglesia del Santo Sepulcro. Después siguieron con las diócesis latinas. En Antioquía se entronizaron patriarcas latinos; Cesarea, Tiro, Tarso y Edesa se transformarán en Archidiócesis, siendo una cuestión de prestigio ya que los fieles latinos eran mínimos. En los años 30 del siglo XII los patriarcados latinos de Antioquía y Jerusalén alcanzaron su máxima extensión.

Todo sumado eran sobre 30 diócesis latinas que se extendían en un radio desde Cilicia, el sur de la actual Turquía, hasta el Mar Rojo. Los Cruzados encontraron en Tierra Santa otros cristianos, sobre todo los ortodoxos bizantinos, siendo considerados como católicos hasta el siglo XIII, no existiendo un sentimiento de un cisma propiamente dicho entre griegos ortodoxos y latinos. Los ortodoxos tenían sus propias iglesias y conventos con los que pudieron continuar. Durante todo el período de dominio latino la liturgia se celebra constantemente todos los días en la iglesia del Santo Sepulcro. Las jerarquías ortodoxas continuaron actuando junto a las jerarquías latinas, a pesar de los patriarcas orientales de Jerusalén y Antioquía había dejado el país camino del exilio.

Surgieron también monasterios latinos, ya en Jerusalén o fuera de ella, que en parte eran benedictinos y en parte estaban unidos a ellos, siguiendo exactamente el modelo conocido en occidente; más adelante habrá monasterios cistercienses y de otras órdenes. Los franciscanos están presentes en Tierra Santa desde los años 20 del siglo XIII, en tiempos de San Francisco. La Iglesia Latina de oriente era marcadamente monástica, resultado de la concesión a comunidades religiosos de la custodia de muchos lugares santos.

Era una iglesia de importación, sintiéndose como una iglesia latina. No podemos pensar que no ha aportado nada a toda la Iglesia en su conjunto. Prescindiendo de la Confraternidad del Santo Sepulcro, muy difundida en todo occidente, la Iglesia de Jerusalén ha dado al mundo latino dos nuevas formas de vida religiosa: los Hospitalarios y las Ordenes de Caballería, podríamos añadir una orden mendicante, aunque en este momento aún no era mendicante, los Carmelitas, creación de la Iglesia latina en Oriente Medio en tiempo de los cruzados.

De los Hospitalarios es muy importante la comunidad de Juan Limosnero, hospital para peregrinos, restaurado por los comerciantes amalfitanos poco antes del 1080. Había sido gestionado por la abadía benedictina de Santa María de los Latinos, fundación amalfitana que derivaba de la Abadía de Cava dei Tirreni. Los hermanos de este hospital se consideraban siervos de los pobres de Cristo y llevaban vestidos humildes, siendo un especie de confraternidad. La institución, por tanto existía con anterioridad a la llegada de los cruzados, aunque se desarrolla particularmente tras la conquista de Jerusalén.

En 1091 se constituye una orden propia hospitalaria rompiéndose los lazos con la abadía benedictina de Santa María. El jefe de la comunidad era un maestro llamado Gerardo, que antes había sido hermano laico en la abadía de Santa María Latina. Los ideales de este grupo en torno al hospital de San Juan estaban influenciados por la reforma gregoriana, considerándose siervos de los pobres de Cristo. En 1113 recibirán un privilegio del papa Pascual II poniéndoles bajo la protección pontificia; en este privilegio se le llama al maestro Gerardo Instituto ad prepositos, por la dificultad para encontrar un título adecuado.

El hospital de San Juan tenía unas dimensiones enormes, pudiendo acoger 2000 enfermos de ambos sexos, estando perfectamente dotado, incluso con un departamento de obstetricia. Los reglamentos de muchos hospitales occidentales posteriores se remitían al del hospital de San Juan de Jerusalén, transformándose en el modelo de vida hospitalaria para occidente. Los gastos se cubrían con ricas donaciones que se encontraron en todo el mundo cristiano.

Bajo el influjo de los Templarios los Hospitalarios de San Juan crearan incluso una rama militar, cambiando entonces la procedencia social de los miembros. Este proceso comenzará con los años 40 del siglo XII. Aunque nunca se abandona el cuidado de los enfermos, lo que si ocurre es que pasa a ocupar un lugar secundario. Desde este momento el orden se dividirá en dos clases: hermanos militares y hermanos enfermeros a los que se añade un tercer grupo, los hermanos capellanes, los eclesiásticos para el culto divino y la cura de almas de los hermanos y enfermos.

Esta orden de San Juan continúa existiendo hasta nuestros días con el nombre de Orden Soberana Militar de los Caballeros de Malta, que hoy han vuelto al ideal original, el cuidado de los enfermos, aunque manteniendo el carácter de orden de caballería.

La conjunción entre hermanos caballeros, militares, y los hospitalarios fue imitado por otras órdenes como los Caballeros Teutónicos surgidos en 1198, que existen hasta nuestros días pero transformados tras la Guerra Mundial en una orden clerical, siendo su último Gran Maestro un Ausburgo, un Archiduque de Austria. El mismo camino seguirá la Orden de San Lázaro, que se proponía sobre todo el cuidado de los leprosos. Ya no existe en nuestros días.

Junto a la Orden de San Juan de Jerusalén debemos nombrar ante todo a la Orden de los Templarios. Es la orden por excelencia, aunque los de San Juan, como ya hemos indicado tenían algunos antecedentes. Los Templarios fueron desde el comienzo una orden puramente caballeresca militar sin una rama hospitalaria. El fundador fue un caballero de la Champagne Hugo de Payns, que en 1120 constituyó una comunidad religiosa de hermanos laicos con el empeño de defender los caminos que debían recorrer los peregrinos a través de Palestina para ir a Jerusalén, que en aquel momento eran muy inseguros, es decir la protección de los peregrinos. El grupo obtiene el apoyo del Rey Baldovino II de Jerusalén que les dio como sede una parte dentro del recinto del Templo de Jerusalén muy próximo a la llamada Iglesia del Templo, es decir la Mezquita de El-Aqsa que los latinos habían transformado en iglesia. Por ello reciben el nombre de Fratres Militie Templi, ya que tenían su sede sobre el lugar del antiguo templo de Jerusalén.

Los Templarios alcanzaron éxito muy pronto. Su Regla estaba influenciada de la de San Benito y fue aprobada en el Sínodo de Trois en 1129 en presencia de San Bernardo, sin cuyo apoyo no se hubiera podido conseguir la aceptación de la misma. En favor de estos caballeros San Bernardo escribió un famoso tratado De laude novae Militiae ad Milites Templi. En su espiritualidad están muy influenciados por la espiritualidad cisterciense de San Bernardo.

Los Templarios son una creación auténtica de la Iglesia Occidental, aunque surjan en oriente. Sus ideales caballerescos nacieron como tales en occidente. Fueron suprimidos por el papa Clemente V en 1312 en el Concilio de Vienne bajo la presión del rey de Francia Felipe IV el Hermoso que quería apoderarse de los bienes de los Templarios en Francia. Tras un escandalosos proceso el último Gran Maestro murió en la hoguera en 1314 en París.

5.- LAS OTRAS CRUZADAS.

La historiografía nos habla de ocho cruzadas hasta 1270, fecha de la expedición del rey Luis IX a Túnez. Todo ello puede dar una falsa impresión ya que junto a las cruzadas oficiales había otras expediciones de cruzados como la de 1212 de los niños, fruto de un movimiento espontáneo surgido entre algunos grupos de jóvenes, los cuales siendo embarcados en Marsella son engañados por dos mercantes que les embarcan y les venden como esclavos en el norte de Africa.

