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EPOCA MEDIEVAL
CUARTA PARTE: EL SIGLO XI
La lucha iconoclasta se concluye en el 843. La iconoclasta había contribuido bastante a desacreditar al Imperio Bizantino en Occidente. Los emperadores iconoclastas habían mostrado poco interés por la parte occidental de su imperio. Durante la lucha iconoclasta le emperador León III había sustraído al papado la jurisdicción de la mayor parte de la Península Balcánica y del Sur de Italia y la había sometido a la jurisdicción del Patriarca de Constantinopla (731-732). Esta fecha es el comienzo de una tensión entre Roma y Constantinopla que ha contribuido directamente al Cisma de 1054.
Esta sanción imperial significó el final de la Iglesia Imperial latino-griega, que no fue un final formal sino histórico. Desde este momento la Iglesia Bizantina Imperial comprendía una parte griega y otra latina, pero desde este momento la Iglesia Bizantina Griega se convierte en una sola Iglesia Griega bajo el Patriarca de Constantinopla. La Iglesia Bizantina llega a ser prácticamente idéntica con el Patriarcado de Constantinopla. Esto empieza a sentirse sobre el propio plano de Roma, ya que el Patriarcado de Constantinopla considera cada vez más a Roma como su rival.
Esta evolución se puede observar sobre todo en el período del patriarca Focio, que apoya vigorosamente la cristianización del Islam meridional y oriental y busca extender la zona de influencia bizantina sobre todos los Balcanes.
En el tema de la jurisdicción sobre Bulgaria el conflicto entre Roma y Constantinopla sobre las zonas de interés llega a su culmen. Focio llega a ser no sólo el campeón de la independencia de la Iglesia Bizantina, sino también el portavoz de intereses vitales del estado bizantino.
En el 86 un sínodo reunido en Constantinopla, bajo la presidencia del emperador Miguel III, excomulga al Papa Nicolás I, condena la doctrina occidental de la procesión del Espíritu Santo también del Hijo (Filioque) y declara ilegales las intrusiones romanas en las cuestiones internas de la Iglesia Bizantina. El resultado de este sínodo es comunicado también a los demás patriarcas orientales.
En este momento en que Focio había llegado al culmen de su poder y había llegado a una formulación muy clara de su posición antirromana, se produce una revuelta de palacio en Bizancio. El emperador Miguel III es asesinado por un rival suyo, el cual ocupó el trono con el nombre de Basilio I (867-886). Este golpe de estado supuso también el cambio de dinastía, terminando la dinastía Amórica y comenzando la dinastía Macedónica.
Basilio I había heredado un doble cisma en Constantinopla : el contraste, en el interior de la Iglesia Bizantina, entre los partidarios del patriarca Ignacio, de una parte y los de Focio, de la otra ; y el cisma con Roma a causa del Sínodo de Constantinopla del 867. El nuevo emperador se pone pronto a trabajar. Focio, que estaba comprometido por sus ataques a la dinastía Amórica, fue recluido en un monasterio, siendo llamado de nuevo el viejo Patriarca, Ignacio, y se abrieron las negociaciones con Roma.
En el 869-870, en presencia de legados papales, se tiene un concilio en Constantinopla, que es considerado por la Iglesia de Roma como VIII Concilio Ecuménico. En el Concilio es excomulgado Focio y se restablece la unidad de las dos iglesias. Todavía permanece abierto el problema de Bulgaria de saber a qué iglesia pertenece. Al final el zar Boris de Bulgaria obtiene de Constantinopla lo que siempre había querido, la autonomía de su iglesia búlgara. De hecho el emperador Basilio permite al patriarca Ignacio consagrar para Bulgaria un arzobispo y algunos obispos, que era lo que Roma había rechazado siempre. Desde entonces Bulgaria permanece unida a la Iglesia y a la civilización Bizantina. Quizás si Roma hubiese estado más generosa Bulgaria dependería de la Iglesia Latina.
Esta relación entre Bulgaria y Constantinopla había comenzado ya con Focio, por lo que la consecución de lo que se perseguía se puede entender como una cierta rehabilitación de Focio. Focio fue llamado del exilio en el 875 y fue nombrado educador del hijo del emperador, León. A la muerte del patriarca Ignacio (877), Focio llegará por segunda al trono patriarcal, siendo reconocido en esta ocasión tácitamente incluso por Roma.
Basilio I murió en el 886 en un incidente de caza y llegó al trono su hijo León VI (886-912). Comenzó su reinado con una persecución de sus enemigos o de aquellos que consideraba como tales. Depuso a Focio, su educador, desapareciendo de la escena muriendo en el exilio, probablemente en el 891. En su lugar nombra como patriarca a su joven hermano, Esteban, que tenía sólo 18 años.
El emperador, que había recibido de Focio una óptima educación, rechazó concentrar el poder en sus manos, también mediante una nueva legislación, un nuevo Código de Derecho llamado Basiliká que concernía también a la Iglesia. El Imperio Bizantino llega a ser, por medio de ese nuevo Código, un estado centralizado y burocrático.
El emperador tendrá diversos problemas en su reinado. Por un lado con los búlgaros y árabes en la política exterior. Por otro con la Iglesia, a causa de sus cuatro matrimonios, llamado la Tetragamía del Emperador León VI. Este último problema consiste en los siguiente : el Emperador deseaba un heredero varón. Su primer matrimonio de joven, negociado por el padre, no era feliz y tampoco le daba hijos. Tras la muerte de su primera mujer, León se casó con su amante Zoe.

Tras de la muete de la primera mujer, León se casó con su amante, Zoe Zautsina (898), la cual murió al final de 899 sin dejar un heredero varón. En el 900, León tomó una tercera mujer, algo que era una abierta violación del derecho canónico bizantino. Para la iglesia bizantina ya unas segundas nupcias eran sospechosas y las terceras expresamente prohibidas, incluso por leyes estatales. Desafortunadamente también esta tercera mujer, mal aceptada por la iglesia bizantina con una dispensa, murió después de un año y León era nuevamente viudo. Mientras tanto el Emperador había puesto los ojos en una bella joven de nombre Zoe Carbonupsina la cual le dio un hijo en el 905. Ahora se trataba de legalizar ese hijo. El patriarca Nicolás Místico bautizó al niño, con la condición de que el emperador se habría de separar de Zoe. Pero tres días después de aquel bautismo León se casó, con la bendición de un simple sacerdote, pues ningún obispo lo quería hacer. Luego la nombró augusta, emperatriz.
Es fácil imaginar la indignación en los círculos eclesiásticos. El patriarca le prohibió al emperador entrar en la iglesia; pero quedaba el camino que los bizantinos usaron siempre (si tenían necesidad de apoyo contra la propia jerarquía), León VI acudió a Roma y obtuvo, en efecto, del papa Sergio III una dispensa. La iglesia latina no tenía aquella perplejidad ante el matrimonio repetido como la iglesia griega. Había también otro motivo porque el papa ha dado esta dispensa: él no podía rechazar a un emperador que se dirigía a él, y con esto reconocía de esta manera la supremacía romana. Recibida la dispensa romana, el emperador presionó al patriarca Nicolás Místico a retirarse y nombró a otro patriarca, el cual también rechazó bendecir las bodas del emperador (aquel rito solemne que el emperador esperaba). Este nuevo patriarca consintió al menos coronar en el 911 al hijo de León VI, coemperador, que llegaría a ser emperador con el nombre de Constantino VII (Porfirogenito). Al menos estaba asegurado el futuro de la dinastía. Pero con todo esto fue provocada en la iglesia bizantina una nueva división, que ni siquiera se arregló al regresar Nicolás Místico, como patriarca, después de la muerte de León VI (912), sino que duró hasta el 920. Las dos partes tenían posiciones semejantes, pero detrás estaba el problema (probablemente), ¿cuál es el rol del emperador en la iglesia, sobre todo con lo que respecta al derecho canónico ? En otras palabras, ¿el emperador puede esperar un trato diverso de los demás cristianos?
La historia del imperio bizantino y en particular de los emperadores, es una historia interminable de intrigas, complots, asesinatos, golpes de estado, deportaciones; frente a esto los sucesos del imperio (sobre todo con respecto a los mismos emperadores occidentales), aparece como una historia de santos.
Un año después de la muerte de León VI, una regencia al frente de la cual estaba el patriarca Nicolás Místico, tomó la dirección del gobierno en nombre del pequeño Constantino, cuyo nacimiento, el patriarca todavía no consideraba legítima y por lo mismo, la coronación ilegal. La situación interna era muy confusa. En el exterior el zar Simeón de Bulgaria amenazaba al imperio y soñó con la fundación de un nuevo imperio búlgaro, en vez de la vieja Bizancio. No solo un reino búlgaro independiente, sino que el tenía aspiraciones más altas: conquistar todo el Imperio Bizantino y llegar a ser emperador. Era una amenaza real porque en el 914, Simeón estuvo cerca de Constantinopla ; la ciudad de Adrianópolis se rindió. Simeón devastó Tracia. En el 918 invadió Grecia septentrional; la situación era desesperada. En esta situación tomó las rindas del gobierno bizantino el drungarios (quiere decir el comandante de la flota), Romano Lecapeno, un general. Prácticamente era un golpe de estado. El joven Constantino debió casarse con la hija de Romano y este llegó a ser co-emperador. Por fortuna para Lecapeno, el gran adversario búlgaro murió en el 927 y así siguieron algunos años de paz. Bulgaria renunció a una parte del territorio conquistado y Bizancio se obligó, para mantener la paz, a pagar tributo anual a Bulgaria; una antigua tradición bizantina para tener paz con los pueblos y las tribus hostiles, en los confines del imperio. Por otro lado el jefe de la iglesia búlgara fue reconocido como patriarca. Así la iglesia búlgara llega a ser la primera iglesia independiente (autocéfala) nacida de la misión bizantina.
Romano Lecapeno no se conformó mucho tiempo con su posición como co-emperador. En el 920 se hizo proclamar emperador principal y el legítimo, Constantino VII, fue alejando de la corte. Para la sede patriarcal de Constantinopla, Lecapeno, había previsto al propio hijo Teofilacto, el cual, en el momento de la muerte del patriarca Nicolas Místico (925), era todavía muy joven para llegar a ser patriarca. Sólo algunos años después (933), fue "elegido" patriarca, cuando tenía 16 años. Lecapeno logró superar la oposición de los críticos eclesiásticos, pidiendo la confirmación del joven patriarca de parte de Roma. El papa Juan XI (931-35), completamente dominado por su madre Marozia y por el hermanastro Alberico, dio el consentimiento.
Teofilacto fue creado patriarca de Constantinopla por dos legados romanos. Este joven patriarca estaba mejor en la escudería que en la iglesia; y esta indigna situación duró hasta su muerte (957). Una verdadera vergüenza para la iglesia bizantina y para el papado por haber confirmado a tal patriarca.
La reconquista del sacro mandilion (la imagen legendaria de Cristo), una de las grandes reliquias del imperio bizantino fue el último triunfo militar de Romano Lecapeno. En 944 en viejo emperador fue llevado por los propios hijos a una isla, donde murió en el 948. Pero inesperadamente para los jóvenes Lecapenos, que habían depuesto al propio padre, reapareció Constantino VII (Porfirogenito) en escena, el cual, después de una larga existencia a la sombra de los Lecapeno, llega a ser emperador del 945 al 959.
El rol histórico de Constantino no está en su política, sino en su actividad cultural y literaria. El mismo es autor de varias obras políticas que todavía hoy son fuentes fiables para el conocimiento del imperio bizantino de aquella época. Por ejemplo ha escrito un libro de las ceremonias, donde podemos estudiar el muy complicado ceremonial de la corte de Bizancio. Y un tratado histórico-geográfico sobre los países y pueblos extranjeros de los límites del imperio. Esta obra tiene como título De la administración del imperio, es preciosa porque da muchas noticias sobre estos pueblos, de los Balcanes, de los cuales no tenemos otras fuentes. En la política interna, el gobierno de Constantino VII se mantuvo en la línea inaugurada por Romano Lecapeno, trató de proteger la pequeña propiedad agraria, contra el egoísmo de los grandes feudatarios: una iniciativa sin grandes éxitos. Característica del gobierno de Constantino fueron las relaciones diplomáticas con las cortes extranjeras : la relación con Othon I; con Berengario II de Italia; con Abde-raman III de Córdoba. Particularmente importante era la visita de la princesa rusa Olga, viuda del príncipe Igor (entre 955-57). La princesa Olga fue bautizada por el Patriarca de Constantinopla, recibiendo el nombre de Elena y siendo el propio emperador el padrino. Este bautismo fue un paso decisivo para la evangelización del principado de Kiev.
El hijo de Constantino II, Romano II, subió al trono en el 959. No era un político, sino una persona del todo insignificante. Se enamoró de una mujer del todo inmoral, hija de un hospedero, que como emperatriz tomó el nombre de Teofane. Romano estaba totalmente sujeto al encanto de esa mujer, la cual tomó como primera medida obligar a la madre ya las cinco hermanas del emperador a ingresar en un convento.
Los asuntos del Imperio estaban en manos del general Nicéforo Focas, que provenía de una familia de ricos propietarios de Anatolia. Después de la muerte prematura de Romano II (963), Nicéforo se casó con la emperatriz Teófane llegando así a gobernar el imperio como emperador y a emparentar con la legítima dinastía Macedonia. Su elevación significaba al mismo tiempo una victoria para la aristocracia bizantina. A partir de ahora el gobierno central ya no luchará contra los ricos latifundistas, sino que Nicéforo protegerá a estos señores feudales contra los pequeños campesinos.
Ante Otón I, Nicéforo hizo oídos sordos a todas las súplicas de buenas relaciones, en particular se negó a conceder a Otón II una princesa Porfirogenita para que fuera su esposa, como era el deseo de Otón I ; debemos recordar en este episodio el maltrato a que se vio sometido el enviado de Otón I, Liudprando.
Nicéforo, después de los extraordinarios éxitos de sus campañas militares en Oriente, con la recuperación de Antioquía, y la conversión de Alepo en un estado vasallo, sabiendo de su potencial militar se interesó sobre todo en la guerra contra el Islam, que la concebía como una especie de misión sagrada. Quería que todos los soldados muertos en las batallas contra los musulmanes fueran considerados mártires.
La emperatriz Teofane se enamoró de otro general más joven, Juan Tzimiskes, que se convierte en su amante. Será la propia emperatriz la que prepare la muerte de su marido, Nicéforo en el 969. Con esta muerte, Juan Tzismiskes será el nuevo emperador (969-976), para ser reconocido como tal por la Iglesia Bizantina, fue obligado a hacer penitencia, a echar a Teófane del palacio, y castigar a los asesinos de Nicéforo. Sólo entonces el Patriarca le permitió el ingreso a la iglesia y la coronación. El historiador Ostrogorsky, escribe al respecto: "Esta Canossa bizantina no podía quedar sin consecuencias en las relaciones Iglesia Estado".
Para la historia de la Iglesia bizantina, vale la pena mencionar dos sucesos importantes del gobierno de Tzimiskes:
· después de haber vencido a los rusos en 971 (se habían apoderado de Bulgaria); Tzimiskes ponía a Bulgaria bajo el dominio bizantino; la familia del Zar, fue llevada a Constantinopla y el patriarcado búlgaro, fue suprimido; se convirtió de nuevo en una extensión del poder bizantino.
· la relación con Othon, cambió con Tzimiskes radicalmente; mandó a Roma, no la deseada princesa Porfirogenita, sino al menos su sobrina, Teofane, con la que Othon II se casó en 972. Así Juan Tzimiskes tuvo la mano libre en su guerra contra el califato de Bagdad; irrumpió en Tierra Santa, y no estando lejos de Jerusalén, pero no la atacó, regresó a Constantinopla enfermo de gravedad y murió (977).
Mientras, los dos hijos del emperador Romano II, Basilio y Constantino habían llegado a la mayoría de edad. Pero sólo Basilio II tenía interés por el gobierno y la capacidad para llegar a ser emperador. Reinó del 976 hasta 1025. Con él, el imperio bizantino llegó a su apogeo. Sólo en los primeros años debía plegarse a la voluntad de su tío, el eunuco Basilio Lecapeno, ministro omnipotente y sólo a su caída logró pensar en una política propia. Además, debió defenderse por doce años de los pretendientes al trono. En la última gran batalla, venció sólo con el apoyo del príncipe de Kiev, Vladimir, y el precio de esta ayuda fue la hermana Porfirogenita de Basilio, Ana, que después del bautismo de Vladimir, fue esposada con él.
Hasta ese momento ninguna princesa Porfirogenita se había casado con un extranjero. Era un extraordinario honor para el príncipe de Kiev; Y se entiende que la corte bizantina quiso no cumplir la promesa dada, después que había pasado el peligro. Sólo porque Vladimir amenazó los territorios bizantinos en Crimea (el resto del imperio bizantino en esa región; para hacer más presión a su petición) el emperador se resignó a entregar a la princesa. El matrimonio se llevó a cabo probablemente en el verano del 988: y ese fue el inicio de la cristianización de Rusia.
La tarea principal del gobierno de Basilio II era la campaña balcánica contra los búlgaros, que después de la muerte de Tzimiskes, se habían vuelto a liberar del dominio bizantino. Su jefe era Samuel, uno de los soberanos más grandes de toda la historia búlgara. Capital del nuevo reino búlgaro era la ciudad de Ocrida (se encuentra en la actual república de Macedonia -la ex-Yugoslavia-), en el límite con Albania. Así ven, que la actual república Macedonia era no sólo parte de Bulgaria, sino que llega a ser propiamente el centro. E incluso el nuevo patriarca búlgaro, después de la renovación del patriarcado, se estableció precisamente en Ocrida.
La lucha de Basilio II contra los búlgaros duró casi 30 años. Sus aliados eran los venecianos. La victoria decisiva sobre el ejército búlgaro se tuvo en 1004, no lejos de la ciudad de Skoplje, actual capital de Macedonia. La gran victoria de los bizantinos sobre los búlgaros: el zar logró huir, pero Basilio II festejó la victoria de un modo horrible, hizo cegar a todos los prisioneros (según las fuentes era 14000 y los mandó en grupos de cien, guiados por uno con un solo ojo); el pobre zar Samuel, se descorazonó al ver esta atrocidad y murió dos días después. Y Basilio recibió el nombre de Bulgaroctono, .matador de los búlgaros..
En 1018 este primer reino Búlgaro de la historia encontró su fin definitivo. El patriarcado de Ocrida fue degradado a arzobispado, con una cierta autonomía, lo que permitía al emperador bizantino meterse en los asuntos de la zona, sin el parecer del patriarca de Constantinopla. Serbia y Croacia quedaron como estados vasallos. Un segundo reino búlgaro no apareció hasta 1185. Por el momento toda Bulgaria era parte del imperio bizantino.
Los asuntos de la Iglesia y el Imperio quedaron estrechamente ligados. El emperador podía hacer valer su autoridad en la Iglesia y el patriarca también podía intervenir en asuntos públicos. El modelo teórico de esta relación entre Imperio bizantino e Iglesia bizantina era aquello que los estudiosos llaman corpus christi politicum : y esto no permitía una separación de los dos poderes; bajo este aspecto se explica la posición importante del emperador en la Iglesia. Como todo fiel estaba ligado a las leyes de la Iglesia pero al mismo tiempo era vicario de Dios y defensor de la ortodoxia. Sin embargo si el poder imperial llega a ser demasiado influyente en el interior de la Iglesia, encontró oposición. La fórmula que usamos nosotros para caracterizar esta relación no corresponde exactamente a la realidad de la relación Estado-Iglesia en Bizancio. Un tal término de cesaropapismo presupone un antagonismo entre dos instituciones autónomas; mientras en Bizancio todo estaba jurídica y teológicamente unido. Estado e Iglesia eran sólo dos caras de una sola cosa y en la persona del emperador se conjugó esta unidad. Naturalmente uno piensa luego, cuáles son las semejanzas y diferencias en la relación de los othones con el papado y la Iglesia en occidente; ciertamente no son simplemente idénticas. Las relaciones de los emperadores de occidente con los papas no eran nunca tan entremezcladas, como en Bizancio con la Iglesia bizantina. Aunque generalmente hay muchas analogías, pero, hay más diferencias.
Respecto al patriarcado de Constantinopla podríamos decir que su importancia había crecido después de la pérdida de los países orientales (por el Islam) y de la no relación con la Iglesia occidental, todo esto llevó al patriarcado de Constantinopla a un mayor poder. La elección del patriarca estaba reservada desde el s. IX a los metropolitanos; el cual comprendía, desde la intervención de León III, el antiguo Ilirico : los Balcanes y el sur de Italia. Los metropolitanos reunidos en sínodo proponían tres candidatos de los que el emperador escogía uno, si no se había decidido ya por otro personaje, lo que sucedía con mucha frecuencia. Tras la elección la investidura solemne la realizaba el emperador.
Desde el siglo VIII prevalecían los monjes como candidatos electos para patriarcas, incluso en casos particulares, también se escogían laicos, que recibían todas las ordenaciones una tras otra. El ejemplo más famoso es el de Focio, que en un arco de ocho días recibió todas los órdenes sagrados. El nombramiento de un patriarca contra la voluntad del emperador era prácticamente imposible.
Con el Patriarca había un sínodo permanente llamado Sínodo Endemúsa (.que se hace en casa.), compuesto por los obispos que vivían permanentemente en Constantinopla o que se encontraban allí por casualidad ; el número de obispos era cambiante. Lo cierto es que había una tendencia, muchas veces criticada, por parte de los obispos de quedarse en la hermosa ciudad de Constantinopla, la cual ofrecía muchas posibilidades para la distracción, y suponía un alejamiento y abandono de sus diócesis en el campo. Este Sínodo ejercía un gran influjo en la elección del nuevo patriarca, incluso si un patriarca no gozaba de la confianza del emperador podía presionarlo para que abandonase el cargo. Además para ejercer sus funciones, el patriarca teóricamente estaba ligado al consentimiento del Sínodo.
El patriarca estaba en el vértice de una basta jerarquía, de la que los obispos del Sínodo eran, por así decirlo, sus representantes. Los numerosos obispados del imperio estaban reunidos en distritos metropolitanos que correspondían más o menos a las antiguas provincias del Imperio. La elección de los obispos estaba centralizada en Constantinopla, de nuevo, por medio del Sínodo Endemúsa. Este Sínodo proponía al patriarca tres candidatos, que el emperador aprobaba o vetaba, por lo que la decisión del emperador era fundamental para la elección.
Los candidatos para el episcopado debían ser célibes y, en general, eran escogidos de entre los monjes. Clérigos y obispos recibían su paga de los bienes de la iglesia catedral, recibiendo diferentes emolumentos cada uno. Había iglesias ricas y muy pobres, de ahí el deseo de pasar de una diócesis a otra entre los obispos. Los ingresos del clero bajo, sobre todo el rural, eran muy escasos, si no tenían réditos del llamado clericaton, algo semejante al beneficium de la Iglesia Occidental, siendo un fuente de ingresos independiente de las limosnas.
