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EPOCA MEDIEVAL
SEGUNDA PARTE: EL SIGLO X
Comenzamos con una visión de conjunto sobre los pueblos y la iglesia occidental en la época post-carolingia. Es necesario acercarnos al fin del siglo IX , para situarnos cronológicamente. La Iglesia de este período se basa sobre aquella iglesia del imperio romano que se ha desarrollado durante más de medio milenio.
En Occidente la concepción es diversa, en cuanto la unidad del imperio romano de occidente estaba dividido en reinos independientes, dominados por soberanos germanos.. La iglesia había tomado, frente a ellos, una actitud reservada y se había creado una independencia, la cual no existía en el imperio Bizantino..
Bajo los carolingios la iglesia perdió un poco su independencia anterior; especialmente bajo Carlomagno, el cual se consideró verdadero jefe de la Iglesia franca. Si podemos usar el término Iglesia-estado (anacrónica para el primer medievo) : era marcado por recíproca y armoniosa colaboración. Este imperio franco se quebró en el curso del S. IX., y aunque la iglesia va a seguir hacia adelante, debe adaptarse a las nuevas situaciones que van surgiendo.
En el siglo IX asistimos poco a poco al desmoronamiento del imperio creado por Carlomagno. La unidad del imperio carolingio fue jurada solemnemente en la Ordinatio Imperii (817), por Ludovico, el pío, su familia y los nobles francos y la jerarquía eclesiástica franca. Esta solemne Ordentio se deshizo pocos decenios después a causa de los pleitos de los propios hijos de Ludovico, el cual fue depuesto por ellos dos veces : 830 y 833.
En el año 841 las tensiones degeneraron por vez primera en una batalla sangrienta, que supuso el símbolo de la descomposición de todo el imperio. Tenemos también como acontecimiento importante el tratado de Verdun (843); que fue en la práctica una división del imperio, dando forma a lo que después serían las naciones europeas.
Por el tratado de Verdun el imperio se dividió en tres partes:
1.- Occidente: Para Carlos, el calvo.
2.- Central: Para Lotario I.
3.- Oriental: Para Ludovico, el germánico.
Con este tratado, la Ordinatio perdió definitivamente su validez, en cuanto ningún emperador tenía ya el poder supremo. El tratado de Verdun era un tratado de paz y división; el resultado fue un mapa político con fronteras internas francas, que parecen artificiales y casuales; aunque sólo fue una división dinástica y no la podemos considerar como una división entre estados independientes. Fue la división por causa hereditaria. Un emperador con tres hijos que divide su territorio, como se hacía antiguamente. Era un regreso y no un progreso. El reino franco se definía todavía como un ideal, con una misma voluntad, a pesar de la división.
Esta caída del proyecto de Carlomagno es debido a la incapacidad de mantener en vida una estructura organizativa, económica, militar, que superaba en efecto las posibilidades de aquella época. Con un soberano como Carlomagno, era posible llevar a cabo un imperio que cubría la gran parte de Europa; pero sus descendiente no fueron capaces de hacerlo. Esta incapacidad se demostró, sobre todo en lo que concierne a defenderse de los ataques externos; no sólo había tensiones al interno, sobre todo entre las grandes familias, sino que también existen enemigos externos (vikingos, sarracenos y húngaros).
Podemos entender que esta regionalización del imperio franco ha determinado también la Historia de la iglesia, la cual sin duda alguna, se hubiera desarrollado de manera diversa con el imperio franco.
Las fases de los acontecimientos posteriores son las regiones. Y estas regiones llegan a ser el núcleo de los futuros nuevos estados.

La historia de esta región (Francia) occidental comienza con Carlos el Calvo (840-877). Era el hijo de Ludovico, el pío, y su segunda mujer, Judith. Esta era muy ambiciosa y quería también un reino para su hijo. El nacimiento de Carlos fue la ocasión, y a la vez la causa del desmoronamiento del imperio, ya que debe dividir entre un hijo más. Carlos además trató de influir sobre los demás reinos del imperio, pero sólo obtuvo resultados en su parte.