También hemos de pensar en las numerosas cruzadas de otras regiones de Europa, sobre todo en España y en los Países Bálticos y en la Cruzada Albigense contra los Cátaros de 1208.

Con respecto a las cruzadas oficiales realizadas hasta 1204, es decir de la 2ª a la 4ª Cruzada podemos decir lo siguiente: típico de todas ellas es que son reacciones occidentales a peligros en los que se encuentran los francos en Tierra Santa. Sería bueno ver a quien van dirigidas estas cruzadas. La 2ª y la 3ª Cruzada son Cruzadas soberanas; en la 4ª el papa Inocencio III intentará alargarla a todos los que sean capaces de luchar.

La 2ª Cruzada (1147-1148) fue provocada por la política agresiva del emir Imad Ad-Din Zenghi, hijo de un oficial turco. Reprende la lucha contra los francos y para favorecer esta lucha se basará sobre la lucha de la Gihad, la Guerra Santa Musulmana. En 1144 tomará la ciudad de Edesa, que poseía una leyenda según la cual Cristo habría mandado su autorretrato al rey Adgar de Edesa, por lo que se provocará una fuerte respuesta en occidente en forma de una gran cruzada. En 1146 Zenghi será asesinado, pero su hijo Norandino continúa su política, conquista el condado de Edesa y después todos los estados no francos de Siria. En Edesa los armenios que se habían mostrado leales a los francos fueron cazados o masacrados.

Como respuesta se desata la 2ª Cruzada en occidente. Su promotor será sobre todo San Bernardo de Claraval. La guiarán dos grandes soberanos como Luis VII rey de Francia y Corrado III emperador de Alemania. Será un gran fracaso debido sobre todo al comportamiento del rey francés que estaba movido por sentimientos prevalentemente religiosos, no militares, con una finalidad penitencial para expiar el incendio de una iglesia de su reino, la de Vitry, producido durante la guerra contra su rival el Conde de Champagne, en la cual se habían refugiado más de 1000 personas ordenando el monarca quemar la iglesia con las personas dentro. Surgirán tensiones en Asia Menor entre el ejército francés y el alemán, concluyéndose la cruzada sin resultados. Con el fracaso de la 2ª Cruzada se destruirá el mito de que los francos eran invencibles, siendo una señal para los musulmanes.

En 1155 Norandino (+1174) toma Damasco y así la Siria musulmana se reúne bajo una única autoridad musulmana. Este se debió no sólo al empleo de la fuerza militar de este emir sino al cambio radical de la autoridad musulmana de Siria debida a la propaganda de este príncipe, ya que transforma la ideología de la Guerra Santa, ya sostenida por su padre, en una teoría perfecta de la cual derivará una línea política clara. Consigue organizar un inmenso aparato de propaganda entre los musulmanes del medio oriente. Al mensaje de la Guerra Santa suma otros dos conceptos que se mantienen hasta hoy en el mundo fundamentalista islámico, a saber:

·       la particular sacralidad de Jerusalén y de la Tierra Santa para el Islam.

·       y la necesidad de restablecer la unidad política de los árabes musulmanes de medio oriente como fase preliminar de una victoria de la Guerra Santa contra los francos.

Así la Guerra Santa se funde en un gran movimiento espiritual que significará también un retorno a la ortodoxia Sunita. Así el mundo musulmán viene reforzado como un movimiento popular de grandes proporciones contra los francos, contra los latinos.

Como sucesor de Norandino (+1174) tenemos a un general kurdo Saladino (Salàh ad-Din Yúsuf ibn Aiyyub), el cual había hecho su fortuna en Egipto, aboliendo el califato Chiita en El Cairo proclamando la vuelta de Egipto al Califato Abasí Sunita. En nueve años consigue incluso apoderarse de Siria, siendo sus adversarios no sólo los francos sino también la dinastía de los Zenghi, que consideran a Saladino como un usurpador. Naturalmente también son enemigos los Chiitas que intentarán incluso asesinarlo.

Al principio serán los francos quienes tomarán la iniciativa pensando golpear a Saladino en Egipto. Desde 1176 Saladino impondrá a los francos una guerra permanente. En 1183 atacará a los francos por tierra y por mar, entrará en Alepo realizando así la unidad de Siria con Egipto. Los estados francos estarán circundados por el reino de Saladino que se extenderá hasta el Yemen y a los confines orientales de Túnez.

Desde 1183 Saladino utilizará el acoso a los francos por tierra y por mar mientras una terrible carestía reduce la resistencia de los francos, que a partir de ahora tampoco encontrar ayuda por el mar. En 1184 en esta situación de emergencia el Patriarca latino de Jerusalén y los Grandes Maestres de los Templarios y de los Hospitalarios vendrán a occidente para pedir ayuda a los reyes de Francia y de Inglaterra, pero su petición de ayuda cae en el olvido por el momento.

De esta manera los francos quedarán solos frente a Saladino y además divididos entre ellos. En 1185 se ven obligados a pedir una tregua a Saladino, el cual la concede por cuatro años. Afortunadamente en 1187 el señor de Transjordania latina Reynaldo de Châtillon rompe la tregua atacando y saqueando una caravana proveniente de la Meca rechazando restituir el botín. A causa de ello Saladino moviliza todas sus fuerzas y alienta en la batalla de Hattin, en Galilea junto al lago de Genesaret, todo el ejército franco el 4 de julio de 1187, siendo una terrible derrota del ejército a causa del calor y de la ausencia de agua. Entre los prisioneros de Saladino se encuentra el rey Guido de Jerusalén, el Gran Maestre de los Templarios y de los Hospitalarios, la flor y nata de la aristocracia franca. Además cae en sus manos la tan venerada reliquia de la Santa Cruz que los francos había llevado consigo. Sabemos que Saladino ha regalado la reliquia al califa Abasí de Bagdad, pero desde entonces ha desaparecido.

Al rey de Jerusalén el sultán le regaló la vida, aunque seguirá como prisionero hasta 1188. No perdonó la vida a los Templarios y Hospitalarios, siendo todos asesinados. También encontró la muerte Reynaldo de Châtillon a manos del propio Saladino. Pocos meses después caerá Jerusalén el 2 de octubre de 1187. Saladino será muy generoso con los cristianos; los cristianos latinos debieron dejar Jerusalén, mientras que los indígenas pudieron permanecer, pero deben pagar un módico rescate. Se cierra el Santo Sepulcro y las Mezquitas se abren de nuevo, la Montaña del Templo volverá a ser un santuario musulmán desde 1187 hasta nuestros días.

La pérdida de Jerusalén provocará la 3ª Cruzada (1188-1192). Será la mejor preparada de todas sobre todo porque el emperador Federico I Barbarroja se identificó con aquella expedición. Se pone en marcha por vía terrestre consiguiendo una gran victoria sobre el sultán de Iconio, pero muere de manera improvisa bañándose en el río Salef en Cilicia en 1190. Después de él el rey de Inglaterra Ricardo Corazón de León y el de Francia Felipe II Augusto eligen la travesía por el mar. Al llegar en 1191 constriñen a la ciudad de Acre a la rendición. Felipe Augusto volverá rápidamente a Francia mientras Ricardo permanece allí e intentara restaurar la dinástica del reino de Jerusalén.

La 3ª Cruzada obligará a Salidino a aceptar la presencia de un pequeño reino franco, pero el intento de fundar estados cristianos en oriente, con la caída de Jerusalén, definitivamente había fracasado. La capital de aquel reducido reino de Jerusalén permanece hasta 1291 en Acre.

