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HISTORIA DE LA IGLESIA

EPOCA MEDIEVAL

CUARTA PARTE: EL SIGLO XI


CAPITULO I :

 LA IGLESIA BIZANTINA HASTA EL GRAN CISMA.

La lucha iconoclasta se concluye en el 843. La iconoclasta había contribuido bastante a desacreditar al Imperio Bizantino en Occidente. Los emperadores iconoclastas habían mostrado poco interés por la parte occidental de su imperio. Durante la lucha iconoclasta le emperador León III había sustraído al papado la jurisdicción de la mayor parte de la Península Balcánica y del Sur de Italia y la había sometido a la jurisdicción del Patriarca de Constantinopla (731-732). Esta fecha es el comienzo de una tensión entre Roma y Constantinopla que ha contribuido directamente al Cisma de 1054.

Esta sanción imperial significó el final de la Iglesia Imperial latino-griega, que no fue un final formal sino histórico. Desde este momento la Iglesia Bizantina Imperial comprendía una parte griega y otra latina, pero desde este momento la Iglesia Bizantina Griega se convierte en una sola Iglesia Griega bajo el Patriarca de Constantinopla. La Iglesia Bizantina llega a ser prácticamente idéntica con el Patriarcado de Constantinopla. Esto empieza a sentirse sobre el propio plano de Roma, ya que el Patriarcado de Constantinopla considera cada vez más a Roma como su rival.

Esta evolución se puede observar sobre todo en el período del patriarca Focio, que apoya vigorosamente la cristianización del Islam meridional y oriental y busca extender la zona de influencia bizantina sobre todos los Balcanes.

En el tema de la jurisdicción sobre Bulgaria el conflicto entre Roma y Constantinopla sobre las zonas de interés llega a su culmen. Focio llega a ser no sólo el campeón de la independencia de la Iglesia Bizantina, sino también el portavoz de intereses vitales del estado bizantino.

En el 86 un sínodo reunido en Constantinopla, bajo la presidencia del emperador Miguel III, excomulga al Papa Nicolás I, condena la doctrina occidental de la procesión del Espíritu Santo también del Hijo (Filioque) y declara ilegales las intrusiones romanas en las cuestiones internas de la Iglesia Bizantina. El resultado de este sínodo es comunicado también a los demás patriarcas orientales.

En este momento en que Focio había llegado al culmen de su poder y había llegado a una formulación muy clara de su posición antirromana, se produce una revuelta de palacio en Bizancio. El emperador Miguel III es asesinado por un rival suyo, el cual ocupó el trono con el nombre de Basilio I (867-886). Este golpe de estado supuso también el cambio de dinastía, terminando la dinastía Amórica y comenzando la dinastía Macedónica.

Basilio I había heredado un doble cisma en Constantinopla : el contraste, en el interior de la Iglesia Bizantina, entre los partidarios del patriarca Ignacio, de una parte y los de Focio, de la otra ; y el cisma con Roma a causa del Sínodo de Constantinopla del 867. El nuevo emperador se pone pronto a trabajar. Focio, que  estaba comprometido por sus ataques a la dinastía Amórica, fue recluido en un monasterio, siendo llamado de nuevo el viejo Patriarca, Ignacio, y se abrieron las negociaciones con Roma.

En el 869-870, en presencia de legados papales, se tiene un concilio en Constantinopla, que es considerado por la Iglesia de Roma como VIII Concilio Ecuménico. En el Concilio es excomulgado Focio y se restablece la unidad de las dos iglesias. Todavía permanece abierto el problema de Bulgaria de saber a qué iglesia pertenece. Al final el zar Boris de Bulgaria obtiene de Constantinopla lo que siempre había querido, la autonomía de su iglesia búlgara. De hecho el emperador Basilio permite al patriarca Ignacio consagrar para Bulgaria un arzobispo y algunos obispos, que era lo que Roma había rechazado siempre. Desde entonces Bulgaria permanece unida a la Iglesia y a la civilización Bizantina. Quizás si Roma hubiese estado más generosa Bulgaria dependería de la Iglesia Latina.

Esta relación entre Bulgaria y Constantinopla había comenzado ya con Focio, por lo que la consecución de lo que se perseguía se puede entender como una cierta rehabilitación de Focio. Focio fue llamado del exilio en el 875 y fue nombrado educador del hijo del emperador, León. A la muerte del patriarca Ignacio (877), Focio llegará por segunda al trono patriarcal, siendo reconocido en esta ocasión tácitamente incluso por Roma.

Basilio I murió en el 886 en un incidente de caza y llegó al trono su hijo León VI (886-912). Comenzó su reinado con una persecución de sus enemigos o de aquellos que consideraba como tales. Depuso a Focio, su educador, desapareciendo de la escena muriendo en el exilio, probablemente en el 891. En su lugar nombra como patriarca a su joven hermano, Esteban, que tenía sólo 18 años.

El emperador, que había recibido de Focio una óptima educación, rechazó concentrar el poder en sus manos, también mediante una nueva legislación, un nuevo Código de Derecho llamado Basiliká que concernía también a la Iglesia. El Imperio Bizantino llega a ser, por medio de ese nuevo Código, un estado centralizado y burocrático.

El emperador tendrá diversos problemas en su reinado. Por un lado con los búlgaros y árabes en la política exterior. Por otro con la Iglesia, a causa de sus cuatro matrimonios, llamado la Tetragamía del Emperador León VI. Este último problema consiste en los siguiente : el Emperador deseaba un heredero varón. Su primer matrimonio de joven, negociado por el padre, no era feliz y tampoco le daba hijos. Tras la muerte de su primera mujer, León se casó con su amante Zoe.



Tras de la muete de la primera mujer, León se casó con su amante, Zoe Zautsina (898), la cual murió al final de 899 sin dejar un heredero varón. En el 900, León tomó una tercera mujer, algo que era una abierta violación del derecho canónico bizantino. Para la iglesia bizantina ya unas segundas nupcias eran sospechosas y las terceras expresamente prohibidas, incluso por leyes estatales. Desafortunadamente también esta tercera mujer, mal aceptada por la iglesia bizantina con una dispensa, murió después de un año y León era nuevamente viudo. Mientras tanto el Emperador había puesto los ojos en una bella joven de nombre Zoe Carbonupsina la cual le dio un hijo en el 905. Ahora se trataba de legalizar ese hijo. El patriarca Nicolás Místico bautizó al niño, con la condición de que el emperador se habría de separar de Zoe. Pero tres días después de aquel bautismo León se casó, con la bendición de un simple sacerdote, pues ningún obispo lo quería hacer. Luego la nombró augusta, emperatriz.

Es fácil imaginar la indignación en los círculos eclesiásticos. El patriarca le prohibió al emperador entrar en la iglesia; pero quedaba el camino que los bizantinos usaron siempre (si tenían necesidad de apoyo contra la propia jerarquía), León VI acudió a Roma y obtuvo, en efecto, del papa Sergio III una dispensa. La iglesia latina no tenía aquella perplejidad ante el matrimonio repetido como la iglesia griega. Había también otro motivo porque el papa ha dado esta dispensa: él no podía rechazar a un emperador que se dirigía a él, y con esto reconocía de esta manera la supremacía romana. Recibida la dispensa romana, el emperador presionó al patriarca Nicolás Místico a retirarse y nombró a otro patriarca, el cual también rechazó bendecir las bodas del emperador (aquel rito solemne que el emperador esperaba). Este nuevo patriarca consintió al menos coronar en el 911 al hijo de León VI, coemperador, que llegaría a ser emperador con el nombre de Constantino VII (Porfirogenito). Al menos estaba asegurado el futuro de la dinastía. Pero con todo esto fue provocada en la iglesia bizantina una nueva división, que ni siquiera se arregló al regresar Nicolás Místico, como patriarca, después de la muerte de León VI (912), sino que duró hasta el 920. Las dos partes tenían posiciones semejantes, pero detrás estaba el problema (probablemente), ¿cuál es el rol del emperador en la iglesia, sobre todo con lo que respecta al derecho canónico ? En otras palabras, ¿el emperador puede esperar un trato diverso de los demás cristianos?

La historia del imperio bizantino y en particular de los emperadores, es una historia interminable de intrigas, complots, asesinatos, golpes de estado, deportaciones; frente a esto los sucesos del imperio (sobre todo con respecto a los mismos emperadores occidentales), aparece como una historia de santos.

Un año después de la muerte de León VI, una regencia al frente de la cual estaba el patriarca Nicolás Místico, tomó la dirección del gobierno en nombre del pequeño Constantino, cuyo nacimiento, el patriarca todavía no consideraba legítima y por lo mismo, la coronación ilegal. La situación interna era muy confusa. En el exterior el zar Simeón de Bulgaria amenazaba al imperio y soñó con la fundación de un nuevo imperio búlgaro, en vez de la vieja Bizancio. No solo un reino búlgaro independiente, sino que el tenía aspiraciones más altas: conquistar todo el Imperio Bizantino y llegar a ser emperador. Era una amenaza real porque en el 914, Simeón estuvo cerca de Constantinopla ; la ciudad de Adrianópolis se rindió. Simeón devastó Tracia. En el 918 invadió Grecia septentrional; la situación era desesperada. En esta situación tomó las rindas del gobierno bizantino el drungarios (quiere decir el comandante de la flota), Romano Lecapeno, un general. Prácticamente era un golpe de estado. El joven Constantino debió casarse con la hija de Romano y este llegó a ser co-emperador. Por fortuna para Lecapeno, el gran adversario búlgaro murió en el 927 y así siguieron algunos años de paz. Bulgaria renunció a una parte del territorio conquistado y Bizancio se obligó, para mantener la paz, a pagar tributo anual a Bulgaria; una antigua tradición bizantina para tener paz con los pueblos y las tribus hostiles, en los confines del imperio. Por otro lado el jefe de la iglesia búlgara fue reconocido como patriarca. Así la iglesia búlgara llega a ser la primera iglesia independiente (autocéfala) nacida de la misión bizantina.

Romano Lecapeno no se conformó mucho tiempo con su posición como co-emperador. En el 920 se hizo proclamar emperador principal y el legítimo, Constantino VII, fue alejando de la corte. Para la sede patriarcal de Constantinopla, Lecapeno, había previsto al propio hijo Teofilacto, el cual, en el momento de la muerte del patriarca Nicolas Místico (925), era todavía muy joven para llegar a ser patriarca. Sólo algunos años después (933), fue "elegido" patriarca, cuando tenía 16 años. Lecapeno logró superar la oposición de los críticos eclesiásticos, pidiendo la confirmación del joven patriarca de parte de Roma. El papa Juan XI (931-35), completamente dominado por su madre Marozia y por el hermanastro Alberico,  dio el consentimiento.

Teofilacto fue creado patriarca de Constantinopla por dos legados romanos. Este joven patriarca estaba mejor en la escudería que en la iglesia; y esta indigna situación duró hasta su muerte (957). Una verdadera vergüenza para la iglesia bizantina y para el papado por haber confirmado a tal patriarca.

La reconquista del sacro mandilion (la imagen legendaria de Cristo), una de las grandes reliquias del imperio bizantino fue el último triunfo militar de Romano Lecapeno. En 944 en viejo emperador fue llevado por los propios hijos a una isla, donde murió en el 948. Pero inesperadamente para los jóvenes Lecapenos, que habían depuesto al propio padre, reapareció Constantino VII (Porfirogenito) en escena, el cual, después de una larga existencia a la sombra de los Lecapeno, llega a ser emperador del 945 al 959.

El rol histórico de Constantino no está en su política, sino en su actividad cultural y literaria. El mismo es autor de varias obras políticas que todavía hoy son fuentes fiables para el conocimiento del imperio bizantino de aquella época. Por ejemplo ha escrito un libro de las ceremonias, donde podemos estudiar el muy complicado ceremonial de la corte de Bizancio. Y un tratado histórico-geográfico sobre los países y pueblos extranjeros de los límites del imperio. Esta obra tiene como título De la administración del imperio, es preciosa porque da muchas noticias sobre estos pueblos, de los Balcanes, de los cuales no tenemos otras fuentes. En la política interna, el gobierno de Constantino VII se mantuvo en la línea inaugurada por Romano Lecapeno, trató de proteger la pequeña propiedad agraria, contra el egoísmo de los grandes feudatarios: una iniciativa sin grandes éxitos. Característica del gobierno de Constantino fueron las relaciones diplomáticas con las cortes extranjeras : la relación con Othon I; con Berengario II de Italia; con Abde-raman III de Córdoba. Particularmente importante era la visita de la princesa rusa Olga, viuda del príncipe Igor (entre 955-57). La princesa Olga fue bautizada por el Patriarca de Constantinopla, recibiendo el nombre de Elena y siendo el propio emperador el padrino. Este bautismo fue un paso decisivo para la evangelización del principado de Kiev.