Esta zona fue poco a poco un reino propio, dominada por miembros de la aristocracia carolingia, como la de Aquitania. En esta zona, Carlos, había nombrado como representante suyo a Bernardo Plantapilosa. Poco a poco se extendió su dominio sobre otros condados, y así consiguió un principado y comenzó a llamarse duque de Aquitania. También se fundó el condado de Borgoña. Al noroeste existía un territorio ocupado por los vikingos, que van a conseguir bajo el reinado de Carlos, el simple, el condado de Normandía.
Durante el reinado de Carlos, el simple, (893-923), tuvo origen aquella familia que va a dominar la historia francesa del siglo X, los Robertinis, que reinaran con el nombre de Capetos, y que durante esta época consiguen una posición dominante; fueron acumulando un condado tras otro, hasta alcanzar un territorio propio. Este territorio se encontraba en el medio del poder central del imperio carolingio. Uno de la familia Robertini, Hugo el Grande, va a recibir el título de "duque de los francos", título que no había existido anteriormente, pero que no hace ver la ambición de esta familia, ya que fue nombrado segundo después del rey. Como sucesor de Carlos, el simple, tenemos a su hijo Ludovico IV, el de ultramar, que fue elegido rey por la nobleza franca. Su nombre proviene de su huida a Inglaterra, años antes.
En el año 987 los Robertini llegaron a ser rey, cuando un hijo de Hugo, el grande, Hugo Capeto, fue elevado a la dignidad real, gracias a la participación decisiva del obispo de --------
Este Hugo Capeto arrinconó al último descendiente de la dinastía carolingia de Francia. Este cambio supone el fin de una época, y el nacimiento de una nueva en la historia.
El nuevo rey era muy astuto, había sabido manipular a los grandes para poder ser elegido; pero a la vez era un hábil político. Con este Hugo Capeto, muerto en el 996, estamos al inicio de una nueva historia en Europa.
Como conclusión podemos decir: la historia francesa del siglo X está marcada por un debilitamiento del poder carolingio, frente a los nobles y sobre todo frente a la familia de los Robertini. También vemos durante la época incapacidad para defenderse de los ataques exteriores.
Esta familia va a suprimir de momento a los llamados soberanos tedeschi en esta zona del imperio.
Es la parte central del antiguo imperio carolingio. No tuvo una larga vida, porque era de tal manera artificial que no pudo sobrevivir. De este territorio se desarrollaron: La Provenza, la Alta Borgoña; es importante que aquel principado de la zona central que se desarrolló fue Borgoña, y que lo hizo a expensas del reino central. Se encontraba en los dominios de la familia de los Guelfos, que eran los parientes de la madre de Carlos, el calvo. Los Guelfos son una familia que tiene sus raíces en el imperio franco. Después de la caída del imperio, una parte de esta familia logrará dominar Borgoña.
La otra parte era Lotaringia, así llamada no por Lotario I , que era hijo de Ludovico, el pío, sino por Lotario II, su hijo. Este territorio era la zona franca más antigua y central y el punto de partida de toda la expansión de los Carolingios. Económicamente era la más desarrollada y socialmente la más diferenciada. Era el corazón del imperio franco antiguo.
En el 869, Lotario II moría sin descendencia, ya que no se le había reconocido, el hijo que tuvo con otra mujer que no era su esposa (recordemos los problemas con el Papa Nicolás I). A las pretensiones hereditarias de su hermano, Ludovico, que era el emperador de Italia (850), se opuso con energía Carlos, el calvo, rey de Francia Occidental, y Luis, el germánico, rey del reino franco Oriental. Los dos tenían ambiciones por obtener aquel reino. No tenían intención de dividirlo sino que cada uno lo quería en su totalidad. Ambos se fundaban en las exigencias geográficas que aducían en su favor: uno afirmaba que era mejor agregar Lotaringia a Francia, y otro a Alemania. Por todo ello y para solucionar el conflicto se llegará al TRATADO de Meerssen (870), con él Lotaringia se dividirá en dos reinos. Tras él se producirán numerosas tensiones, que llevaran a una milenaria lucha entre Francia y Alemania por aquel territorio.