Con respecto a la 4ª Cruzada hemos de decir que surge por iniciativa del papa Inocencio III, el cual desde el comienzo de su pontificado en 1198 ha considerado la cruzada para la liberación de Jerusalén como uno de los objetivos más importantes de su actividad. El 15 de agosto de 1198 emana su primera encíclica sobre la cruzada dirigiéndola a los prelados, a los condes, a los barones y a todo el mundo cristiano, quiere movilizar a todo el mundo cristiano.

Daba en ella el papa una formulación más clara de la indulgencia, prometiéndola no sólo a los participantes sino a todos los que hubiesen mandado un representante a la cruzada, e incluso a los que hubiesen proveído a la sustentación de los cruzados. Aquí comenzará un peligroso camino para las cruzadas con el asunto del dinero. Para recabar los medios necesarios para hacer frente a los gastos de la Cruzada Inocencio III ordenó que todos los sacerdotes debían contribuir con una tasa particular, lo que no agradaba a los sacerdotes. Los fieles debían dar su contribución a tenor de sus posibilidades en cajas instituidas al efecto en todas las iglesias.

Desde el comienzo se había elegido la vía del mar para la cruzada. Como Génova y Pisa estaban en lucha entre ellas, se envío una diputación a Venecia para obtener allí las naves para la travesía. En abril de 1091 se concluyó el contrato con Venecia. Los cruzados tenían que pagar 85.000 marcos de plata, pero como sólo se había recaudado la mitad al momento de partir, el Dogo Enrique Dándolo adelantó la propuesta de hacerse pagar el resto mediante una acción de los cruzados a favor de la República Veneta contra la ciudad de Zara que fue conquistada y saqueada por los cruzados.

El imperio bizantino en este momento sufría profundos problemas dinásticos. En occidente, sobre todo tras las cruzadas, había ido aumentando la aversión contra Bizancio y también a la inversa. Frente a la aparente debilidad del imperio bizantino la hostilidad de occidente adquiere la forma de un proyecto de conquista de Constantinopla, lo cual ya se pensaba desde el tiempo de los normandos. Un joven príncipe bizantino, Alessio Angelo había huido a Italia prometiendo a los cruzados y a los venecianos enormes sumas de dinero si le devolvían al trono a su padre, el emperador depuesto Isaco II.

De suyo esta propuesta fue escuchada, desviándose la Cruzada a Constantinopla. El 17 de julio de 1203 Constantinopla cae en las manos de los cruzados, es entronizado Isaco II como nuevo emperador bizantino y su hijo Alessio fue nombrado coemperador por su padre. Tras dos revueltas antilatinas en Constantinopla los cruzados tomaron de nuevo las armas contra la capital bizantina. El 13 de abril del 1204 Constatinopla es tomada por los cruzados. Los saqueos y la rapiña duraron tres días en Constantinopla, los tesoros del más grande centro de cultura del mundo fueron distribuidos entre los conquistadores, parte de ellos fueron destruidos barbáricamente y otra parte trasladados a occidente (los caballos de Venecia, por ejemplo). Este saqueo fue sobre todo contra las reliquias que fueron robadas y traídas a occidente. Los griegos aún no han perdonado este saqueo.

A penas tomado el botín los cruzados procedieron a la elección de un nuevo emperador, comenzando así el imperio latino de Constantinopla (1204) siendo el primer emperador latino el Conde Baldovino de Flandes que toma el nombre de Baldovino I Emperador Latino de Constantinopla, pero su gobierno durará sólo un año ya que en una batalla contra los búlgaros será hecho prisionero y morirá en la prisión (1205).

Al mismo tiempo es nombrado patriarca de Constantinopla un veneciano comenzando así el imperio latino de oriente mientras la clase dirigente griega huye a Nicea.

En los meses precedentes el papa Inocencio III había prohibido expresamente la desviación de la Cruzada hacia Constantinopla, había reprobado la conquista de Zara y excomulgado a todo el ejército cruzado, pero sin efectos. Toda la Cruzada era una empresa de desobediencia al papa y se termina de manera que habría hecho mucho más difícil la unificación de las dos iglesias. Cuando todo ya está hecho el papa sólo puede resignarse y disfrutar al menos la ocasión, aunque el papa tenía grandes ilusiones que se convirtieron rápidamente en desilusiones.

La aversión de los griegos contra occidente había crecido hasta el infinito a causa de la caída de Constantinopla. Este odio no se aplacó ciertamente entre la población indígena por la institución de una jerarquía latina de la que no querían saber nada. Era una latinización de la Iglesia griega, siendo un gran impedimento para una unión efectiva de las dos iglesias. Por ejemplo Santa Sofía se transforma en un coto cerrado para los venecianos, de los 40 canónigos de 1204-1271, 32 son de Venecia y los demás de Italia y Francia.

6.- LA RECONQUISTA DE ESPAÑA.

Desde Urbano II la Reconquista española forma una ecuación con las cruzadas en Tierra Santa. El papado intentó siempre de introducir la Reconquista en el movimiento de las cruzadas, aunque con resultados sólo parciales.

Poco después del Sínodo de Clermont Urbano II ha ordenado a algunos caballeros catalanes, que querían tomar parte en las cruzadas, que se quedasen en casa ya que allí podían tomar los votos cruzados en España.

Sólo con Inocencio III cambiará la imagen ya que este papa piensa sobre todo en la liberación de Jerusalén y del Santo Sepulcro y por eso también España debía pagar la tasa de la Cruzada.

Un elemento importante de la Reconquista son las órdenes de caballería, sobre todo las regionales españolas y portuguesas. Primero la Orden de Calatrava, afiliada a los Cistercienses. En torno al 1320 en España y Portugal existían no menos de 8 órdenes de caballería.

En 1147 se produce la conquista de Lisboa por obra de cruzados flamencos, renanos, normandos e ingleses que iban a Tierra Santa para la 2ª Cruzada.

La Batalla de Las Navas de Tolosa de 1212 y la derrota del ejército de los Almohades en la batalla contra los ejércitos de Castilla, Navarra y Aragón y algunos cruzados. En 1213 subirán al trono de Navarra Jaime I el Conquistador. En Castilla reinará a partir de 1217 Fernando III, con el cual se producirá un cambio de la política exterior de Castilla consiguiendo buenas relaciones con los vecinos, consigue incluso unir de nuevo LEÓN y Castilla (1230) en una unión definitiva.

A parte de Navarra que no hace progresos, la multitud de los estados cristianos de la Península Ibérica, se reducen a tres: El Reino de León-Castilla, Aragón y Portugal, permaneciendo como tales hasta Felipe II que realizará la unificación.

El futuro de estos estados reforzados se encontraba en el sur de la Península, y comenzará con Jaime el conquistador y con Fernando III de León que han avanzado mucho la Reconquista en el XIII. Jaime conquista Baleares en 1221 y Valencia en 1237. Fernando III conquista Córdoba y Sevilla (1248). A partir de ahora el Islam permanece confinado en el extremo sur con Granada, Almería y Málaga en un sultanato musulmán que debía pagar un tributo al rey de León hasta 1492 cuando termina el poder musulmán en España.

CAPÍTULO II

LOS MOVIMIENTOS RELIGIOSOS DEL SIGLO XII. PREDICADORES ITINERANTES, MONJES Y CANÓNIGOS

La edad gregoriana había iniciado una profunda reforma de la cristiandad occidental y había puesto el acento sobre la pureza del sacerdocio y la libertad de la Iglesia con respecto al poder laico. El monacato había comenzado ya antes su reforma a partir del siglo X, sobre todo la de los benedictinos que se irradia en toda Europa. Se encuentran monasterios cluniacenses en territorio francés, italiano, español o inglés. También se extenderá en todo el imperio la Reforma Lorenesa.