El hijo de Constantino II, Romano II, subió al trono en el 959. No era un político, sino una persona del todo insignificante. Se enamoró de una mujer del todo inmoral, hija de un hospedero, que como emperatriz tomó el nombre de Teofane. Romano estaba totalmente sujeto al encanto de esa mujer, la cual tomó como primera medida obligar a la madre ya las cinco hermanas del emperador a ingresar en un convento.

Los asuntos del Imperio estaban en manos del general Nicéforo Focas, que provenía de una familia de ricos propietarios de Anatolia. Después de la muerte prematura de Romano II (963), Nicéforo se casó con la emperatriz Teófane llegando así a gobernar el imperio como emperador y a emparentar con la legítima dinastía Macedonia. Su elevación significaba al mismo tiempo una victoria para la aristocracia bizantina. A partir de ahora el gobierno central ya no luchará contra los ricos latifundistas, sino que Nicéforo protegerá a estos señores feudales contra los pequeños campesinos.

Ante Otón I, Nicéforo hizo oídos sordos a todas las súplicas de buenas relaciones, en particular se negó a conceder a Otón II una princesa Porfirogenita para que fuera su esposa, como era el deseo de Otón I ; debemos recordar en este episodio el maltrato a que se vio sometido el enviado de Otón I, Liudprando.

Nicéforo, después de los extraordinarios éxitos de sus campañas militares en Oriente, con la recuperación de Antioquía, y la conversión de Alepo en un estado vasallo, sabiendo de su potencial militar se interesó sobre todo en la guerra contra el Islam, que la concebía como una especie de misión sagrada. Quería que todos los soldados muertos en las batallas contra los musulmanes fueran considerados mártires.

La emperatriz Teofane se enamoró de otro general más joven, Juan Tzimiskes, que se convierte en su amante. Será la propia emperatriz la que prepare la muerte de su marido, Nicéforo en el 969. Con esta muerte, Juan Tzismiskes será el nuevo emperador (969-976), para ser reconocido como tal por la Iglesia Bizantina, fue obligado a hacer penitencia, a echar a Teófane del palacio, y castigar a los asesinos de Nicéforo. Sólo entonces el Patriarca le permitió el ingreso a la iglesia y la coronación. El historiador Ostrogorsky, escribe al respecto: "Esta Canossa bizantina no podía quedar sin consecuencias en las relaciones Iglesia Estado".

Para la historia de la Iglesia bizantina, vale la pena mencionar dos sucesos importantes del gobierno de Tzimiskes:

·       después de haber vencido a los rusos en 971 (se habían apoderado de Bulgaria); Tzimiskes ponía a Bulgaria bajo el dominio bizantino; la familia del Zar, fue llevada a Constantinopla y el patriarcado búlgaro, fue suprimido; se convirtió de nuevo en una extensión del poder bizantino.

·       la relación con Othon, cambió con Tzimiskes radicalmente; mandó a Roma, no la deseada princesa Porfirogenita, sino al menos su sobrina, Teofane, con la que Othon II se casó en 972. Así Juan Tzimiskes tuvo la mano libre en su guerra contra el califato de Bagdad; irrumpió en Tierra Santa, y no estando lejos de Jerusalén, pero no la atacó, regresó a Constantinopla enfermo de gravedad y murió (977).

Mientras, los dos hijos del emperador Romano II, Basilio y Constantino habían llegado a la mayoría de edad. Pero sólo Basilio II tenía interés por el gobierno y la capacidad para llegar a ser emperador. Reinó del 976 hasta 1025. Con él, el imperio bizantino llegó a su apogeo. Sólo en los primeros años debía plegarse a la voluntad de su tío, el eunuco Basilio Lecapeno, ministro omnipotente y sólo a su caída logró pensar en una política propia. Además, debió defenderse por doce años de los pretendientes al trono. En la última gran batalla, venció sólo con el apoyo del príncipe de Kiev, Vladimir, y el precio de esta ayuda fue la hermana Porfirogenita de Basilio, Ana, que después del bautismo de Vladimir, fue esposada con él.

Hasta ese momento ninguna princesa Porfirogenita se había casado con un extranjero. Era un extraordinario honor para el príncipe de Kiev; Y se entiende que la corte bizantina quiso no cumplir la promesa dada, después que había pasado el peligro. Sólo porque Vladimir amenazó los territorios bizantinos en Crimea (el resto del imperio bizantino en esa región; para hacer más presión a su petición) el emperador se resignó a entregar a la princesa. El matrimonio se llevó a cabo probablemente en el verano del 988: y ese fue el inicio de la cristianización de Rusia.

La tarea principal del gobierno de Basilio II era la campaña balcánica contra los búlgaros, que después de la muerte de Tzimiskes, se habían vuelto a liberar del dominio bizantino. Su jefe era Samuel, uno de los soberanos más grandes de toda la historia búlgara. Capital del nuevo reino búlgaro era la ciudad de Ocrida (se encuentra en la actual república de Macedonia -la ex-Yugoslavia-), en el límite con Albania. Así ven, que la actual república Macedonia era no sólo parte de Bulgaria, sino que llega a ser propiamente el centro. E incluso el nuevo patriarca búlgaro, después de la renovación del patriarcado, se estableció precisamente en Ocrida.

La lucha de Basilio II contra los búlgaros duró casi 30 años. Sus aliados eran los venecianos. La victoria decisiva sobre el ejército búlgaro se tuvo en 1004, no lejos de la ciudad de Skoplje, actual capital de Macedonia. La gran victoria de los bizantinos sobre los búlgaros: el zar logró huir, pero Basilio II festejó la victoria de un modo horrible, hizo cegar a todos los prisioneros (según las fuentes era 14000 y los mandó en grupos de cien, guiados por uno con un solo ojo); el pobre zar Samuel, se descorazonó al ver esta atrocidad y murió dos días después. Y Basilio recibió el nombre de Bulgaroctono, .matador de los búlgaros..

En 1018 este primer reino Búlgaro de la historia encontró su fin definitivo. El patriarcado de Ocrida fue degradado a arzobispado, con una cierta autonomía, lo que permitía al emperador bizantino meterse en los asuntos de la zona, sin el parecer del patriarca de Constantinopla. Serbia y Croacia quedaron como estados vasallos. Un segundo reino búlgaro no apareció hasta 1185. Por el momento toda Bulgaria era parte del imperio bizantino.

CAPITULO II.-

LA IGLESIA EN EL IMPERIO BIZANTINO EN EL SIGLO X.

Los asuntos de la Iglesia y el Imperio quedaron estrechamente ligados. El emperador podía hacer valer su autoridad en la Iglesia y el patriarca también podía intervenir en asuntos públicos. El modelo teórico de esta relación entre Imperio bizantino e Iglesia bizantina era aquello que los estudiosos llaman corpus christi politicum : y esto no permitía una separación de los dos poderes; bajo este aspecto se explica la posición importante del emperador en la Iglesia. Como todo fiel estaba ligado a las leyes de la Iglesia pero al mismo tiempo era vicario de Dios y defensor de la ortodoxia. Sin embargo si el poder imperial llega a ser demasiado influyente en el interior de la Iglesia, encontró oposición. La fórmula que usamos nosotros para caracterizar esta relación no corresponde exactamente a la realidad de la relación Estado-Iglesia en Bizancio. Un tal término de cesaropapismo presupone un antagonismo entre dos instituciones autónomas; mientras en Bizancio todo estaba jurídica y teológicamente unido. Estado e Iglesia eran sólo dos caras de una sola cosa y en la persona del emperador se conjugó esta unidad. Naturalmente uno piensa luego, cuáles son las semejanzas y diferencias en la relación de los othones con el papado y la Iglesia en occidente; ciertamente no son simplemente idénticas. Las relaciones de los emperadores de occidente con los papas no eran nunca tan entremezcladas, como en Bizancio con la Iglesia bizantina. Aunque generalmente hay muchas analogías, pero, hay más diferencias.

Respecto al patriarcado de Constantinopla podríamos decir que su importancia había crecido después de la pérdida de los países orientales (por el Islam) y de la no relación con la Iglesia occidental, todo esto llevó al patriarcado de Constantinopla a un mayor poder. La elección del patriarca estaba reservada desde el s. IX a los metropolitanos; el cual comprendía, desde la intervención de León III, el antiguo Ilirico : los Balcanes y el sur de Italia. Los metropolitanos reunidos en sínodo proponían tres candidatos de los que el emperador escogía uno, si no se había decidido ya por otro personaje, lo que sucedía con mucha frecuencia. Tras la elección la investidura solemne la realizaba el emperador.

Desde el siglo VIII prevalecían los monjes como candidatos electos para patriarcas, incluso en casos particulares, también se escogían laicos, que recibían todas las ordenaciones una tras otra. El ejemplo más famoso es el de Focio, que en un arco de ocho días recibió todas los órdenes sagrados. El nombramiento de un patriarca contra la voluntad del emperador era prácticamente imposible.

Con el Patriarca había un sínodo permanente llamado Sínodo Endemúsa (.que se hace en casa.), compuesto por los obispos que vivían permanentemente en Constantinopla o que se encontraban allí por casualidad ; el número de obispos era cambiante. Lo cierto es que había una tendencia, muchas veces criticada, por parte de los obispos de quedarse en la hermosa ciudad de Constantinopla, la cual ofrecía muchas posibilidades para la distracción, y suponía un alejamiento y abandono de sus diócesis en el campo. Este Sínodo ejercía un gran influjo en la elección del nuevo patriarca, incluso si un patriarca no gozaba de la confianza del emperador podía presionarlo para que abandonase el cargo. Además para ejercer sus funciones, el patriarca teóricamente estaba ligado al consentimiento del Sínodo.

El patriarca estaba en el vértice de una basta jerarquía, de la que los obispos del Sínodo eran, por así decirlo, sus representantes. Los numerosos obispados del imperio estaban reunidos en distritos metropolitanos que correspondían más o menos a las antiguas provincias del Imperio. La elección de los obispos estaba centralizada en Constantinopla,  de nuevo, por medio del Sínodo Endemúsa. Este Sínodo proponía al patriarca tres candidatos, que el emperador aprobaba o vetaba, por lo que la decisión del emperador era fundamental para la elección.

Los candidatos para el episcopado debían ser célibes y, en general, eran escogidos de entre los monjes. Clérigos y obispos recibían su paga de los bienes de la iglesia catedral, recibiendo diferentes emolumentos cada uno. Había iglesias ricas y muy pobres, de ahí el deseo de pasar de una diócesis a otra entre los obispos. Los ingresos del clero bajo, sobre todo el rural, eran muy escasos, si no tenían réditos del llamado clericaton, algo semejante al beneficium de la Iglesia Occidental, siendo un fuente de ingresos independiente de las limosnas.

El nivel intelectual del clero era muy diverso. Mientras en el alto clero encontramos muchos miembros que poseían una óptima formación, incluso en disciplinas profanas, en general los simples clérigos a penas estaban capacitados para leer y escribir, cosa que también ocurría en Occidente.

Junto a la jerarquía tuvo siempre mucha importancia en la Iglesia Bizantina el monacato, que ha mantenido siempre su carácter contemplativo. El número de monjes era siempre mucho menor que en Occidente, por lo que la mayoría de los monjes eran laicos. Este monacato nunca ha querido organizarse en grupos de monasterios, lo que en Occidente se llamará congregaciones. En muchas ocasiones se opuso al emperador en diversas luchas, como por ejemplo en la lucha iconoclasta, aunque en general no se mezclaba en política. El centro más notable del monacato bizantino de este momento será el Monte Athos (Agion oros = Monte Santo) ; esta denominación le vino dada en un .crusoboullon. (bula de oro), documento típico de la dinastía Macedónica, dado por Constantino IX Monomakos en el 1046. Tenemos pocas noticias sobre el inicio del monacato en este monte. Los primeros monjes atonites vivían como eremitas. En la segunda mitad del IX aparecieron las colonias de eremitas, las llamadas lauras, pero los monjes seguían viviendo solos aunque se reunían para algunos servicios litúrgicos y se ponían bajo un padre espiritual. Esta organización no fue inventada aquí sino que fue importada de Palestina.

En otro crusoboullon de Basilio I del año 885, se reservó el Monte Athos a los ascetas, con exclusión de cualquier laico, siendo la regla que rige hasta nuestros días. A finales del IX comienza la construcción de monasterios, dándose entrada a la vida cenobítica. El verdadero fundador del monacato cenobítico es Atanasio Atonites, muerto en torno al 1000. Era amigo y confesor del general Nicéforo II Focas ; con su apoyo financiero comienza hacia el 963 la construcción del primer monasterio llamado la Gran Laura, todavía existente. Como egoumhnos (abad), Atanasio hizo también una regla influenciada no sólo por el tipo del Monasterio Studion (monacato Studita), sino también por la Regla de San Benito. Pedía una ascesis moderada y una vida de oración y trabajo, como en la Regla de San Benito. Esta regla provocó la indignación de aquellos monjes eremitas que querían continuar con su antigua tradición esicasta (vivir solos o en pequeños grupos con una ascesis rigurosa individualista.