El nivel intelectual del clero era muy diverso. Mientras en el alto clero encontramos muchos miembros que poseían una óptima formación, incluso en disciplinas profanas, en general los simples clérigos a penas estaban capacitados para leer y escribir, cosa que también ocurría en Occidente.
Junto a la jerarquía tuvo siempre mucha importancia en la Iglesia Bizantina el monacato, que ha mantenido siempre su carácter contemplativo. El número de monjes era siempre mucho menor que en Occidente, por lo que la mayoría de los monjes eran laicos. Este monacato nunca ha querido organizarse en grupos de monasterios, lo que en Occidente se llamará congregaciones. En muchas ocasiones se opuso al emperador en diversas luchas, como por ejemplo en la lucha iconoclasta, aunque en general no se mezclaba en política. El centro más notable del monacato bizantino de este momento será el Monte Athos (Agion oros = Monte Santo) ; esta denominación le vino dada en un .crusoboullon. (bula de oro), documento típico de la dinastía Macedónica, dado por Constantino IX Monomakos en el 1046. Tenemos pocas noticias sobre el inicio del monacato en este monte. Los primeros monjes atonites vivían como eremitas. En la segunda mitad del IX aparecieron las colonias de eremitas, las llamadas lauras, pero los monjes seguían viviendo solos aunque se reunían para algunos servicios litúrgicos y se ponían bajo un padre espiritual. Esta organización no fue inventada aquí sino que fue importada de Palestina.
En otro crusoboullon de Basilio I del año 885, se reservó el Monte Athos a los ascetas, con exclusión de cualquier laico, siendo la regla que rige hasta nuestros días. A finales del IX comienza la construcción de monasterios, dándose entrada a la vida cenobítica. El verdadero fundador del monacato cenobítico es Atanasio Atonites, muerto en torno al 1000. Era amigo y confesor del general Nicéforo II Focas ; con su apoyo financiero comienza hacia el 963 la construcción del primer monasterio llamado la Gran Laura, todavía existente. Como egoumhnos (abad), Atanasio hizo también una regla influenciada no sólo por el tipo del Monasterio Studion (monacato Studita), sino también por la Regla de San Benito. Pedía una ascesis moderada y una vida de oración y trabajo, como en la Regla de San Benito. Esta regla provocó la indignación de aquellos monjes eremitas que querían continuar con su antigua tradición esicasta (vivir solos o en pequeños grupos con una ascesis rigurosa individualista.
Para evitar la lucha entre estas dos facciones de monjes el emperador Juan Tzimiskes hizo redactar un Tyrikon, probablemente encargándoselo al abad Eutimio el Studita, que se mantiene hasta nuestros días como la base de la vida monástica en el Monte Athos. El Typikon da una cierta flexibilidad a la vida monástica, teniendo la preponderancia la vida cenobítica ; también permite que se pueda vivir como eremita.
Todavía en tiempos de Atanasio aparecieron otros monasterios como el de Vatopédi, fundado en el 985. Tres monjes georgianos, contemporáneos de Atanasio, fundarán el Monasterio de Iviron (Ibhrwn) para los monjes de Georgia. Por último señalar la abadía benedictina fundada por un hermano del príncipe Pandolfo de Capua en el Monte Athos, hoy desaparecida.
A partir del XI llegaron cada vez más ascetas eslavos, de este modo el Monte se fue convirtiendo en una república monástica con 20 grandes monasterios y algunos pequeños. Ciertamente era un centro espiritual para la cristiandad bizantina, pero tuvo siempre un papa en las diversas naciones de confesión ortodoxa, no olvidando las rivalidades entre las diversas nacionalidades en el Monte Athos.
Hacemos ahora referencia a dos movimientos heréticos que llegaron a ser importantes en esa época, no sólo en la iglesia bizantina sino también en otras regiones. Los Pauliciani y los Bogomili, La crítica a la Iglesia y a las condiciones sociales; aquellas condiciones que eran apoyadas por la iglesia oficial, estaban siempre presentes en la historia bizantina. En particular era siempre criticado el contraste del mensaje bíblico, que invitaba al simple testimonio, al servicio de caridad, por un lado y la riqueza de la iglesia, el espacio de las manifestaciones eclesiásticas ; las reivindicaciones de poder de parte de la jerarquía; todo este contraste era ásperamente criticado en todos los periodos de la iglesia bizantina Esta crítica fácilmente se podía unir, también, con una crítica de la doctrina misma de la iglesia. En la cristiandad bizantina habían llegado a ser influyentes sobre todo estos dos movimientos heréticos, que no se limitaban a criticar sólo el aspecto externo de la vida eclesial, sino también la doctrina ortodoxa.
Los Pauliciani aparecen por primera vez en un sínodo armenio celebrado en Dowin (719), centro eclesiástico de Armenia (del primer medievo). Es el primer testimonio de esta secta o herejía. La secta apareció probablemente en el s. VII (algunos dicen que antes), y fuera del territorio bizantino, en Armenia. Partiendo de la Armenia menor, aquella zona del imperio bizantino a donde muchos emigraron. Se difundió luego a otras zonas, favorecida por la miseria social; querían dar una respuesta a la miseria del pueblo simple. Nuestro conocimiento sobre esto se limita en gran parte a los escritos polémicos del patriarca armeno, Juan Otzum (717.28); y a los tratados de un escritor bizantino, Petros Sikeliotes (850.879). Estas son las dos fuentes principales sobre los Pauliciani. No tenemos las fuentes auténticas de los mismos Pauliciani sino solamente fuentes de parte de los adversarios, por lo mismo es difícil evaluar exactamente las intenciones de la secta misma. En la polémica eclesiástica fueron llamados Pauliciani, porque su fundador se llamaba Paulo (o tomo este nombre), sus colaboradores tomaron los nombres de los compañeros de san Pablo, que conocemos por el N.T. No sabemos nada más de este fundador. Los polemistas bizantinos y armenos han visto en los Pauliciani un neomaniqueismo, porque en contraposición con la iglesia, sostenían una doctrina dualista, dos principios opuestos que estarían en la base de todo aquello que existe.
Sobre todo la experiencia de la injusticia, resultado de la desigualdad social, que se daba en la sociedad bizantina y que provocará la afirmación de que el mundo existente no puede venir de un creador bueno Ante el sistema feudal de la iglesia estatal, los Pauliciani querían restablecer la simplicidad social y teológica de la iglesia primitiva, retornar a la iglesia primitiva. Distinguían entre un principio malo, creador del mundo material y el buen creador del cielo y de las almas. Cristo, portador de la salvación, no podía tener un cuerpo material, sino que tenía que tener un cuerpo ficticio. Los Pauliciani rechazaban el A.T., como testimonio de la creación material. La cruz no tenía ningún sentido para ellos pues Cristo no había muerto en realidad sobre la cruz. Estas doctrinas en parte vienen de los gnósticos y en parte del maniqueísmo. Las imágenes de los sacramentos, relacionados con la materia, eran rechazadas o interpretadas de un modo espiritualista: el sacramento de la Eucaristía, significa sólo palabra de Cristo (es su cuerpo y su sangre; no las mismas especies, sólo la palabra). Sosteniendo la necesidad de una vida simple, condenaron todo tipo de poder como un mal.
A causa del programa del emperador Constantino V, Coprónimo, que conocemos como uno de los emperadores iconoclastas (es más, el más grande iconoclasta) de cambiar parte del pueblo sirio y armeno a otras regiones del imperio, los Pauliciani fueron a acabar en zonas donde no estaban antes, sobre todo en Tracia (norte de Grecia). Sin embargo no sabemos nada sobre el influjo de los Pauliciani en los asuntos de iconoclasmo del emperador (más bien se excluye). Los Pauliciani así presentes en el imperio bizantino comenzaron a florecer, sobre todo durante el tolerante gobierno del emperador Nicéforo I (802.811). Luego comenzaron las persecuciones con los emperadores siguientes. Campañas de castigos : en Anatolia (Asia menor) a mitad del siglo IX; y sobre todo por su alianza con los musulmanes, cuando los Pauliciani fueron perseguidos, se comenzaron a aliar con los enemigos. Y todo esto llevo a la secta a su declinación.
La secta de los Bogomili comenzó en una situación de crisis en el primer reino búlgaro (aquí también hay un problema social del pueblo simple y pobre). Las numerosas guerras llevadas a cabo por el zar búlgaro Simeón, habían agotado al territorio búlgaro, pero al mismo tiempo, estas guerras habían acabado las fuerzas del país. Las condiciones feudales de Bulgaria, la pobreza de la población rural; el contraste entre su miseria y la riqueza de la clase dirigente, que imitaba la vida de lujo de los ricos bizantinos y sus caprichos; todo esto junto, había provocado, bajo el zar Simeón, revueltas en Bulgaria.
En cuanto a la iglesia búlgara era un espejo de aquella sociedad, mientras el bajo clero estaba mal formado, descontento, apenas se podía distinguir de la población rural; la jerarquía se comportaba según el ejemplo bizantino, con numerosos privilegios, propiedades de tierra a menudo olvidaba sus deberes espirituales y llevaba una vida cómoda cercana a la corte. Estos son las premisas del nacimiento de los Bogomili. Esta situación social, eclesiástica en Bulgaria.
En el Tratado de Cosme el sacerdote, (972), principal fuente para el conocimiento de los Bogomili, se admite . que los simples campesinos no tienen tiempo de dedicarse a la oración, pues están muy ocupados por sobrevivir y proveer al mantenimiento de la propia familia, debiendo trabajar para los príncipes, sufrir injurias de los militares, y oprimidos siempre por los grandes.; ante lo que Cosme, sólo les recomienda que pueden orar de noche. Estas condiciones les llevaron finalmente a una insurrección a los Bogomili.
Como atestigua el mismo Cosme: un sacerdote con el nombre de Bogumil (que significa uno que ama a Dios), comenzó a predicar, provenía de un pueblo de montaña de Macedonia. La designación misma Bogomili, revela algo de la autoconciencia de la secta Bogomili: son aquellos que se consideran así mismos cercanos a Dios, que aman a Dios. Se sienten como verdaderos cristianos frente a la iglesia oficial y quieren hacer volver a la iglesia, que ha traicionado el mensaje de Cristo, a la pureza primitiva. Cosme les cambiará el nombre siguiendo su estilo polemista y los llamará Bogunemil, es decir, .los que no aman a Dios.. Al inicio del movimiento, está en el centro de su interés, el motivo ético: separarse de aquella sociedad injusta, inmoral, y de la iglesia que está mezclada en esta sociedad, para regresar al Dios verdades mediante la oración y la penitencia, en pobreza apostólica. Las directivas, además del decálogo, en particular el sermón de la montaña; los mandamientos bíblicos de la caridad, no mentir, no robar, etc., tomaban el ideal de la iglesia antigua y rechazaban todo tipo de riqueza y de poder; todo derramamiento de sangre; algunos rechazaban también la muerte de los animales para alimentarse, vivían como vegetarianos. De una manera desconocida, reconocían la igualdad de derechos para las mujeres, y no había distinción entre hombre y mujer entre ellos. Poco a poco su doctrina se mezcló con teorías dualistas, aunque es difícil establecer un nexo directo con los Pauliciani, es posible por medio de Tracia donde vivían tal vez algunos Pauliciani escondidos, y Bulgaria, que estaba cercana. Pero no sabemos nada en concreto; sin embargo en esta fase los Bogomili sostenían que el mundo había sido creado por una ángel renegado, que llamaban satanael y rechazaban, como los Pauliciani, las partes del A.T. que se refieren a la creación. Su ética rigurosa era posible vivirla sólo para una minoría; se produjo una distinción entre perfectos y otros fieles, como en el maniqueísmo.
Cuando los Bogomili se difundieron en el territorio bizantino, estas características dualistas se acentuaron. El creador llega a ser un poder opuesto a Dios, un principio malvado. La difusión de bogomilismo en el imperio bizantino aumenta después de la caída del primer reino búlgaro y la agregación de éste al imperio bizantino. Entonces los Bogomili que vivían en Bulgaria podían fácilmente entrar en el imperio bizantino y difundieron sus creencias. Iglesia y estado bizantino se vieron amenazados en igual modo y tomaron juntos los medidas, pero solo a la mitad del siglo XII, consiguieron acabar con esta secta en el imperio bizantino. Sin embargo en aquella persecución cruel de parte del poder bizantino, los Bogomili pudieron huir a Bosnia y a través de ella, entrar en Italia y Francia. Y así el bogomilismo es el padre del catarismo occidental.
En Bosnia nació finalmente una verdadera iglesia bogomila, que después de la conquista de Bosnia, de parte de los turcos (siglo XV), pasó al Islam. Los musulmanes de Bosnia son en gran parte los herederos de los Bogomili del medievo, y tal vez esto explica algo de las características del Islam bosníaco en nuestros días; puede ser que después de aquella catástrofe de Bosnia, con el influjo de otras potencias islámicas, sobre todo de Irán, fundamentalistas, el Islam bosníaco. Hasta entonces era un Islam muy moderado, no del todo ortodoxo, pues derivaba del bogomilismo y los Bogomili cuando llegaron los turcos preferían convertirse al Islam antes que llegar a ser cristianos
Posiblemente los comienzos del cristianismo entre los eslavos orientales se deba a los monjes griegos que habían huido a la orilla septentrional del mar Negro en el territorio eslavo, durante las luchas iconoclastas del siglo VIII. Sin embargo las primeras huellas de un contacto de aquella población con el mundo cristiano, lo encontramos en la segunda mitad del siglo IX, en la época en la cual las tribus de los eslavos orientales se unieron en un reino llamado de los rustikiev. Respecto a aquel nombre, del cual naturalmente deriva Rusia, en fuentes griegas encontramos .rvs. y en fuentes latinas .rus.. No es una palabra eslava (en el origen), sino escandinava (rimatori), son los vikingos, los svedesi (en otras zonas eran llamados normandos); en aquella zona llamados barreghi, que se fueron infiltrando lentamente a través de Escandinavia a esta zona. Crearon un reino en Kiev. Ellos eran la clase dirigente, la gran masa eran eslavos. En una segunda fase estos vikingos se asimilaron a la población eslava. Los centros eran Kiev y en el norte, Norkorov. Y toda esta federación comprendió también el territorio donde nacería en el siglo XII la ciudad de Moscú, que en ese momento no existía todavía.
Los contactos con la civilización occidental: los Annales Verchinianni, que son una fuente importante del siglo IX (carolingio), en Francia occidental, refieren que en el año 839, estuvo una delegación del pueblo .rvs. en la corte del emperador Ludevico el Pío en Ildesheim (Renania). Los Annales Verchinianni hablan de una embajada del emperador bizantino Teófilo, el último emperador iconoclasta a Ludovico el Pío. "Con los enviado a el emperador mandó también unos hombres que se decían llamar en dicho pueblo Russi (Rus); su rey, que tenía el nombre de Chaganus (una palabra turca para llamar señor) les había mandado decir cuanto ellos afirmaban, para establecer relaciones amigables". Esta es la más antigua mención historiográfica escrita sobre la aparición de los Russi en la escena de la historia mundial. Sin embargo esta breve relación no responde a dos preguntas que podremos hacernos: 1) De dónde venían exactamente ; 2) Qué han hecho después de la visita a Ildesheim, ante Ludovio el Pío. Con respecto a la primera pregunta podemos afirmar que estos Russi con mucha probabilidad eran svedesi (suecos), guerreros o comerciantes: como vivían muchos en el este de Europa. El título de su rey Chaganus, puede ser un indicio de que venían de Kiev; luego un primer contacto de los príncipes de Kiev con el imperio bizantino; pues antes de venir a visitar a Ludovico habían estado en Constantinopla; llegaban con una embajada bizantina. Respecto a la segunda pregunta, si regresaron a Kiev, lo que es probable, prepararon el terreno para una futura cristianización.
Es cierto que antes de la mitad del siglo X existía una pequeña comunidad cristiana en Kiev; puede ser que estos primeros contactos hayan llevado a la formación de esta comunidad cristiana. Un paso decisivo para la cristianización es el bautismo de la princesa Olga, la cual después de la muerte del príncipe Igor (945.46), había tomado la regencia por el hijo menor, Svjatoslav. La fuente principal de este periodo y para toda la fundación de Rusia, es la más antigua crónica rusa, una obra del siglo XII, redactada teniendo a mano material más antiguo por el monje Nestor de Kiev : Racconto dei tempi passati, o también se habla de la Crónica de Néstor, que es solamente un redactor posterior. Según la Crónica, Olga habría venido a Constantinopla en tiempo del emperador Constantino VII, Porfirogénito, que se habría enamorado de ella y habría querido hacerla emperatriz, con la condición previa de dejarse bautizar. Ella estaba de acuerdo, pero con la condición de que el emperador fuera su padrino. Y así sucedió. El patriarca la bautiza. Cuando el emperador, después del bautismo, renueva su propuesta de matrimonio, Olga, se burla de él ya que un padrino no puede desposar a su ahijada. El emperador confiesa que ha sido engañado por ella y la despide con reverencia, después de haberla llamado, .su hija.. Ella retorna a su país en paz y con la bendición del patriarca. Esta es la narración de la Crónica de Néstor. Un bello cuento pero poco fiable.
Constantino Porfirogénito estaba casado ya en tiempo de la visita de Olga a Constantinopla (954.55). La emperatriz misma, Elena, participaba en el recibimiento de Olga. Sin embargo es segura su visita a Constantinopla. Pero no es del todo seguro que haya sido bautizada en Constantinopla. Hay tres versiones para el bautismo de Olga: 1) la Crónica de Néstor, en forma anecdótica; 2) el cronista bizantino Juan Skylitses del siglo XI; el habla del bautismo de Olga en Constantinopla, pero sin la historia de Néstor ; 3) una fuente occidental, la continuación de la Crónica de Reginone de Prûn, que tiene como probable autor al monje Adalberto, más tarde arz. de Magdburgo. Según él, Olga ha sido bautizada en Constantinopla y tomó el nombre de Elena. Las tres fuentes concuerdan sobre el hecho mismo del bautismo de Olga en Constantinopla. ¿Por qué, pues, no obstante estos testimonios independientes entre ellos, la duda sobre el bautismo de Olga en Constantinopla de parte de algunos estudiosos ? Este bautismo es negado por todos aquellos que consideran el Libro de las ceremonias escrito por Constantino Porfirogénito, como una fuente de primera clase. Este libro no sólo contiene disposiciones sobre el modo de recibir embajadas extranjeras, sino también relaciones sobre visitas hechas en Constantinopla, e incluso la de la princesa Olga. Según Orstrogorzki, el Libro de las ceremonias no habría omitido un acto tan importante como el bautismo, si Olga verdaderamente, en esta ocasión de su visita, hubiera sido bautizada. El libro de Constantino no dice nada. Según Orstrogorzki, Olga recibió el bautismo en Kiev (954) y la visita tuvo lugar sólo en 957.
Se supone que Olga en Constantinopla haya intentado obtener una autonomía eclesiástica, en el caso de la conversión de su país. Y esto se saca del hecho que, como en otro tiempo Boris I (de Bulgaria) envió en el 959 una embajada a Othon I, pidiendo un obispo y misioneros. Entonces también había contactos de Olga con la iglesia othoniana. Othón designó como obispo al monje Adalberto del monasterio de san Maximino (Treveris), el cual regresó después de un año, sin resultado ninguno llegando a ser en el 968 el primer arz. de Magdburgo.
El fracaso de la misión othoniana latina, tal vez se debió a varios motivos: uno, la actitud hostil respecto al cristianismo del hijo de Olga, Svjatoslav También se ha expresado la sospecha de que Bizancio hubiera apoyado la reacción pagana de Svjatoslav para no llegar a una alianza del estado de Kiev con Othón I, apenas coronado emperador en Roma. La iglesia rusa venera a Olga, la primera de la familia que recibió el bautismo, como santa y como quien ha preparado la evangelización.
El bautismo de la Rus, del estado de Kiev, se produjo con el príncipe Vladimir (978.1015). La Crónica de Nestor describe la aceptaci6n de la fe cristiana de parte de Vladimir (988); luego, el bautismo sería el resultado de un examen de las religiones existentes en los países vecinos, antes de aceptar el cristianismo en la forma bizantina, Vladimir y los voyiari (los grandes), deseaban informarse. Según la Crónica (986) fue enviada una embajada a los búlgaros que se habían adherido al Islam (en las cercanías del estado de Kiev). Cuando Vladimir oyó, de los enviados que regresaban, que el Islam prohibe el vino, habría dicho: .nosotros, rusos, bebemos con placer, sin él no podemos vivir., de este modo el Islam quedaba excluido. Luego fueron con los alemanes, es decir la fe romana (cristiana), fue rechazada sin gran examen. Luego los hebreos, que debieron admitir que Dios los había dispersado sobre toda la tierra, por razón de los pecados de los padres. Vladimir, habría dicho: .cómo pueden enseñar a otros, si han sido repudiados por Dios y dispersado.. Más detallada fue la relación sobre el coloquio tenido con el representante de los griegos, un filósofo. La polémica contra los latinos, el uso del pan ázimo en la eucaristía (es probable que esta parte haya sido escrita sólo después del 1054). Valdimir el grande decidió (987) examinar toda fe en su propio lugar, excepto la fe hebrea. Respecto a los musulmanes, los enviados refieren: .no hay gozo en ellos sino tristeza profunda. No es buena su fe. Luego fuimos con los alemanes y hemos visto que en los templos muchos ritos se oficiaban, pero no encontrábamos nada hermoso.. Sólo los que fueron a Constantinopla regresaron con entusiasmo hablando de la belleza de la liturgia bizantina y decían: .hemos visto donde oficiaban en honor de su Dios, y no sabíamos si nos encontrábamos en el cielo o en la tierra; no habíamos visto en la tierra un espectáculo de tal belleza, y no logramos describirlo. Sólo por esto sabemos que ahí esta Dios, porque sus ritos son mejores que los demás países . Todavía no podemos olvidar aquella belleza. Todo hombre que prueba el dulce, después no acepta lo amargo, así pues, nosotros no seremos ya paganos. Y así Vladimir y los grandes decidieron bautizarse en el rito bizantino.
Esta relación retrospectiva y legendaria de la Crónica de Néstor, ilustra aquello que ha estado en primer lugar hasta hoy: es decir, la experiencia del misterio de Dios en la liturgia; o también, belleza como signo visible de la gloria futura; contemporáneamente también expresión del gozo acerca de la venida de Dios en el misterio de la encarnación. Esto es un reflejo de la concepción teológica-espiritual de los bizantinos.