Hacia el 1100 el monacato benedictino no tenía, por tanto, necesidad de una reforma, ya que él mismo era portador de esta reforma. Es cierto que el primer lanzamiento de esta reforma se frenó, pero sumado todo los monasterios benedictinos eran todavía una fuerza espiritual, cultural y económica importante en el mundo occidental.

.Reforma. no podemos entenderla como que primero existía una decadencia y luego un resurgimiento, sino que en la Edad Media significa también una nueva estructuración una nueva orientación de la vida religiosa.

Durante siglos nadie había dudado que el monacato cenobítico, que seguía la Regla de San Benito en occidente, fuera la mejor expresión de la imitación de Cristo, al mismo tiempo que la mejor realización de la Iglesia primitiva de Jerusalén. Constituía el ideal del monacato cluniacense, imitar la vida de la Iglesia del tiempo de los apóstoles.

Los monjes tenían un papel muy preciso en la sociedad feudal. Según el modelo de .las tres rangos de la sociedad feudal., desarrollada por clérigos: oradores, veladores, trabajadores.

·       Los oradores piden por la estabilidad y el bien de la sociedad, siendo sobre todo los monjes, pero en general entendido como los clérigos.

·       Los veladores defienden la sociedad contra sus enemigos. Son el rey, los príncipes, los feudatarios, los caballeros, la nobleza.

·       Los trabajadores son los campesinos que deben proveer a las necesidades alimenticias para los otros dos rangos.

Es famoso el poema del obispo Adalberone de Laon (1030) Carmen ad Robertum regem donde se expresa esta concepción de la sociedad.

Esta división tripartita de la sociedad se pone en duda a finales del siglo XI. Observamos en este momento que los hombres buscan una nueva realización de su vocación cristiana sin seguir los modelos tradicionales feudales.

Las reformas benedictinas eran espléndidas, pero entrar en estos conventos a menudo estaba limitado a los miembros de la aristocracia. Este monopolio de la nobleza, que se extenderá también a los cabildos de las catedrales, vendrá contestado en el XI. Podemos comprobarlo en los escritos de Ildegarda de Rupertsberg a la abadesa de Tenxwindis en Andernach.

Lo que la reforma gregoriana había iniciado con el clero llega ahora incluso a los laicos, que buscan nuevas vías de vivir el evangelio. Podemos descubrir tres ideas fundamentales que guiado la reforma religioso-monástica del siglo XII: pobreza, vida eremítica y predicaciones. Estas tres propuestas se entremezclan y eran sólo en parte conciliables con la Regla de San Benito. La originalidad del .nuevo monacato. consistía en la particular mezcla de estos tres elementos.

Este vasto movimiento monástico-religiosos del XII comprende formas monásticas eremíticas y otras formas que ponen el acento sobre la vida en común, vida cenobítica. Podemos ya encontrar las primeras manifestaciones anticlericales que acabarán siendo heréticas. No podemos caer, no obstante, en la equivocación de identificar las nuevas manifestaciones monacales con las herejías medievales, ya que los confines entre ambas expresiones de suyo son muy vagos, lo cual sirve también para el siglo XIII, la época de las órdenes mendicantes.

Podemos poner como ejemplo el caso de un noble de Lomoges que funda un eremitorio en Muret, tomando el nombre de Esteban de Muret (+1124), tras su muerte sus discípulos fundan un monasterio en la Diócesis de Limoges, en Grandmont. El cuarto abad escribirá una Regla que contiene muchas enseñanzas orales de Estefano de Muret, afirmando que todo lo anterior a su fundador no tiene nada que ver con la raíz del modo de vida cenobítica, las cuales se derivan de vivir santamente el Evangelio.

Muchas órdenes de este momento desean seguir al .Cristo desnudo., presente ya en San Jerónimo. Esta fórmula adquirirá un sentido de pobreza, Así, en diversos lugares de Francia, aparecerán grupos de persona de procedencia no muy definida que se llaman a sí mismos .pobres de Cristo.. Llevarán un estilo de vida severo, su pobreza será real y convincente. Su ideal será sobre todo la .imitación de Cristo.. Apreciaron de modo especial el Evangelio de San Mateo, ya que con los discursos críticos contra los fariseos contenidos en el mismo, podían ser aplicados a la situación de la Iglesia de su tiempo, ya que su crítica se centrará contra los clérigos y los monjes; también aprecian el Evangelio de San Lucas, con su petición de pobreza, para expulsar a los .ricos del Templo., la propia Iglesia de su tiempo. Junto a los evangelios, estos predicadores itinerantes acuden voluntariamente a la vida de los padres del desierto, llevando a hacer aparecer con fuerza en occidente la figura de San Antonio Abad, eremita, llegando a ser muy popular.

De este modo se entremezclan dos ideales cristianos, el de los predicadores itinerantes, que invitan a la gente a la penitencia, siendo la guía de muchas almas insatisfechas de la Iglesia oficial, y el ideal eremita que busca la soledad y la vida simple, llegando a ser así también padre espiritual de las personas que le siguen, de los discípulos. Todo ello bajo el título general de .pobres de Cristo..

La vida eremítica había sido siempre honrada en la Iglesia, aunque en la Iglesia latina fuese más bien una excepción. Desde el XI encontramos una abundancia de eremitismo que se extiende desde Italia hasta Escocia. Los inicios serán en Italia, aunque no se sabe muy bien donde comenzó. Ciertamente en el Mediodía italiano con sus tradiciones griegas nos hablan de un aprecio de los eremitas , pero el despertar del eremitismo no parece que se deba tanto al influjo griego, El centro estará en Toscana y en torno a Ravena siendo el personaje más importante será San Romualdo, que era un carismático predecesor  de los .pobres de Cristo..

Su discípulo Pier Damiano será el encargado de poner la teoría, el cual desde el 1043 dirigirá los Eremitas de Fuente Abelanna. Pier Damiano escribe en 1042 la Vita Romualdi dando a sus hermanos un modelo hagiográfico para imitar. En 1057 redacta su ordenación definitiva para su propios eremitas, una especie de Regla, teniendo gran influencia en otros grupos posteriores, sobre todo en Italia donde poseerán un ideal moderado. Pier Damiano no promueve el eremitismo itinerante, que tendrá gran éxito en Francia, sino una comunidad estable.

El eremitismo francés está menos fundamentado en la Regla de San Benito, y por lo tanto, menos unido a la .stabilitas loci., confundiéndose con la idea del predicador itinerante más que en otros países. En Francia no estarán aislados en una soledad inaccesible sino que viven en los bosques atrayendo a gente pobre que se ubica entorno a su eremitismo. Sus secuaces no son sólo hombres al margen de la sociedad sino también muchas mujeres, algunas prostitutas.

Un ejemplo de este modo de vida lo encontramos en el caso de Roberto de Arbrissel. Nace hacia el 1045 siendo hijo de un párroco. Hacia 1078 va a estudiar a París, llegando a ser sacerdote. En 1095 comienza como predicador itinerante, su aspecto era descuidado, vestido con ropas sucias dejando parte de su cuerpo al descubierto, con largas barbas y cabellos que cubrían sus frente, con los pies descalzos, dando la impresión de ser un mendigo. Su predicación agresiva y apasionada al mismo tiempo, atrajo a una gran multitud de admiradores, sobre todo mujeres, que le seguían por todas partes. En 1096 Urbano II, durante su viaje a Francia para el Concilio de Clermont, le concedió un mandato de predicación unido a un monitum para que se moderase en sus predicaciones.

En 1098 Roberto decidió o le indujeron a fundar una comunidad fija en Fontevrault. El eje de la convivencia casta entre hombres y mujeres era el ideal original. Instaló dos comunidades separadas, una para hombres y otra para mujeres; en otros casos los funda para leprosos y prostitutas.