Para evitar la lucha entre estas dos facciones de monjes el emperador Juan Tzimiskes hizo redactar un Tyrikon, probablemente encargándoselo al abad Eutimio el Studita, que se mantiene hasta nuestros días como la base de la vida monástica en el Monte Athos. El Typikon da una cierta flexibilidad a la vida monástica, teniendo la preponderancia la vida cenobítica ; también permite que se pueda vivir como eremita.

Todavía en tiempos de Atanasio aparecieron otros monasterios como el de Vatopédi, fundado en el 985. Tres monjes georgianos, contemporáneos de Atanasio, fundarán el Monasterio de Iviron (Ibhrwn) para los monjes de Georgia. Por último señalar la abadía benedictina fundada por un hermano del príncipe Pandolfo de Capua en el Monte Athos, hoy desaparecida.

A partir del XI llegaron cada vez más ascetas eslavos, de este modo el Monte se fue convirtiendo en una república monástica con 20 grandes monasterios y algunos pequeños. Ciertamente era un centro espiritual para la cristiandad bizantina, pero tuvo siempre un papa en las diversas naciones de confesión ortodoxa, no olvidando las rivalidades entre las diversas nacionalidades en el Monte Athos.

Hacemos ahora referencia a dos movimientos heréticos que llegaron a ser importantes en esa época, no sólo en la iglesia bizantina sino también en otras regiones. Los Pauliciani y los Bogomili, La crítica a la Iglesia y a las condiciones sociales; aquellas condiciones que eran apoyadas por la iglesia oficial, estaban siempre presentes en la historia bizantina. En particular era siempre criticado el contraste del mensaje bíblico, que invitaba al simple testimonio, al servicio de caridad, por un lado y la riqueza de la iglesia, el espacio de las manifestaciones eclesiásticas ; las reivindicaciones de poder de parte de la jerarquía; todo este contraste era ásperamente criticado en todos los periodos de la iglesia bizantina Esta crítica fácilmente se podía unir, también, con una crítica de la doctrina misma de la iglesia. En la cristiandad bizantina habían llegado a ser influyentes sobre todo estos dos movimientos heréticos, que no se limitaban a criticar sólo el aspecto externo de la vida eclesial, sino también la doctrina ortodoxa.

Los Pauliciani aparecen por primera vez en un sínodo armenio celebrado en Dowin (719), centro eclesiástico de Armenia (del primer medievo). Es el primer testimonio de esta secta o herejía. La secta apareció probablemente en el s. VII (algunos dicen que antes), y fuera del territorio bizantino, en Armenia. Partiendo de la Armenia menor, aquella zona del imperio bizantino a donde muchos emigraron. Se difundió luego a otras zonas, favorecida por la miseria social; querían dar una respuesta a la miseria del pueblo simple. Nuestro conocimiento sobre esto se limita en gran parte a los escritos polémicos del patriarca armeno, Juan Otzum (717.28); y a los tratados de un escritor bizantino, Petros Sikeliotes (850.879). Estas son las dos fuentes principales sobre los Pauliciani. No tenemos las fuentes auténticas de los mismos Pauliciani sino solamente fuentes de parte de los adversarios, por lo mismo es difícil evaluar exactamente las intenciones de la secta misma. En la polémica eclesiástica fueron llamados Pauliciani, porque su fundador se llamaba Paulo (o tomo este nombre), sus colaboradores tomaron los nombres de los compañeros de san Pablo, que conocemos por el N.T. No sabemos nada más de este fundador. Los polemistas bizantinos y armenos han visto en los Pauliciani un neomaniqueismo, porque en contraposición con la iglesia, sostenían una doctrina dualista, dos principios opuestos que estarían en la base de todo aquello que existe.

Sobre todo la experiencia de la injusticia, resultado de la desigualdad social, que se daba en la sociedad bizantina y que provocará la afirmación de que el mundo existente no puede venir de un creador bueno Ante el sistema feudal de la iglesia estatal, los Pauliciani querían restablecer la simplicidad social y teológica de la iglesia primitiva, retornar a la iglesia primitiva. Distinguían entre un principio malo, creador del mundo material y el buen creador del cielo y de las almas. Cristo, portador de la salvación, no podía tener un cuerpo material, sino que tenía que tener un cuerpo ficticio. Los Pauliciani rechazaban el A.T., como testimonio de la creación material. La cruz no tenía ningún sentido para ellos pues Cristo no había muerto en realidad sobre la cruz. Estas doctrinas en parte vienen de los gnósticos y en parte del maniqueísmo. Las imágenes de los sacramentos, relacionados con la materia, eran rechazadas o interpretadas de un modo espiritualista: el sacramento de la Eucaristía, significa sólo palabra de Cristo (es su cuerpo y su sangre; no las mismas especies, sólo la palabra). Sosteniendo la necesidad de una vida simple, condenaron todo tipo de poder como un mal.

A causa del programa del emperador Constantino V, Coprónimo, que conocemos como uno de los emperadores iconoclastas (es más, el más grande iconoclasta) de cambiar parte del pueblo sirio y armeno a otras regiones del imperio, los Pauliciani fueron a acabar en zonas donde no estaban antes, sobre todo en Tracia (norte de Grecia). Sin embargo no sabemos nada sobre el influjo de los Pauliciani en los asuntos de iconoclasmo del emperador (más bien se excluye). Los Pauliciani así presentes en el imperio bizantino comenzaron a florecer, sobre todo durante el tolerante gobierno del emperador Nicéforo I (802.811). Luego comenzaron las persecuciones con los emperadores siguientes. Campañas de castigos : en Anatolia (Asia menor) a mitad del siglo IX; y sobre todo por su alianza con los musulmanes, cuando los Pauliciani fueron perseguidos, se comenzaron a aliar con los enemigos. Y todo esto llevo a la secta a su declinación.

La secta de los Bogomili comenzó en una situación de crisis en el primer reino búlgaro (aquí también hay un problema social del pueblo simple y pobre). Las numerosas guerras llevadas a cabo por el zar búlgaro Simeón, habían agotado al territorio búlgaro, pero al mismo tiempo, estas guerras habían acabado las fuerzas del país. Las condiciones feudales de Bulgaria, la pobreza de la población rural; el contraste entre su miseria y la riqueza de la clase dirigente, que imitaba la vida de lujo de los ricos bizantinos y sus caprichos; todo esto junto, había provocado, bajo el zar Simeón, revueltas en Bulgaria.

En cuanto a la iglesia búlgara era un espejo de aquella sociedad, mientras el bajo clero estaba mal formado, descontento, apenas se podía distinguir de la población rural; la jerarquía se comportaba según el ejemplo bizantino, con numerosos privilegios, propiedades de tierra a menudo olvidaba sus deberes espirituales y llevaba una vida cómoda cercana a la corte. Estos son las premisas del nacimiento de los Bogomili. Esta situación social, eclesiástica en Bulgaria.

En el Tratado de Cosme el sacerdote, (972), principal fuente para el conocimiento de los Bogomili, se admite . que los simples campesinos no tienen tiempo de dedicarse a la oración, pues están muy ocupados por sobrevivir y proveer al mantenimiento de la propia familia, debiendo trabajar para los príncipes, sufrir injurias de los militares, y oprimidos siempre por los grandes.; ante lo que Cosme, sólo les recomienda que pueden orar de noche. Estas condiciones les llevaron finalmente a una insurrección a los Bogomili.

Como atestigua el mismo Cosme: un sacerdote con el nombre de Bogumil (que significa uno que ama a Dios), comenzó a predicar, provenía de un pueblo de montaña de Macedonia. La designación misma Bogomili, revela algo de la autoconciencia de la secta Bogomili: son aquellos que se consideran así mismos cercanos a Dios, que aman a Dios. Se sienten como verdaderos cristianos frente a la iglesia oficial y quieren hacer volver a la iglesia, que ha traicionado el mensaje de Cristo, a la pureza primitiva. Cosme les cambiará el nombre siguiendo su estilo polemista y los llamará Bogunemil, es decir, .los que no aman a Dios.. Al inicio del movimiento, está en el centro de su interés, el motivo ético: separarse de aquella sociedad injusta, inmoral, y de la iglesia que está mezclada en esta sociedad, para regresar al Dios verdades mediante la oración y la penitencia, en pobreza apostólica. Las directivas, además del decálogo, en particular el sermón de la montaña; los mandamientos bíblicos de la caridad, no mentir, no robar, etc., tomaban el ideal de la iglesia antigua y rechazaban todo tipo de riqueza y de poder; todo derramamiento de sangre; algunos rechazaban también la muerte de los animales para alimentarse, vivían como vegetarianos. De una manera desconocida, reconocían la igualdad de derechos para las mujeres, y no había distinción entre hombre y mujer entre ellos. Poco a poco su doctrina se mezcló con teorías dualistas, aunque es difícil establecer un nexo directo con los Pauliciani, es posible por medio de Tracia donde vivían tal vez algunos Pauliciani escondidos, y Bulgaria, que estaba cercana. Pero no sabemos nada en concreto; sin embargo en esta fase los Bogomili sostenían que el mundo había sido creado por una ángel renegado, que llamaban satanael y rechazaban, como los Pauliciani, las partes del A.T. que se refieren a la creación. Su ética rigurosa era posible vivirla sólo para una minoría; se produjo una distinción entre perfectos y otros fieles, como en el maniqueísmo.

Cuando los Bogomili se difundieron en el territorio bizantino, estas características dualistas se acentuaron. El creador llega a ser un poder opuesto a Dios, un principio malvado. La difusión de bogomilismo en el imperio bizantino aumenta después de la caída del primer reino búlgaro y la agregación de éste al imperio bizantino. Entonces los Bogomili que vivían en Bulgaria podían fácilmente entrar en el imperio bizantino y difundieron sus creencias. Iglesia y estado bizantino se vieron amenazados en igual modo y tomaron juntos los medidas, pero solo a la mitad del siglo XII, consiguieron acabar con esta secta en el imperio bizantino. Sin embargo en aquella persecución cruel de parte del poder bizantino, los Bogomili pudieron huir a Bosnia y a través de ella, entrar en Italia y Francia. Y así el bogomilismo es el padre del catarismo occidental.

En Bosnia nació finalmente una verdadera iglesia bogomila, que después de la conquista de Bosnia, de parte de los turcos (siglo XV), pasó al Islam. Los musulmanes de Bosnia son en gran parte los herederos de los Bogomili del medievo, y tal vez esto explica algo de las características del Islam bosníaco en nuestros días; puede ser que después de aquella catástrofe de Bosnia, con el influjo de otras potencias islámicas, sobre todo de Irán, fundamentalistas, el Islam bosníaco. Hasta entonces era un Islam muy moderado, no del todo ortodoxo, pues derivaba del bogomilismo y los Bogomili cuando llegaron los turcos preferían convertirse al Islam antes que llegar a ser cristianos

CAPITULO III:

LA CRISTIANIZACIÓN DE LOS ESLAVOS ORIENTALES.

Posiblemente los comienzos del cristianismo entre los eslavos orientales se deba a los monjes griegos que habían huido a la orilla septentrional del mar Negro en el territorio eslavo, durante las luchas iconoclastas del siglo VIII. Sin embargo las primeras huellas de un contacto de aquella población con el mundo cristiano, lo encontramos en la segunda mitad del siglo IX, en la época en la cual las tribus de los eslavos orientales se unieron en un reino llamado de los rustikiev. Respecto a aquel nombre, del cual naturalmente deriva Rusia, en fuentes griegas encontramos .rvs. y en fuentes latinas .rus.. No es una palabra eslava (en el origen), sino escandinava (rimatori), son los vikingos, los svedesi (en otras zonas eran llamados normandos); en aquella zona llamados barreghi, que se fueron infiltrando lentamente a través de Escandinavia a esta zona. Crearon un reino en Kiev. Ellos eran la clase dirigente, la gran masa eran eslavos. En una segunda fase estos vikingos se asimilaron a la población eslava. Los centros eran Kiev y en el norte, Norkorov. Y toda esta federación comprendió también el territorio donde nacería en el siglo XII la ciudad de Moscú, que en ese momento no existía todavía.