La ocasión concreta del bautismo de Vladimir y la Rustikiv, eran acontecimientos políticos. El emperador bizantino se encontraba en una situación desesperada: los búlgaros habían derrotado en 986 al ejercito imperial bizantino. Animados por la derrota del emperador, magnates bizantinos y señores feudales se rebelaron. Un pretendiente al trono, Barda Foca se acercó a Constantinopla para atacar la ciudad por tierra y mar. Sólo una ayuda que viniera del exterior podría salvar al emperador de la caída. Basilio II solicitó ayuda al príncipe ruso Vladimir. En la primavera de 988 un contingente ruso (6000 hombres) apareció en el territorio bizantino. Bajo la dirección personal del emperador los rusos derrotaron a los rebeldes totalmente. Como premio por haberlos salvado, el príncipe de Kiev, se habría casado con una princesa porfirogénita, Ana, la hermana del emperador, con la condición de que Vladimir y su pueblo recibiera el bautismo. Se trataba de una concesión muy grande, inaudita; nunca hasta entonces una princesa porfirogénita se había casado con un extranjero. Esta relación estaba contra la tradición bizantina, su orgullo ; de tal manera que en Constantinopla, ya que el peligro había pasado, se quiso desdecir de aquella promesa. Para presionar a los bizantinos a ceder a la princesa, Vladimir debió atacar las posesiones bizantinas en Crimea y ocupar la ciudad de Querson. Se presume que Vladimir se hizo bautizar el día de Epifanía del 988. E1 lugar es desconocido. Recibió en el bautismo el nombre de Basili (la forma rusa del nombre de Basilio); el nombre del emperador que probablemente era su padrino; o que de alguna manera estaba relacionado en el bautismo. Contemporáneamente o poco después, los miembros de la clase dirigente de Kiev, recibieron el bautismo. Probablemente en pentecostés del 988 se tuvo un bautismo de masa del pueblo de Kiev en el río Dniéper.
Este es uno de los últimos ejemplos de una cristianización desde arriba, comenzando con los príncipes, con los grandes y que toda la población debe seguirlos. La aceptación del cristianismo reforzó la posición del príncipe de Kiev y daba principio a una evolución cultural, que estaba relacionada con la introducción de libros eslavos eclesiásticos, que provenían de Bulgaria. Bulgaria era el centro del cristianismo eslavo. En Kiev fue levantada entre 989.996 la primera iglesia de piedra, la llamada iglesia de las décimas; porque Vladimir había prometido para su manutención la décima parte de sus réditos, así lo afirma la Crónica de Néstor; ciertamente es algo exagerado. Se enviaron los primeros obispos de Kiev y de otros lugares.
Sin embargo ¿ cuál era el estado jurídico y la dependencia de jurisdicción de la iglesia rusa antes del año 1039, en que es atestiguada por primera vez un metropolita en Kiev griego ? Entre, los ortodoxos rusos actuales se encuentra la opinión, que la iglesia rusa bajo Vladimir estaba bajo la jurisdicción del patriarca búlgaro. Pero es más probable que la iglesia de Kiev desde el principio y hasta el 1448 dependía de Constantinopla. Sabemos que los metropolitas fueron mandados de Constantinopla y eran griegos. Contactos con el papado no faltaron, incluso después de aquel año (988); pero entonces ya era muy tarde para la difusión del cristianismo latino en Rusia. Ya sea Gregorio VII, que su antipapa Clemente III, buscaron contactos con Rusia, en los dos casos sin éxito. El principado de Kiev dejó de existir en el s. XIII, cuando los tártaros lo conquistaron, pero las tradiciones espirituales que se habían desarrollado en el estado de Kiev fueron decisivas, incluso después del cisma del 1054; e incluso antes de la caída de Kiev para toda la posterior evolución de Rusia y de la iglesia rusa ortodoxa hasta hoy.
Después de las iglesias nacionales anticalcedonenses, separadas de la iglesia católica, ya desde mucho tiempo antes, el cisma de 1054 llevó a la separación definitiva entre Roma y Bizancio. No obstante las contradicciones respecto a la evangelización de Bulgaria, la unidad entre estas dos iglesias se había mantenido hasta aquella fecha; pero el proceso de alejamiento entre Roma y Constantinopla aumentó. La relación de unidad entre Bizancio y Roma había llegado a ser muy débil, sutil. Sin embargo la situación todavía no era hostil. En Constantinopla había iglesia de rito latino y en el sur de Italia, de rito griego. Nuevos choques (otro nivel de divergencias) se tomó cuando surgieron nuevos factores.
El papado reformado mostró una nueva conciencia de si mismo; e insistía cada vez más sobre sus propios derechos jurisdiccionales. Las discusiones acerca de las posesiones bizantinas en el sur de Italia contribuyeron a esta mala relación ; en fin, como factor último, decisivo, que ha provocado el enfrentamiento: los normandos, que se habían infiltrado en el sur de Italia y los cuales trataron de aprovechar las posiciones divergentes. En último análisis todo estalló con los normandos.
El papa León IX trató de recuperar la jurisdicción perdida sobre Italia meridional y Sicilia, que durante el iconoclasmo, el Basileus León III, había quitado al papado y confiado al patriarca de Constantinopla. Este papa itinerante también tuvo sínodos en la parte bizantina del mediodía y consagró en el 1050 a su estrecho colaborador Humberto de Silvacándida como arzobispo de Sicilia (un título que antes no existía). El papa esperaba al inicio obtener la ayuda de los normandos (en su proyecto de tener de nuevo la jurisdicción de Italia del sur), pero estos comenzaron pronto a amenazar no sólo las posesiones bizantinas sino también las de los Estados Pontificios Y como León IX no tenía a disposición un ejército potente, se volvió al emperador Enrique III, pidiéndole que mandara una armada alemana contra los normandos. Sin embargo, en Alemania habla no pocos obispos que no estaban de acuerdo con este proyecto. El consejero de Enrique III, el obispo Gebeardo logró convencer al emperador de no mandar un ejército en ayuda del papa. Entonces hubiera sido posible una alianza del papa con los bizantinos; el gobernador bizantino en Italia meridional Argyros mostró interés para una tal alianza con el papa; pues una tal campaña les convenía a los bizantinos, contra los normandos. Y en el preciso momento cuando el papa quiso concluir un pacto militar con el gobernador bizantino, intervino el patriarca de Constantinopla, Miguel Cerulario, el cual se opuso enérgicamente a tal alianza.
Hemos llegado a este personaje importantísimo para esta cuestión del cisma: Miguel I Cerulario (1043.1058). Había llegado a patriarca de Constantinopla bajo el débil emperador Constantino IX Monómaco; Cerulario había tenido una vida muy movida; con éxitos dispares. Por haber participado en una conjura de la aristocracia bizantina contra el emperador Miguel IV, en 1040, había pasado algunos años en el exilio, durante el cual se había hecho monje. Sus conocimientos teológicos eran modestos, pero su ambición era muy grande. Estaba totalmente convencido de la nobleza de su oficio de patriarca y nutrió una gran aversión contra los latinos.
Respecto al proyecto de una alianza papal-bizantina en Italia meridional, Cerulario sospechó un aumento del influjo latino y una subordinación de la Iglesia italiana del Sur a la jurisdicción romana, en el caso de una victoria del papa contra los normandos. Para alejar la alianza militar con Roma, el patriarca creó una áspera polémica antilatina. En su nombre, el arzobispo León de Acrida u Ocrida (actual Macedonia) dirigió un Tratado al arzobispo Juan de Trani en 1053, en el cual no se tratan cuestiones teológicas del tipo del Filioque, sino de divergencias rituales, que incluso simples fieles podían captar. Las acusaciones a los latinos se referían a asuntos como ayunar el sábado, usar pan ázimo para la Eucaristía, que según el autor era una recaída en el judaísmo.
Como los latinos se negaban a celebrar la Eucaristía con pan fermentado, en lugar del ázimo, el patriarca hizo cerrar la iglesias latinas en Constantinopla. Incluso en esta ocasión se produjeron profanaciones de hostias consagradas latinas.
En el ambiente romano, Humberto de Silvacándida leyó este panfleto antilatino y decidió responder rápidamente. En su respuesta exageró el primado papal y las pretensiones del papa sobre Italia meridional. A la Iglesia griega Humberto le objetó más de 90 herejías. La posibilidad de un entendimiento entre griegos y latinos a penas fue tratada por Humberto.
En este momento la situación política en Italia se había agravado. El ejército del papa había sido derrotado el 16.07.1053 en Civitate, el propio papa había sido arrestado por los normandos y las tropas bizantinas de Argyro también habían sido vencidas.
Con todo ello, ni siquiera el patriarca podía mantener su oposición. El emperador bizantino pide el envío de legados pontificios para recomponer la relación entre Roma y Constantinopla. No fue un buen augurio que Humberto, acompañado por Federico de Lorena, futuro papa Esteban IX, y del arzobispo Pedro de Amalfi, fueran los miembros de la delegación, que será la responsable también de la excomunión. Una carta del papa al emperador bizantino que llevaban consigo propone de nuevo un pacto contra los normandos, pero al mismo tiempo renovaba la petición de una restitución de la jurisdicción pontificia sobre Italia meridional y los Balcanes, la antigua Iliria. Mucho más descortés era la carta del papa al patriarca ; en ella le echaba en cara que había despreciado los ritos latinos, de tender hacia un primado sobre los demás patriarcados, de llamarse patriarca ecuménico, acabando por poner en duda su propia ordenación. Probablemente este último escrito, al menos en lo concerniente a la ordenación de Cerulario, habría estado escrito por Humberto.
El emperador bizantino, Constantino IX Monómaco recibió a los legados, que habían llegado en abril del 1054, de una manera abierta y cordial. Al comienzo se tuvo la impresión de que los tratados iban bien. El patriarca, que estaba junto al emperador, se mostró mucho más frío. Por el momento sólo se consignó la carta del papa.
En las semanas siguientes el patriarca no mostró ningún deseo de reaccionar o responder al escrito papal o mostrar algún paso hacia una conciliación. Humberto comenzó a movilizar al público contra el patriarca. Se movía con una versión griega de su respuesta polémica al Tratado de León de Acrida. Un monje bizantino, Niketas Stethátos (Nichetas Pectoratus), se lanzó por su cuenta a defender el uso del pan fermentado contra la praxis latina del pan ázimo, así como la práctica del ayuno y el celibato del clero. Humberto pierde entonces la paciencia y responde al monje con un libelo polémico de pésimo gusto.
Para no comprometer la alianza proyectada entre el ejército papal y el bizantino contra los normandos, el emperador fuerza a Niketas a excusarse con Humberto y a destruir su escrito. Pero Humberto, no contento con esto, comenzó a hablar del Flioque , de lo que hasta ahora no se hacía mención en la controversia. Al final, y culminación de los contrastes, Humberto unido a sus compañeros depone una bula de excomunión sobre el altar de la Agia Sophia y se aleja con las palabras : .Dio veda e giudici., era el 16.07.1054. Poseemos una breve descripción de todo ello del propio Humberto llamada Umberti brevis et succinta commemoratio, y también la propia bula. Cuando un diácono corría detrás de él con la bula para devolvérsela, Humberto no la aceptó ; la bula cae sobre el suelo y allí permanece hasta que uno la cogió y se la llevó al patriarca.
La bula, redactada por Humberto, era bastante injuriosa, llena de falsas acusaciones. Al pseudopatriarca no sólo se le echaban en cara usos griegos como el matrimonio de los sacerdotes (calificándole de .nicolaísta.), también se le acusa de rebautizar a latinos, de lo que no tenemos ninguna prueba, favorecer la simonía, prohibir a los hombres afeitados la comunión y de haber quitado del credo el Filioque.. Por todo ello la bula castiga con la excomunión al patriarca Miguel Cerulario, al arzobispo León de Ocrida y a sus partidarios. No sabemos si el emperador Constantino conocía el contenido de la bula cuando los legados partieron sin haber consignado un pacto. Cuando fue informado por el patriarca del contenido, el emperador intentó sin resultado volver a traer a los legados papales para darles la posibilidad de exponer sus puntos de vista delante de un sínodo. Humberto no lo desea y marcha. Todavía Cerulario no quería renunciar a una decisión sinodal. El 20 de julio, Cerulario excomulgó por su parte a los autores de la bula. El 24 se repite la misma excomunión en un sínodo de 16 metropolitanos y 5 arzobispos. Poco después una relación oficial del sínodo incluía en lengua griega el texto de la bula de Humberto.
Esta relación unida a unas cartas del patriarca a su colega antioqueno, Pedro III, expresa algunos aspectos sobre la posición de Cerulario. Podemos destacar tres elementos :
· Cerulario piensa que la carta consignada por Humberto no era del papa, sino de otro, probablemente del gobernador Argyro, su enemigo.
· Para él, los legados no son representantes del papa, sino de Argyro, gobernador bizantino de Italia.
· Cerulario en todo este asunto deja fuera al papa. El papa y la Iglesia Romana no son culpables de excomunión, sino los autores de la bula, los que se adhirieron a la bula. Además Humberto no había excomulgado a la Iglesia Bizantina y tampoco al emperador.
Hay quien sostiene que todo el asunto se reduce al enfrentamiento entre cabezas calenturientas. Al igual que León de Ocrida había atacado tradiciones y usos de la Iglesia Romana, así los legados romanos lo hicieron con tradiciones sacrosantas de la griega. Formalmente las propias iglesias estaban fuera de las discusiones, pero materialmente no.
Una tradición muy canonística de la bula de excomunión olvida que en aquel tiempo las dos iglesias se identificaron con sus rituales. De esta manera los muros de separación se construyeron con el material ritualístico. Formalmente se puede razonar, como lo hacen los manuales, que la bula de Humberto era inválida, ya que al momento de la acción el papa León IX ya se había muerto (19.04.1054), mientras que la bula es del 16.07.1054, además Victor II sucede a León IX en 1055, por lo que en ese momento no había papa. Según el Derecho Canónico el encargo de una legación pontificia cesa con la muerte del papa. No podemos establecer si los legados lo sabían o no.
En un examen histórico es muy oportuno proponer el problema de la culpa. Por lo que se refiere al aspecto personal de la última fase, es claro que Humberto era la persona menos indicada para realizar un acercamiento. El sostenía el derecho primacial romano, remontándose incluso a la .falsa donación de Constantino., que era un falso de la Iglesia Latina desconocido en la Bizantina. Se expresa en el espíritu del futuro dictatus papae. Su arrogancia fue un obstáculo en los acuerdos desde el comienzo.
Más importante es el problema de la culpa histórica, que la encontramos en una y otra parte. Si bien un cisma formal no puede ser constatado, lo que cuenta es que en el 1054 fue acentuada todavía una vez más la creciente divergencia entre las dos iglesias ; podríamos decir que fue un enfriamiento hasta cero de las relaciones por parte de las dos iglesias. De esto la cristiandad no se ha recuperado.
La experiencia de las Cruzadas condujo a una confirmación de la ruptura entre ortodoxia e Iglesia Romana. Desastrosa fue sobre todo la IV Cruzada, con la conquista de Constantinopla en 1204 y la erección de un imperio latino en Constantinopla con un patriarca latino.
Los patriarcas orientales de por sí no estaban involucrados en aquel asunto de la excomunión, pero se acercaban más a la posición de Constantinopla. Las iglesias fundadas por Bizancio, que más tarde llegaron a ser iglesias ortodoxas autónomas, autocéfalas, se desarrollaron con la bandera del contraste cada vez más profundo ; por ello incluso la iglesia rusa a aceptado la posición de Bizancio. En nuestros días Pablo VI ha trabajado mucho para superar el abismo que hay entre Roma y Constantinopla, llegando el 07.12.65, en la clausura del C. Vaticano II, a abolir por parte Roma, al igual que lo hicieron en Constantinopla, las excomuniones lanzadas en 1054, aunque la ruptura permanece hasta nuestros días.
Para el P. Kempf la R. F. comenzaría el 1046, coincidiendo con el pontificado de Clemente II, después de Sutri ; el final lo sitúa en 1122, año del Concordato de Worms. Evita el término lucha por las investiduras como término genérico para este período, ya que las investiduras laicas era sólo uno de los problemas de la iglesia de este momento, y al menos al inicio del período no es tan candente. Es mejor, como ya lo había hecho W. Fliche, hablar de Reforma Gregoriana, en relación a su más importante representante, Gregorio VII.
Engelbert no está de acuerdo con esta periodización. Aunque sea verdad que con los llamados .papas alemanes. colocados por Enrique III, comienza el papado reformado, también lo es que todos ellos vivieron hasta Víctor II en una alianza estricta y pacífica con Enrique III y se sentían unidos al imperio. Los gregorianos, por el contrario, querían distanciarse de aquel imperio, como de todo poder laico. Intentaron disolver la simbiosis Iglesia-Imperio, que desde los tiempos carolingios era el ámbito normal de la vida eclesial en todo occidente. Por ello se puede hablar de revolución europea, que se ha preparado lentamente en la primera mitad del XI, que por ello se ha denominado Edad Pregregoriana. En este momento cualquier cristiano serio se daba cuenta que la Iglesia tenía necesidad de ciertas reformas, ya sea en la instituciones o en la vida y formación del clero, entre los que se contaban incluso emperadores, en particular Enrique III, sin el cual muchas evoluciones no se hubieran realizado. Es trágico que estos emperadores concienciados llevasen adelante una reforma que rápidamente se volvería contra ellos. Enrique III en 1046 lo que ha encaminado es una prereforma, bajo el control del emperador y de acuerdo con sus intenciones. El gran desarrollo parece comenzar en 1056, año de la muerte de Enrique III.
La Historia de la Iglesia de Fliche-Martin toma el 1057 como línea de confín, para terminar el período en 1123 con el Concordato de Worms.
Otros autores proponen otras divisiones. Por ejemplo Th. Schieffer, llama al período del 1056-1075, crisis latente ; y al período del 1076-1085, la denomina Primera fase de la lucha para las investiduras. Por su parte Gerd Tellenbach distingue todo el período desde Sutri hasta 1073, del siguiente período de Gregorio VII en adelante.
Todas las periodizaciones son discutibles pero pueden ayudar a entender mejor una época. Un hecho aceptado por todos los estudiosos es que hacia la mitad del XI empieza algo nuevo. Por ello es sostenible tomar el 1057 como terminus a quo ; por otro lado el Concordato de Worms en 1122, nos puede servir como terminus ad quem. A todo este período le llamaremos la época de la Reforma Gregoriana, dividiéndola en las siguientes fases :
· 1057-1075 : Toma del poder por parte de los gregorianos.
· 1076-1085 : Ruptura entre regnum et sacerdotium.
· 1085-1100 : Endurecimiento de las posiciones opuestas.
· 1100-1122 : Lucha por las investiduras.
Durante este curso veremos los dos primeros períodos, que serán los únicos que entrarán en el examen.
Enrique III, muerto en 1056, tenía un único hijo que todavía era menor de edad, nacido el 11.11.1050, bautizado el 31.03.1051 con el nombre de Enrique, siendo su padrino el abad Hugo de Cluny. El pequeño Enrique fue elegido rey en 1053 y coronado en el 1054 en Aquisgrán. Un año después se casa con Berta, la hija del marqués Otón de Turín.
Los reyes menores de edad no eran raros en la historia franco-alemana en base al principio dinástico. Pero en base al otro elemento, el principio electivo, regía la concepción de que el rey, a pesar de su minoría de edad reinase personalmente. Desde el punto de vista del derecho público no se conoce una regencia para un soberano menor de edad ; no obstante existía una regencia efectiva por vía transversal como tutela de derecho privado. De suyo, tras el precedente del 983, la regencia de Teofane en el nombre de Otón III, en el momento de la muerte de Enrique III, sin demasiadas dificultades, la madre del pequeño Enrique IV, Agnese de Aquitania, fue reconocida como regente, también porque el papa Víctor II se pronunció en este sentido.
Agnese era una mujer bellísima, pero políticamente no muy dotada (¡no era una segunda Teofane !). Entre los obispos, sólo el de Augusta gozaba de su confianza. En el enfrentamiento con los príncipes seculares se demostró bastante débil. En esta situación de ausencia de un poder real fuerte, con una regencia débil, los ducados y en general los reinos del Imperio, también en Italia, se mostraron más independientes.
Este retroceso de la política imperial tras la muerte de Enrique III, hace que en los próximos años el centro de la evolución del papa se encuentre en Roma. Todavía el partido de la reforma no se limita a cambiar el rostro del papado, sino que transforma rápidamente otras áreas de la Iglesia, comenzando por las condiciones político-religiosas en Italia, es decir, en la zona más próxima a Roma.
Con la victoria del partido reformador el país más importante para la historia de la reforma llegará a ser Italia. A la muerte de Víctor II, julio de 1057 en Arezzo, fue elegido por los electores romanos, los cardenales creados por León IX, el abad de Montecasino, el Cardenal Federico de Lorena, que asume el nombre de Esteban IX (1057-1058), que había sido uno de los legados papales en Constantinopla pocos años antes. La corte imperial no es consultada, lo cual es explicado de diversos modos por los historiadores : algunos ven aquí un primer signo de la independencia del papado respecto a la relación con el imperio ; otros recuerdan que Enrique IV era menor de edad y la regente una mujer, y en este contexto podía surgir una duda sobre la subsistencia de los derechos adquiridos por Enrique III. Es difícil decidir cual es la opinión más correcta, ya que las fuentes no indican con precisión este asunto.
El nuevo papa era hermano del Duque Gofredo de Lorena, el cual después de la muerte de Enrique III estaba decidido a recobrar tanto el ducado de la baja Lorena como el de Toscana, al estar casado con Beatriz de Toscana. Gofredo no era un personaje muy estimado en la corte imperial a causa de sus ambiciones independentistas, pero era un potente apoyo para el partido reformador en Toscana. La corte sólo fue informada después de realizarse la elección, pidiéndose la confirmación por su parte, siendo encargado el diácono Ildebrando de llevar a cabo esta misión, futuro Gregorio VII. Para el papa y el partido reformador la solicitud de confirmación era sólo un gesto, no un acto considerado necesario para una válida elección pontificia.
Todavía por el momento no se deshace el vínculo con el imperio, pero se anuncia un cambio en esta relación recíproca. El breve pontificado de Esteban IX es rico de iniciativas particulares. En el primer sínodo que presidió renovó la condena de la simonía y del Nicolaísmo. Entre sus actos más importantes está el nombramiento de Pier Damiani como cardenal obispo de Ostia, llegando así a ser el cardenal de rango más elevado y como tal tuvo un papel decisivo en el posterior cónclave. Pier Damiani era un representante del partido reformador, pero menos rígido que Humberto de Silvacándida, siendo el mayor defensor del status quo en la relación entre regnum et sacerdotium, siempre que el regnum respetase el Derecho Canónico.
A Esteban IX, aunque le llega la muerte antes de llevar a cabo todo lo que se había propuesto (29.03.1058, en Florencia), su breve pontificado a llegado a estar cargado de consecuencias a causa de la conexión del papado y de su intervención en el Movimiento de la Pataria, formado en Milán contra la nobleza y el clero noble milanés.