Roberto se llamará magister, no abad, de su fundación. Encarga la dirección de la fundación a dos viudas nobles de su séquito, cosa que realizará siempre en sus fundaciones, ya que pone a la cabeza una abadesa. El mismo retoma su vida inestable de predicador itinerante fundando otras comunidades similares que siempre estarán guiadas por mujeres.

Muere Roberto en 1116 siendo un personaje muy discutido y controvertido en su tiempo, con admiradores y acérrimos adversarios que le acusarán de descuidar todas las reglas de un comportamiento decente y de instigar a la plebe contra el propio clero, y de saltarse el orden instituido. Uno de sus adversarios fue el obispo Marbodo de Reims (+1123), un hombre muy considerado en la iglesia francesa de su tiempo. Este obispo en una carta abierta que dirigió a Roberto expresaba graves acusaciones contra él y sus fundaciones. Entre las acusaciones vertidas está la escandalosa familiaridad de Roberto y sus hermanos con las mujeres, llegando a sostener incluso que jóvenes de su orden tras sostener relaciones sexuales con él habían dado a luz dentro del convento. Otra acusación se refería a la presunción de sus secuaces que afirmaban ser .discípulos del Maestro.. Con respecto a la predicación de Roberto condena la descalificación global de todos los eclesiásticos que Roberto considera como mentirosos e hipócritas. Termina diciendo que lo Roberto hace .no es predicación sino denigración.

Otro predicador extremista será Norberto de Xanten. Nace entre 1080-1085 como hijo putativo de un noble feudatario de la Baja Renania. Fue destinado desde la infancia al estado clerical, llegará a ser canónigo de la Colegiata de San Víctor de Xanten. Estuvo en Roma, formando parte del séquito del arzobispo de Colonia, en el clamoroso evento de Pascual II en 1111. En 1115 sufrió una conversión, en un momento de extremo peligro para su vida al caerle un rayo en el campo, haciéndose ordenar diácono y sacerdote. Poco después dejará su comunidad de Xanten y comienza una vida de predicador itinerante en Alemania siendo extremadamente crítico con la Iglesia oficial. Por sus dificultades con la jerarquía, en 1118 tiene que comparecer delante de un sínodo ante legados pontificios en Asia. Por estas dificultades en Alemania se traslada a Francia y consigue del papa Gelasio II un permiso de predicación itinerante.

Su actividad en Francia atrajo a mucha gente, sobre todo mujeres, que se le unieron. Tras un intento fallido de transformar el cabildo y la Colegiata de San Martín de Laon, el benévolo obispo de Laon le permitió retirarse con algunos de sus partidarios a un bosque cercano a Laon donde fundó en otoño de 1120 una comunidad de canónigos con ideales eremíticos. En 1121 esta Comunidad, bajo la dirección de Norberto, toma la Regla del .Ordo Monasterii. del círculo de San Agustín, muy severa, siendo el inicio de la Orden de los Premostratenses. También aquí hubo mujeres, al principio, asociadas a los canónigos. Con rapidez imitaron este ejemplo otras comunidades premostratenses, de modo que los primeros conventos eran dobles monasterios, uno para canónigos y otro para hermanas. El número de las mujeres aumentó con rapidez, superando al de los hombres. Será en 1140, en un Capítulo General de la Orden, cuando se decide la abolición de este sistema de los dobles monasterios.

Norberto tras la fundación de Prèmontrè (1121) continuó actuando como predicador itinerante. Fundó también otros monasterios de este tipo como Floreffe y Cappenberg, siempre sin consultar al obispo diocesano fiándose sólo de la protección del emperador Enrique V.

En los primeros momentos no había encontrado una competencia específica para su comunidad, sólo eran un grupo de eremitas que vivían según una regla para canónigos. En una segunda fase (1126), cuando accede a la dignidad de Arzobispo de Magdeburgo, cambiarán las perspectivas y se desentiende de su fundación de Prèmontrè. Es cierto que fundará algunos monasterios incluso en su diócesis, siempre por motivos misioneros, pero su comportamiento personal dejará perplejos a sus antiguos amigos. Encargará predicaciones y cura de almas a las numerosas comunidades premostratenses que se difundieron al oriente del Elba.

Junto con los Cistercienses contribuyeron en gran medida a la expansión de la civilización occidental en los países del este europeo: Hungría, Bohemia y Polonia. Ambas órdenes se difundieron muy rápidamente. Aunque las ideas que sostienen no son originales, tenían dos ventajas: al comienzo tienen hombres excelentes, carismáticos, y una óptima organización. Norberto y Bernardo de Claraval eran afines en sus sentimientos y finalidades, y ambos eran hombres difíciles.

Si Norberto fue el fundador de los Premostratenses, sin su sucesor Hugo de Fosses (+1164) esta fundación quizá no hubiese sobrevivido. Introdujo costumbres escritas inspirándose en las cistercienses, instituyó capítulos generales, reguló las relaciones con los obispos, institucionalizó el orden, por lo que se puede considerar el verdadero fundador. Norberto muere en Magdeburgo en 1134.

La dirección espiritual de casi todas las fundaciones del Nuevo Monacato era al comienzo bastante vago. Suelen comenzar con una fase eremítica contraseñada por extremas condiciones de pobreza. Con respeto a la Regla muchos fundadores consideraron la .Regula Benedicti. menos adaptada a su programa y orientación, por lo que prefieren la de San Agustín, no por ser más severa sino porque les daba más libertad para organizarse como querían. Los Gramontenses de Esteban de Mireux y los Fontevalvrinos que tuvieron al comienzo reglas propias, acabaron transformándose en congregaciones benedictinas. Norberto elegirá una regla de San Agustín, el .Ordo Monasterii.. Tenemos un ejemplo curioso en Gilberto de Serpringham que funda hacia 1130 en Inglaterra un monasterio doble, que llegará a ser el centro de la Congregación de los Gilbertinos. Gilberto había diseñado un instituto bastante complejo, no sólo con monasterios masculinos y femeninos, uno junto al otro, usando la misma iglesia que se construía entre los dos conventos, impidiendo que una comunidad viese a la otra. Las monjas observaron la Regla de San Benito, los canónigos seguían la de San Agustín, y los hermanos y las hermanas laicas sus propias constituciones.

Entre los grupos de eremitas del bosque de Colan, en Borgoña, elegimos dos grupos bastante diversos: Los Certosinos fundados por Bruno de Bolonia y los Cistercienses. Los Certosinos no quieren adoptar ninguna regla antigua, mientras que los Cistercienses vuelven a una observancia más estricta de la Regla de San Benito.

Los Cistercienses, la fundación de Cîteaux, serán muy importantes en la Edad Media, eclipsando a todas las iniciativas hasta aquí descritas, regularizando y clarificando las aspiraciones del Nuevo Monacato. Las fuentes sobre sus inicios son numerosas distinguiéndose de las de las demás órdenes de ese mismo período. No existe una vida del fundador o de los primeros abades. Entre los documentos de fundación del orden figuran cartas de los papas y de los legados papales, y los documentos y privilegios que encontramos en el cartulario del Monasterio de Molesme y de Cîteaux.

Tenemos sobre todo dos textos principales: uno narrativo llamado Exordium parvum y un texto constitucional llamado Carta Caritatis. El Exordium es una intoducción histórica sobre los inicios de Cîteaux, a la constitución del Orden. La Constitución se encuentra en la Carta Caritatis. Ninguna de ellas son obras en sí mismas, sino que forman parte de un conjunto más amplio, de un Corpus Consuetudini, un libro de los usos en el que la vida cisterciense encontraba su expresión concreta. Hasta hace pocos decenios constituyeron materia de discusión entre los especialistas. Lo que está claro es que estos textos han tenido más de una redacción. La Carta Caritatis I sería la que presentó el abad Esteban al papa Calixto II (1119). En la II la posición de Cîteaux pasa a segunda línea en la relación con otras instituciones tras el Capítulo General ya celebrado (1135-1149), actualizándose la redacción.