Los contactos con la civilización occidental: los Annales Verchinianni, que son una fuente importante del siglo IX (carolingio), en Francia occidental, refieren que en el año 839, estuvo una delegación del pueblo .rvs. en la corte del emperador Ludevico el Pío en Ildesheim (Renania). Los Annales Verchinianni hablan de una embajada del emperador bizantino Teófilo, el último emperador iconoclasta a Ludovico el Pío. "Con los enviado a el emperador mandó también unos hombres que se decían llamar en dicho pueblo Russi (Rus); su rey, que tenía el nombre de Chaganus (una palabra turca para llamar señor) les había mandado decir cuanto ellos afirmaban, para establecer relaciones amigables". Esta es la más antigua mención historiográfica escrita sobre la aparición de los Russi en la escena de la historia mundial. Sin embargo esta breve relación no responde a dos preguntas que podremos hacernos: 1) De dónde venían exactamente ; 2) Qué han hecho después de la visita a Ildesheim, ante Ludovio el Pío. Con respecto a la primera pregunta podemos afirmar que estos Russi con mucha probabilidad eran svedesi (suecos), guerreros o comerciantes: como vivían muchos en el este de Europa. El título de su rey Chaganus, puede ser un indicio de que venían de Kiev; luego un primer contacto de los príncipes de Kiev con el imperio bizantino; pues antes de venir a visitar a Ludovico habían estado en Constantinopla; llegaban con una embajada bizantina. Respecto a la segunda pregunta, si regresaron a Kiev, lo que es probable, prepararon el terreno para una futura cristianización.

Es cierto que antes de la mitad del siglo X existía una pequeña comunidad cristiana en Kiev; puede ser que estos primeros contactos hayan llevado a la formación de esta comunidad cristiana. Un paso decisivo para la cristianización es el bautismo de la princesa Olga, la cual después de la muerte del príncipe Igor (945.46), había tomado la regencia por el hijo menor, Svjatoslav. La fuente principal de este periodo y para toda la fundación de Rusia, es la más antigua crónica rusa, una obra del siglo XII, redactada teniendo a mano material más antiguo por el monje Nestor de Kiev : Racconto dei tempi passati, o también se habla de la Crónica de Néstor, que es solamente un redactor posterior. Según la Crónica, Olga habría venido a Constantinopla en tiempo del emperador Constantino VII, Porfirogénito, que se habría enamorado de ella y habría querido hacerla emperatriz, con la condición previa de dejarse bautizar. Ella estaba de acuerdo, pero con la condición de que el emperador fuera su padrino. Y así sucedió. El patriarca la bautiza. Cuando el emperador, después del bautismo, renueva su propuesta de matrimonio, Olga, se burla de él ya que un padrino no puede desposar a su ahijada. El emperador confiesa que ha sido engañado por ella y la despide con reverencia, después de haberla llamado, .su hija.. Ella retorna a su país en paz y con la bendición del patriarca. Esta es la narración de la Crónica de Néstor. Un bello cuento pero poco fiable.

Constantino Porfirogénito estaba casado ya en tiempo de la visita de Olga a Constantinopla (954.55). La emperatriz misma, Elena, participaba en el recibimiento de Olga. Sin embargo es segura su visita a Constantinopla. Pero no es del todo seguro que haya sido bautizada en Constantinopla. Hay tres versiones para el bautismo de Olga: 1) la Crónica de Néstor, en forma anecdótica; 2) el cronista bizantino Juan Skylitses del siglo XI; el habla del bautismo de Olga en Constantinopla, pero sin la historia de Néstor ; 3) una fuente occidental, la continuación de la Crónica de Reginone de Prûn, que tiene como probable autor al monje Adalberto, más tarde arz. de Magdburgo. Según él, Olga ha sido bautizada en Constantinopla y tomó el nombre de Elena. Las tres fuentes concuerdan sobre el hecho mismo del bautismo de Olga en Constantinopla. ¿Por qué, pues, no obstante estos testimonios independientes entre ellos, la duda sobre el bautismo de Olga en Constantinopla de parte de algunos estudiosos ? Este bautismo es negado por todos aquellos que consideran el Libro de las ceremonias escrito por Constantino Porfirogénito, como una fuente de primera clase. Este libro no sólo contiene disposiciones sobre el modo de recibir embajadas extranjeras, sino también relaciones sobre visitas hechas en Constantinopla, e incluso la de la princesa Olga. Según Orstrogorzki, el Libro de las ceremonias no habría omitido un acto tan importante como el bautismo, si Olga verdaderamente, en esta ocasión de su visita, hubiera sido bautizada. El libro de Constantino no dice nada. Según Orstrogorzki, Olga recibió el bautismo en Kiev (954) y la visita tuvo lugar sólo en 957.

Se supone que Olga en Constantinopla haya intentado obtener una autonomía eclesiástica, en el caso de la conversión de su país. Y esto se saca del hecho que, como en otro tiempo Boris I (de Bulgaria) envió en el 959 una embajada a Othon I, pidiendo un obispo y misioneros. Entonces también había contactos de Olga con la iglesia othoniana. Othón designó como obispo al monje Adalberto del monasterio de san Maximino (Treveris), el cual regresó después de un año, sin resultado ninguno llegando  a ser en el 968 el primer arz.  de Magdburgo.

El fracaso de la misión othoniana latina, tal vez se debió a varios motivos: uno, la actitud hostil respecto al cristianismo del hijo de Olga, Svjatoslav También se ha expresado la sospecha de que Bizancio hubiera apoyado la reacción pagana de Svjatoslav para no llegar a una alianza del estado de Kiev con Othón I, apenas coronado emperador en Roma. La iglesia rusa venera a Olga, la primera de la familia que recibió el bautismo, como santa y como quien ha preparado la evangelización.

El bautismo de la Rus, del estado de Kiev, se produjo con el príncipe Vladimir (978.1015). La Crónica de Nestor describe la aceptaci6n de la fe cristiana de parte de Vladimir (988); luego, el bautismo sería el resultado de un examen de las religiones existentes en los países vecinos, antes de aceptar el cristianismo en la forma bizantina, Vladimir y los voyiari (los grandes), deseaban informarse. Según la Crónica (986) fue enviada una embajada a los búlgaros que se habían adherido al Islam (en las cercanías del estado de Kiev). Cuando Vladimir oyó, de los enviados que regresaban, que el Islam prohibe el vino, habría dicho: .nosotros, rusos, bebemos con placer, sin él no podemos vivir., de este modo el Islam quedaba excluido. Luego fueron con los alemanes, es decir la fe romana (cristiana), fue rechazada sin gran examen. Luego los hebreos, que debieron admitir que Dios los había dispersado sobre toda la tierra, por razón de los pecados de los padres. Vladimir, habría dicho: .cómo pueden enseñar a otros, si han sido repudiados por Dios y dispersado.. Más detallada fue la relación sobre el coloquio tenido con el representante de los griegos, un filósofo. La polémica contra los latinos, el uso del pan ázimo en la eucaristía (es probable que esta parte haya sido escrita sólo después del 1054). Valdimir el grande decidió (987) examinar toda fe en su propio lugar, excepto la fe hebrea. Respecto a los musulmanes, los enviados refieren: .no hay gozo en ellos sino tristeza profunda. No es buena su fe. Luego fuimos con los alemanes y hemos visto que en los templos muchos ritos se oficiaban, pero no encontrábamos nada hermoso.. Sólo los que fueron a Constantinopla regresaron con entusiasmo hablando de la belleza de la liturgia bizantina y decían: .hemos visto donde oficiaban en honor de su Dios, y no sabíamos si nos encontrábamos en el cielo o en la tierra; no habíamos visto en la tierra un espectáculo de tal belleza, y no logramos describirlo. Sólo por esto sabemos que ahí esta Dios, porque sus ritos son mejores que los demás países . Todavía no podemos olvidar aquella belleza. Todo hombre que prueba el dulce, después no acepta lo amargo, así pues, nosotros no seremos ya paganos. Y así Vladimir y los grandes decidieron bautizarse en el rito bizantino.

Esta relación retrospectiva y legendaria de la Crónica de Néstor, ilustra aquello que ha estado en primer lugar hasta hoy: es decir, la experiencia del misterio de Dios en la liturgia; o también, belleza como signo visible de la gloria futura; contemporáneamente también expresión del gozo acerca de la venida de Dios en el misterio de la encarnación. Esto es un reflejo de la concepción teológica-espiritual de los bizantinos.

La ocasión concreta del bautismo de Vladimir y la Rustikiv, eran acontecimientos políticos. El emperador bizantino se encontraba en una situación desesperada: los búlgaros habían derrotado en 986 al ejercito imperial bizantino. Animados por la derrota del emperador, magnates bizantinos y señores feudales se rebelaron. Un pretendiente al trono, Barda Foca se acercó a Constantinopla para atacar la ciudad por tierra y mar. Sólo una ayuda que viniera del exterior podría salvar al emperador de la caída. Basilio II solicitó ayuda al príncipe ruso Vladimir. En la primavera de 988 un contingente ruso (6000 hombres) apareció en el territorio bizantino. Bajo la dirección personal del emperador los rusos derrotaron a los rebeldes totalmente. Como premio por haberlos salvado, el príncipe de Kiev, se habría casado con una princesa porfirogénita, Ana, la hermana del emperador, con la condición de que Vladimir y su pueblo recibiera el bautismo. Se trataba de una concesión muy grande, inaudita; nunca hasta entonces una princesa porfirogénita se había casado con un extranjero. Esta relación estaba contra la tradición bizantina, su orgullo ; de tal manera que en Constantinopla, ya que el peligro había pasado, se quiso desdecir de aquella promesa. Para presionar a los bizantinos a ceder a la princesa, Vladimir debió atacar las posesiones bizantinas en Crimea y ocupar la ciudad de Querson. Se presume que Vladimir se hizo bautizar el día de Epifanía del 988. E1 lugar es desconocido. Recibió en el bautismo el nombre de Basili (la forma rusa del nombre de Basilio); el nombre del emperador que probablemente era su padrino; o que de alguna manera estaba relacionado en el bautismo. Contemporáneamente o poco después, los miembros de la clase dirigente de Kiev, recibieron el bautismo. Probablemente en pentecostés del 988 se tuvo un bautismo de masa del pueblo de Kiev en el río Dniéper.

Este es uno de los últimos ejemplos de una cristianización desde arriba, comenzando con los príncipes, con los grandes y que toda la población debe seguirlos. La aceptación del cristianismo reforzó la posición del príncipe de Kiev y daba principio a una evolución cultural, que estaba relacionada con la introducción de libros eslavos eclesiásticos, que provenían de Bulgaria. Bulgaria era el centro del cristianismo eslavo. En Kiev fue levantada entre 989.996 la primera iglesia de piedra, la llamada iglesia de las décimas; porque Vladimir había prometido para su manutención la décima parte de sus réditos, así lo afirma la Crónica de Néstor; ciertamente es algo exagerado. Se enviaron los primeros obispos de Kiev y de otros lugares.

Sin embargo ¿ cuál era el estado jurídico y la dependencia de jurisdicción de la iglesia rusa antes del año 1039, en que es atestiguada por primera vez un metropolita en Kiev griego ? Entre, los ortodoxos rusos actuales se encuentra la opinión, que la iglesia rusa bajo Vladimir estaba bajo la jurisdicción del patriarca búlgaro. Pero es más probable que la iglesia de Kiev desde el principio y hasta el 1448 dependía de Constantinopla. Sabemos que los metropolitas fueron mandados de Constantinopla y eran griegos. Contactos con el papado no faltaron, incluso después de aquel año (988); pero entonces ya era muy tarde para la difusión del cristianismo latino en Rusia. Ya sea Gregorio VII, que su antipapa Clemente III, buscaron contactos con Rusia, en los dos casos sin éxito. El principado de Kiev dejó de existir en el s. XIII, cuando los tártaros lo conquistaron, pero las tradiciones espirituales que se habían desarrollado en el estado de Kiev fueron decisivas, incluso después del cisma del 1054; e incluso antes de la caída de Kiev para toda la posterior evolución de Rusia y de la iglesia rusa ortodoxa hasta hoy.

CAPITULO IV:

EL GRANDE CISMA DE 1054.

Después de las iglesias nacionales anticalcedonenses, separadas de la iglesia católica, ya desde mucho tiempo antes, el cisma de 1054 llevó a la separación definitiva entre Roma y Bizancio. No obstante las contradicciones respecto a la evangelización de Bulgaria, la unidad entre estas dos iglesias se había mantenido hasta aquella fecha; pero el proceso de alejamiento entre Roma y Constantinopla aumentó. La relación de unidad entre Bizancio y Roma había llegado a ser muy débil, sutil. Sin embargo la situación todavía no era hostil. En Constantinopla había iglesia de rito latino y en el sur de Italia, de rito griego. Nuevos choques (otro nivel de divergencias) se tomó cuando surgieron nuevos factores.

El papado reformado mostró una nueva conciencia de si mismo; e insistía cada vez más sobre sus propios derechos jurisdiccionales. Las discusiones acerca de las posesiones bizantinas en el sur de Italia contribuyeron a esta mala relación ; en fin, como factor último, decisivo, que ha provocado el enfrentamiento: los normandos, que se habían infiltrado en el sur de Italia y los cuales trataron de aprovechar las posiciones divergentes. En último análisis todo estalló con los normandos.