Debemos retroceder un momento al tiempo de Enrique III y de Conrado II. En Milán el arzobispo Arriberto había hecho la paz con Enrique III y murió en 1045. Los grandes de la ciudad propusieron a la asamblea del clero y del pueblo de Milán la candidatura de una lista de cuatro nombres entre los cuales el emperador habría tenido que escoger al nuevo arzobispo. Inesperadamente Enrique III rechazó los nombres propuestos y elevó a la cátedra ambrosiana a Guido de Velatte, perteneciente a la alta nobleza feudal del condado milanés, no de la ciudad de Milán, que era un hombre muy fiel al soberano. Enrique III intentaba con esta elección, obviamente, limitar el poder de las fuerzas locales. De todos modos Guido no encontró oposición a su ingreso en Milán y fue consagrado a comienzos de septiembre de 1045. No obstante la aversión del sector de los Capitanei, de la alta nobleza milanesa, el arzobispo pudo afirmarse con fuerza gracias al apoyo imperial. El acuerdo entre el arzobispo y los diversos componentes de la sociedad milanesa se apoyó sobre bases frágiles.
Guido no abrazaba las ideas del movimiento reformador. El aquel momento la reforma en efecto no estaba todavía presente en las instituciones de la iglesia de Milán, ni en la vida de los canónigos ni en la monástica. Las profundas tramas de poder entre los exponentes del alto clero milanés de una parte y de los altos feudales, los Capitanei, de la otra, en la misma ciudad de Milán creaban un malestar social. Estos intereses tenían implicaciones económicas. Todo esto desembocó, sobre todo desde el punto de vista económico, en la explotación del patrimonio eclesiástico milanés y esto minó en la raíz la credibilidad de la jerarquía eclesiástica y del clero milanés, que llegó a parecer absolutamente inadecuado e increíble para proclamar a los hombres a Cristo y los valores cristianos, por ejemplo de la pobreza.
De suyo la alta nobleza laica, los Capitanei, se encontraba que era solidaria con el alto clero nicolaísta, simoníaco, porque la compraventa de los beneficios eclesiásticos constituía una de las fuentes más rentables para la nobleza. En relación a este lazo entre estructura feudal e instituciones eclesiásticas, con una explotación de los recursos de la iglesia de Milán por parte de la nobleza nace el Movimiento de la Pataria, que por tanto es una reacción. La novedad de la Pataria está en la masiva participación del laicado en la lucha por la reforma de la vida eclesial.
Propiamente en este período, a la muerte de Enrique III, que era el más fuerte defensor del arzobispo Guido, un diácono del condado milanés, Arrialdo, comienza a predicar, primero en la iglesia parroquial de Varese y después en Milán, contra las costumbres corrompidas del clero potente y bien situado, en particular contra los clérigos casado y que viven con una concubina. La mejor fuente de todo ello es la vida contemporánea de Andrés de Astruni, la Passio Arrialdi, en 1075, poco después de la muerte de Ernenvaldo. En el cuarto capítulo se describe la situación del clero de Milán de aquella época, o en general del clero en Italia, debiendo tenerse en cuenta que es un escrito hagiográfico y polémico por parte de los patarinos, mientras no tenemos ningún testimonio de la otra parte.
La predicación de Arrialdo se encuentra con el fermento de las clases sociales, que en Milán están en ascenso, pero que hasta ahora estaban excluidos del poder, ocupado por la alta nobleza de Milán. Arrialdo está flanqueado por el clérigo Landolfo, perteneciente al alto clero de la Catedral (desde el punto de vista de los adversarios era un traidor). De este modo inician a finales del 1056 y comienzos del 1057 la Pataria milanesa.
Respecto al nombre .Pataria., su significado es poco seguro. La primera hipótesis, la de Muratori, que ha llegado a ser clásica y hasta ahora es la mejor, Patarini = .paté. o .pattée., del dialecto milanés para indicar los .vendedores de trapos. o .chamarileros., un epíteto injurioso acuñado por los adversarios de aquel movimiento, inventado por la nobleza feudal milanesa en el sentido de .harapientos., gente nueva, incluso enriquecida que pretendía cambiar las reglas de la Iglesia y de la sociedad milanesa. Esta interpretación está confirmada por Bonizzone, el cual afirma que los simoníacos les llamaban patarinos o harapientos. Por el contrario, otro cronista contemporáneo, Arnolfo de Milán, deriva el término del griego .paqos., con una etimología ciertamente equivocada, pero sigue el artificio propio de la Edad Media de buscar una etimología clásica, y habla de .perturbaciones. de la población milanesa por parte de este movimiento.
En ausencia del arzobispo, que se encuentra en Alemania, el movimiento patarínico se desarrolla. En la ciudad surgen violentos tumultos. Los patarinos entorpecieron las celebraciones litúrgicas de la Catedral y se marcharon de las misas celebradas por el clero que tenía concubina o estaba casado ; a estas acciones se las denomina .huelga litúrgica.. Arrialdo concentra sus acciones de modo particular contra el nicolaísmo, los curas casados o con concubina fueron obligados con violencia a abandonar sus oficios.
El arzobispo Guido al principio a infravalorando las acciones patarinicas, también por encontrarse en aquel momento en Alemania. Ante el continuo deterioro de la situación en Milán, el clero milanés decide recurrir al papa Esteban IX. También los adversarios de los patarinos acuden a Roma para defender sus posiciones y para solicitar la elección de un nuevo arzobispo. El coloquio con Esteban IX sirvió para clarificar las posiciones de Arrialdo y de sus secuaces, pero el pontífice todavía no se adhirió incondicionalmente al partido patarinico, sino que consiguió la convocatoria de un sínodo provincial para dirimir la cuestión. Este sínodo se celebra en Fontaneto cerca de Novara en 1057. Arrialdo y Landolfo no se presentaron en el sínodo, que estaba dominado por el clero noble milanés, y fueron excomulgados.
La situación se ponía cada vez más tensa, tanto que el partido antipatarínico pasó al camino de los hechos. Landolfo es herido por primera vez cuando intentaba alcanzar Roma y después en una emboscada que podía haber llegado a ser mortal. Los antipatarínicos no renunciaron a golpear a Arrialdo en su persona, pero destruyeron una iglesia en su ciudad natal de Cuciago, que era una amonestación a Arrialdo.
Mientras tanto va aumentando en Roma la preocupación por todo lo que estaba ocurriendo en Milán. Dos delegaciones pontificias exploraron la situación. De la segunda, la más importante, formaban parte aquellos que llegarán a ser los protagonistas indiscutibles de la reforma de la Iglesia en aquella época, Anselmo de Bagio, obispo de Lucca y después papa con el nombre de Alejandro II, y el archidiácono Ildebranndo, el futuro Gregorio VII, y Pier Damiano, Cardenal obispo de Ostia.
Los contactos que Arrialdo tenía con las autoridades romanas cambiaron su estrategia. Del papa y de los ambientes romanos los patarinos debieron ser directa o indirectamente solicitados para hablar, no tanto contra el matrimonio y el concubinato del clero, sino para emprender una decidida batalla contra la práctica simoníaca en la concesión de los oficios eclesiásticos. La simonía no sólo era considerada como un abuso sino también como una herejía, en tanto que el que recibía simoniacamente el orden sagrado o cualquier otro sacramento, era como si pretendiera recibir el Espíritu Santo por dinero o a cambio de algún favor ; profesaba, por tanto, una doctrina contraria a la recta fe en la tercera persona de Santísima Trinidad. La intervención de Roma hace que Arrinaldo centrase su atención de la lucha antinicolaita a la más propiamente antisimoníaca, aunque de suyo los dos vicios coexistían en la vida del clero.
El contraste entre los dos partidos tuvo como consecuencias inevitables la división en el interior de la iglesia milanesa, que significaba la ruptura de toda la sociedad de Milán. Con el arzobispo Guido, que fue acusado de simonía por los patarinos, se unieron gran parte del alto clero y de los laicos de la alta nobleza, el sector de los Capitanei, e incluso clérigos no dispuestos a abandonar a la mujer o a la concubina. Con Arrialdo se unieron algunos exponentes del clero que compartían las nuevas instancias reformadoras y sobre todo muchos laicos, pertenecientes a las más variadas clases sociales, pero prevaleciendo los de las clases inferiores (de aquí el interés por este movimiento por parte de los medievalistas marxistas : ascenso de una clase baja).
Para conseguir un clero no simoníaco ni Nicolaísta, los patarinos hacen incluso propuestas concretas positivas : promueven la fundación de la Canónica, que es una propuesta de vida común del clero con una finalidad también pastoral : predicación y administración de sacramentos por parte de ministros dignos. Después de la muerte de Landolfo, sobre el 1061-62, Arrialdo encontró en el hermano de Landolfo, Erlenvaldo, un noble caballero experto en las armas, su ayuda más válida, llegando a ser el .brazo armado. de la Pataria. Llegando a Roma Erlenvaldo recibe del papa Alejandro II un estandarte con el emblema pontificio : el Estandarte de San Pedro, lo cual era una especie de aprobación pontificia en relación con la Pataria bajo el signo del estandarte petrino. Esto dará lugar a partir de ahora a la lucha patarínica, ya que ven que incluso el papado está de su parte.
Cuando Arrialdo empieza a atacar incluso algunas praxis litúrgicas que consideraba equivocadas, esto fue interpretado hábilmente por los adversarios de Milán como traición de la tradición ambrosiana, y como tal fue propagado. De hecho el frente patarínico en aquel momento comienza a ser menos compacto. Por lo demás, la segunda legación romana a Milán había sido interpretada como una indebida injerencia de la iglesia romana en relación con la autonomía de la iglesia ambrosiana.
Los Patarinos son aceptados, por una parte, a causa de la lucha contra el poder noble, pero por otra suscitan sospechas por sus ataques a Roma. Fue en esta situación cuando Arrialdo atacó las tradiciones litúrgicas de Milán. Este hecho cambió el clima en la ciudad. La Pataria aparecía como la culpable de haber supeditado la iglesia milanesa a Roma. La nobleza milanesa aprovecha rápidamente este cambio de clima y decide llevar hasta el fondo la lucha contra los Patarinos.
El arzobispo Guido lanzó el interdicto sobre la ciudad, mientras que Arrialdo está en el interior de los muros. Si Guido quería conseguir con este interdicto la salida de Arrialdo de Milán, lo consigue. Arrialdo que quería irse a Roma secretamente, para buscar apoyo del papa contra los milaneses, fue hecho preso en una emboscada y matado cruelmente en una isla del Lago Mayor el 28.06.1066. Un año después Erlenvaldo consiguió organizar una verdadera y propia expedición militar para recuperar el cuerpo de Arrialdo, sobre el que se difundía la fama de santidad. Los restos fueron llevados triunfalmente a Milán y enterrados en un clima de verdadera y propia canonización popular. Poco más tarde, en una segunda fase, Erlenvaldo, que encuentra siempre el apoyo del cardenal Ildebrando, el futuro Gregorio VII, obtiene la beatificación de Arrialdo en 1068, por el papa Alejandro II. Su culto se mantiene en la Iglesia de Milán hasta hoy.
El arzobispo Guido no estando en grado de contrarrestar la expansión del poder de los Patarinos, escoge el camino de la dimisión, restituyendo al emperador Enrique IV las insignias con las que en 1045 había sido investido del episcopado, es decir el anillo y el pastoral, y se retira en las cercanías de la actual Alejandría. A la sucesión de la sede ambrosiana el emperador designó a Gotofredo o Gofredo de Castglione, el cual era un estrecho colaborador de Guido. Su investidura estuvo viciada por maniobras simoníacas, pero fueron otros los motivos de la casi unánime aversión de los milaneses al neoelecto arzobispo. Tenía en contra a buena parte de la nobleza del rango de los Capitanei, la alta nobleza de la ciudad, ya que, como había pasado con Guido en 1045, el emperador había excluido una vez más la elección tradicional milanesa, el derecho de los milaneses a elegir su propio arzobispo. También era contraria al arzobispo la población baja, porque aspiraban a tener un papel de protagonistas en la elección del arzobispo. Por último, también estaban en su contra los Patarinos, ya que le juzgaban como simoníaco. La reacción de Roma fue inmediata. Gotofredo fue excomulgado y Erlenvaldo incitado a impedirle entrar en la ciudad.
Erlenvaldo en 1072 presentó otro candidato, Atone, un joven clérigo que sólo tenía las órdenes menores. Ni siquiera esta elección propuesta por los Patarinos fue aceptada por los milaneses, ya que no estaba hecha en regla según las tradiciones milanesas, ambrosianas. Así se produce en Milán una especie de cisma entre el papado y el imperio, teniendo cada uno un candidato propio para la cátedra de Milán. El papa Alejandro II sostiene a Atone y rechaza a Gotofredo, mientras que Enrique IV sigue sosteniendo a Gotofredo.
Queda por resolver un problema por la investigación sobre la fecha exacta de la ordenación de Gotofredo. Lo que sabemos con certeza es que Enrique IV ordenó la ordenación, acaecida en Novara, a los obispos sufragáneos milaneses filoimperiales. La fecha es discutida entre comienzos del 1072 y 1074, para determinar si ocurrió antes o después de la llegada de Gregorio VII a la sede romana.
Lo cierto es que Gregorio VII desde el inicio de su pontificado ratifica el rechazo de la Sede Apostólica a Gotofredo e invita a todos, incluso al emperador que apoyen a Atone, que era el candidato romano. Toda esta trama de preferencias del papa y el emperador por uno u otro candidato se encuadra en un marco mucho más amplio, que constituye la segunda fase de la Reforma Gregoriana.
Ildebrando había mostrado desde mucho antes su interés por la Pataria. Cuando es hecho papa sus cartas demuestran cómo había desarrollado sus acciones de apoyo a Erlenvaldo. Ciertamente el papa Gregorio VII apoyó el movimiento Patarínico más que los papas precedentes. Pero Erlenvaldo cometió el mismo error que Arrialdo, no observar las costumbres ambrosianas, a lo cual los milaneses eran muy sensibles. Cuando Roma se metía mucho en los asuntos de Milán siempre se revelaban. Cuando Erlenvaldo prohibió al clero milanés administrar el Bautismo en la Semana Santa de 1074, faltando un crisma válidamente consagrado, ya que Erlenvaldo no reconoce las funciones de Gotofredo, Erlenvaldo pisoteó el cisma consagrado por obispos cismáticos, estallaron en Milán protestas y tumultos que se sucedieron durante varias semanas. En uno de estos encuentros en las calles de Milán Erlenvaldo es asesinado poco después de la Pascua de 1075. También el será canonizado por los gregorianos pasando así al santoral de la iglesia de Milán.
Muerto el jefe de los Patarinos, Enrique IV se da cuenta de que no podía sostener por más tiempo a Gotofredo, ya que las tensiones eran demasiado grandes, como la aversión de los milaneses contra él. Así se procederá a una nueva designación. El emperador se decide por Tedaldo, que era un clérigo milanés de la Catedral, noble. A pesar de una advertencia de Gregorio VII, Tedaldo es consagrado obispo el 04.02. 1076, quizás en concomitancia con una asamblea en Piacenza de los obispos filoimperiales lombardos.
Durante todo el conflicto entre Gregorio VII y Enrique IV, Tedaldo permanece fielmente en el lado del emperador, hasta las tres expediciones militares contra Roma emprendidas por el soberano entre 1081-1084, en las cuales participó Tedaldo a la cabeza de un contingente de soldados milaneses.
La ejecución de Erlenvaldo había decapitado el movimiento Patarínico, pero no había podido dispersar completamente a este grupo. Tedaldo con la ayuda imperial pudo dominar Milán durante diez años, aunque sus últimos días sólo estaba seguro en la fortaleza archiepiscopal de Arrona donde concluirá su vida el 25.05.1085, el mismo día en que morirá su gran adversario, Gregorio VII. Tedaldo, que nunca fue reconocido por la Sede Apostólica, siendo varias veces excomulgado.
Como uno de los principales objetivos de la Reforma Gregoriana, aparece hoy cada vez más la reforma de la vida del clero. La lucha contra el Nicolaísmo tiene que ver con una referencia al Ap 2,6, que era interpretado por los gregorianos como una referencia al celibato del clero. El celibato se interpretaba como consecuencia de la imagen de la Iglesia, ya que para cada sacerdote individual valía la relación Cristo/Iglesia, en el conocido símbolo del esposo y de la esposa. La esposa del sacerdote era considerada la comunidad a él encargada, el cual debía servirla con total dedicación. Esta explicación tan espiritual no expresa toda la verdad, es necesario encuadrar la investigación del celibato en un contexto mucho más amplio.
El único punto en el cual la Iglesia de los primeros tres siglos parece haber legislado es el que se refiere a la exclusión de la ordenación sacerdotal a los llamados "bígamos", aquellos hombres que habían contraído sucesivamente dos matrimonios legítimos. El matrimonio del clero era, por tanto, la situación mayoritaria, siendo considerado un hecho normal.
Durante los siglos IV-V se comienza con una legislación eclesiástica más precisa concerniente al celibato sacerdotal. Se le prohibe al sacerdote casarse después de la ordenación, y los que se habían casado antes de ser ordenado sacerdote, tenían prohibido usar del matrimonio tras la ordenación, aunque podían continuar la cohabitación con la esposa.
El I Concilio de Nicea había prescrito en el canon 3, que el sacerdote célibe no tuviese consigo otra mujer que no fuese la madre o una hermana, pero no había impuesto el celibato. El historiador eclesiástico griego Sócrates nos refiere que el Concilio habría querido introducir el celibato para los obispos, sacerdotes y los diáconos, pero se abstienen de hacerlo cuando el obispo confesor Pafnuzzio advierte al sínodo de no imponer un yugo demasiado duro. Es cierto que el Concilio a confirmado la praxis oriental, según la cual los sacerdotes célibes no podían contraer matrimonio después de la ordenación y los ya casados podían continuar viviendo conyugalmente. En este último aspecto de la continuación de la convivencia de los ya casados la Iglesia Occidental se irá diferenciando cada vez más de la Oriental. En la Iglesia Occidental se les obligaba a abstenerse de las relaciones sexuales.
Durante este período se mantenía una corriente de la Iglesia antigua que propagaba la vida virginal, como la verdadera vida cristiana, con algunos efectos entre los cuales podemos señalar que hasta tiempos muy recientes los hombres o mujeres casados no han sido venerados como santos, o si venían reconocidos como tales era por otras razones, que de uno u otro modo sopesaban el matrimonio ; por ejemplo santa Mónica, abadesa, que obtenía con sus oraciones la conversión de su hijo Agustín, o santa Elisabeta de Turinzia, canonizada cuatro años después de su muerte prematura en 1231 no a causa de su matrimonio feliz y ejemplar con Malgravio de Turinzia, que murió durante una cruzada, sino a causa de su vida penitencial tras la muerte del marido y por su empeño por los pobres y enfermos.
En la antigua liturgia latina no había un formulario para una mujer esposada, sino sólo una para las "no vírgenes ni mártires", mediante una definición negativa de las casadas. En la actual liturgia hay un Común de santas vírgenes y un Común de santas mujeres, pero no hay ningún común para casadas. Es innegable que la Iglesia desde la antigüedad ha ensalzado siempre la virginidad, mientras que la vida conyugal parecía una cosa demasiado natural para ser un medio de santificación. Es necesario tener en cuenta toda esta corriente espiritual antisexual de la Iglesia Antigua, reforzada además por los ideales ascéticos del monacato cuando hablamos de la lucha contra el Nicolaísmo en la Reforma Gregoriana, que tienen sus raíces en esta visión de la antigüedad. Esto se puede ver también en la proposición que hace san Ambrosio a su clero proponiéndoles la castidad y la absoluta continencia. Toda relación carnal, incluso dentro del matrimonio es vista como un peligro de profanación en relación con el ejercicio del ministerio y en particular de la celebración de la Eucaristía. En Ambrosio, como en otros Padres, la idea de la pureza ritual en analogía con todo lo que estaba prescrito en el AT para el sacerdocio levítico, guiará la reflexión sobre este problema.
Las leyes canónicas recogidas en las colecciones canónicas distinguían la convivencia irregular, indicada con el término concubinato y prohibida, de la legitimada por el vínculo matrimonial, que estaba permitida con la condición de que el vínculo fuese contraído antes de la ordenación, y que se practicase la continencia.
En los siglos VI-VII está documentada la presencia de un gran número de sacerdotes casados en Occidente, pero que debían siempre abstenerse de las relaciones matrimoniales, a pesar de reconocerles el derecho de convivir, de cohabitar con la propia mujer.
Durante los siglos VIII-X estás normas parecen tranquilamente violadas, sobre todo hacia el final del primer milenio. Se continúa ordenando a hombres casados con la obligación de la continencia. Comienzan a disminuir poco después aumentando el clero célibe, pero al mismo tiempo aumentan los casos de sacerdotes ordenados como célibes pero que rápidamente viven en concubinato.
En el siglo XI la iglesia ambrosiana ha defendido durante algún tiempo el matrimonio del clero como una libertad de esta iglesia, en el sentido explicado más arriba. Se une que en Italia a comienzos XI los sacerdotes seculares generalmente estaban casados, si observaban la continencia o no, no lo sabemos. Lo mismo se puede decir de España e Inglaterra. A comienzos del XI se pueden individuar esquemáticamente tres categorías de clero : los sacerdotes célibes, los sacerdotes célibes que ilegalmente cohabitaban con una mujer y los sacerdotes casados antes de la ordenación con la obligación de la continencia.
En esta situación y con estos precedentes se produce ahora la Reforma Gregoriana. Los gregorianos luchan no sólo contra el concubinato sino también contra el matrimonio legítimo del clero, por estos dos motivos :
El problema de los sacerdotes casados asume una particular significación en la sociedad feudal, por la importancia que asume en esta sociedad la propiedad de la tierra. El mismo proceso histórico que estaba transformando los feudos laicos por concesiones temporales correspondientes a servicios prestados al soberano, los principados hereditarios, este proceso podría presentarse también para las propiedades eclesiásticas. La Iglesia Latina quiere un clero célibe para evitar que la propiedad eclesiástica llegara a ser una propiedad hereditaria o se polarizase en los diversos descendientes del clero. El primer motivo fue, por tanto, la preocupación por el patrimonio eclesiástico, en cuanto éste venía explotado para el mantenimiento de los hijos del clero. El celibato era la más segura garantía que los detentores de los oficios eclesiásticos no tuviesen herederos, al menos legítimos.
El segundo motivo y más antigua raíz del movimiento del celibato era la idea de la pureza ritual, la idea de una incompatibilidad del acto sexual con la recepción del sacramento de la Eucaristía. No es casualidad que en el período Pregregoriano diversos sínodos se ocupasen de la doctrina eucarística de Berengario de Tours, que sostiene una doctrina agustiniana espiritualística de la Eucaristía, contra la corriente realística de la presencia de Cristo en la Eucaristía. La afirmación de la corriente realística ha reforzado las instancias célibes para los sacerdotes. A parte de ciertos influjos de la legislación veterotestamentaria de la pureza de los sacerdotes en los días en que ofrecían los sacrificios, en Roma se aducía ya en los siglos VI-VII una particular justificación para el celibato, una particular exégesis de la I Cor 7,5 : "no os abstengáis entre vosotros si no es de común acuerdo y temporalmente para dedicaros a la oración, y después volved a estar juntos porque Satanás no os tiente en el momento de la pasión". San Pablo la había dicho para reducir el exceso ascético y evitar a sus partidarios de hacerse ilusiones ; por eso los esposos sólo debían separarse de mutuo acuerdo para dedicarse particularmente a la oración. A partir de aquí, una vez puesta la exigencia del celibato, se deduce que si ya los laicos deben vivir en la continencia para que su oración sea escuchada, cuanto más entonces deberán hacerlo los sacerdotes, que deben continuamente prestar servicio delante de Dios y orar por el pueblo.