Los comienzos de Cîteaux están marcados por el carisma personal de los primeros abades, aunque no conocemos muchos detalles de su biografía. El fundador es Roberto de Molesme, típico representante del Nuevo Monacato del siglo XI, el cual ha vivido en mucho monasterios que ha ido abandonando para encontrar su propia vocación. Tras una fase de vida eremítica en el bosque de Colan, fundó en 1075 un monasterio según sus ideas, el de Molesme. Estando descontento con el desarrollo de su fundación, que poco a poco se alejaba del ideal eremítico de soledad y pobreza, en 1098 abandona su fundación con algunos de sus monjes y vuelve a comenzar desde el principio con la fundación de Cîteaux en 1098. La Comunidad de Molesme y los nobles del lugar deseaban el retorno de su abad, consiguiéndolo por medio de un decreto pontificio, donde morirá en 1111.

El hecho nuevo de la convivencia de canónigos y religiosas en la Edad Media, se trata en parte de un movimiento femenino, y los diversos fundadores estarán atentos a este fenómeno por lo que fomentan la institución de monasterios dobles. Los obispos han contemplado este fenómeno con mucha preocupación.

Los cistercienses no tuvieron al comienzo una rama femenina, pero a lo largo del XII y XIII muchos conventos benedictinos femeninos u otros se asociaran al Orden Cisterciense, a pesar de que el Orden no las quería. Un Capítulo General 1222 prohibió expresamente la anexión de monasterios femeninos, pero sin tener éxito, ya que no pocas comunidades femeninas obtuvieron directamente un privilegio papal con el que se presentaron al Capítulo General de los Cistercienses y les obligaron a concederles la anexión.

El sucesor de Roberto de Molesme en Cîteaux será Alberico que dará una dirección estable a la Orden y una fisonomía propia. En 1100 consigue la autonomia del monasterio por un privilegio romano. Alberico dará también una Consuetudine, una forma propia de vida, inspirándose en la Regla de San Benito, siendo una decidida vuelta a la simplicidad de su Regla. Instala también un propio escritorio con la finalidad de procurarse los propios libros de coro y libros para la Lectio Divina, obteniendo así una independencia intelectual y litúrgica de otros monasterios.

Decisiva fue también la obra del tercer abad de Cîteaux Esteban Hardy (1109), un inglés que es calificado como el verdadero fundador del Orden Cisterciense. Dio a la reforma una impronta claramente reconocible sin destacarse del ideal de pobreza del Nuevo Monacato. Un criterio esencial para él era la vuelta a una observancia más estricta de la Regla de San Benito contra una tradición benedictina plurisecular.

Este principio de la .rectitudo Regole. o .puritas Regole., incluso .Regola ad literam., los primeros cistercienses lo han aplicado coherentemente a todos los campos de la vida monástica, como por ejemplo a la liturgia cuya simplificación era revolucionaria, la obligación para todos del trabajo manual, la renuncia a las rentas procedentes de propiedades de tierras cultivadas por campesinos dependientes, soledad, silencio y separación del mundo. Los monasterios se construían de nuevo, según proyectos de edificación muy similares, en lugares preferentemente desiertos, con la iglesia destinada solamente a los monjes, sin campanario, sin órgano, sin imágenes y sin esculturas. Los monasterios no eran accesibles al público, mucho menos a las mujeres.

·       Autonomía de cada una de las abadías, siendo una reacción al sistema de los prioratos y monasterios dependientes de la Congregación de Cluny.

·       Principio de la filiación, concepto nuevo en la tradición monástica, que significa una relación permanente de la .casa madre. con la .abadía hija.. El abad de la .casa madre. tenía el derecho de visita canónica de los monasterios fundados por  su convento.

·       El Capítulo General Anual en Cîteaux en el que el abad de Cîteaux actuaba como presidente, pero siendo sólo un .primus inter pares.. Las decisiones para toda la Orden eran tomadas por los capitulares, que eran los abades de todos los monasterios autónomos que debían participar.

El acontecimiento más clamorosa del abad Hardy fue la entrada del noble Bernardo de Fontaines con 30 socios en la primavera de 1113. Este hecho de la entrada de San Bernardo cambió la situación de Cîteaux, hasta ahora sólo sobrevivía por la falta de vocaciones, desde ahora comenzará la expansión de la reforma.

Para las primeras fundaciones tienen particular importancia dos Clairvaux (Claraval) y Morimond, ambas en 1115. Bernardo será el primer abad de Claraval. En pocos años empieza una expansión vertiginosa que en gran parte se atribuye a la fascinación de la personalidad poliédrica de Bernardo de Claraval. A su muerte (+1153) Bernardo será padre de 68 abadías hijas de Claraval, alas que se sumarán las fundadas por las .hijas., un total de 164 abadías que forman la genealogía de Claraval. Claraval tendrá en 1150, 200 monjes y 300 hermanos conversos. En 1250 habrá 647 abadías cistercienses en todas las artes de Europa y de los Estados Cruzados, con más de 20.000 monjes incluidos los conversos.

Bernardo era un personaje de fama mundial, no era sólo un abad y un escritor espiritual de un refinamiento y profundidad raramente alcanzada o superada, sino también uno de los más influyentes hombres políticos de su tiempo, en continuo contacto con papas, emperadores, reyes, obispos, príncipes... Era una excepción pero también un ejemplo, ya que su carrera -es canonizado en 1174- demuestra cómo el movimiento religioso del Nuevo Monacato que comenzó como un movimiento de protesta, algunas veces anticlerical, desemboca con los Cistercienses y otras órdenes en la Iglesia del XII y XIII dando a la Iglesia insignes cardenales y papas.

Junto a las corrientes cenobítica y eremítica del Nuevo Monacato surge el Movimiento de los Canónigos, frecuentemente olvidado. Lo cierto es que fue más importante de lo que hoy se piensa, estando todavía su estudio muy retrasado aun hoy. Podemos evidenciar algunas fases de este Movimiento:

1.     Distinción entre monjes y canónigos. Se remonta a la Reforma Carolingia y aparece ya en el obispo de Cloredango Metz (+766) el cual escribió una primera Regla para sus canónigos, muy inspirada en la Regla de San Benito.

2.     Sínodo de Aquisgrán (816, Ludovico el Pío, 817-819), manteniendo la distinción monjes y canónigos. Junto a decisiones sobre la observancia monástica publicó también una Institutio Canonicorum. Los canónigos y las canónigas que vivían según esta Regla de Aquisgrán no se obligaban con un voto, ni estaban obligados a la pobreza personal. Consideraban como su empeño llevar una vida en comunidad, una vida en varios aspectos similar a la monástica, pero menos rigurosa. Su finalidad principal era la liturgia solemne en la propia misa.