El papa León IX trató de recuperar la jurisdicción perdida sobre Italia meridional y Sicilia, que durante el iconoclasmo, el Basileus León III, había quitado al papado y confiado al patriarca de Constantinopla. Este papa itinerante también tuvo sínodos en la parte bizantina del mediodía y consagró en el 1050 a su estrecho colaborador Humberto de Silvacándida como arzobispo de Sicilia (un título que antes no existía). El papa esperaba al inicio obtener la ayuda de los normandos (en su proyecto de tener de nuevo la jurisdicción de Italia del sur), pero estos comenzaron pronto a amenazar no sólo las posesiones bizantinas sino también las de los Estados Pontificios Y como León IX no tenía a disposición un ejército potente, se volvió al emperador Enrique III, pidiéndole que mandara una armada alemana contra los normandos. Sin embargo, en Alemania habla no pocos obispos que no estaban de acuerdo con este proyecto. El consejero de Enrique III, el obispo Gebeardo logró convencer al emperador de no mandar un ejército en ayuda del papa. Entonces hubiera sido posible una alianza del papa con los bizantinos; el gobernador bizantino en Italia meridional Argyros mostró interés para una tal alianza con el papa; pues una tal campaña les convenía a los bizantinos, contra los normandos. Y en el preciso momento cuando el papa quiso concluir un pacto militar con el gobernador bizantino, intervino el patriarca de Constantinopla, Miguel Cerulario, el cual se opuso enérgicamente a tal alianza.

Hemos llegado a este personaje importantísimo para esta cuestión del cisma: Miguel I Cerulario (1043.1058). Había llegado a patriarca de Constantinopla bajo el débil emperador Constantino IX Monómaco; Cerulario había tenido una vida muy movida; con éxitos dispares. Por haber participado en una conjura de la aristocracia bizantina contra el emperador Miguel IV, en 1040, había pasado algunos años en el exilio, durante el cual se había hecho monje. Sus conocimientos teológicos eran modestos, pero su ambición era muy grande. Estaba totalmente convencido de la nobleza de su oficio de patriarca y nutrió una gran aversión contra los latinos.

Respecto al proyecto de una alianza papal-bizantina en Italia meridional, Cerulario sospechó un aumento del influjo latino y una subordinación de la Iglesia italiana del Sur a la jurisdicción romana, en el caso de una victoria del papa contra los normandos. Para alejar la alianza militar con Roma, el patriarca creó una áspera polémica antilatina. En su nombre, el arzobispo León de Acrida u Ocrida (actual Macedonia) dirigió un Tratado al arzobispo Juan de Trani en 1053, en el cual no se tratan cuestiones teológicas del tipo del Filioque, sino de divergencias rituales, que incluso simples fieles podían captar. Las acusaciones a los latinos se referían a asuntos como ayunar el sábado, usar pan ázimo para la Eucaristía, que según el autor era una recaída en el judaísmo.

Como los latinos se negaban a celebrar la Eucaristía con pan fermentado, en lugar del ázimo, el patriarca hizo cerrar la iglesias latinas en Constantinopla. Incluso en esta ocasión se produjeron profanaciones de hostias consagradas latinas.

En el ambiente romano, Humberto de Silvacándida leyó este panfleto antilatino y decidió responder rápidamente. En su respuesta exageró el primado papal y las pretensiones del papa sobre Italia meridional. A la Iglesia griega Humberto le objetó más de 90 herejías. La posibilidad de un entendimiento entre griegos y latinos a penas fue tratada por Humberto.

En este momento la situación política en Italia se había agravado. El ejército del papa había sido derrotado el 16.07.1053 en Civitate, el propio papa había sido arrestado por los normandos y las tropas bizantinas de Argyro también habían sido vencidas.

Con todo ello, ni siquiera el patriarca podía mantener su oposición. El emperador bizantino pide el envío de legados pontificios para recomponer la relación entre Roma y Constantinopla. No fue un buen augurio que Humberto, acompañado por Federico de Lorena, futuro papa Esteban IX, y del arzobispo Pedro de Amalfi, fueran los miembros de la delegación, que será la responsable también de la excomunión. Una carta del papa al emperador bizantino que llevaban consigo propone de nuevo un pacto contra los normandos, pero al mismo tiempo renovaba la petición de una restitución de la jurisdicción pontificia sobre Italia meridional y los Balcanes, la antigua Iliria. Mucho más descortés era la carta del papa al patriarca ; en ella le echaba en cara que había despreciado los ritos latinos, de tender hacia un primado sobre los demás patriarcados, de llamarse patriarca ecuménico, acabando por poner en duda su propia ordenación. Probablemente este último escrito, al menos en lo concerniente a la ordenación de Cerulario, habría estado escrito por Humberto.

El emperador bizantino, Constantino IX Monómaco recibió a los legados, que habían llegado en abril del 1054, de una manera abierta y cordial. Al comienzo se tuvo la impresión de que los tratados iban bien. El patriarca, que estaba junto al emperador, se mostró mucho más frío. Por el momento sólo se consignó la carta del papa.

En las semanas siguientes el patriarca no mostró ningún deseo de reaccionar o responder al escrito papal o mostrar algún paso hacia una conciliación. Humberto comenzó a movilizar al público contra el patriarca. Se movía con una versión griega de su respuesta polémica al Tratado de León de Acrida. Un monje bizantino, Niketas Stethátos (Nichetas Pectoratus), se lanzó por su cuenta a defender el uso del pan fermentado contra la praxis latina del pan ázimo, así como la práctica del ayuno y el celibato del clero. Humberto pierde entonces la paciencia y responde al monje con un libelo polémico de pésimo gusto.

Para no comprometer la alianza proyectada entre el ejército papal y el bizantino contra los normandos, el emperador fuerza a Niketas a excusarse con Humberto y a destruir su escrito. Pero Humberto, no contento con esto, comenzó a hablar del Flioque , de lo que hasta ahora no se hacía mención en la controversia. Al final, y culminación de los contrastes, Humberto unido a sus compañeros depone una bula de excomunión sobre el altar de la Agia Sophia y se aleja con las palabras : .Dio veda e  giudici., era el 16.07.1054. Poseemos una breve descripción de todo ello del propio Humberto llamada Umberti brevis et succinta commemoratio, y también la propia bula. Cuando un diácono corría detrás de él con la bula para devolvérsela, Humberto no la aceptó ; la bula cae sobre el suelo y allí permanece hasta que uno la cogió y se la llevó al patriarca.

La bula, redactada por Humberto, era bastante injuriosa, llena de falsas acusaciones. Al pseudopatriarca no sólo se le echaban en cara usos griegos como el matrimonio de los sacerdotes (calificándole de .nicolaísta.), también se le acusa de rebautizar a latinos, de lo que no tenemos ninguna prueba, favorecer la simonía, prohibir a los hombres afeitados la comunión y de haber quitado del credo el Filioque.. Por todo ello la bula castiga con la excomunión al patriarca Miguel Cerulario, al arzobispo León de Ocrida y a sus partidarios. No sabemos si el emperador Constantino conocía el contenido de la bula cuando los legados partieron sin haber consignado un pacto. Cuando fue informado por el patriarca del contenido, el emperador intentó sin resultado volver a traer a los legados papales para darles la posibilidad de exponer sus puntos de vista delante de un sínodo. Humberto no lo desea y marcha. Todavía Cerulario no quería renunciar a una decisión sinodal. El 20 de julio, Cerulario excomulgó por su parte a los autores de la bula. El 24 se repite la misma excomunión en un sínodo de 16 metropolitanos y 5 arzobispos. Poco después una relación oficial del sínodo incluía en lengua griega el texto de la bula de Humberto.

Esta relación unida a unas cartas del patriarca a su colega antioqueno, Pedro III, expresa algunos aspectos sobre la posición de Cerulario. Podemos destacar tres elementos :

·       Cerulario piensa que la carta consignada por Humberto no era del papa, sino de otro, probablemente del gobernador Argyro, su enemigo.

·       Para él, los legados no son representantes del papa, sino de Argyro, gobernador bizantino de Italia.

·       Cerulario en todo este asunto deja fuera al papa. El papa y la Iglesia Romana no son culpables de excomunión, sino los autores de la bula, los que se adhirieron a la bula. Además Humberto no había excomulgado a la Iglesia Bizantina y tampoco al emperador.

            Hay quien sostiene que todo el asunto se reduce al enfrentamiento entre cabezas calenturientas. Al igual que León de Ocrida había atacado tradiciones y usos de la Iglesia Romana, así los legados romanos lo hicieron con tradiciones sacrosantas de la griega. Formalmente las propias iglesias estaban fuera de las discusiones, pero materialmente no.

            Una tradición muy canonística de la bula de excomunión olvida que en aquel tiempo las dos iglesias se identificaron con sus rituales. De esta manera los muros de separación se construyeron con el material ritualístico. Formalmente se puede razonar, como lo hacen los manuales, que la bula de Humberto era inválida, ya que al momento de la acción el papa León IX ya se había muerto (19.04.1054), mientras que la bula es del 16.07.1054, además Victor II sucede a León IX en 1055, por lo que en ese momento no había papa. Según el Derecho Canónico el encargo de una legación pontificia cesa con la muerte del papa. No podemos establecer si los legados lo sabían o no.

            En un examen histórico es muy oportuno proponer el problema de la culpa. Por lo que se refiere al aspecto personal de la última fase, es claro que Humberto era la persona menos indicada para realizar un acercamiento. El sostenía el derecho primacial romano, remontándose incluso a la .falsa donación de Constantino., que era un falso de la Iglesia Latina desconocido en la Bizantina. Se expresa en el espíritu del futuro dictatus papae. Su arrogancia fue un obstáculo en los acuerdos desde el comienzo.

            Más importante es el problema de la culpa histórica, que la encontramos en una y otra parte. Si bien un cisma formal no puede ser constatado, lo que cuenta es que en el 1054 fue acentuada todavía una vez más la creciente divergencia entre las dos iglesias ; podríamos decir que fue un enfriamiento hasta cero de las relaciones por parte de las dos iglesias. De esto la cristiandad no se ha recuperado.

            La experiencia de las Cruzadas condujo a una confirmación de la ruptura entre ortodoxia e Iglesia Romana. Desastrosa fue sobre todo la IV Cruzada, con la conquista de Constantinopla en 1204 y la erección de un imperio latino en Constantinopla con un patriarca latino.

            Los patriarcas orientales de por sí no estaban involucrados en aquel asunto de la excomunión, pero se acercaban más a la posición de Constantinopla. Las iglesias fundadas por Bizancio, que más tarde llegaron a ser iglesias ortodoxas autónomas, autocéfalas, se desarrollaron con la bandera del contraste cada vez más profundo ; por ello incluso la iglesia rusa a aceptado la posición de Bizancio. En nuestros días Pablo VI ha trabajado mucho para superar el abismo que hay entre Roma y Constantinopla, llegando el 07.12.65, en la clausura del C. Vaticano II, a abolir por parte Roma, al igual que lo hicieron en Constantinopla, las excomuniones lanzadas en 1054, aunque la ruptura permanece hasta nuestros días.

CAPITULO V:

LA REFORMA GREGORIANA

5.1.- PERIODIZACIONES

Para el P. Kempf la R. F. comenzaría el 1046, coincidiendo con el pontificado de Clemente II, después de Sutri ; el final lo sitúa en 1122, año del Concordato de Worms. Evita el término lucha por las investiduras como término genérico para este período, ya que las investiduras laicas era sólo uno de los problemas de la iglesia de este momento, y al menos al inicio del período no es tan candente. Es mejor, como ya lo había hecho W. Fliche, hablar de Reforma Gregoriana, en relación a su más importante representante, Gregorio VII.

Engelbert no está de acuerdo con esta periodización. Aunque sea verdad que con los llamados .papas alemanes. colocados por Enrique III, comienza el papado reformado, también lo es que todos ellos vivieron hasta Víctor II en una alianza estricta y pacífica con Enrique III y se sentían unidos al imperio. Los gregorianos, por el contrario, querían distanciarse de aquel imperio, como de todo poder laico. Intentaron disolver la simbiosis Iglesia-Imperio, que desde los tiempos carolingios era el ámbito normal de la vida eclesial en todo occidente. Por ello se puede hablar de revolución europea, que se ha preparado lentamente en la primera mitad del XI, que por ello se ha denominado Edad Pregregoriana. En este momento cualquier cristiano serio se daba cuenta que la Iglesia tenía necesidad de ciertas reformas, ya sea en la instituciones o en la vida y formación del clero, entre los que se contaban incluso emperadores, en particular Enrique III, sin el cual muchas evoluciones no se hubieran realizado. Es trágico que estos emperadores concienciados llevasen adelante una reforma que rápidamente se volvería contra ellos. Enrique III en 1046 lo que ha encaminado es una prereforma, bajo el control del emperador y de acuerdo con sus intenciones. El gran desarrollo parece comenzar en 1056, año de la muerte de Enrique III.