No es ninguna maravilla que casi todos los sínodos desde el siglos V en adelante, comenzando en Galia, inculquen a los clérigos y en las órdenes mayores el deber de la continencia. Era condición de los gregorianos que manos que habían tocado a una mujer no podrían consagrar el cuerpo de Cristo. Para los gregorianos toda relación de un sacerdote con una mujer, incluso en el matrimonio legítimo era definido como FORNICACIÓN. La esposa era vista como una concubina. Así en este contexto "uxor" y concubina llegan a ser substancialmente sinónimos en la ideología gregoriana con relación a los sacerdotes. Son pues comprensibles las reacciones de los adversarios de la Reforma Gregoriana en este punto, los cuales se defienden aduciendo la plurisecular costumbre.
Los reformadores opone, por el contrario, a esta costumbre la verdad. La defensa de la costumbre se presenta como defensa de una situación vieja de las cosas. En segundo lugar aducen el origen del retorno a la perenne novedad del Evangelio.
En el Sínodo de Cuaresma del 1075 Gregorio VII induce a los fieles a alejarse de la liturgia de los sacerdotes casados, lo que ya había dispuesto el Sínodo romano del 1059.
Para concluir la lucha contra el Nicolaísmo hemos de notar la dificultad para hacer cumplir las disposiciones gregorianas. Hubo oposiciones en prácticamente todos los países, pero poco a poco la legislación se impone, aunque no en la práctica. La última fase de esta legislación fue recopilada en el II Concilio Lateranense de 11139 cuando el matrimonio contraído por un clérigo de órdenes mayores fue declarado no sólo ilícito sino también inválido, pero no podemos decir con esto que hasta ahora el celibato era aceptado pacíficamente.
Los gregorianos no inventaron el celibato clerical; sino que han insistido en él de una nueva manera. Eran revolucionarios, pero sus ideas no eran nuevas, pero sí radicalizadas y aplicadas con rigor. Esto vale para todos los campos para el partido gregoriano (no sólo respecto al celibato); nuevo era el rechazo gregoriano al matrimonio legítimo tenido antes de la ordenación sacerdotal. Para los gregorianos respecto al sacerdote, uxor y concubina eran sinónimos.
Dos motivos que han llevado a la insistencia del celibato en aquella época:
1) Preocupación por el patrimonio eclesiástico (que se pulverizaba entre los varios descendientes).
2) La idea de la pureza ritual, tomada del A.T. La actividad sexual (incluso el en matrimonio legítimo), y recibir la Eucaristía, son absolutamente (para aquella época) incompatibles. Si esto vale incluso para los esposos, con más razón para el sacerdote que debían todos los días celebrar la Eucaristía.
Por otro lado, esto se olvida frecuentemente, la rareza de la comunión eucarística en el medievo (poquísimas personas se acercaban precisamente por este problema: los esposos se debían abstener de relaciones sexuales 9 días antes de recibir la comunión); de otro modo la comunión era una sacrilegio. Hay muchas narraciones en vidas hagiograficas medievales, sobre esposos que tenían relaciones durante la semana santa y por lo mismo no podían tomar la comunión el día de pascua; y si lo hacían eran castigados por una venganza divina, de la que sólo la intervención de tal o cual santo los liberaba.
A ninguno se le escapa que las dos razones para insistir en el celibato clerical no son válidas para la iglesia de hoy. En otras palabras: las motivaciones para el celibato sacerdotal en la iglesia occidental son totalmente diversas. Según Engelbert, si se habla de la tradición milenaria del celibato sacerdotal en la iglesia latina, uno debería tener en cuenta este hecho. Como una alternativa, los gregorianos proponían la vida canonical: la vida en común del clero (monaquización del clero secular).
A1 morir el papa Esteban IX (Florencia, 29 de marzo 1058), los condes Tusculani, aprovecharon la ocasión para buscar su antigua posición en Roma e hicieron. elegir a Juan, obispo de Velletri que tomó el nombre de Benedicto X. Esta elección de por si no se volvía contra la reforma, pero no encontró apoyo. La monarquía alemana no había participado y Pierdamiani rechazó entronizar al nuevo papa: acto que estaba reservado al obispo de Ostia (y él era el card. obispo de Ostia). En este caso la entronización la hizo un simple sacerdote.
Los reformadores, reunidos en Siena, eligieron al obispo de Florencia, Gerardo, originario de Borgoña, el que tomó el nombre de Nicolás II (10591061); tal vez tomo el nombre de Nicolás por el santo del día de elección (6 de diciembre); o tal vez hacía referencia al papa Nicolás I (que había luchado con rigor para afirmar el primado jurisdiccional del papa en el siglo IX). Detrás de aquella elección estaba también el duque Gofredo el barbudo de Toscana. Se cree oportuno pedir el consentimiento de la corte imperial (en Alemania). Con la ayuda de Gofredo, Nicolás II pudo entrar en Roma, en enero de 1059, después que huyó Benedicto X.
Fue un breve pontificado, que dejó sin embargo trazas durables en dos campos: 1) decisiones del sínodo romano de 1059 (sobre la simonía y sobre el modo de elegir papa). 2) Este pontificado tiene un cambio de la política papal frente a los normandos. Sínodo lateranense de Pascua (1059). Manifestó el programa del papa y las decisiones se encuentran en dos textos : La encíclica Vigilantia universalis y el decreto sinodal sobre la elección papal. La encíclica tiene dos decisiones muy importantes: la lucha contra el nicolaísmo llega con esta encíclica a un nuevo nivel. Es la primera vez que el programa de la reforma gregoriana respecto a la vida del clero alcanza una formulación canónica inconfundible. Los laicos no puede acudir a misa con tales personas. El sínodo propone a todos los clérigos la vida en común. Una parte esencial de esta decisión es esta : "Ninguno oirá la misa celebrada por un sacerdote del que se sabe que convive con una concubina o una mujer clandestina. El santo Concilio, en efecto, bajo pena de excomunión, ha decidido en modo concreto sobre la castidad de los sacerdotes (del SS papa León IX, de grata memoria), que todo sacerdote, diácono, subdiácono, que tome públicamente una concubina o no abandone a aquella con la que vive, no pueda por voluntad de Dios de los santos apóstoles Pedro y Pablo y por nuestra orden formal, ni cantar en la misa, ni leer el evangelio ni la epístola, ni asistir al coro para el oficio divino..
Una segunda decisión: la simonía. Canon 6 : "Ningún clérigo sacerdote puede recibir de ningún modo de parte de los laicos una iglesia, ni gratuitamente, ni habiendo pagado". Aquí se encuentra en este canon una extensión del concepto de simonía :."Ni siquiera gratuitamente.. Esta decisión, muy discutida en los últimos años. De dónde viene esta nueva rigidez. Se hace una relación con el tratado de Humberto de Silvacandida Adversus simoníacos y según un autor: Humberto ha escrito este tratado precisamente en el año 1059 en vista del sínodo Lateranense. Luego se trataría de la aplicación del concepto de simonía mas amplio, más radical, que el decreto sinodal romano. Es más difícil establecer la extensión del canon. ¿A qué se refiere concretamente? Antes todos eran de la opinión que se trataba de un primer caso de prohibición de investidura laica, incluido también. el rey.
Hoy, después de los estudios de Rudolf Schiffer (1981), se piensa más bien en una prohibición de investidura de iglesias menores: sobre todo parroquias, de parte de los señores propietarios laicos (de iglesias privadas). En otras palabras: no se pensó en 1059 todavía en la investidura de los obispados por parte del emperador. El padre Kempf, en su recesión del libro de Schiffer, Annales Historiae Pontificiae (1982) dice que este canon es una primera prohibición de investidura. No es todavía una lex perfecta con sanciones, pero ciertamente una declaración programática de parte de los reformadores romanos, los cuales rechazaban la investidura laica de manera general, sin atacar todavía directamente la investidura regia. A lo mejor un intento, como se hace muchas veces en política, de ver las reacciones. Y si las reacciones son negativas, entonces los políticos dicen, no, esto no es lo que habíamos pensado. Tal vez en este sentido es como hay que interpretar este canon del sínodo.
La segunda gran decisión del concilio Lateranense (1059): decreto sobre la elección de los papas. Este decreto es importante por diversos motivos. Hay 6 puntos que querría mencionar brevemente:
1.El decreto establece que la elección debe ser libre de toda interferencia de órganos externos al cuerpo electoral.
2.El decreto abolía, indirectamente, la prohibición a transferir a un obispo a la sede romana (esta famosa prohibición que incidió tanto en el caso de Formoso); y que ya desde antes no se tenía muy en cuenta. Tácitamente es abolida la prohibición.
3.En la elección la primera voz la tienen los cardenales obispos. E1 cuerpo electoral lo constituyen. sobre todos los cardenales.obispos. Y sólo después de ellos votan los otros cardenales. Y sólo los cardenales. Es una .miliario. en cuanto al colegio cardenalicio como el órgano dirigente de la iglesia romana.
4.El decreto redimensiona el influjo de la nobleza y del clero romano, de la iglesia local de Roma, a una pura aclamación. Despeja el camino hacia una autoridad universal de la iglesia romana, según la concepción de los reformadores. El papa es obispo de Roma, sólo en segundo lugar; primero es pastor universal.
5.El rol del rey alemán es definido de un modo, quizás velado a propósito y por eso debemos leer esta frase (línea 6) : .Salvo queda el debido honor y la reverencia hacia nuestro querido hijo Enrique, ora rey, y que se espera con la ayuda de Dios, futuro emperador como le hemos concedido. Y hacia los sucesores de él que personalmente invocarán el mismo privilegio a esta sede apostólica.. Como ven toda traducción es siempre una interpretación del texto latino: hoc jus (traduce: este privilegio) de por si significa derecho. Esta famosa frase se llama parágrafo del rey. Su interpretación es muy discutida. Es cierto que Nicolás II no quiso o no pudo olvidar derechos del rey de Alemania, en relación a la elección papal, que ya era entonces un costumbre plurisecular. No es mencionado que el rey tenga el derecho de designación. E1 texto permitía la continuación de la tradición anterior pero permitía un cambio. En fin el parágrafo en parte da una expectativa al rey Enrique IV para la dignidad imperial. Habla de una esperanza de llegar a ser emperador. Habla de una concesión papal: de poder participar en una elección pontificia.
6.Si en Roma la libertad de los cardenales electores era limitada, ellos podían proceder a una elección fuera de Roma. El papa así elegido y entronizado llegaba a ser inmediatamente el sucesor de san Pedro. Era un punto importantísimo porque en el medievo muchos papas fueron elegidos fuera de Roma. Este decreto de 1059 es un paso decisivo hacia una reestructuración y revalorización del colegio cardenalicio, como cuerpo encargado específicamente de la elección del papa. Siguiendo el ejemplo de la corte imperial de Constantinopla las reuniones oficiales del papa y de los cardenales comienzan a ser llamadas consistorio. Como dice Pierdamiano, el colegio de los cardenales llega a ser el senado del papa, con. funciones semejantes a aquellas del antiguo senado romano. Precisamente en. aquella época comienza el fenómeno que aumenta cada vez más en el medievo, imitación de la dignidad imperial de parte del papa. Los cardenales forman parte de aquel programa de imitación imperial de parte del papado.
Cardinalis. Esta palabra ha recibido varias interpretaciones. Según un estudioso del derecho canónico: es un atributo para los obispos, sacerdotes y diáconos que prestan servicio en una iglesia a la cual han sido asignados, incardinados; sin embargo, para la cual no han sido ordenados. Recientemente otro autor de un Léxico alemán (1990), afirmaba que el título se refiere a todos aquellos que prestan servicio en una iglesia catedral. Esta interpretación parece correcta, porque hay clérigos con este título de cardenales (documentados) también fuera de Roma (Italia, Francia, Alemania, Inglaterra) y siempre celebran la liturgia en catedral episcopal. Luego, que tienen relación litúrgica con una catedral. El título cardenal refiere pertenecer al clero de catedral.
En tiempos del papado reformado en Roma, los cardenales no tenían en primer lugar tareas litúrgicas, sino que estaban al servicio del papa; esto ya lo hemos visto en el caso de León IX. Los tres órdenes de cardenales son considerados como representantes del episcopado universal. La evolución del cardenalato terminó con Alejandro II (1061.1073): cardenales obispos; cardenales sacerdotes y cardenales diáconos. Los cardenales obispos existentes ya antes de la mitad del siglo XI (en los sínodos provinciales romanos, eran el grupo mas importante): eran los obispos de las siete (luego seis) diócesis del entorno de Roma (diócesis suburvicarias): Ostia, Albano, Palestrina, Porto, Silvacandida, Tusculo y Velletri (más tarde Sabina). Los cardenales presbíteros originalmente oficiaban en las cuatro basílicas patriarcales: S. Pedro, S. Lorenzo (fuera de los muros), San Pablo (fuera de los muros) y santa María la Mayor.
En torno al 1100 eran 28 (7 para cada una de las basílicas). Los cardenales diáconos tenían igualmente tareas litúrgicas en las basílicas, sobre todo en la Lateranense. Los cardenales obispos tenían una especial relación con el Laterano. Los cardenales diáconos, en la iglesia antigua, tenían cargos de caridad. Pero luego se olvidaron estas tareas y quedaron sólo con tareas litúrgicas. E1 número compresivo de los cardenales fue fijado en torno al año 1100.1118. Sin deshacer el orden establecido el papa León IX llamó personas del extranjero a la cabeza de diócesis suburvicarias: Humberto de Silvacandida, por ejemplo.
En seguida este decreto de 1059 tuvo dos importantes precisiones: el principio de la mayoría y segundo, la introducción del cónclave. A1 inicio no era fijo el criterio de la mayoría numérica, en el acto de la elección. Este criterio era desconocido por todo el alto medievo, como también por la regla de san Benito, que dice al respecto de la elección del abad (cap.64). .Sea nombrado aquél que resulte electo por toda la comunidad concorde en el amor de Dios, o también de una parte de la comunidad, aunque sea mínima, pero con un más sano juicio.. ¿Quién establece quien tenga el más sano juicio? Esta incerteza jurídica sobre la parte más sana condujo en el alto medievo a no pocas elecciones dobles de papas; porque naturalmente cada parte reclamaba el derecho del más sano juicio. La elección del célebre papa Alejandro III (11591181) Rolando Bandinelli, degeneró en una batalla en la basílica de san Pedro entre los mismos cardenales. Esta escena fue para el nuevo papa una advertencia. E1 concilio Lateranense del 1179 mandó que en el futuro la mayoría de 2/3 de los cardenales electores sería necesaria para una elección válida. Esta decisión daba óptimos resultados, mientras de la ley de 1059 hasta el concilio de 1179, había una docena de antipapas; tales elecciones dobles en los dos siglos sucesivos eran muy raras. Luego, el principio, de la mayoría.
El segundo elemento que daría a la elección papal una consistencia en el cónclave.. El cónclave: el primero del que tenemos noticia, fue también el más duro para todos los participantes. A la muerte de Gregorio IX, verano de 1241. Reinó en Roma el senador Mateo Rosso, cabeza de la familia Orsini, amigo de san Francisco, pero un político sin escrúpulos. Para prevenir una intervención de parte del emperador Federico II, Mateo Rosso, de acuerdo con los ciudadanos romanos encerró a los diez cardenales electores en el Septisonio (edificio de Septimio Severo en el extremo sur del monte Palatino, destruido en 1589 por el papa Sixto, para llevarse el material y completar la capilla Sixtina de la Basílica de Santa María Mayor).
Este senador los encerró en este edificio a fin de que decidieran independientemente de todo influencia exterior y no se sirvieran de su casa como de bases militares. Era un abuso notable pues la orden la daba un laico. Pero el senador, como sabemos por las descripciones realistas dejadas por los cronistas y confirmadas por una carta escrita por un grupo de cardenales desde Albano en noviembre de 1241. Dos de ellos murieron. Ni cuando alguno tenía necesidades personales podía quedar sólo. Y cuando los pobres prisioneros reposaban recibían sobre las cabezas, de parte de los encargados del cónclave, duchas frías y malolientes. Imposible tomar medicinas o tener la visita de un médico; prohibida la llegada de parientes y el apoyo del servicio de las familias y finalmente estaba prohibida la limpieza. Sin embargo el cónclave duró dos meses.
Finalmente los cardenales se pusieron de acuerdo y fue elegido Celestino IV, el cual después de sólo 17 días murió. Posiblemente exhausto de estos malos tratos. Y desde entonces muchos cardenales, recordando lo que habían sufrido, sabiendo lo que les esperaba, huyeron de Roma sin dar, incluso, sepultura al papa muerto. Se dispersaron en los entornos de la ciudad. Una nueva elección no podía tener lugar en la ciudad, y la iglesia permaneció 18 meses sin pontífice, hasta el 1243 cuando fue elegido Inocencio IV. Este es el primer cónclave.
El cónclave más largo, para el futuro el más importante fue aquel de Viterbo, después de la muerte de Clemente IV. Comienza al final 1268 y se alargó hasta1271. Casi tres años. Y después de un año, cuando todavía no se decidía nada, los ciudadanos de Viterbo pusieron muros en las puertas del palacio donde los cardenales se encontraban. Y finalmente la multitud llegó hasta su morada y quitó el techo para que les cayera la lluvia y los obligara a tomar una decisión. El problema era difícil, pues los cardenales, además de rivalidades personales, estaban en desacuerdo sobre el trato a Carlos I (de Angiu) rey de Sicilia, después de la caída de la casa sveva. Finalmente, el neoelecto, Gregorio X, para evitar el repetirse de tales cosas, en el segundo concilio de Lyon (1274) hizo establecer un reglamento rigurosísimo para la elección. Después de la muerte del papa, dentro de diez días, los cardenales deberían reunirse en el palacio pontificio.
Después de aquel largo cónclave (1271) fue elegido Gregorio X (1271-76) (que no era cardenal), el cual para evitar otros cónclaves como éste, estableció, según el Concilio de Lyon (1274), un reglamento rigurosísimo para la elección papal. Establece los siguientes puntos: después de la muerte del papa, dentro de 10 días, los cardenales se reunirán en el palacio pontificio, acompañado cada uno de un solo doméstico, para no salir antes de haber dado un sucesor al muerto. En el interior, habrá un sólo cónclave en donde todos deben habitar en común. Un único lugar (estancia y por eso: cónclave). La puerta debe permanecer cerrada y ninguno debía abrirla bajo pena de excomunión. Si al final de tres días no se ha decidido la elección, los cardenales no tienen derecho de comer sino un plato al día, por cinco días; después de los cuales, serán puestos a pan y agua. Aparte de las restricciones de comida estas normas del 1274 son substancialmente hasta hoy las mismas.
La segunda profunda huella de Nicolás II: cambio de la política frente a los normandos, que no es sólo un hecho de historia profana o historia italiana, sino que tiene repercusiones con la historia de la iglesia en general. Hasta ese momento los papas habían seguido una política antinormanda: el papa León IX había sido vencido y capturado por los normandos. Después de la muerte de Enrique III, los papas debían darse cuenta que ningún emperador podía protegerlos delante de los normandos; ni alemán, ni bizantino. Así, Nicolás II decidió concluir con ellos uno tratado; algo que en efecto ellos deseaban. Su política sobre los papas era también una presión sobre ellos para que hicieran pactos entre ambos.
Un primer motivo para Nicolás II era obtener apoyo contra el antipapa Benedicto X, elegido por la nobleza romana. Un segundo motivo era: la independencia del papado reformado por medio de una alianza estable con los normandos. Asegurar aquella independencia del papado. Probablemente ha sido Ildebrando el encargado de hacer esos pactos. El resultado de un sínodo en Selfi, 23 de agosto de 1059, Nicolás II aceptó la oferta de los dos príncipes normandos Ricardo de Aversa y Roberto Guiscardo, de que el papa fuera su señor feudal. Nicolás II aceptó y dio en feudo a Ricardo el principado de Capua; Roberto con Apulia, Calabria, y Sleilia (todavía por conquistar), en ese momento estaba en manos de los sarracenos. Los dos normandos prestaron juramento de fidelidad al papa: Roberto, el personaje más importante, juró proteger la persona y el status del papa y de ayudar a la Santa Iglesia Romana dondequiera, y contra todos los que quisieran atentar contra la propiedad de san Pedro. Nominalmente el señor feudal de estos normandos era san Pedro y, de hecho el papa; el que por primera vez aparece con vestido de feudatario.
La acción del papa se explica si uno piensa en la donación de Constantino. Según este famoso falso, el emperador Constantino habría regalado al papa Silvestre: Italia y grandes posesiones en todo el occidente; Italia meridional era parte de esta donación. Para los normandos era muy ventajoso ser vasallos del papa; eran una legitimación de sus conquistas en el sur y una base jurídica para decisiones futuras; para el papado, los normandos se convirtieron en una nueva fuerza de protección. Ahora los papas tenían dos protectores vecinos: al norte, el margravio de Toscana y al sur, los normandos como vasallos. Gofredo el barbudo no era vasallo del papa, sino un amigo, pero era considerado protector.
De hecho, gracias a la ayuda de Ricardo de Aversa, Benedicto X fue arrestado después de su fuga de Roma. El resultado fue luego visible en este pacto. El segundo punto de aquel tratado de Melfi: los normandos prometieron apoyar la nueva forma de elección del papa. Sostendrían al papa elegido por los meliores cardinales. No se especificaba qué significaba eso: simplemente la mayoría, o simplemente la parte más sana (pars sanior). De hecho, como este problema todavía no estaba resuelto (sino que se resolverá mucho más tarde),dependía en el futuro (al menos por un cierto periodo) también de los normandos qué papa se podía afirmar.
Este reconocimiento de los normandos no se había hecho como un enfrentamiento con el imperio; sin embargo la corte imperial desaprobó este proceder y no recibió al delegado, el cardenal Esteban. Ciertamente era una señal de la creciente independencia del papado reformado, respecto a la corte imperial. Las consecuencias prácticas se mostrarían muy pronto, después de la muerte de Nicolás II. En el cisma que siguió, se manifestó por primera vez, el conflicto entre papado reformado y monarquía alemana. El partido reformador, dirigido por el archidiacono Ildebrando, y protegido por el príncipe de Capua (Ricardo de Aversa), escogió como sucesor al obispo Anselmo de Lucca con el nombre de Alejandro II (1061.73), el segundo grande papa de esta segunda fase,(después de Nicolás II),cuyo sucesor será Gregorio VII: tres papas en línea ascendente, siempre más importantes para la reforma gregoriana.