3.     Durante la reforma eclesiástica del XI comienza otra fase, manifestándose otro ideal, el ideal de la vita communis con pobreza personal siguiendo el ejemplo de la Iglesia primitiva de Jerusalén. El Sínodo Lateranense de 1059 puede situarse en este contexto, fijando expresamente este ideal. Sus recomendaciones no eran novedosas, ya en Alemania hacia el año 1000 se verificó una restauración de la vida de los canónigos, siendo su característica principal la relación de este movimiento alemán con la Iglesia imperial sobre todo con los emperadores sálicos, destacando Hildeshein y Bamberga que se transformarán en modelo para las comunidades de canónigos con carácter cuasi monásticos. En Francia y en Italia la reforma será un poco diversa, no está promovida por los soberanos sino que toma su inspiración o del apoyo de un obispo o de modelos eremíticos. En Italia un primer centro se sitúa en Rávena, donde el obispo Juan de Cesena realizó hacia el 1042 una reforma del clero y de su diócesis, intentando separarse de los monjes  desarrollar una espiritualidad específica para los clérigos; los canónigos se transforman en los verdaderos imitadores de los Apóstoles. Propósitos similares tuvieron lugar en Roma y sus contornos. Las ideas de Rávena fueron rápidamente difundidas por Pier Damiani que sostenía que los canónigos debían abandonar la Regla de Aquisgrán para retornar a la propia fuente, es decir el ejemplo de la vida apostólica como viene descrita en el libro de los Hechos, capítulo 4. Esta claro que la vida apostólica era el objetivo eclesiástico papal desde 1059 que se desarrollará en la Reforma Gregoriana. De suyo el papa Gregorio VII llevará a cabo la cuasi asimilación de los canónigos a los monjes. Los resultados prácticos eran escasos a finales del siglo XI. Un gran obstáculo para esta difusión será la lucha de las investiduras, ya que las colegiatas alemanas estaban muy unidas con el emperador.

4.     Una etapa decisiva será el pontificado de Urbano II (1088-1099). Este papa puso a muchas colegiatas reformadas bajo la protección pontificia y desarrolló todo un programa de reforma que asignaba a los canónigos un puesto bien claro y determinado en toda la Iglesia. Encontramos estas ideas en el privilegio que concedió a la colegiata de Rottenbuch en Baviera, donde aparece por primera vez una explícita referencia a la observancia de la Regla de San Agustín. Hasta este momento la Regla de San Agustín tenía un papel modesto en el programa de los reformadores, pero con Urbano II se transforma en un modelo de vida a imitar por los canónigos y sobre todo el autor de una Regla para observar, como los monjes observan la Regla de San Benito. Lo cierto es que la Regla de San Agustín no era una entidad homogénea, substancialmente consistía de dos partes bastante diversas: el Preceptum, que da más bien una orientación espiritual a la vida monástica, con un sentido bastante moderado; y el Ordo Monasterii que está contraseñado por breves formulaciones y prescripciones bastante ascéticas, que hablan de ayuno, abstinencia, silencio, trabajo manual, largos oficios corales nocturnos, contiene además una ordenación litúrgica muy distinto del romano. Según L. Verheijen el Preceptum es de San Agustín, pero el Ordo Monasterii no lo es, pudiendo ser de su discípulo Alipius, del ambiente africano agustiniano. En el XI y XII ambos son considerados textos agustinianos, aun captando la diversidad de los mismos. La diferencia de las dos reglas provocó diferencias dentro del movimiento de los canónigos. Un grupo consideró vinculante sólo la primera parte, formando así el Ordo Antiquus de los canónigos. Otros canónigos querían observar sólo la segunda parte y se transformaron en el Ordo Novus. Es difícil decir hoy cuantas colegiatas reformadas siguieron uno u otro Ordo. Los Premostratenses eligen el Ordo Novus. En Alemania tendrá la prevalencia también el Novus. En Francia, por medio de Italia se impondrá el Antiquus. En el siglo XII aparecerá el Textus receptus de la Regla de San Agustín, que se convertirá en la auténtica Regla para multitud de órdenes masculinas y femeninas hasta nuestros días. La actual es el Preceptus con la primera fase del Ordo Monasterii.

La multiplicidad y diversidad del Nuevo Monacato que se ha expresado también en seguir tantas reglas, turbaron a no pocos contemporáneos provocando duras afirmaciones críticas. Esto se comprende cuando se ve la radicalidad con que los nuevos monjes intentaban llevar a cabo los nuevos programas, sobre todo en los primeros tiempos. El canónigo premostratense Anselmo de Havelberg hacia mediados del XII, se opuso a estas críticas sosteniendo que la multiplicidad de formas religiosas en la Iglesia no podía maravillar ya que con el progreso del tiempo deberían multiplicarse aun más para renovar la juventud de la Iglesia.

CAPÍTULO III

EL PAPADO Y SUS RELACIONES CON EL IMPERIO Y LOS REINOS CRISTIANOS EN EL SIGLO XI

La historia del papado en el XII está marcada por dos cismas papales muy fuertes, el de 1130 entre Inocencio II y Anacleto II concluido en 1138; más serio es el cisma alejandrino que comenzará con la doble elección de 1159 y termina en 1177 con el reconocimiento del papa Alejandro III por parte del emperador Federico I Barbarroja. En ambos casos las causas de las elecciones dobles se debieron a las tensiones dentro del cuerpo electoral de los cardenales, no por la prepotencia de los emperadores, aunque ellos aprovechasen estas situaciones.

1.- El Cardenalato.

Una historia del papado como institución en los siglos XII y XIII no puede prescindir de la evolución institucional y eclesiológica del cardenalato. Los cardenales se transforman en el XII los únicos que tienen el derecho de elegir al Sumo Pontífice, al mismo tiempo que llegan a ser los colaboradores del Papa en el gobierno de la Iglesia Universal de modo que los canonistas llegan a afirmar que la Iglesia Romana está constituida por el Papa junto a los cardenales.

Desde el XII crece la importancia del cardenalato continuamente hasta su culmen en el cisma de occidente del XIV, más precisamente hasta el Concilio de Constanza 1414-1418. Tras este Concilio se constatará una caída del papel papado hasta hoy. En los siglos XII y XIII los cardenales reivindicaban de suyo una participación en el poder papal, que aumentará en el tiempo del conciliarismo.

En Roma había desde el primer medioevo tres grupos de cardenales:

·       Los cardenales obispos, titulares de 7, hoy 6, diócesis situadas en las cercanías de Roma, cuyos títulos no son siempre consistentes, Ostia, Albani, Palestrina, Porto, Silva Cándida-Santa Rufina, Gabii-Tusculo, Velletri-Sabina. Los títulos irán cambiando, así Porto será unido por Calixto II a Silva Cándida. En 1587 encontramos los siguientes títulos: Ostia-Velletri, Porto-Santa Rufina, Albani, Sabina, Tusculo-Frascati, Palestrina.

·       Los cardenales presbíteros eran los responsables de la iglesias titulares conocidas en Roma desde el siglo IV. Hacia el 1100 eran unos 28, 7 por cada basílica patriarcal de Roma.

·       Los cardenales diáconos se dividían en 7 diáconos palatinos y 12 regionales. Hacia el 1100 se fija su número en 18.

Entre León IX y Pascual II estos tres grupos de cardenales se transforman en el principal instrumento para el gobierno pontificio de la Iglesia. Originariamente los cardenales tenían claros encargos litúrgicos en las grandes iglesias de Roma. Los cardenales obispos serán los primeros en abandonar estos servicios litúrgicos para tomar una parte activa en el gobierno de la Iglesia, mientras que los otros dos grupos continuaron.

En XII y XIII este derecho de los cardenales en el gobierno de la Iglesia no pone en discusión el poder del papa, ya que su poder sólo podía derivar de la autoridad de Pedro y de sus sucesores. Hasta el XI el órgano de consulta del papa era el Sínodo del clero romano que se convocaba regularmente dos veces al año, una vez antes de Pascua y otra en octubre. Con Urbano II se sustituye el Sínodo por el Consistorio, que era una asamblea solemne y pública, de naturaleza judicial que reunía al papa con sus cardenales, pero en el que podía participar por invitación del papa también clérigos de la Curia e incluso laicos.