La Historia de la Iglesia de Fliche-Martin toma el 1057 como línea de confín, para terminar el período en 1123 con el Concordato de Worms.

Otros autores proponen otras divisiones. Por ejemplo Th. Schieffer, llama al período del 1056-1075, crisis latente ; y al período del 1076-1085, la denomina Primera fase de la lucha para las investiduras. Por su parte Gerd Tellenbach distingue todo el período desde Sutri hasta 1073, del siguiente período de Gregorio VII en adelante.

Todas las periodizaciones son discutibles pero pueden ayudar a entender mejor una época. Un hecho aceptado por todos los estudiosos es que hacia la mitad del XI empieza algo nuevo. Por ello es sostenible tomar el 1057 como terminus a quo ; por otro lado el Concordato de Worms en 1122, nos puede servir como terminus ad quem. A todo este período le llamaremos la época de la Reforma Gregoriana, dividiéndola en las siguientes fases :

·       1057-1075 : Toma del poder por parte de los gregorianos.

·       1076-1085 : Ruptura entre regnum et sacerdotium.

·       1085-1100 : Endurecimiento de las posiciones opuestas.

·       1100-1122 : Lucha por las investiduras.

            Durante este curso veremos los dos primeros períodos, que serán los únicos que entrarán en el examen.

5.1.1.- Toma del poder por parte de los gregorianos (1057-1075).

            Enrique III, muerto en 1056, tenía un único hijo que todavía era menor de edad, nacido el 11.11.1050, bautizado el 31.03.1051 con el nombre de Enrique, siendo su padrino el abad Hugo de Cluny. El pequeño Enrique fue elegido rey en 1053 y coronado en el 1054 en Aquisgrán. Un año después se casa con Berta, la hija del marqués Otón de Turín.

            Los reyes menores de edad no eran raros en la historia franco-alemana en base al principio dinástico. Pero en base al otro elemento, el principio electivo, regía la concepción de que el rey, a pesar de su minoría de edad reinase personalmente. Desde el punto de vista del derecho público no se conoce una regencia para un soberano menor de edad ; no obstante existía una regencia efectiva por vía transversal como tutela de derecho privado. De suyo, tras el precedente del 983, la regencia de Teofane en el nombre de Otón III, en el momento de la muerte de Enrique III, sin demasiadas dificultades, la madre del pequeño Enrique IV, Agnese de Aquitania, fue reconocida como regente, también porque el papa Víctor II se pronunció en este sentido.

            Agnese era una mujer bellísima, pero políticamente no muy dotada (¡no era una segunda Teofane !). Entre los obispos, sólo el de Augusta gozaba de su confianza. En el enfrentamiento con los príncipes seculares se demostró bastante débil. En esta situación de ausencia de un poder real fuerte, con una regencia débil, los ducados y en general los reinos del Imperio, también en Italia, se mostraron más independientes.

            Este retroceso de la política imperial tras la muerte de Enrique III, hace que en los próximos años el centro de la evolución del papa se encuentre en Roma. Todavía el partido de la reforma no se limita a cambiar el rostro del papado, sino que transforma rápidamente otras áreas de la Iglesia, comenzando por las condiciones político-religiosas en Italia, es decir, en la zona más próxima a Roma.

            Con la victoria del partido reformador el país más importante para la historia de la reforma llegará a ser Italia. A la muerte de Víctor II, julio de 1057 en Arezzo, fue elegido por los electores romanos, los cardenales creados por León IX, el abad de Montecasino, el Cardenal Federico de Lorena, que asume el nombre de Esteban IX (1057-1058), que había sido uno de los legados papales en Constantinopla pocos años antes. La corte imperial no es consultada, lo cual es explicado de diversos modos por los historiadores : algunos ven aquí un primer signo de la independencia del papado respecto a la relación con el imperio ; otros recuerdan que Enrique IV era menor de edad y la regente una mujer, y en este contexto podía surgir una duda sobre la subsistencia de los derechos adquiridos por Enrique III. Es difícil decidir cual es la opinión más correcta, ya que las fuentes no indican con precisión este asunto.

El nuevo papa era hermano del Duque Gofredo de Lorena, el cual después de la muerte de Enrique III estaba decidido a recobrar tanto el ducado de la baja Lorena como el de Toscana, al estar casado con Beatriz de Toscana. Gofredo no era un personaje muy estimado en la corte imperial a causa de sus ambiciones independentistas, pero era un potente apoyo para el partido reformador en Toscana. La corte sólo fue informada después de realizarse la elección, pidiéndose la confirmación por su parte, siendo encargado el diácono Ildebrando de llevar a cabo esta misión, futuro Gregorio VII. Para el papa y el partido reformador la solicitud de confirmación era sólo un gesto, no un acto considerado necesario para una válida elección pontificia.

Todavía por el momento no se deshace el vínculo con el imperio, pero se anuncia un cambio en esta relación recíproca. El breve pontificado de Esteban IX es rico de iniciativas particulares. En el primer sínodo que presidió renovó la condena de la simonía y del Nicolaísmo. Entre sus actos más importantes está el nombramiento de Pier Damiani como cardenal obispo de Ostia, llegando así a ser el cardenal de rango más elevado y como tal tuvo un papel decisivo en el posterior cónclave. Pier Damiani era un representante del partido reformador, pero menos rígido que Humberto de Silvacándida, siendo el mayor defensor del status quo en la relación entre regnum et sacerdotium, siempre que el regnum respetase el Derecho Canónico.

A Esteban IX, aunque le llega la muerte antes de llevar a cabo todo lo que se había propuesto (29.03.1058, en Florencia), su breve pontificado a llegado a estar cargado de consecuencias a causa de la conexión del papado y de su intervención en el Movimiento de la Pataria, formado en Milán contra la nobleza y el clero noble milanés.

Debemos retroceder un momento al tiempo de Enrique III y de Conrado II. En Milán el arzobispo Arriberto había hecho la paz con Enrique III y murió en 1045. Los grandes de la ciudad propusieron a la asamblea del clero y del pueblo de Milán la candidatura de una lista de cuatro nombres entre los cuales el emperador habría tenido que escoger al nuevo arzobispo. Inesperadamente Enrique III rechazó los nombres propuestos y elevó a la cátedra ambrosiana a Guido de Velatte, perteneciente a la alta nobleza feudal del condado milanés, no de la ciudad de Milán, que era un hombre muy fiel al soberano. Enrique III intentaba con esta elección, obviamente, limitar el poder de las fuerzas locales. De todos modos Guido no encontró oposición a su ingreso en Milán y fue consagrado a comienzos de septiembre de 1045. No obstante la aversión del sector de los Capitanei, de la alta nobleza milanesa, el arzobispo pudo afirmarse con fuerza gracias al apoyo imperial. El acuerdo entre el arzobispo y los diversos componentes de la sociedad milanesa se apoyó sobre bases frágiles.

            Guido no abrazaba las ideas del movimiento reformador. El aquel momento la reforma en efecto no estaba todavía presente en las instituciones de la iglesia de Milán, ni en la vida de los canónigos ni en la monástica. Las profundas tramas de poder entre los exponentes del alto clero milanés de una parte y de los altos feudales, los Capitanei, de la otra, en la misma ciudad de Milán creaban un malestar social. Estos intereses tenían implicaciones económicas. Todo esto desembocó, sobre todo desde el punto de vista económico, en la explotación del patrimonio eclesiástico milanés y esto minó en la raíz la credibilidad de la jerarquía eclesiástica y del clero milanés, que llegó a parecer absolutamente inadecuado e increíble para proclamar a los hombres a Cristo y los valores cristianos, por ejemplo de la pobreza.

            De suyo la alta nobleza laica, los Capitanei, se encontraba que era solidaria con el alto clero nicolaísta, simoníaco, porque la compraventa de los beneficios eclesiásticos constituía una de las fuentes más rentables para la nobleza. En relación a este lazo entre estructura feudal e instituciones eclesiásticas, con una explotación de los recursos de la iglesia de Milán por parte de la nobleza nace el Movimiento de la Pataria, que por tanto es una reacción. La novedad de la Pataria está en la masiva participación del laicado en la lucha por la reforma de la vida eclesial.

Propiamente en este período, a la muerte de Enrique III, que era el más fuerte defensor del arzobispo Guido, un diácono del condado milanés, Arrialdo, comienza a predicar, primero en la iglesia parroquial de Varese y después en Milán, contra las costumbres corrompidas del clero potente y bien situado, en particular contra los clérigos casado y que viven con una concubina. La mejor fuente de todo ello es la vida contemporánea de Andrés de Astruni, la Passio Arrialdi, en 1075, poco después de la muerte de Ernenvaldo. En el cuarto capítulo se describe la situación del clero de Milán de aquella época, o en general del clero en Italia, debiendo tenerse en cuenta que es un escrito hagiográfico y polémico por parte de los patarinos, mientras no tenemos ningún testimonio de la otra parte.

La predicación de Arrialdo se encuentra con el fermento de las clases sociales, que en Milán están en ascenso, pero que hasta ahora estaban excluidos del poder, ocupado por la alta nobleza de Milán. Arrialdo está flanqueado por el clérigo Landolfo, perteneciente al alto clero de la Catedral (desde el punto de vista de los adversarios era un traidor). De este modo inician a finales del 1056 y comienzos del 1057 la Pataria milanesa.

Respecto al nombre .Pataria., su significado es poco seguro. La primera hipótesis, la de Muratori, que ha llegado a ser clásica y hasta ahora es la mejor, Patarini = .paté. o .pattée., del dialecto milanés para indicar los .vendedores de trapos. o .chamarileros., un epíteto injurioso acuñado por los adversarios de aquel movimiento, inventado por la nobleza feudal milanesa en el sentido de .harapientos., gente nueva, incluso enriquecida que pretendía cambiar las reglas de la Iglesia y de la sociedad milanesa. Esta interpretación está confirmada por Bonizzone, el cual afirma que los simoníacos les llamaban patarinos o harapientos. Por el contrario, otro cronista contemporáneo, Arnolfo de Milán, deriva el término del griego .paqos., con una etimología ciertamente equivocada, pero sigue el artificio propio de la Edad Media de buscar una etimología clásica, y habla de .perturbaciones. de la población milanesa por parte de este movimiento.

En ausencia del arzobispo, que se encuentra en Alemania, el movimiento patarínico se desarrolla. En la ciudad surgen violentos tumultos. Los patarinos entorpecieron las celebraciones litúrgicas de la Catedral y se marcharon de las misas celebradas por el clero que tenía concubina o estaba casado ; a estas acciones se las denomina .huelga litúrgica.. Arrialdo concentra sus acciones de modo particular contra el nicolaísmo, los curas casados o con concubina fueron obligados con violencia a abandonar sus oficios.

El arzobispo Guido al principio a infravalorando las acciones patarinicas, también por encontrarse en aquel momento en Alemania. Ante el continuo deterioro de la situación en Milán, el clero milanés decide recurrir al papa Esteban IX. También los adversarios de los patarinos acuden a Roma para defender sus posiciones y para solicitar la elección de un nuevo arzobispo. El coloquio con Esteban IX sirvió para clarificar las posiciones de Arrialdo y de sus secuaces, pero el pontífice todavía no se adhirió incondicionalmente al partido patarinico, sino que consiguió la convocatoria de un sínodo provincial para dirimir la cuestión. Este sínodo se celebra en Fontaneto cerca de Novara en 1057. Arrialdo y Landolfo no se presentaron en el sínodo, que estaba dominado por el clero noble milanés, y fueron excomulgados.

La situación se ponía cada vez más tensa, tanto que el partido antipatarínico pasó al camino de los hechos. Landolfo es herido por primera vez cuando intentaba alcanzar Roma y después en una emboscada que podía haber llegado a ser mortal. Los antipatarínicos no renunciaron a golpear a Arrialdo en su persona, pero destruyeron una iglesia en su ciudad natal de Cuciago, que era una amonestación a Arrialdo.

Mientras tanto va aumentando en Roma la preocupación por todo lo que estaba ocurriendo en Milán. Dos delegaciones pontificias exploraron la situación. De la segunda, la más importante, formaban parte aquellos que llegarán a ser los protagonistas indiscutibles de la reforma de la Iglesia en aquella época, Anselmo de Bagio, obispo de Lucca y después papa con el nombre de Alejandro II, y el archidiácono Ildebranndo, el futuro Gregorio VII, y Pier Damiano, Cardenal obispo de Ostia.