La cláusula del decreto de 1059 que hemos leído, no fue observada, pero se había observado el juramento vasallático de los normandos: 1 oct.1061. Mientras la nobleza romana se había vuelto a la corte imperial, nombrando al joven Enrique IV, patritius (aquel titulo que ya había tomado Enrique III; así la nobleza participaba en aquel acto pluriforme de la elección ). Además se esperaba, del modo tradicional, una designación de parte del emperador. La elección no del todo regular, indujo a una parte del episcopado lombardo a asociarse a los romanos: eran 109 tradicionalistas.
Un sínodo de obispos lombardos, junto con representantes romanos eligió en Basilea el 28 de octubre (1061) al obispo Cadano de Parma como papa Honorio II. Hay que darse cuenta de los partidos que aparecieron en este momento: Enrique IV, pretendiente a la dignidad imperial, en lucha contra el papado reformado; Enrique IV aliado con la nobleza romana, a la cual Enrique III había arrancado la elección del papa. Honorio II buscó imponerse como papa con la ayuda de medios militares pero resultó evidente que no era posible plegar con las armas al papado reformado sostenido no sólo por el nuevo colegio cardenalicio, por los normandos junto con el duque Gofredo el barbudo (Toscana); ahora ya reconocido por todos los sectores reformadores de la Iglesia. Este deseo de reforma había incluso llegado a Alemania.
El Arz. Anone de Colonia era un apoyo para los reformistas y desde 1062 era regente en el nombre del joven emperador Enrique IV. E1 Arz. Anone se pronunció en favor de Alejandro II. El cardenal Pierdamiano había obtenido de Anone el consentimiento para la convocación de un sínodo para poner fin al cisma. Dado el contexto es claro que se trataría de un sínodo papal bajo la presidencia de Alejandro II, pero prácticamente en otoño de 1062, ya todo estaba decidido en favor de Alejandro II. En el fondo tal sínodo ya era superfluo (al menos según la opinión de los reformadores radicales). Cuando en la primavera de 1062 se reunió el sínodo en Mantua Alejandro tomó la guía. Después de haber declarado que su elección había sido de manera legítima, fue confirmada por unanimidad la condena del antipapa (Cadano) Honorio II, el cual se retiró a su diócesis.
Con Alejandro II el papado pudo aumentar notablemente su influjo en toda Europa. Y esto es interesante: ver cómo poco a poco el papado extiende su esfera de influencia más allá de Italia; más allá del imperio; en otros países, donde el emperador era conocido sólo por nombre, pero que no tenía ningún influjo directo.
En España, en la iglesia Aragonesa, Alejandro II, por medio de la legación del cardenal Hugo Cándido, hizo publicidad para la liturgia romana; más que por la mozárabe. En 1068 el rey Sancho Ramírez, I de Aragón, con ocasión de una peregrinación a Roma se encomienda al papa y pone su reino bajo la tutela de san Pedro, por medio de un pago simbólico, una relación con Roma que se intensificará en los decenios sucesivos. El rey de Aragón, vasallo del papa, como pocos años antes los dos príncipes normandos. Para Sancho Ramirez, este paso no era un daño, al contrario, políticamente muy bien calculado: un reforzamiento de su autoridad delante de sus opositores: era un vasallo con el apoyo del papa. El paso de la iglesia aragonesa del rito mozárabe al rito romano, comienza efectivamente en el 1071. Esto con respecto a la relación con España. Naturalmente no es la última intervención del papado reformado allá. Es un primer contacto con Alejandro II.
Inglaterra: era particularmente importante la toma de posición de Alejandro II en la controversia en torno a la sucesión al trono inglés. En el 1066 se presentaron en Roma enviados del duque Guillermo de Normandía y le expusieron el problema de la sucesión al trono de Inglaterra. Después de la muerte del rey Eduardo (el confesor), que no tenía hijos. Había tres pretendientes al trono: el rey de Norvegia (Noruega); el conde Aroldo de Wessex y el duque Guillermo de Normandia.
El conde de Wessex fue elegido rey y logró incluso derrotar al primer pretendiente (rey de Noruega que murió en una batalla). El duque Guillermo había por su lado buscado la mediación pontificia y prometio por medio de sus enviados, una reforma de la Iglesia anglosajona, según la concepción romana, si el papa lo apoyaba contra Aroldo. El papa Alejandro II se declaró en favor de Guillermo y le mandó un vesillo de san Pedro; este famoso símbolo que era un reconocimiento oficial de la política de un rey; una relación con el papa.
Así la guerra de los normandos contra los sajones se convirtió en guerra justa: reconocida oficialmente por parte del papa. En aquella famosa batalla de Hastings (1066); el ejercito anglosajón fue vencido, por el más moderno de los normandos; y el rey Aroldo encontró la muerte. Con los dominadores normandos, también la iglesia anglosajona cambió profundamente: el Arz. .de Canterbury, Estigand, debía renunciar (1070), sustituido por el abad Lanfranco de Beck, un lombardo, un famoso erudito. La iglesia inglesa bajo la dominación normanda se abrió a las nuevas corrientes reformistas del continente; lo que no puso en discusión el dominio del rey sobre la iglesia. Casi todas las diócesis recibieron nuevos obispos normandos u obispos de Lorena, menos la diócesis de Münster, donde el obispo Bulstand siguió dirigiendo dicha diócesis. La iglesia inglesa más romana. Legados romanos llegaron a Inglaterra con la esperanza que el nuevo rey considerara al papa como a su señor feudal; pero esto no se logró. Este Guillermo era muy malicioso para dar un semejante paso.
El influjo de Alejandro II se mostró también en Francia; era el país predilecto de los legados papales, donde desde 1063 hubo numerosos sínodos, promulgaron decretos de reforma y decidieron sobre procesos en el interior de las diócesis.
Un hecho en Italia que ya he mencionado: en Milán, Alejandro II reforzó la relación con la pataría sin compartir todas las opiniones y acciones suyas. En 1063 mandó al jefe patarínico Erlembaldo el famoso vesillo de san Pedro y canonizó en 1068 al patarino Arialdo como mártir. En el cisma milanés después de la dimisión del Arz. Guido, Alejandro II, sostuvo al candidato de la pataria Atonne, contra el candidato de Enrique IV, Godofrido de Castiglione, que es excomulgado y con él los que lo habían consagrado. Bajo instigación de la emperatriz Inés (Agnese) muy devota del papa, un sínodo romano de la pascua de 1073, pronunció la excomunión contra los que habían sugerido a Enrique IV aquella elección en Milán. Era un último paso: sólo el rey no es tocado, ni mencionado; pero sus consejeros son excomulgados. Esto significó que Enrique IV se encontraba en una situación muy difícil, a causa de la prohibición canónica de mantener relación con gente excomulgada (pero eran sus consejeros). Veremos que allí precisamente Gregorio VII verá el punto débil en su lucha contra Enrique IV: relación de Enrique con sus consejeros excomulgados.
Las relaciones de Alejandro II con el joven rey nunca fueron serenas. Había varios motivos: Enrique había manifestado su deseo de hacer anular el matrimonio con Berta de Saboya, contraído cuando el era todavía un niño.(Hoy sería fácil una anulación en tal caso). Pero encontró tantas oposiciones y debió plegarse a las decisiones del arzobispo de Maguncia y del legado pontificio Pierdamiano.
Segundo: Alejandro veía con preocupación la política eclesiástica del rey, que consideraba simoníaca. El rey en la primera parte de su gobierno se valió más de la política de un candidato a un obispado, que a sus cualidades espirituales. Por el momento no se ponía en discusión el derecho del rey de hacer tales investiduras. Pero la última elección papal, los sucesos en Milán mostraban que el derecho del rey estaba en peligro. En caso de conflicto, la elección canónica, según la concepción de los gregorianos, se encontraba en un plano mucho más elevado. Ya durante el pontificado de Alejandro II se generaron entre el papado y el rey alemán tensiones que el sucesor, Gregorio VII, heredaría. Enrique IV y su ambiente no entendieron que la iglesia estaba cambiando. No se puede decir que la iglesia en Alemania fuera completamente corrupta o necesitada de reforma en línea de máxima. Algunos fenómenos, como el matrimonio de los sacerdotes,(en el bajo clero) era admitido como en otras iglesias nacionales, no como un abuso, sino como una tradición legítima. Sin embargo, también en Alemania se hizo sentir la nueva autoridad del papado reformado. La gente comenzó a entender que el clima estaba por cambiar (el clima espiritual, nuevo).
He insistido (a propósito) que la fuerza del pontificado de Alejandro II era Ildebrando. Sin embargo hay que hacer notar que a partir del papa León IX, los papas y sus colaboradores se presentaban como una unidad inseparable. Esto es típico del papado reformado: reforzamiento de la curia. Institucionalización de la curia, especialmente del cardenalato. El papa no es una persona aislada, sino que está sostenida por un colegio de cardenales-obispos; y este colegio ha liberado al papado de los graves condicionamientos a que había sido sometido por parte de las facciones romanas. La nobleza romana; e incluso, de parte del emperador. Muchas veces cuando se habla de este conflicto entre emperador y papas: se piensa sólo en las personalidades de cada papa. Pero es necesario tener siempre en cuenta que los papas de aquel período colaboraron estrechamente con sus cardenales. Sustraídos a aquellas fuerzas que hasta entonces eran determinantes (nobleza romana y poder del emperador), los papas eran llamados a responder por si mismos: ser más independientes. Pero buscaron una base, no subjetiva, sino que querían regresar a una base objetiva, que encontraron en el derecho canónico. Es decir, una ordenación vinculante, porque querido por Dios y atestiguados en las tradiciones de la Iglesia antigua; y por eso el período del papado reformado es también el periodo del florecimiento del derecho canónico.
El papado ganó en autoridad y estima, interviniendo para sostener aquellas normas del derecho antiguo, con sanciones, ordenes jurídicas, y sanciones enérgicas, puestas en práctica en fuerza del poder jurisdiccional. No sólo en Roma sino también fuera. Con la muerte del papa Alejandro II (21 abril 1073), los fundamentos de la tradición canónica y el reconocimiento del papa como heraldo y custodio del derecho canónico, era algo ya adquirido y reconocido por todos. Los papas como intérpretes del derecho canónico. E1 cuidado pastoral del papado se extendía ya hasta territorios que hasta ese momento no sucedía, como en la Italia del sur; España, Inglaterra.
Hasta entonces el papado no tenía ningún influjo. El papado ejercitó este influjo, este cuidado pastoral, sobre todo por el envío de legados. El medio de ejercitar el poder jurisdiccional en aquella época son las legaciones. Los legados obraban directamente en nombre del papa. Era, por decirlo así, el brazo alargado del mismo papa. Sin embargo esta rápida evolución del papado y de las instituciones eclesiásticas por fuerza debía tener consecuencias, incluso en todo el sistema político de occidente. Se puso en discusión dentro de poco tiempo el equilibrio plurisecular entre regnun et sacerdotium. No era el imperio el que cambiaba; no era culpa del emperador; era el resultado de una rápida evolución del propio papado.
capítulo vi
Las primeras observaciones que debo hacer sobre él, pertenecen todavía a aquella fase : Toma del poder por los gregorianos. No estamos todavía en la segunda fase: el enfrentamiento. En los primeros años del pontificado de Gregorio VII, en el momento de la muerte de Alejandro II, la situación era bastante difícil y llena de tensiones, sobre todo por razón de los graves asuntos de Milán. Al cardenal Ildebrando, como archidiácono le tocaba el gobierno de la iglesia de Roma durante la sede vacante. En el día en que se procedía a la sepultura de Alejandro II (su tumba se encuentra en s. Juan del Laterano), cuando el cortejo fúnebre pasó frente a la iglesia de san Pedro in vincoli, Ildebrando fue aclamado papa por la multitud. El clero de Roma, delante de los cardenales-obispos y de los abades, aprobó esta elección y la hizo propia. Pero en un segundo momento, Ildebrando fue entronizado en la misma iglesia con el nombre de Gregorio VII, mientras iban en el cortejo fúnebre no era todavía sacerdote. Su ordenación sacerdotal será un mes más tarde y su consagración episcopal el 30 de junio, un día después de la fiesta de los apóstoles Pedro y Pablo. Una fecha querida por él (como símbolo de su programa).
Delante de este hecho, uno se pregunta, ¿la elección de Gregorio VII era regular o no? Ciertamente no era según el decreto de Nicolás II (1059). Hay narraciones, dos textos diversos sobre esa elección. Las dos se encuentran en el Registro de Gregorio VII. Tenemos el proceso verbal de la elección (al principio del Registro), y una narración que hizo Gregorio mismo de su elevación, en las cartas escritas después de su elección.
Estos testimonios se pueden hacer coincidir, de tal modo que la iniciativa fue ciertamente popular. Pero en cuanto no era válida para la elección fue omitida en el proceso verbal: tiene en cuenta sólo los actos y momentos válidos jurídicamente. Sólo lo que han hecho los electores en el sentido jurídico del término. Un rechazo se dio en la asamblea de Worms (enero 1076):los obispos alemanes reclamaron a Gregorio sólo el hecho de no haber pedido el consentimiento del rey. Efectivamente en ningún momento de la elección fue tenido en cuenta el famoso parágrafo del rey previsto en 1059. Lo mismo sucedió en el sínodo de Bressanone (1080), cuando el episcopado alemán se separo de Gregorio VII.
Ahora debemos hablar un poco de la actividad de Ildebrando antes de su elección. La fecha de su nacimiento es desconocida. Discutido incluso su origen. Los únicos datos seguros, o al menos probables provienen de los testimonios de Ildebrando ya pontífice. Ciertamente no nació en Roma. Con toda probabilidad es originario de Toscana: lugar de nacimiento en Suana, pero este lugar sólo aparece en Bozzone, Liber Pontificalls II (ed.de Duchesne, p.360). Es bastante incierto. Respecto a la parentela con la familia romana de los Pierleoni (de origen hebreo), es del todo improbable. Los estudios que sostenían el origen hebreo de Gregorio aparecieron durante el fascismo (incluso de parte de estudiosos italianos). La hipótesis más verosímil es que sus parientes eran gente del pueblo. Educado en Roma . E1 testimonio del biógrafo Pablo de Bernelid (es la única biografía más o menos contemporánea de Gregorio VII, no la mejor) : Que sus padres lo confiaron a un tío materno, abad del monasterio de Santa María (del Aventino); esta noticia está aislada y parece dudosa. Si es correcta quiere decir que Gregorio VII haya vivido por un cierto periodo vecino a san Anselmo (monasterio benedictino), donde ahora se encuentra el lugar de los caballeros de Malta (después que paso a los Templarios y luego a los de Malta). Fue ordenado subdiácono por el papa León IX, para lo cual se exigía una edad de al menos 20 años. León IX fue papa de febrero 1049 hasta abril de 1054, por lo que Ildebrando debió nacer como muy tarde en los primeros meses del 1034, aunque más probablemente antes de 1029, siendo ordenado en los primeros meses del pontificado de León IX.
En el momento de la deposición del papa Gregorio VI (Sutri), estaba entre sus capellanes, que lo siguió en enero de 1047 hasta Alemania (Colonia), y permaneció con Gregorio VI probablemente hasta su muerte. Después de la muerte de Gregorio VII se convierte en monje probablemente en Cluny (1047-48). En enero de 1049 (en Bessansone) al nuevo papa León IX que lo convenció de seguirlo para tenerlo como colaborador. Por otro lado, es un hecho un poco extraño, porque un monje no podía simplemente seguir a un jerarca, sin el consentimiento del propio abad (y de este consentimiento no se sabe nada). Entre mayo y noviembre de 1050 León IX lo propuso para el gobierno de la abadía de san Pablo (fuori le mura); no es mencionado como abad, sino como administrador.
Es indudable que fueron echadas en estos años las bases para la posición de preeminencia que Ildebrando fue gradualmente teniendo en la vida de la Iglesia. Pero sería equivocado considerarlo un dominador solitario de varios papas y de su política. Son años en los que el problema de la reforma del clero (con todas las implicaciones teológicas y eclesiológicas que estaban presentes), comienza a hablarse de él en el centro mismo de la cristiandad. La reforma llega a Roma. Y se irá sobreponiendo a las diversas iniciativas locales y periféricas.
Algunos estudiosos hacen distinción entre las varias reformas de aquel periodo, diciendo, por ejemplo, comienza con una reforma monástica (Cluny y otros centros); una reforma imperial (Enrique II y Enrique III); y luego una reforma Romana. Para Engelbert, esto es demasiado esquemático, aunque no del todo equivocado. Pero ciertamente con Gregorio VII, Roma llega a ser centro de toda la reforma eclesiástica. Con este fin se va constituyendo en Roma un grupo de dirigentes, que encontró su primera base en la renovación del colegio cardenalicio promovido por León IX. Y de este grupo de cardenales es parte integrante (de primera clase), Ildebrando. En este rol, Ildebrando lo demuestra tanto en Roma como en varias misiones en Italia, Francia y Alemania. En 1059 Ildebrando llega a ser archidiácono de la Iglesia de Roma. ¿Qué funciones tenía este título? No lo sabemos. Sólo aquella de llevar el gobierno de la Iglesia de Roma durante el período de sede vacante; en el momento de su elección, Gregorio VII era archidiácono y debía organizar el entierro de su predecesor y luego ha sido elegido el 22 de abril de 1073.
En Italia Ildebrando escogió siempre la posición de los reformadores radicales. Incluso contra el parecer de otros reformadores como Pierdamiano, más conciliador. Así sucedió en Florencia y en Milán (contra el obispo Pedro Mediabarba de Florencia, reo presunto de simonía). En esa ocasión Ildebrando defendió a los monjes de Valleumbrosa que se opusieron violentamente contra el obispo y que no reconocían ninguna validez ni eficacia a los sacramentos administrados por sacerdotes simoníacos o concubinarios. Pierdamiano había protestado enérgicamente contra la predicación demagógica de los de Valleumbrosa y los había definido: .Langosta que devora los verdes pastos de la santa Iglesia, deseando que un rayo los anegase a todos en el Mar Rojo..
Esta carta es confirmada por la Vida anónima de Giovanni Gualberto, un texto escrito por los mismos de Valleumbrosa :
..Entonces Pierdamiano, obispo de Ostia, empujado por la parte de los adversarios, se dirigió contra los nuestros y levantándose hablo en la presencia del papa y dijo: Padre y señor estos son langosta que devoran los verdes pastos de la santa Iglesia; se desencadene el viento del sur y los envuelva en el Mar Rojo. Casi todos están intrigando contra los monjes y los consideraban merecedores de muerte por el hecho que osaban combatir temerariamente contra los prelados de la iglesia: como corderos en medio de lobos, amenazados, elevaron al Señor su grito. En ese momento se levantó en el concilio un hombre egregio, otro excelentísimo Gamaliel (es decir Ildebrando, monje y archidiácono de la iglesia romana), el cual argumentando sin sofismas, sino claramente, defendió a los monjes con extremo rigor, contra el parecer de todos, por el hecho que él se complacía en hacerse defensor, se convierte enseguida en vicario de Cristo, quiere decir, papa de la ciudad de Roma".
Sólo Ildebrando se levantó en el concilio de Roma (1067) en defensa de los de Valleumbrosa. El último año del pontificado de Alejandro II, Ildebrando se ocupó en particular de los asuntos de Milán, dando nuevo estimulo a la acción de Erlembaldo y de la pataría, a fin de quitar la elección del nuevo arzobispo, que se preveía ya próxima, al influjo de la corte imperial. Ya hemos visto que el resultado fue un cisma en Milán. Aquí es necesario citar alguna frase de Arnolfo, Gesta del vescovi di Milano.:
"Está en vigor hasta hoy en el reino itálico una antigua costumbre que cuando el presule de una iglesia, el rey de Italia, invitado por el clero y el pueblo, procedería a escoger al sucesor. Ora los romanos niegan que esto sea según los cánones. Y lo niega el archidiácono Ildebrando. Tratando de sustituir el antiguo mandato con el nuevo o sostenía públicamente que el cisma de Milán no se podría componer permitiendo a los milaneses elegir un obispo según los cánones y decía que para su elección era necesaria la aprobación de Roma".
Una elección canónica, según los gregorianos, sin intervención de los laicos, pero no bastaba, añadían la aprobación de parte de Roma. Esto era algo nuevo; no se acostumbraba que los aprobara el papa. Así se delinea, ya en los últimos años del pontificado de Alejandro II, en la política de Ildebrando aquella dirección que será característica cuando llegue al pontificado: él quiere obstaculizar la tendencia de Enrique IV, de reforzar en el norte de la península una segura iglesia imperial. Algo que ya Enrique III había ya querido. La cuestión milanesa, será entre otros, uno de los principales motivos de enfrentamiento y de la sucesiva ruptura entre regnum et sacerdotium.
En los primeros años de su pontificado, Ildebrando se ajustó a la línea de su predecesor: sería errado y exagerado pensar que el sólo esperaba llegar al pontificado para agudizar la insistencia de reforma. Las decisiones concretas de su primer año de pontificado demuestran que insistía en las elecciones canónicas, mediante el clero y el pueblo, evitando escrupulosamente toda maniobra simoníaca. Por otro lado no tenía todavía objeciones contra un acto de investidura por parte del soberano (no importa cuál soberano).
En cuanto a su relación con el episcopado alemán, en los primeros meses de su pontificado, es casi inexistente. Aquí es necesario citar los Annales de Lamberto de Hersfeld.. Lamberto atestigua los temores difundidos entre el episcopado alemán al saber de la elección de Ildebrando. Y una razón del silencio, al menos de parte de Gregorio, es probablemente debida a la excomunión en que había caído, según él, Enrique IV, por no haber interrumpido la relación con sus consejeros excomulgados por Alejandro II. Estaba prohibido el contacto con los excomulgados. En septiembre de 1073 llegó a Gregorio una carta de Enrique, extremadamente delicada en el tono, que reconocía sus culpas: el no haber defendido a la Iglesia; es más, haberla dañado por simonía. Enrique mismo se acusa de simonía. Y en particular, prometió para el asunto de Milán, observar las disposiciones del pontífice.
Esta muestra de Enrique, aparentemente imprevista, estaba relacionada la difícil situación política del rey. Vivía en fuertes tensiones con los sajones; que duraba ya desde hacía mucho tiempo y había llegado a ser un conflicto abierto. Los príncipes alemanes lo abandonaron y se habló hasta de elección de otro rey. En estas circunstancias, dificultad en la política interna, Enrique escribió a Gregorio VII, además de la carta ya citada, otra suplex epístola, que nos llegó. Estando entre dos frentes, Enrique buscó el acercamiento al papa para obtener su apoyo y la reconciliación.