El echo de que tras Alejandro III el colegio cardenalicio comprendiese un número constante de canonistas demuestra la atención constante que la Curia Romana dedicaba a los procedimientos judiciales y al estudio del Derecho Canónico. Tras Alejandro III es cada vez más creciente el número de cardenales que mantienen la sede episcopal que ocuparon al momento de su creación, ya residieran en la Curia o permaneciesen en la propia diócesis. El primero en afirmar que los cardenales son los senadores de la Iglesia Universal, como en el Imperio Romano antiguo, será Pier Damiani en una carta que dirige a los cardenales obispos hacia 1063. Gracias sobre todo a los grandes canonistas del XIII el término .senatus. para el colegio cardenalicio se hace habitual, lo que demuestra la creciente importancia del Colegio Cardenalicio.

En cuanto a las insignias cardenalicias el .Capello rosso. aparece por primera vez en 1246 cuando Inocencio IV se lo consigna a sus cardenales como signo de su unión con el papa. También la concesión de la púrpura a los cardenales se puede remontar al XIII y simbolizaba que los cardenales eran parte del cuerpo del papa, es decir constituían con el papa la Iglesia Romana. De suyo los vestidos del papa eran blancos y rojos. El último signo de la unidad cardenales-papa era el anillo cardenalicio.

2.- El Cisma de 1130.

La doble elección papal de 1130 era una consecuencia de la presencia de facciones en el cardenalato y de la relación de los cardenales con las dos potentes familias de Roma, los Frangipani y Pierleoni, que eran los rivales en el poder. Los papas elegidos fueron Inocencio II y Anacleto II.

Estas tensiones ya estaban presentes en la elección de Honorio II en 1124. Por ello debemos referirnos a la situación creada a la muerte de Calixto II, 13 de diciembre de 1124, que será el .prólogo. del gran Cisma. En este momento se manifestaron disensiones entre los cardenales causados sobre todo por la diversidad de edad y procedencia geográfica. Con Urbano II y Pascual II habían sido creados cardenales romanos, procedentes de Italia central y de Italia meridional. Calixto II nombró cardenales no romanos procedentes o de Italia septentrional o de Francia. Estos cardenales de Calixto II pertenecían a una generación más joven y sostenían una línea de política eclesiástica más moderna. La investigación aun no ha encontrado la causa clara de la disensión existente.

Lo cierto es que los grupos que aparecieron en 1124 reaparecerán más claramente en 1130. Tras la muerte de Calixto II se eligió por unanimidad al cardenal Teobaldo de Santa Anastasia, uno de los cardenales más ancianos que se llamará Celestino II. Poco después de haberse puesto el .manto rojo., lo cual era signo de ser aceptado como papa, cuando un grupo de asalto con Roberto Frangipani a la cabeza toma a la fuerza el Consistorio. Los Frangipani que estaban de acuerdo con el cardenal Aimerico, un francés que era el canciller con Calixto II, disuelven la elección e imponen al Cardenal Lamberto de Ostia, el cual había conducido la delegación pontificia en el Concordato de Worms (1122). Celestino es convencido para que renuncie y muere poco después como consecuencia de las heridas sufridas en la agresión. Lamberto será entronizado 8 días después con el nombre de Honorio II (1124-30).

El pontificado de Honorio II resultará tranquilo, pero tendrá problemas políticos con los normandos, el enemigo será ahora no el imperio sino el Duque Rugerio II de Sicilia. Tras la muerte del Duque Guillermo de Puglia y Calabria (+1127), Rugerio se apresuró a tomar posesión de su heredad uniendo bajo su dominio Sicilia, Puglia y Calabria. El problema es que Puglia y Calabria eran feudos de la Iglesia de Roma, por lo que Hoorio II intentó impedir esta unión, esta centralización del poder normando en los confines del Estado de la Iglesia, incluso lo intentó con una expedición militar que terminará en un fracaso. Al final Honorio deberá llegar a una paz con Rugerio con la cual le concede el Ducado de Puglia tras la prestación de un juramento feudal.

Honorio intentará al menos impedir la última catástrofe según él, es decir la unión de todos los principados normandos bajo Rugerio II. Desde este momento se dará un cambio en la política pontificia hacia los normandos. Durante tres decenios los normandos ya no serán más los aliados de los papas como en el tiempo de la lucha por las investiduras. Serán considerados como gente peligrosa, como un reto para el papado. Para Robinson este cambio de política papal será una de las causas del cisma de 1130.

El personaje clave en las elecciones de 1124 y 1130 será el cardenal Aimerico, cardenal diácono de Santa María Nueva, creado cardenal por Calixto II y nombrado por este mismo papa canciller.

Sobre el cisma nos informan sobre todo dos fuentes fundamentales contemporáneas aunque diversas en sus planteamientos, lo que nos permite rellenar las omisiones de una u otra parte. Es muy difícil recomponer los dos partidos al momento de la doble elección, muchos cardenales no estaban presentes en la elección pero se asociaron después a una u otra parte, incluso algunos cambiaron de partido.

De parte de Anacleto II tenemos una carta de los representantes del clero y del pueblo romano Universus romanae urbis, clerus et populus dirigida al Arzobispo Diego de Compostela, que podemos encontrar en la Historia Compostelana III, 23.

De parte de Inocencio tenemos una carta del obispo Huberto de Lucca al Arzobispo Norberto de Magdeburgo, fundador de los Premostratenses, que encontramos en el Codex Udalrici 246.

Ambos textos son bastante polémicos e intentan denigrar al partido contrario. De ambos textos surgen grupos de cardenales que han llevado a cabo esta doble elección.

Cuando el papa Honorio II se enfermó gravemente, Aimerico, que tenía en los Frangipane un sólido apoyo hace transportar al papa agonizante del Laterano al monasterio de San Gregorio en el Celio, dentro del territorio dominado por los Frangipane. A propuesta de Aimerico se constituyó, antes de morir el papa, una comisión electoral compuesta por 8 cardenales que debía ser lo más neutral posible. De este comité 2 obispos, 2 presbíteros y un diácono, todos ellos cardenales eran amigos de Aimerico, lo cual tenía por finalidad que fuera elegido su candidato.

El se empeñó en elegir a aquel que hubiese obtenido el voto unánime del comité, o al menos de la mayoría, todo ello para conseguir una elección exenta de influencias externas. Se determinó que la votación se realizaría en la Iglesia de San Adrián al Foro. Los Frangipani consignaron a los cardenales su no lejana torre fortificada para impedir que se repitiesen hechos similares a los del 1124. Los problemas surgieron cuando los Frangipani rechazaron consignarles la torre. Entonces el Cardenal Pedro Pirleone, cardenal presbítero de Santa María de Trastevere, y el cardenal diácono de San Cosme y San Damián, Gionata, abandonaron el comité por no querer participar a una elección bajo la mirada de los rivales de Pierleone. En la noche del 13-14 de febrero de 1130 murió Honorio II y contra toda costumbre fue rápidamente sepultado en el Monasterio de San Gregorio, con rapidez indecorosa y sin ninguna solemnidad. Rápidamente Aimerico y el resto de la comisión electoral procedió a una elección papal. Fue elegido por 4 cardenales el cardenal diácono Gregorio del Santo Angel de Pesquería como papa asumiendo el nombre de Inocencio II. Con gran prisa fue conducido al Laterano para ser allí entronizado.

Todo esto ocurre sin que el resto de los cardenales, que constituían la mayoría, hubiesen sido avisados. Aimerico esperaba que estos cardenales aprobasen la elección, pero cuando conocen lo ocurrido se reúnen en la Iglesia de San Marcos y deciden proceder a una nueva elección. El cardenal Pedro Pierleone propone al cardenal Pedro de Porto, que no aceptó, si