Los contactos que Arrialdo tenía con las autoridades romanas cambiaron su estrategia. Del papa y de los ambientes romanos los patarinos debieron ser directa o indirectamente solicitados para hablar, no tanto contra el matrimonio y el concubinato del clero, sino para emprender una decidida batalla contra la práctica simoníaca en la concesión de los oficios eclesiásticos. La simonía no sólo era considerada como un abuso sino también como una herejía, en tanto que el que recibía simoniacamente el orden sagrado o cualquier otro sacramento, era como si pretendiera recibir el Espíritu Santo por dinero o a cambio de algún favor ; profesaba, por tanto, una doctrina contraria a la recta fe en la tercera persona de Santísima Trinidad. La intervención de Roma hace que Arrinaldo centrase su atención de la lucha antinicolaita a la más propiamente antisimoníaca, aunque de suyo los dos vicios coexistían en la vida del clero.

El contraste entre los dos partidos tuvo como consecuencias inevitables la división en el interior de la iglesia milanesa, que significaba la ruptura de toda la sociedad de Milán. Con el arzobispo Guido, que fue acusado de simonía por los patarinos, se unieron gran parte del alto clero y de los laicos de la alta nobleza, el sector de los Capitanei, e incluso clérigos no dispuestos a abandonar a la mujer o a la concubina. Con Arrialdo se unieron algunos exponentes del clero que compartían las nuevas instancias reformadoras y sobre todo muchos laicos, pertenecientes a las más variadas clases sociales, pero prevaleciendo los de las clases inferiores (de aquí el interés por este movimiento por parte de los medievalistas marxistas : ascenso de una clase baja).

Para conseguir un clero no simoníaco ni Nicolaísta, los patarinos hacen incluso propuestas concretas positivas : promueven la fundación de la Canónica, que es una propuesta de vida común del clero con una finalidad también pastoral : predicación y administración de sacramentos por parte de ministros dignos. Después de la muerte de Landolfo, sobre el 1061-62, Arrialdo encontró en el hermano de Landolfo, Erlenvaldo, un noble caballero experto en las armas, su ayuda más válida, llegando a ser el .brazo armado. de la Pataria. Llegando a Roma Erlenvaldo recibe del papa Alejandro II un estandarte con el emblema pontificio : el Estandarte de San Pedro, lo cual era una especie de aprobación pontificia en relación con la Pataria bajo el signo del estandarte petrino. Esto dará lugar a partir de ahora a la lucha patarínica, ya que ven que incluso el papado está de su parte.

Cuando Arrialdo empieza a atacar incluso algunas praxis litúrgicas que consideraba equivocadas, esto fue interpretado hábilmente por los adversarios de Milán como traición de la tradición ambrosiana, y como tal fue propagado. De hecho el frente patarínico en aquel momento comienza a ser menos compacto. Por lo demás, la segunda legación romana a Milán había sido interpretada como una indebida injerencia de la iglesia romana en relación con la autonomía de la iglesia ambrosiana.

Los Patarinos son aceptados, por una parte, a causa de la lucha contra el poder noble, pero por otra suscitan sospechas por sus ataques a Roma. Fue en esta situación cuando Arrialdo atacó las tradiciones litúrgicas de Milán. Este hecho cambió el clima en la ciudad. La Pataria aparecía como la culpable de haber supeditado la iglesia milanesa a Roma. La nobleza milanesa aprovecha rápidamente este cambio de clima y decide llevar hasta el fondo la lucha contra los Patarinos.

El arzobispo Guido lanzó el interdicto sobre la ciudad, mientras que Arrialdo está en el interior de los muros. Si Guido quería conseguir con este interdicto la salida de Arrialdo de Milán, lo consigue. Arrialdo que quería irse a Roma secretamente, para buscar apoyo del papa contra los milaneses, fue hecho preso en una emboscada y matado cruelmente en una isla del Lago Mayor el 28.06.1066. Un año después Erlenvaldo consiguió organizar una verdadera y propia expedición militar para recuperar el cuerpo de Arrialdo, sobre el que se difundía la fama de santidad. Los restos fueron llevados triunfalmente a Milán y enterrados en un clima de verdadera y propia canonización popular. Poco más tarde, en una segunda fase, Erlenvaldo, que encuentra siempre el apoyo del cardenal Ildebrando, el futuro Gregorio VII, obtiene la beatificación de Arrialdo en 1068, por el papa Alejandro II. Su culto se mantiene en la Iglesia de Milán hasta hoy.

El arzobispo Guido no estando en grado de contrarrestar la expansión del poder de los Patarinos, escoge el camino de la dimisión, restituyendo al emperador Enrique IV las insignias con las que en 1045 había sido investido del episcopado, es decir el anillo y el pastoral, y se retira en las cercanías de la actual Alejandría. A la sucesión de la sede ambrosiana el emperador designó a Gotofredo o Gofredo de Castglione, el cual era un estrecho colaborador de Guido. Su investidura estuvo viciada por maniobras simoníacas, pero fueron otros los motivos de la casi unánime aversión de los milaneses al neoelecto arzobispo. Tenía en contra a buena parte de la nobleza del rango de los Capitanei, la alta nobleza de la ciudad, ya que, como había pasado con Guido en 1045, el emperador había excluido una vez más la elección tradicional milanesa, el derecho de los milaneses a elegir su propio arzobispo. También era contraria al arzobispo la población baja, porque aspiraban a tener un papel de protagonistas en la elección del arzobispo. Por último, también estaban en su contra los Patarinos, ya que le juzgaban como simoníaco. La reacción de Roma fue inmediata. Gotofredo fue excomulgado y Erlenvaldo incitado a impedirle entrar en la ciudad.

Erlenvaldo en 1072 presentó otro candidato, Atone, un joven clérigo que sólo tenía las órdenes menores. Ni siquiera esta elección propuesta por los Patarinos fue aceptada por los milaneses, ya que no estaba hecha en regla según las tradiciones milanesas, ambrosianas. Así se produce en Milán una especie de cisma entre el papado y el imperio, teniendo cada uno un candidato propio para la cátedra de Milán. El papa Alejandro II sostiene a Atone y rechaza a Gotofredo, mientras que Enrique IV sigue sosteniendo a Gotofredo.

Queda por resolver un problema por la investigación sobre la fecha exacta de la ordenación de Gotofredo. Lo que sabemos con certeza es que Enrique IV ordenó la ordenación, acaecida en Novara, a los obispos sufragáneos milaneses filoimperiales. La fecha es discutida entre comienzos del 1072 y 1074, para determinar si ocurrió antes o después de la llegada de Gregorio VII a la sede romana.

Lo cierto es que Gregorio VII desde el inicio de su pontificado ratifica el rechazo de la Sede Apostólica a Gotofredo e invita a todos, incluso al emperador que apoyen a Atone, que era el candidato romano. Toda esta trama de preferencias del papa y el emperador por uno u otro candidato se encuadra en un marco mucho más amplio, que constituye la segunda fase de la Reforma Gregoriana.

Ildebrando había mostrado desde mucho antes su interés por la Pataria. Cuando es hecho papa sus cartas demuestran cómo había desarrollado sus acciones de apoyo a Erlenvaldo. Ciertamente el papa Gregorio VII apoyó el movimiento Patarínico más que los papas precedentes. Pero Erlenvaldo cometió el mismo error que Arrialdo, no observar las costumbres ambrosianas, a lo cual los milaneses eran muy sensibles. Cuando Roma se metía mucho en los asuntos de Milán siempre se revelaban. Cuando Erlenvaldo prohibió al clero milanés administrar el Bautismo en la Semana Santa de 1074, faltando un crisma válidamente consagrado, ya que Erlenvaldo no reconoce las funciones de Gotofredo, Erlenvaldo pisoteó el cisma consagrado por obispos cismáticos, estallaron en Milán protestas y tumultos que se sucedieron durante varias semanas. En uno de estos encuentros en las calles de Milán Erlenvaldo es asesinado poco después de la Pascua de 1075. También el será canonizado por los gregorianos pasando así al santoral de la iglesia de Milán.

Muerto el jefe de los Patarinos, Enrique IV se da cuenta de que no podía sostener por más tiempo a Gotofredo, ya que las tensiones eran demasiado grandes, como la aversión de los milaneses contra él. Así se procederá a una nueva designación. El emperador se decide por Tedaldo, que era un clérigo milanés de la Catedral, noble. A pesar de una advertencia de Gregorio VII, Tedaldo es consagrado obispo el 04.02. 1076, quizás en concomitancia con una asamblea en Piacenza de los obispos filoimperiales lombardos.

Durante todo el conflicto entre Gregorio VII y Enrique IV, Tedaldo permanece fielmente en el lado del emperador, hasta las tres expediciones militares contra Roma emprendidas por el soberano entre 1081-1084, en las cuales participó Tedaldo a la cabeza de un contingente de soldados milaneses.

La ejecución de Erlenvaldo había decapitado el movimiento Patarínico, pero no había podido dispersar completamente a este grupo. Tedaldo con la ayuda imperial pudo dominar Milán durante diez años, aunque sus últimos días sólo estaba seguro en la fortaleza archiepiscopal de Arrona donde concluirá su vida el 25.05.1085, el mismo día en que morirá su gran adversario, Gregorio VII. Tedaldo, que nunca fue reconocido por la Sede Apostólica, siendo varias veces excomulgado.

CAPITULO VI:

LA LUCHA DE LOS GREGORIANOS CONTRA EL NICOLAISMO

Como uno de los principales objetivos de la Reforma Gregoriana, aparece hoy cada vez más la reforma de la vida del clero. La lucha contra el Nicolaísmo tiene que ver con una referencia al Ap 2,6, que era interpretado por los gregorianos como una referencia al celibato del clero. El celibato se interpretaba como consecuencia de la imagen de la Iglesia, ya que para cada sacerdote individual valía la relación Cristo/Iglesia, en el conocido símbolo del esposo y de la esposa. La esposa del sacerdote era considerada la comunidad a él encargada, el cual debía servirla con total dedicación. Esta explicación tan espiritual no expresa toda la verdad, es necesario encuadrar la investigación del celibato en un contexto mucho más amplio.

El único punto en el cual la Iglesia de los primeros tres siglos parece haber legislado es el que se refiere a la exclusión de la ordenación sacerdotal a los llamados "bígamos", aquellos hombres que habían contraído sucesivamente dos matrimonios legítimos. El matrimonio del clero era, por tanto, la situación mayoritaria, siendo considerado un hecho normal.

Durante los siglos IV-V se comienza con una legislación eclesiástica más precisa concerniente al celibato sacerdotal. Se le prohibe al sacerdote casarse después de la ordenación, y los que se habían casado antes de ser ordenado sacerdote, tenían prohibido usar del matrimonio tras la ordenación, aunque podían continuar la cohabitación con la esposa.

El I Concilio de Nicea había prescrito en el canon 3, que el sacerdote célibe no tuviese consigo otra mujer que no fuese la madre o una hermana, pero no había impuesto el celibato. El historiador eclesiástico griego Sócrates nos refiere que el Concilio habría querido introducir el celibato para los obispos, sacerdotes y los diáconos, pero se abstienen de hacerlo cuando el obispo confesor Pafnuzzio advierte al sínodo de no imponer un yugo demasiado duro. Es cierto que el Concilio a confirmado la praxis oriental, según la cual los sacerdotes célibes no podían contraer matrimonio después de la ordenación y los ya casados podían continuar viviendo conyugalmente. En este último aspecto de la continuación de la convivencia de los ya casados la Iglesia Occidental se irá diferenciando cada vez más de la Oriental. En la Iglesia Occidental se les obligaba a abstenerse de las relaciones sexuales.

Durante este período se mantenía una corriente de la Iglesia antigua que propagaba la vida virginal, como la verdadera vida cristiana, con algunos efectos entre los cuales podemos señalar que hasta tiempos muy recientes los hombres o mujeres casados no han sido venerados como santos, o si venían reconocidos como tales era por otras razones, que de uno u otro modo sopesaban el matrimonio ; por ejemplo santa Mónica, abadesa, que obtenía con sus oraciones la conversión de su hijo Agustín, o santa Elisabeta de Turinzia, canonizada cuatro años después de su muerte prematura en 1231 no a causa de su matrimonio feliz y ejemplar con Malgravio de Turinzia, que murió durante una cruzada, sino a causa de su vida penitencial tras la muerte del marido y por su empeño por los pobres y enfermos.