Gregorio envió dos legados a Alemania, dos cardenales: Gerardo, cardenal obispo de Ostia (el primero de todos los cardenales) y Humberto, cardenal obispo de Palestrina. Estos dos legados fueron recibidos por el rey muy honorablemente, estaba presente, incluso la madre de Enrique, la emperatriz Inés. El 24 de abril de 1074 en Nuremberg Enrique IV es reconciliado y con él, también sus consejeros que prometieron restituir todo aquello que habían adquirido injustamente. El rey se mostró bien dispuesto a apoyar a los legados en su contacto con el episcopado alemán. Tenían dos tareas los legados: una de orden político, la relación con el rey y reconciliación y la otra, era la relación con el episcopado alemán. Gregorio VII por medio de los legados quiere organizar un sínodo de todo el episcopado alemán, en el cual se examinarían las eventuales elecciones simoníacas de los obispos. Una cosa bastante odiosa: un sínodo se convierte en un tribunal contra los mismos participantes del sínodo, para deponer a los obispos, durante el mismo. Y además promulgar en él mismo los más recientes decretos romanos contra los simoníacos y los nicolaístas. La reacción de los obispos era netamente contraria. Pues ellos tenían otra idea de los límites y prerrogativas de la autoridad pontificia; vivían todavía el episcopalismo de los tiempos de los othones y de los reyes sálicos. Por ejemplo eran contrarios a aceptar la idea de un Sínodo nacional que fuera presidido por legados papales ,y no por los metropolitanos. Y además el episcopado se veía reforzado en su oposición por la abierta resistencia del bajo clero a acoger los decretos romanos sobre el celibato. En algunos sínodos provinciales alemanes estallaron tumultos por la misma razón.
Lamberto de Hersfeld afirma en sus Annales :
"El papa Ildebrando reunido con los obispos de Italia, ya en frecuentes sínodos había decretado que los sacerdotes, según los preceptos de los antiguos cánones, no debían tomar mujer y si la tenían, o debían abandonarla, o ser depuestos y que ninguno debía ser recibido en el sacerdocio si no estaba dispuesto a guardar la continencia y el celibato. Una vez promulgadas estas disposiciones para toda Italia, mandó cartas que contenían las mismas órdenes a los obispos de Francia, mandándoles portarse del mismo modo en su iglesia, de manera que sus sacerdotes no debían convivir con mujeres; les lanzaran anatemas y que por ningún motivo tuvieran relación con ellas. Contra este decreto se levanto improvisamente con violencia todo el grupo de los clérigos afirmando que era él (el papa) herético por cultivar una doctrina tonta. El ha olvidado la palabra del Señor que dice: no todos pueden entenderlo sino sólo aquellos a los que les ha sido concedido. Y el Apóstol: si no saben vivir en continencia, se casen. El papa quiere constreñir a los hombres de manera violenta a vivir como ángeles, negando el camino habitual de la naturaleza, habría dejado libre salida para la fornicación y para la inmundicia. Si el insiste en mantener su idea, estarían más dispuestos a abandonar el sacerdocio que a dejar a la mujer y entonces el habría necesitado conseguir ángeles para dirigir la iglesia de Dios (al rechazar a los hombres). A pesar de todo, Ildebrando permaneció firme en su convencimiento y metió a los obispos en una grave discordia entre ellos, mandándoles a ellos legaciones a propósito, una después de otra. Para hacer que se aplicaran los dictámenes de la iglesia de Roma, mientras que en aquellos que desobedecían recaían graves censuras apostólicas..
Los decretos de Gregorio VII contra la simonía y el concubinato de los clérigos fueron promulgados con toda probabilidad en su gran primer concilio reformador (Cuaresma de 1074). A esta fecha se refiere Lamberto al hablar de la oposición de los clérigos. Este sínodo parece presentarse luego con características similares en los sínodos sucesivos, que serán más tribunales de inquisición y de justicia o tribunas para divulgar las órdenes del papa, que comunes deliberaciones (objeto de los sínodos). El contenido era en substancia aquel que ya Nicolás II había sostenido: era nueva la férrea voluntad de Gregorio de aplicar tales decretos; incluso con la movilización del pueblo; no sólo contra los sacerdotes concubinarios, de las parroquias, sino incluso contra obispos simoníacos.
Para resumir, podemos decir que en aquel momento la oposición hacia Gregorio no venía del rey; esto me parece importante, sino del propio episcopado. Y no sólo en Alemania, también en otros países. Un gran concilio alemán, bajo legados romanos, como quería Gregorio, con el fin de luchar contra simonía y nicolaísmo, no tuvo lugar. Por su parte Gregorio esperó poder alcanzar sus fines, vista la oposición del episcopado, los quería lograr colaborando con Enrique IV mismo. Tenemos una extrañísima carta de Gregorio a Enrique (dic.1074). Extrañísima si uno tiene en cuenta lo que sucedió después. En esta carta Gregorio desarrolla un plan: mientras el quería ir a la cabeza de un ejército a tierra santa para conquistar Jerusalén; el rey alemán se ocuparía de la administración de la Iglesia. Un año después (1075),en el segundo sínodo cuaresmal de Gregorio (24.28 febrero) se presenta la primera solemne actuación práctica de esta política de Gregorio. Lo más notable en éste fue el gran número de condenas pronunciadas contra cuatro obispos italianos y alemanes. Incluso fue amenazado de excomunión Felipe, rey de Francia (por desobediencia); y cinco consejeros de Enrique si no se presentaban en Roma antes del primero de junio de 1075. Se trataba de medidas que constituirán una advertencia para aquellos, príncipes u obispos, que hubieran querido todavía oponerse a la voluntad férrea de Gregorio. El decreto más importante promulgado en este concilio de 1075, fue aquel contra la investidura laica. Debemos detenernos un poco sobre este problema porque es el nudo de toda aquella controversia. E1 texto emanado no se ha conservado: solo tenemos un pequeño resumen del sínodo pero no existen las actas del propio sínodo. Si no queremos interpretar algunas alusiones en cartas de Gregorio, del 1077 en adelante como relacionadas con este sínodo, es necesaria tener una única fuente.
El único testimonio contemporáneo del II Sínodo Cuaresmal es una reseña de la Cronaca di Arnolfo di Milán (p. 5, 2º texto). Este pasaje fue interpretado hasta hace pocos años como un primera y general condenación de las investiduras laicas, comprendiendo a todos los laicos, incluso al rey. Gregorio habría emanado por tanto en febrero del 1075 una disposición sin precedentes, ya que el decreto de Nicolás II contra las investiduras laicas se refería realmente sólo a las iglesias menores. Con este decreto Gregorio rompió el nexo entre regnum et sacerdotium, entre un episcopado, según él corrompido pero que se apoyaba en el rey y la autoridad política que impedía una reforma de la iglesia feudal. La duda entre los estudiosos es si este decreto fue promulgado o no. Muchos estudiosos sostenían que Gregorio, por razones diplomáticas no ha querido publicar por el momento una decisión tan revolucionaria ; sin embargo el choque entre Gregorio y Enrique habría estado provocado propiamente por este decreto de febrero de 1075. Toda la gran lucha entre regnum et sacerdotium con las gravísimas consecuencias de él derivaron sería causada por esta decisión unilateral de Gregorio VII.
Toda esta argumentación viene apoyada por las palabras del P. Kempf en el Jedin :
. La lucha más dura fue provocada por el problema de las investiduras. A propósito de esto Gregorio se vio envuelto en un conflicto que él no había deseado. En un primer momento dejó completamente de lado el decreto que Nicolás II había emanado y renovado Alejandro II, pero ninguno puesto en práctica. Sólo en Sínodo de Cuaresma de 1075 ese fue, por así decirlo, desempolvado. Admitiendo incluso que ahora el papa lo hubiese publicado según las normas vigentes, lo hace desde el principio sin demasiada determinación ; los motivos de esta prudencia no son conocidos. A pesar de ello este decreto no habría tenido una gran repercusión en la reforma de Gregorio, si no hubiese ocurrido alguna cosa imprevista como la violenta reacción de Enrique, que hace a Gregorio inexorable....Esta lucha de las investiduras, que no envuelve a todos los países, estará constreñida por los acontecimientos..
Schiffer contesta el hecho de que el sínodo de 1075 haya emanado un decreto general de prohibición de las investiduras. Para él, el comportamiento práctico de Gregorio hasta 1077-78 demuestra lo contrario. Todavía en el verano de 1075 Gregorio solicita a Enrique IV que se encargue de una elección de obispo en Banberga .secundum Deum. ; aunque no habla de una investidura el tenor de la carta implica una activa cooperación del rey en el procedimiento del nombramiento de un obispo.
Según Schiffer Gregorio habría decidido una prohibición total solamente en un sínodo romano de noviembre de 1078, después repetido en el Sínodo de Cuaresma de 1080, no antes. Y fueron estas últimas decisiones las que pasaron a las colecciones canónicas y por fin al Decretum Gratiani y con él al Corpus Iuris Canonici. Para fundamentar en su argumentación debió minimizar el testimonio de Arnolfo, antes referido. Para Schiffer el papa habría anunciado la prohibición de investidura en caso de que el rey no evitase el contacto con los consejeros excomulgados. El verdadero problema sería por tanto la fiabilidad de Arnolfo de Milán, que ha podido acentuar las intenciones de Gregorio VII o ha generalizado algunas de sus ideas de las que se hablaba entonces ; él no pretendía escribir una historia de la relación con Enrique IV, ni una biografía de Gregorio VII, hablaba de las luchas en Milán.
Recientemente se ha estudiado la fecha de la composición de la Cronaca de Arnolfo y la fecha de la embajada de Enrique mencionada en el pasaje, a la corte normanda. El resultado de los estudios de H. E. Hilpert del 1987, han evidenciado que la embajada se realizó entre la segunda parte de 1075 y el comienzo de 1076. Esta constatación modificó no poco la tesis de Schiffer. Si admitimos el nexo establecido por Arnolfo entre la embajada al corte normanda y el Sínodo romano, entonces no se trata del Sínodo de 1075, sino del de 1076, por lo tanto después de estallido de la disputa. Por todo lo dicho hasta aquí parece cierto que la ocasión de la disputa entre Enrique y Gregorio no fue un decreto general que prohibía la investidura por parte del rey. La cuestión sobre la causa queda así de nuevo abierta.
Hay otro texto de 1075, el Dictatus papae que nos puede arrojar luz sobre el asunto. Es uno de los textos más importantes, no sólo de la historia de la Edad Media, sino de toda la historia eclesiástica. Fue dictado por el propio papa, como indica su nombre. El texto dice lo siguiente :
1.La iglesia Romana ha sido fundada sólo por el Señor.
2. Sólo el Romano pontífice es definido con justo título universal.
3. Sólo él puede deponer o absolver a los obispos.
4. Su legado en concilio está por encima de todos los obispos, aunque sea de grado inferior a ellos, y puede pronunciar una sentencia de deposición contra ellos.
5. El papa puede deponer a los ausentes.
No se debe bajo el mismo techo de aquellos que han sido excomulgados por él.
El sólo puede, según la oportunidad, establecer nuevas leyes, constituir nuevas comunidades, transformar una colegiata en abadía y viceversa, dividir un obispado rico o unir obispados pobres.
8. Sólo él puede usar las enseñas imperiales.
9.. Sólo al papa todos los príncipes besan los pies.
10. El es el único cuyo nombre será pronunciado en todas las iglesias.
11.. Su nombre es único en el mundo.
12.. A él le está permitido deponer al emperador.
13 A él está permitido transferir los obispos de una sede a otra si hay necesidad.
14 El puede ordenar donde quiera un clérigo de cualquier iglesia.
15. El que ha sido ordenado por él puede recibir la iglesia de otro, pero no ser soldado ; pero no debe recibir de un obispo un grado superior.
16. Ningún sínodo sea definido general sin su orden.
17 No existe ningún texto canónico fuera de su autoridad.
18 Su decisión no debe ser reformada por nadie y sólo él puede reformar las decisiones de todos.
19. El no debe ser juzgado por nadie.
20. Ninguno ose condenar a aquel que ha apelado a la Sede Apostólica.
21. Los asuntos graves concernientes a una iglesia, cualquiera que sean, deben ser comunicados.
22. La Iglesia Romana nunca ha errado, como atestigua la Escritura, y nunca cometerá errores.
23 El Romano Pontífice, si fuera ordenado según los cánones, es indudablemente a través de los méritos de san Pedro establecido en la santidad, como testimonia san Ennodio obispo de Pavía en acuerdo con numerosos padres, como se puede ver en el decreto del beato papa Symmaco.
24 . Bajo orden y con permiso del papa está permitido a los súbditos sopesar una acusación.
25. El puede, sin necesidad de una asamblea sinodal, deponer o absolver a los obispos.
26 El que no está de acuerdo con la Iglesia no debe ser considerado católico.
27. El papa puede liberar del juramento de fidelidad a los súbditos de un príncipe inicuo.
Entre dos cartas del 3 y del 4 de marzo de 1075 se encuentran incluidas en el Registro de Gregorio estas 27 proposiciones referidas a privilegios, prerrogativas y funciones de la Iglesia de Roma. El título Dictatus papae, parece indicar un dictado del propio Gregorio. Hoy se sostiene comúnmente que el volumen del ASV sea un libro más o menos contemporáneo de la Cancillería Pontificia, por tanto el original existe hasta ahora en el ASV bajo la indicación Registrum Vaticanum secundum.
Podemos partir de la suposición de que el texto del Dictatus papae haya sido copiado todavía antes de finales de 1075, antes de los grandes acontecimientos de 1076. Esta constatación sobre la fecha exacta del Dictatus papae aumenta el interés del historiador que puede descubrir en estas sentencias casi un programa de la sucesiva acción pontificia, un programa para realizar, que de suyo ha sido realizado después.
El texto original y la versión que hemos manejado, consta de 27 breves proposiciones, numeradas progresivamente con números romanos, conteniendo afirmaciones de principio o verdaderos y propios decretos relativos a las siguientes materias, pero sin un orden lógico, que se pueden agrupar en 5 grandes campos :
1. Institución divina de la Iglesia.
2. Primado romano.
3. Centralización de la organización eclesiástica.
4. Relaciones entre el papa y el concilio.
5. Relaciones con el emperador y los príncipes.
Hay algunas proposiciones que, al menos en parte, son inauditas :
· Que el papa pueda deponer incluso a los ausentes, esto era una violación del derecho canónico vigente, ya que ninguno podía ser juzgado si no estaba presente.
· Que sólo a él le es lícito, según las necesidades del momento, emanar nuevas leyes, hasta ahora se confirmaba todo lo contrario.
· Que los príncipes besen los pies del papa.
· Que le sea lícito deponer al emperador ; leyendo estas frases se puede comprender que todavía, muchos siglos después los soberanos católicos eran contrarios a la canonización de Gregorio VII y que la emperatriz austríaca, María Teresa ordenase quitar su nombre del breviario usado en Austria.
Aunque es cierto que estas proposiciones consideradas individualmente contienen pocas cosas que no estuviesen ya presentes en algún decreto papal o en alguna obra literaria precedente, en especial en el Pseudoisidoro, en el conjunto y en la sucinta formulación, agudizada, abrasaban los fundamentos de la realidad social del momento.
La tendencia principal de las formulaciones es la afirmación de una posición absolutamente singular de la Iglesia Romana, como afirma la sentencia XXVI : No sea considerado católico el que no esté de acuerdo con la Iglesia Romana. Para el P. Y. Congar esta sentencia es el tema gregoriano por excelencia, que él formula así : La fe llega a ser obediencia hacia Roma.
El Dictatus papae se distingue del resto del Registrum de Gregorio VII porque no tiene dirección, por tanto no forma parte del cartulario del papa, no es una carta aunque se encuentre en el registro de las cartas. Parece ser por el contrario un escrito para uso interno. Sobre su finalidad se han formulado varias opiniones :
· Sería un index o una capitulatio de una colección canónica, o proyectada o perdida.
· Sería una lista de temas para tratados de unión con la Iglesia Bizantina, pero no parece que fuera un texto que pudiese agradar a los bizantinos si realmente fuese así.
· Recogida de materiales para un discurso sinodal del papa.
· Simplemente una especie de promemoria del propio Gregorio VII.
Continua siendo un texto enigmática en cuanto a su finalidad. Además debemos preguntarnos por las personas que conocían el Dictatus papae. R. Schiffer ha podido demostrar que este texto en la Edad Media era conocido por poquísimas personas, a aquellos que habían accedido al Archivo Pontificio. No es por tanto un texto que Gregorio VII ha promulgado, ni siquiera entró en las colecciones canónicas gregorianas, ni en el Decretum Gratiani. Era, por así decir, un texto secreto, no un texto público.
De lo dicho hasta aquí podemos concluir que el Dictatus papae permanece como un testimonio único del pensamiento del papa, siendo un documento esencial para todos los estudiosos del fenómeno gregoriano. Enrique IV y los obispos alemanes, con toda probabilidad no conocían el documento cuando consuman la ruptura con Gregorio VII en Worms a comienzos de 1076, ya que de conocerlo hubiesen reaccionado todavía con más violencia.
Este período que va desde el enfrentamiento en 1076 a la muerte de Gregorio VII en 1085, son los más importantes de toda la historia de la Iglesia, son años revolucionarios, no sólo en el sentido de un derrumbamiento de la relación tradicional entre la Iglesia y el estado, sino el afirmarse de una nueva concepción eclesiológica.
La ascensión de un papado consciente de su propia independencia comienza con los acontecimientos de aquellos nueve años. El problema quedará abierto en 1085 y no se solucionará hasta encontrarse un acuerdo en el concordato de Worms de 1122.
Podemos articular este período en tres fases :
· (1076-1077) : WORMS Y CANOSA.
· (1077-1080) : GREGORIO VII POLÍTICO.
· (1080-1085) : ENDURECIMIENTO DE LAS POSICIONES. ENRIQUIANOS, GREGORIANOS Y UN ANTIPAPA.
En este momento Gregorio VII sólo tiene enfrentamientos con el episcopado alemán, pero Enrique IV está alejado de este conflicto y fue alabado en el verano de 1075 por Gregorio debido a su empeño por la reforma. El enfrentamiento empieza cuando Enrique IV tras una victoria sobre los sajones y tras la grave derrota de los patarinos, con la muerte de su jefe Erlenvaldo, ve el momento propicio para reforzar el poder imperial del Regnum Italiae. Uno de los consejeros excomulgados de Enrique IV, el conde Everardo fue mandado a Lombardía, y reunida una dieta en Roncalia hace elegira Tedaldo, subdiácono milanés y capellán del rey, nuevo arzobispo de Milán. Todavía vivían Atone y Gotofredo. Everardo continuó por Italia meridional e intentó acelerar la unidad también con Roberto el Biscardo, normando.
Además Enrique IV concedió la investidura de los dos obispados de Fermo y de Espoleto a dos personas que le eran fieles y que eran desconocidas del papa. Gregorio reaccionó con vehemencia pero no se produjo todavía la ruptura. Exigió en una carta del 8.12.1075 a Enrique la definitiva separación de los consejeros excomulgados y la íntima obediencia a las órdenes del papa. Se dice que sólo oralmente le había amenazado de excomunión. El rey en respuesta reúne el 24.01.1076 en Worms un sínodo, en que toman parte 26 obispos alemanes bajo la guía del arzobispo Sigfrido de Maguncia, siendo la mayoría del episcopado alemán. El 26 de enero la asamblea negó la obediencia a Gregorio aduciendo que había violado el decreto sobre la elección papal de 1059.
Tenemos diversa documentación sobre este Sínodo. Por ejemplo un documento en el que los obispos, dirigiéndose a .Ildebrando hermano., negándole el título papal, no hablan de deposición, ni tampoco lo hacen otros documentos, ya que a un papa no se le puede juzgar. Permanece o la declaración de nulidad de su elevación o la autodeposición o la propia dimisión. La carta de los obispos está llena de insultos contra Gregorio, el cual es acusado entre otras cosas de permitir el gobierno de la Iglesia a un consejo de mujeres, haciendo alusión al influjo de la madre del emperador, Agnese, de la marquesa Matilde y de su madre Beatriz. En particular los obispos le echan en carta su autoritarismo y el desprecio por la dignidad episcopal.
Más tarde el propio Enrique IV escribe una carta a Gregorio, en la cual basándose en el patriciado le ordena bajar del trono. En otra segunda carta dirigida a Gregorio, mucho más violenta y apasionada, que es la que se suele citar al hablar de la deposición de Gregorio por `parte de Enrique IV. Esta carta era sólo .propaganda política..
Con la lucha por las investiduras comienza la publicística moderna. En este momento se escriben por ambas partes artículos o tratados enteros que pretender hacer propaganda de cada posición. La carta de Enrique es el primer ejemplo de este género literario usado por el regnum ; una carta abierta al público europeo. Sus posiciones vienen expuestas de una manera retóricamente sugestiva. Por ejemplo podemos citar algunas frases :
.Enrique, rey, no por usurpación sino por sagrada ordenación de Dios a Ildebrando, no papa, sino falso monje.
Para tu vergüenza he encabezado esta forma de saludo, tu que en la Iglesia no has dejado ocasión de deshonor en vez de honor, de maldición en vez de bendición. Para indicar entre muchos ejemplos sólo algunos importantes no has temido de no tocar como ungidos del Señor a los rectores de la Santa Iglesia, arzobispos, obispos y sacerdotes, sino que les has pisoteado bajo tus pies, como siervos que no saben lo que hace su patrón. Oprimiéndoles te has ganado el favor del vulgo. Has creído que todos esos no saben nada y tú sólo posees toda la ciencia, de la cual luego te sirves no para construir sino para destruir.
Y nosotros que nos hemos esforzado en defender el honor de la Sede Apostólica hemos soportado todas estas cosas. Pero tú has creído que nuestra humildad era temor, y no has temido levantarte contra el poder real, que nos ha sido concedido por Dios y has amenazado de poder quitárselo, como si nosotros hubiésemos recibido el reino de ti, como si el reino o el imperio estuviesen en tu mano y no en la de Dios.
Nuestro Señor Jesucristo que nos ha llamado al reino, no te ha llamado a ti al sacerdocio. Tu has llegado a este grado sobre todo con la astucia, que no se concilia con la profesión monástica, te has procurado el dinero, con el dinero el favor, con el favor las armas, y con las armas el signo de la paz, (o sea el cargo de pontífice) y con el signo de la paz has turbado la paz armando a los fieles contra los prelados, enseñándoles a despreciar a nuestros obispos llamados por Dios, tú que no has sido llamado. Incluso a mí, que aunque indigno, he sido consagrado para reinar entre los cristianos, me has golpeado. Mientras yo, según lo que enseña la tradición de los Santos Padres, no puedo ser juzgado más que por el mismo Dios.
Desciende, por tanto. Abandona la Sede Apostólica usurpada. Que otro suba al trono de Pedro que no esconda la violencia bajo alguna religión, sino que enseñe la sana doctrina de San Pedro.
Yo Enrique, rey por la gracia de Dios, yo te digo con todos mis obispos, desciende, desciende, condenado por los siglos..
Una tercera carta de Enrique iba dirigida a los romanos con la invitación de alejar a Ildebrando de la Sede Apostólica y elegir a un nuevo papa.
Poco después del Sínodo de Worms dos obispos alemanes fueron encargados de acercarse a Italia para solicitar la adhesión del episcopado lombardo, lo que realizará en una asamblea en Piacenza. La reacción de Gregorio no se hace esperar. Como quiera que las cartas de Worms llegaron a Roma en el momento del Sínodo anual de Cuaresma de 1076, Gregorio excomulgó a Enrique, lo depone del gobierno, libera a los súbditos del juramento de fidelidad y prohibió todo servicio regio. Todo esto en la forma de una solemne oración a San Pedro.
Comparando las dos deposiciones, la real y la del papa, se puede concluir que el rey había obrado de una manera muy imprudente, poco fundada, argumentando con razones no convincentes ; él y sus obispos habían desfogado su cólera contra Gregorio. Al contrario, Gregorio reaccionó fríamente, su decisión era mucho más inaudita y revolucionaria. Había hecho lo que hasta ahora ningún papa había osado hacer. Todavía 70 más tarde se da cuenta de aquel terremoto, que ahora había sido sentido por toda la cristiandad occidental.
Otón de Frisinga, un cronista que manifiesta simpatía por Gregorio VII, afirma que repasando y estudiando las gestas de los reyes y emperadores romanos no encuentra ningún caso en el que esté excomulgado por un romano pontífice o depuesto del reino antes de Gregorio VII.
Con respecto a los obispos que habían firmado el escrito de Worms Gregorio se comporta de manera diferente. El arzobispo Sigfrido de Maguncia fue excomulgado y depuesto, mientras los demás obispos que había subscrito el documento, fueron suspendidos con la orden de presentarse en Roma antes del 1 de agosto para justificarse. Los obispos lombardos fueron todos excomulgados.
El efecto de la acción de Gregorio fue enorme y destruyó la concordia entre Enrique IV y los obispos. Sólo pocos obispos permanecieron del lado de Enrique IV. Por otro lado los sajones aprovecharon la situación y manifestaron hostilidad contra Enrique. Se habló rápidamente de la elección de otro rey. El 2 de febrero de 1077 se preveía ya una gran asamblea del reino que habría debido reunirse en Augusta, bajo la presidencia del papa, para decidir definitivamente sobre el destino del reino. Enrique tenía todas las razones para evitar esta asamblea. En vano intentó por todos los medios evitar que Gregorio saliera de Roma, que parte entre noviembre y diciembre. En este mismo momento, Enrique con una pequeña escolta, se dirige hacia Italia por el Moncenisio y se detiene en Piamonte. La noticia de la llegada de Enrique alcanza al papa cuando atravesaba los Apeninos y le empuja a irse al muy fortificado castillo de Canossa perteneciente a la Marquesa Matilde.
Sobre lo que ocurrió en Canossa, Zimmermann escribió una monografía llamada Canossa 1077. Storia e attualità Sobre las fuentes digamos que hay un relato del propio Gregorio VII y cuatro obras historiográficas, dos de monjes alemanes y el resto de autores italianos.
1.El texto gregoriano es una carta del papa a los príncipes alemanes, siendo el más antiguo.
2.Tras él situamos a Lamberto de Hersfeld, que escribió poco después del evento, redactó la fuente más larga dando muchos detalles que no encontramos en el relato de Gregorio.
3.Donizone con su Donizo vita Matildis, que quería aprovechar las tradiciones locales y las informaciones directas de Matilde. Su obra es de 1117.
4.Cronaca del monje Bertaldo de R. escrita haca el 1080.
5.El octavo libro del Obispo Bonizone de Sutri Liber ad amicum, escrito no mucho después de la muerte de Gregorio VII.
La historiografía hasta tiempos muy recientes ha seguido de modo particular la narración de Lamberto de Hersfeld, que ha determinado también las concepciones populares del evento de Canossa. Sólo tras la investigación de Zimmermann podemos evidenciar los hechos individuales de una manera más realista :
Enrique se comportaba como un penitente, tal como preveía el Derecho Canónico (.con hábito de penitente y descalzo.). Se presentó así el 25.01.1077 delante del Castillo de Canossa y solicita ser recibido por el papa. Repitió este gesto otros dos días. Lamberto dramatizó este acto que formaba parte de la penitencia pública, diciendo que Enrique debió estar tres días enteros fuera de los muros en la nieve y en el frío descalzo, para que Gregorio se apiadase. En realidad se presentó tres veces, pero no se dice que estuviese allí durante tres días enteros.
De suyo intercedieron en favor de Enrique la Marquesa Matilde y el abad Hugo de Cluny, que estaban presentes en Canossa junto con numerosos cardenales y obispos. Por último Gregorio renunció a su plan de reconciliar a Enrique sólo en Augusta y estaba dispuesto para un acuerdo de absolución el 28.01.1077 en Canossa. Enrique le prestó un juramento que le comprometía a reconciliarse con los príncipes alemanes, según las indicaciones del papa, y fue readmitido por el papa a la comunión con la Iglesia. Por lo tanto absolución de la excomunión (22.01.1077) en Canossa, pero que no implicaba una completa reintegración de Enrique en todas sus responsabilidades sobre el trono.
Según Gregorio el segundo acto debería estar constituido por una gran asamblea del reino presidida por el mismo, por lo que no había abandonado la idea inicial de reunir a los príncipes alemanes en Augusta en una asamblea.
La historiografía liberal del siglo pasado veía en el acto de Canossa, al que nos estamos refiriendo, una victoria del clericalismo con su sed de poder, y una humillación de Alemania. Todo ello no es cierto. Todo aquel procedimiento seguía las reglas de la praxis penitencial y, de suyo, no era un acto degradante. Más importante que Canossa era para Enrique, en la situación concreta entre 1076-1077, un acontecimiento político, en cuanto que el rey obstaculizaba así una ulterior cooperación entre el papa y los príncipes.
Con la absolución comienza la nueva ascensión de Enrique IV hasta la victoria sobre Gregorio VII. Por ello de por sí era un acontecimiento para Enrique IV. Su biógrafo afirma que Enrique ha obtenido en Canossa de un trato dos cosas : la absolución de la excomunión y ha obstaculizado el encuentro de Gregorio con sus opositores. Esto no quiere decir que Canossa sólo ha sido para Enrique un juego de cálculos políticos, debemos por el contrario suponer que Enrique toma su penitencia en serio, quiere ser absuelto como cristiano, se sentía cristiano.
El significado de Canossa no se detiene aquí. Era una ruptura del ordenamiento del mundo medieval. Este penitente no era un hombre cualquiera, sino el .ungido del Señor., el portador de una empresa sagrada, el cual debía en aquel momento plegarse al poder sacerdotal del papa. Gregorio no reconocerá más un reino teocrático dependiente directamente de Dios. En este cambio está el significado de Canossa, con él comienza el antagonismo entre .regnum et sacerdotium., un conflicto que ha durado durante todo el medioevo.
La desviación del peligro momentáneo para Enrique, no le hizo olvidar que sus fundamentos reales estaban amenazados. La afirmación del origen divino de su propio poder, la de la intangibilidad de su cargo, el carácter sagrado del rey, había sufrido un daño irremediable.
La absolución de Enrique IV suscitó en Alemania entre sus adversarios, oposición, protestas y desconcierto, porque no lo esperaban. Los opositores radicales de Enrique se reunieron en marzo en Forchheim y eligieron un nuevo rey en la persona de Rodolfo de Suavia o de Rheinfelden. Es cierto que esta elección tiene lugar sin la aprobación de Gregorio, ni hubo consultas previas con él, pero la presencia de dos legados pontificios, el cardenal diácono Bernardo y Bernardo, abad de san Vitore di Marsilia, y la ambigua actitud que mostraron, creó probablemente entre los enemigos de Enrique numerosos equívocos, haciéndose ilusiones de que pronto sería dada la aprobación del papa a su elección, cosa que Gregorio se guardó bien de no hacerlo. Para él todo estaba todavía abierto.
Propiamente este asunto interno de Alemania, la situación de competencia entre Enrique y Rodolfo de Suavia, su adversario, era lo que Gregorio deseaba, ya que le daba la libertad de actuar en la Iglesia alemana como quería, para así afirmar sus ideas de la supremacía de la Sede Apostólica sin la intervención por parte de un soberano.
Un sínodo romano reunido el 19.10.1078 se limitó, por esto, con respecto al problema alemán a solicitar a los enviados de los dos reyes que jurasen que ellos no impedirían la obra de los legados romanos que volverían para organizar un coloquio, que todavía en este momento era bastante vago, sin especificar y todavía lejano. Este coloquio debía ser un sínodo nacional bajo la dirección de legados papales, los cuales según las indicaciones del pontífice deberían decidir sobre la legitimidad de uno u otro candidato.
No obstante la atención de Gregorio en el proyectado sínodo estaba dirigida a la reforma de la iglesia alemana. En una situación bastante propicia para Gregorio, no debería temer ninguna seria oposición en Alemania, el sínodo romano del 1078 emanó de manera inequívoca la prohibición de la investidura laica, que prohibía no sólo la aceptación de una investidura por parte de un laico, sino que de manera positiva impedía a todos los laicos, incluso al emperador y al rey, conferir cualquier beneficio eclesiástico. Todo ello será castigado con la excomunión.
Pero la situación en Alemania se desarrollaba en favor de Enrique, ya que numerosos grupos sociales vieron más en Enrique que en Rodolfo el garante de la paz y la ascensión social. En particular los ciudadanos de los municipios, la baja nobleza y el grupo de los llamados .ministeriales., formado por personas frecuentemente ricas e influyentes, incluso hasta en vías de asimilación a la nobleza, y también personas no libres, incluso el clero bajo sostenía a Enrique, ya que eran contrarios a las normas gregorianas sobre el celibato.
Gregorio VII encontró plena adhesión en los monasterios del sur de Alemania que seguían la dirección de Cluny, que eran los más fervientes propagadores de la ideas gregorianas entre el pueblo.
Lo cierto es que la solución de Enrique IV se verificó con una escisión en la propia iglesia alemana. Una parte era netamente contraria a Gregorio VII y la otra era gregoriana.
Tras Canossa (1077) Gregorio VII permanecerá calmado durante tres años sin ir en ayuda de sus aliados contra Enrique IV. En 1080 volverá al ataque, excomulgando y deponiendo de nuevo a Enrique en un sínodo de Cuaresma del 7 de marzo, en un discurso apasionado semejante al de 1076. El discurso habla sólo de la desobediencia de Enrique, el cual habría impedido en todo momento aquel coloquio, aquella asamblea en la cual Gregorio quiere decidir quién debía ser el rey legítimo, Enrique o su adversario Rodolfo de Suavia.
Este motivo parece demasiado débil para una medida tan grave como es la excomunión. Por ello muchos estudiosos actuales piensan que la noticia referida por Bonizone en su Liber ad amicum en el VIII libro, daría una explicación más convincente : Enrique habría solicitado de Gregorio, mediante dos obispos alemanes, la excomunión de su adversario, Rodolfo, de lo contrario procedería a la elección de otro papa más dispuesto. Hemos de tener en cuenta que Bonizone es un autor gregoriano, por lo que su testimonio no nos vale para dar una solución definitiva al por qué de esta excomunión.
En este caso la excomunión de Enrique IV hace poca impresión. Por desgracia el camino que Gregorio indicaba era ahora ya la guerra. En este desgraciado empeño estarán absorbidos sus últimos años de pontificado. Es cierto que Gregorio fue el papa más guerrero de toda la historia.
La reacción de Enrique y de sus obispos no se hace esperar. En un sínodo en Bresanone, el 25.06.1080, con la presencia de 20 obispos italianos, 6 alemanes y 1 borgoñón, además del cardenal Hugo Cándido, Gregorio fue objeto de las más horribles acusaciones. El decreto termina con la sentencia que .hay que deponerle, echarle fuera, porque es un criminal, perjuro, disturbador del orden público y de la Iglesia.. Después de aquella sentencia sobre Gregorio es elegido papa el arzobispo de Rávena, Guiberto, que toma el nombre de Clemente III. Gregorio le había excomulgado en 1078, ya que como arzobispo de Rávena no quería seguir las órdenes radicales del papa, ni quería instigar a los fieles contra los sacerdotes casados, ni considera correcta la deposición de un rey, ni la absolución del juramento de fidelidad. Su excomunión no impresionó mucho a su diócesis.
Como papa, Clemente III es el antipapa que más repercusión ha tenido en todo el medioevo. Gracias a un fuerte partido .guibertista. permanece como papa en muchos países, o mejor dicho, antipapa hasta su muerte en el 1100. Fue reconocido en la primera mitad de los 90, no sólo por Enrique IV, sino también por Inglaterra, Servia y Hungría. Era un personaje de alta cultura, partidario de una reforma de la Iglesia, y no simplemente un instrumento dócil y pasivo del emperador.
Para tener las manos libres en una expedición militar hacia Roma y cumplir así las decisiones de Bresanone, Enrique IV retoma la campaña contra Rodolfo, el cual en una batalla en octubre del 1080 pierde la mano derecha y muere poco después a causa de esta herida. Para los partidarios de Enrique IV esto había sido un .juicio de Dios. sobre un vasallo perjuro. A partir de aquí Enrique gozará por un tiempo de plena libertad de acción.
Atraviesa los Alpes a finales de 1081, pasando por Verona, Pavía y Rávena, llega en mayo a Roma. Como la ciudad permaneciese cerrada Enrique debió interrumpir el asedio. Gregorio opuso un claro rechazo de todo tipo de tratados, siempre en espera de sus aliados normandos, que no llegaban. Enrique entrará en Roma tres años después, momento en el cual Gregorio se refugia en el Castillo de Sant´Angelo.
Guiberto, Clemente III fue solemnemente entronizado en San Pedro. El 31.03.1084 Enrique IV será por último coronado emperador por su papa, mientras Gregorio se .recomía. a pocos metros en el Castillo de Sant´Angelo. Pero al aproximarse un ejército normando bajo el mando de Roberto el Guiscardo, el 28.05.1084 le obliga a alejarse deprisa. Los normandos liberaron a Gregorio del asedio, pero saquearon terriblemente Roma, haciendo imposible la permanencia de Gregorio en la ciudad.
Gregorio se fue a Salerno bajo la protección de Roberto el Guiscardo, confirmando desde allí todas las condenas precedentes. Murió en Salerno el 25.05.1085, mientras crecían las disputas entre sus partidarios y los de Enrique. Sus últimas palabras, que son auténticas, forman parte de un salmo, pero no se pueden interpretar, según Engelbert, como una mala conciencia por su fracaso, sino como una expresión de su esperanza en las promesas del discurso de la montaña, es decir que .aquellos que sean perseguidos por causa de la justicia serán recompensados en el cielo. ; Gregorio pensaba en categorías escatológicas. La lucha contra Enrique y otros adversarios para él no era una lucha política, sino escatológica. El se sentía llamado a mantener esta lucha por la salvación eterna de los hombres.
En el lecho de muerte Gregorio había indicado tres nombres entre los que se debía escoger a su sucesor, pero sus propuestas no fueron tenidas en consideración por los cardenales. De hecho viene elegido tras un año, en el 1086 el abad de Montecasino, Desiderio, que no estaba entre los nombres propuestos, que tomará el nombre de Víctor III, lo cual era un indicio de que buscaba una reconciliación con Enrique, ya que Víctor II fue el único papa que Enrique II había designado. Por desgracia Víctor III murió en septiembre de 1087. Su sucesor, Urbano II era un gregoriano convencido.
Gregorio VII fue un papa que como ninguno de sus predecesores reivindicaba el derecho de intervenir en todos los países de la cristiandad y de ninguna manera quería limitarse sólo a las relaciones con el imperio. Por el contrario su interés se extendía de Escandinavia hasta Africa, de Inglaterra hasta el Reino de Kiev, como manifiesta su correspondencia. Por todo ello se suscita la cuestión sobre cuál era la actitud de Gregorio en relación al espinoso problema de la investidura laica y de otras instancias reformadoras en otros países europeos.
Para contestar a esta pregunta hemos de afirmar que en este asunto Gregorio era mucho más moderado. El adversario principal del papa era el emperador, ya que Enrique ejercí su dominio también sobre gran parte de Italia, lo que restringía las posibilidades del papa en Italia. Otro motivo era que el emperador investía a todos los obispos del imperio de sus obispados, les confió misiones importantes el gobierno y de la administración y dependía de sus operaciones, incluso desde el punto de vista militar, que era el sistema otoniano-sálico de la Iglesia. Para el emperador la lealtad del episcopado era una cuestión decisiva para el buen funcionamiento del imperio, por ello la elección de los candidatos a las sedes episcopales y abaciales era indispensable para el emperador y las concepciones gregorianas eran inaceptables. Todo esto unido hace del emperador el adversario verdadero de Gregorio. A ningún otro soberano atribuyó tanta importancia.
Por ejemplo, en relación a Francia y su rey Felipe I, es cierto que este rey ha sido reprochado en términos durísimos por parte de Gregorio, lo cual está en consonancia con el temperamento fogoso del papa y no se relacionaba con el peso político real del rey francés. Felipe I sólo pudo ejercer su influencia sobre 25 de 77 diócesis de Francia. Naturalmente también había en Francia sínodos que promulgaban decretos contra la investidura, bajo la dirección de legados papales, con semejantes peticiones de otros lugares, también suspensiones de obispos, por ejemplo el arzobispo de Reims que consideraba como un fastidio tener que celebrar la misa.
En general Gregorio evitó tener enfrentamientos frontales con Felipe I preocupándose más de exigir de los propios prelados el rechazo de la investidura. En realidad el papa quería y debía concentrarse sobre su enemigo, Enrique IV. Por otro lado Felipe I podía renunciar a ciertos derechos sobre los obispos ya que estos tenían muchos menos derechos estatales que sus colegas imperiales. De este modo Felipe prefiere ser tenido como un amigo de la reforma sin tener que sacrificar demasiado. Si de suyo tiene un conflicto con Gregorio éste proviene en primer lugar de su adulterio.
Con respecto a Inglaterra podemos decir que la relaciones con Guillermo el Conquistador las relaciones fueron bastante buenas. Hubo algunas fricciones por el rígido control real sobre su clero, hasta el punto de prohibir al episcopado inglés las visitas ad limina e impedir a los legados notificar directamente al clero inglés las decisiones de la Sede Apostólica. Por el contrario un sínodo inglés de 1076 decretó que los sacerdotes casados no debían ser alejados de su cargo. Pero por una serie de consideraciones que él acostumbraba a hacer, sobre todo tras la ruptura con Enrique IV, Gregorio mantiene con el rey de Inglaterra una actitud de gran moderación, aconsejándoles lo mismo a sus legados, justamente lo contrario de lo que hizo con Enrique IV y la Iglesia imperial.
En España Gregorio se empeñó en introducir la liturgia romana, pidiendo a los diversos ayuda para vencer la resistencia que encontraba entre el clero, particularmente tenaz en Castilla. Para Gregorio la Liturgia Mozárabe, la liturgia tradicional española, era sospechosa de herejía. Siempre fue contrario a las liturgias particulares. La medida de la fe llega ser la romana. Así negó con extrema decisión al Duque Bratislavo de Bohemia la posibilidad de celebrar la liturgia en lengua eslava, que el Duque le había solicitado.
Por último decir que si uno desea conocer de cerca las ideas de Gregorio debe estudiar sobre todo tres textos :
1- El Dictatus papae.
2- La carta ala Obispo Ermano de Metz 25.08.1076.
3- Otra carta al mismo Obispo de 15.03.1080.
En la primera carta Gregorio quiere aclarar la excomunión de Enrique IV desde el punto de vista histórico y dogmático. Si la Sede Apostólica, por voluntad de Dios, tiene la potestad de juzgar sobre las cosas espirituales, con mayor razón podrá juzgar sobre las cosas seculares. Los miembros de Cristo, aquellos que siguen la voluntad de Dios y sus preceptos, se contraponen los miembros anticristo, los que anteponen los propios intereses a los de Dios. ¿Cuál es el papel de la Sede Apostólica en esta lucha ? La Sede Romana tiene el deber de reprimir las malvadas acciones de los secuaces del anticristo.
La segunda carta es más amplia y orgánica con respecto a la anterior, aunque los conceptos son los mismos. Comienza con un tratado dogmático sobre el primado petrino. En este cuadro dela potestad papal de origen divino, Gregorio contrapone el origen y el carácter diabólico del poder estatal. Este poder es fruto de la soberbia y del deseo de dominio del hombre sobre el hombre. De suyo para él el poder estatal viene del Diablo. El enfrentamiento entre el poder real y el sacerdocio está llevado al extremo en esta carta. Concluye que un simple exorcista tiene más poder que el mayor poder de los laicos. El rey difícilmente puede salvarse. Tiene una sola salida, aquellos que la Santa Iglesia llama a asumir el poder real, y saben obedecer con humildad a los mandatos de la Iglesia. De este modo estos saldrán de este efímero reino de servidumbre y llegarán al Reino Eterno de la verdadera libertad. La palabra clave para Gregorio es la obediencia, unida a la fe en el Romano Pontífice.
El conflicto entre regnum et sacerdotium no fue sólo decidido con las armas sino que era una controversia entre principios e ideas que salen a relucir contemporáneamente. Expresión de estos contrastes son los escritos polémicos que intentan influenciar en la opinión pública. Los hechos de 1076-77 habían sorprendido al mundo cristiano como una bomba inesperada. Sólo el decreto sobre el celibato del clero, que tocaba directamente sobre la vida cristiana se discutió en aquel momento. Sólo tras el 1080 aparecerán los primeros tratados teóricos de ambas partes sobre estos problemas. Mientras los gregorianos y el propio papa o el arzobispo Gebeardo de Salysburgo, revalorizaron el poder absoluto del papa y la obligación de obedecer sus mandatos, así como la legitimidad de la excomunión de Enrique. Los partidarios de Enrique se mantienen fieles a la sacralidad de la legalidad y acusan a Gregorio de haber invertido el orden del mundo.
La literatura gregoriana refleja el cambio de mentalidad, según la cual estado e iglesia, estaban íntimamente unidos ; esta era la tradición. Hasta ahora el rey representaba la tradición, la historia, la costumbre, pero Gregorio VII, el cual habría una importante afirmación : .yo no soy el señor del orden, sino la verdad., el cual soñaba con una teocracia. El indirectamente ha preparado la autonomía del mundo laico. La desacralización del oficio del rey, el proceso de separación Iglesia estado.
Otro resultado que se puede constatar ya en tiempos de Gregorio VII es un nuevo centralismo romano como antes no existía. Un tercer resultado es una amplia clericalización de la vida eclesial en cuanto que la reforma gregoriana acentuaba la distinción entre clero y laicado. Esto se ve no sólo en la discusión de las investiduras o del celibato de los sacerdotes, sino incluso en cuestiones de menor importancia : los laicos e incluso las monjas, no debían tocar los vasos sagrados. El Decretum Gratiani, escrito sobre 1142, resume este tema con las siguientes palabras : .Hay dos tipos de cristianos : uno está dedicado al servicio divino, a la contemplación y a la oración, lejano de todo estrépito de cosas mundanas, como son los clérigos y los religiosos. El otro género de cristianos son los laicos, a estos les está permitido poseer bienes temporales, pero sólo para el uso, y se les concede casrse, cultivar la tierra, dar oblaciones y décimas y haciéndolo así pueden salvarse, porque suprimen los vicios con la beneficencia..