En la antigua liturgia latina no había un formulario para una mujer esposada, sino sólo una para las "no vírgenes ni mártires", mediante una definición negativa de las casadas. En la actual liturgia hay un Común de santas vírgenes y un Común de santas mujeres, pero no hay ningún común para casadas. Es innegable que la Iglesia desde la antigüedad ha ensalzado siempre la virginidad, mientras que la vida conyugal parecía una cosa demasiado natural para ser un medio de santificación. Es necesario tener en cuenta toda esta corriente espiritual antisexual de la Iglesia Antigua, reforzada además por los ideales ascéticos del monacato cuando hablamos de la lucha contra el Nicolaísmo en la Reforma Gregoriana, que tienen sus raíces en esta visión de la antigüedad. Esto se puede ver también en la proposición que hace san Ambrosio a su clero proponiéndoles la castidad y la absoluta continencia. Toda relación carnal, incluso dentro del matrimonio es vista como un peligro de profanación en relación con el ejercicio del ministerio y en particular de la celebración de la Eucaristía. En Ambrosio, como en otros Padres, la idea de la pureza ritual en analogía con todo lo que estaba prescrito en el AT para el sacerdocio levítico, guiará la reflexión sobre este problema.

Las leyes canónicas recogidas en las colecciones canónicas distinguían la convivencia irregular, indicada con el término concubinato y prohibida, de la legitimada por el vínculo matrimonial, que estaba permitida con la condición de que el vínculo fuese contraído antes de la ordenación, y que se practicase la continencia.

En los siglos VI-VII está documentada la presencia de un gran número de sacerdotes casados en Occidente, pero que debían siempre abstenerse de las relaciones matrimoniales, a pesar de reconocerles el derecho de convivir, de cohabitar con la propia mujer.

Durante los siglos VIII-X estás normas parecen tranquilamente violadas, sobre todo hacia el final del primer milenio. Se continúa ordenando a hombres casados con la obligación de la continencia. Comienzan a disminuir poco después aumentando el clero célibe, pero al mismo tiempo aumentan los casos de sacerdotes ordenados como célibes pero que rápidamente viven en concubinato.

En el siglo XI la iglesia ambrosiana ha defendido durante algún tiempo el matrimonio del clero como una libertad de esta iglesia, en el sentido explicado más arriba. Se une que en Italia a comienzos XI los sacerdotes seculares generalmente estaban casados, si observaban la continencia o no, no lo sabemos. Lo mismo se puede decir de España e Inglaterra. A comienzos del XI se pueden individuar esquemáticamente tres categorías de clero : los sacerdotes célibes, los sacerdotes célibes que ilegalmente cohabitaban con una mujer y los sacerdotes casados antes de la ordenación con la obligación de la continencia.

En esta situación y con estos precedentes se produce ahora la Reforma Gregoriana. Los gregorianos luchan no sólo contra el concubinato sino también contra el matrimonio legítimo del clero, por estos dos motivos :

El problema de los sacerdotes casados asume una particular significación en la sociedad feudal, por la importancia que asume en esta sociedad la propiedad de la tierra. El mismo proceso histórico que estaba transformando los feudos laicos por concesiones temporales correspondientes a servicios prestados al soberano, los principados hereditarios, este proceso podría presentarse también para las propiedades eclesiásticas. La Iglesia Latina quiere un clero célibe para evitar que la propiedad eclesiástica llegara a ser una propiedad hereditaria o se polarizase en los diversos descendientes del clero. El primer motivo fue, por tanto, la preocupación por el patrimonio eclesiástico, en cuanto éste venía explotado para el mantenimiento de los hijos del clero. El celibato era la más segura garantía que los detentores de los oficios eclesiásticos no tuviesen herederos, al menos legítimos.

El segundo motivo y más antigua raíz del movimiento del celibato era la idea de la pureza ritual, la idea de una incompatibilidad del acto sexual con la recepción del sacramento de la Eucaristía. No es casualidad que en el período Pregregoriano diversos sínodos se ocupasen de la doctrina eucarística de Berengario de Tours, que sostiene una doctrina agustiniana espiritualística de la Eucaristía, contra la corriente realística de la presencia de Cristo en la Eucaristía. La afirmación de la corriente realística ha reforzado las instancias célibes para los sacerdotes. A parte de ciertos influjos de la legislación veterotestamentaria de la pureza de los sacerdotes en los días en que ofrecían los sacrificios, en Roma se aducía ya en los siglos VI-VII una particular justificación para el celibato, una particular exégesis de la I Cor 7,5 : "no os abstengáis entre vosotros si no es de común acuerdo y temporalmente para dedicaros a la oración, y después volved a estar juntos porque  Satanás no os tiente en el momento de la pasión". San Pablo la había dicho para reducir el exceso ascético y evitar a sus partidarios de hacerse ilusiones ; por eso los esposos sólo debían separarse de mutuo acuerdo para dedicarse particularmente a la oración. A partir de aquí, una vez puesta la exigencia del celibato, se deduce que si ya los laicos deben vivir en la continencia para que su oración sea escuchada, cuanto más entonces deberán hacerlo los sacerdotes, que deben continuamente prestar servicio delante de Dios y orar por el pueblo.

No es ninguna maravilla que casi todos los sínodos desde el siglos V en adelante, comenzando en Galia, inculquen a los clérigos y en las órdenes mayores el deber de la continencia. Era condición de los gregorianos que manos que habían tocado a una mujer no podrían consagrar el cuerpo de Cristo. Para los gregorianos toda relación de un sacerdote con una mujer, incluso en el matrimonio legítimo era definido como FORNICACIÓN. La esposa era vista como una concubina. Así en este contexto "uxor" y concubina llegan a ser substancialmente sinónimos en la ideología gregoriana con relación a los sacerdotes. Son pues comprensibles las reacciones de los adversarios de la Reforma Gregoriana en este punto, los cuales se defienden aduciendo la plurisecular costumbre.

Los reformadores opone, por el contrario, a esta costumbre la verdad. La defensa de la costumbre se presenta como defensa de una situación vieja de las cosas. En segundo lugar aducen el origen del retorno a la perenne novedad del Evangelio.

En el Sínodo de Cuaresma del 1075 Gregorio VII induce a los fieles a alejarse de la liturgia de los sacerdotes casados, lo que ya había dispuesto el Sínodo romano del 1059.

Para concluir la lucha contra el Nicolaísmo hemos de notar la dificultad para hacer cumplir las disposiciones gregorianas. Hubo oposiciones en prácticamente todos los países, pero poco a poco la legislación se impone, aunque no en la práctica. La última fase de esta legislación fue recopilada en el II Concilio Lateranense de 11139 cuando el matrimonio contraído por un clérigo de órdenes mayores fue declarado no sólo ilícito sino también inválido, pero no podemos decir con esto que hasta ahora el celibato era aceptado pacíficamente.

Los gregorianos no inventaron el celibato clerical; sino que han insistido en él de una nueva manera. Eran revolucionarios, pero sus ideas no eran nuevas, pero sí radicalizadas y aplicadas con rigor. Esto vale para todos los campos para el partido gregoriano (no sólo respecto al celibato); nuevo era el rechazo gregoriano al matrimonio legítimo tenido antes de la ordenación sacerdotal. Para los gregorianos respecto al sacerdote, uxor y concubina eran sinónimos.

Dos motivos que han llevado a la insistencia del celibato en aquella época:

1)  Preocupación por el patrimonio eclesiástico (que se pulverizaba entre los varios descendientes).

2)  La idea de la pureza ritual, tomada del A.T. La actividad sexual (incluso el en matrimonio legítimo), y recibir la Eucaristía, son absolutamente (para aquella época) incompatibles. Si esto vale incluso para los esposos, con más razón para el sacerdote que debían todos los días celebrar la Eucaristía.

Por otro lado, esto se olvida frecuentemente, la rareza de la comunión eucarística en el medievo (poquísimas personas se acercaban precisamente por este problema: los esposos se debían abstener de relaciones sexuales 9 días antes de recibir la comunión); de otro modo la comunión era una sacrilegio. Hay muchas narraciones en vidas hagiograficas medievales, sobre esposos que tenían relaciones durante la semana santa y por lo mismo no podían tomar la comunión el día de pascua; y si lo hacían eran castigados por una venganza divina, de la que sólo la intervención de tal o cual santo los liberaba.

A ninguno se le escapa que las dos razones para insistir en el celibato clerical no son válidas para la iglesia de hoy. En otras palabras: las motivaciones para el celibato sacerdotal en la iglesia occidental son totalmente diversas. Según Engelbert, si se habla de la tradición milenaria del celibato sacerdotal en la iglesia latina, uno debería tener en cuenta este hecho. Como una alternativa, los gregorianos proponían la vida canonical: la vida en común del clero (monaquización del clero secular).

CAPITULO VII:

EL PAPA NICOLAS II Y EL SINODO ROMANO DE 1059

A1 morir el papa Esteban IX (Florencia, 29 de marzo 1058), los condes Tusculani, aprovecharon la ocasión para buscar su antigua posición en Roma e hicieron. elegir a Juan, obispo de Velletri que tomó el nombre de Benedicto X. Esta elección de por si no se volvía contra la reforma, pero no encontró apoyo. La monarquía alemana no había participado y Pierdamiani rechazó entronizar al nuevo papa: acto que estaba reservado al obispo de Ostia (y él era el card. obispo de Ostia). En este caso la entronización la hizo un simple sacerdote.

Los reformadores, reunidos en Siena, eligieron al obispo de Florencia, Gerardo, originario de Borgoña, el que tomó el nombre de Nicolás II (10591061); tal vez tomo el nombre de Nicolás por el santo del día de elección (6 de diciembre); o tal vez hacía referencia al papa Nicolás I (que había luchado con rigor para afirmar el primado jurisdiccional del papa en el siglo IX). Detrás de aquella elección estaba también el duque Gofredo el barbudo de Toscana. Se cree oportuno pedir el consentimiento de la corte imperial (en Alemania). Con la ayuda de Gofredo, Nicolás II pudo entrar en Roma, en enero de 1059, después que huyó Benedicto X.

Fue un breve pontificado, que dejó sin embargo trazas durables en dos campos: 1) decisiones del sínodo romano de 1059 (sobre la simonía y sobre el modo de elegir papa). 2) Este pontificado tiene un cambio de la política papal frente a los normandos. Sínodo lateranense de Pascua (1059). Manifestó el programa del papa y las decisiones se encuentran en dos textos : La encíclica Vigilantia universalis y el decreto sinodal sobre la elección papal. La encíclica tiene dos decisiones muy importantes: la lucha contra el nicolaísmo llega con esta encíclica a un nuevo nivel. Es la primera vez que el programa de la reforma gregoriana respecto a la vida del clero alcanza una formulación canónica inconfundible. Los laicos no puede acudir a misa con tales personas. El sínodo propone a todos los clérigos la vida en común. Una parte esencial de esta decisión es esta : "Ninguno oirá la misa celebrada por un sacerdote del que se sabe que convive con una concubina o una mujer clandestina. El santo Concilio, en efecto, bajo pena de excomunión, ha decidido en modo concreto sobre la castidad de los sacerdotes (del SS papa León IX, de grata memoria), que todo sacerdote, diácono, subdiácono, que tome públicamente una concubina o no abandone a aquella con la que vive, no pueda por voluntad de Dios de los santos apóstoles Pedro y Pablo y por nuestra orden formal, ni cantar en la misa, ni leer el evangelio ni la epístola, ni asistir al coro para el oficio divino..

Una segunda decisión: la simonía.  Canon 6 : "Ningún clérigo sacerdote puede recibir de ningún modo de parte de los laicos una iglesia, ni gratuitamente, ni habiendo pagado". Aquí se encuentra en este canon una extensión del concepto de simonía :."Ni siquiera gratuitamente.. Esta decisión, muy discutida en los últimos años. De dónde viene esta nueva rigidez. Se hace una relación con el tratado de Humberto de Silvacandida Adversus simoníacos y según un autor: Humberto ha escrito este tratado precisamente en el año 1059 en vista del sínodo Lateranense. Luego se trataría de la aplicación del concepto de simonía mas amplio, más radical, que el decreto sinodal romano. Es más difícil establecer la extensión del canon. ¿A qué se refiere concretamente? Antes todos eran de la opinión que se trataba de un primer caso de prohibición de investidura laica, incluido también. el rey.

Hoy, después de los estudios de Rudolf Schiffer (1981), se piensa más bien en una prohibición de investidura de iglesias menores: sobre todo parroquias, de parte de los señores propietarios laicos (de iglesias privadas). En otras palabras: no se pensó en 1059 todavía en la investidura de los obispados por parte del emperador. El padre Kempf, en su recesión del libro de Schiffer, Annales Historiae Pontificiae (1982) dice que este canon es una primera prohibición de investidura. No es todavía una lex perfecta con sanciones, pero ciertamente una declaración programática de parte de los reformadores romanos, los cuales rechazaban la investidura laica de manera general, sin atacar todavía directamente la investidura regia. A lo mejor un intento, como se hace muchas veces en política, de ver las reacciones. Y si las reacciones son negativas, entonces los políticos dicen, no, esto no es lo que habíamos pensado. Tal vez en este sentid