El proceso de desmembración del imperio franco ha sido causado sobre todo por factores internos. Aunque las incursiones de los Vikingos (Normandos), Húngaros y Sarracenos han acelerado el proceso. Ya hemos hablado del tratado de Verdun (843) por el cual quedó el imperio dividido en tres reinos. Italia del Norte y Centro, pertenecían al reino de Lotario I, es decir al reino central. Otra fecha importante es el 870 con el tratado de Meerssen, realizado entre Carlos, el calvo, rey de Francia Occidental y Ludovico, el germánico, de la Oriental, con el resultado de Lotaringia entre Francia y Alemania. El reino itálico seguirá existiendo bajo Ludovico II, hijo de Lotario I. Podríamos añadir también una tercera fecha, 880 con el Tratado de Ribemont, con el cual Lotaringia pasará íntegramente al reino franco oriental.
Hasta aquí hemos señalado en pocas palabras la evolución de la región occidental hacia un estado francés. Los reyes carolingios iban siendo cada vez más débiles durante el siglo X, mientras las grandes familias aristocráticas resultaban cada vez más autónomas y formaban principados, que sólo de nombre estaban bajo el control del rey. Una de estas familias eran los Robertini, que poseían grandes territorios en el corazón de Francia entre el Sena y el Loira. Estos Robertini lograron en el 987, por vez primera, se electo uno de ellos como rey, Hugo Capeto, pasando desde entonces a llamarse Capetos y no Robertini. Es un gran cambio de dinastía y el fin de la Carolingia.
Es interesante saber que Capeto es una alusión a la capa de San Martín de Tours. En efecto la ciudad de Tours pertenecía al dominio de los Robertini y la capa de San Martín era una de las reliquias más sagradas ya durante el imperio franco. Luego, los Robertini, eran los protectores de aquella gran reliquia de los francos y por eso fueron llamados ya por los contemporáneos de esa manera (Capati- Capeti).
Hay que tener en cuenta que un siglo antes, ya un miembro de los Robertini había extendido su mano sobre la corona francesa; Othon, conde París, pero era un impostor, que se coronó rey de Francia en el 888. Pero los tiempos aún no estaban maduros para el ascenso al trono de la nueva dinastía. Debieron esperar un siglo más, para acceder definitivamente al trono.
La Iglesia, en este tiempo de descomposición, estaba siempre de parte de la unión del imperio e incluso contribuyó a promover la unidad interna del mismo. Las divisiones venían siempre de parte de los nobles y el clero, sobre todo los obispos eran promotores de la unidad o por lo menos de los varios reinos que se formaron lentamente.
Aquí nos encontramos algunas entidades nacionales que siendo parte del imperio carolingio habían salvaguardado su entidad con instituciones, costumbres propias, con lenguas diferentes; en muchos casos con delimitaciones geográficas bien determinadas. Entidades políticas, de las cuales ahora todavía es difícil encontrar una terminología adecuada. La historiografía antigua habla ya de ducados de estirpe. Y se referían sobre todo a la procedencia étnica. Hoy la historiografía es más cauta al usar estos términos y no se ha encontrado todavía una terminología aceptada por todos. En general podemos hablar de principados o ducados. Eran cuatro o cinco.
Era el de Baviera con Ratisbona como centro. Después de la deposición de Tasilo 788 (por Carlomagno), esta Baviera era gobernada por condes en nombre de Carlomagno. Pronto estos condes fueron llamados prefectos. Llegó a ser pues, una colonia del imperio franco. Había perdido la autonomía propia. En el 817 Ludovico, el pío, intentará la sucesión al trono (Ordinatio Imperii), llegando a ser sometido por Baviera, Ludovico, el germánico.
Era Suabia (Sur de Alemania hacia el Occidente), en torno al lago de Constanza, donde se sitúan algunos famosos monasterios como el de San Gall fundado por Colombano, el joven. A este ducado pertenecía la mayor parte de la actual Suiza, teniendo una ciudad obispal como capital.
Era Sajonia, que había sufrido mucho a causa de las guerras de conquista de Carlomagno. En él la presión franca era particularmente fuerte. La alta aristocracia Sajona se había lanzado rápidamente a colaborar con la franca estableciendo vínculos matrimoniales. En esta aristocracia sajona el lugar de preponderancia lo ostentaba la familia Liudolfinghi.
Era Franconia, constituido por parte de la región central del antiguo imperio franco y llegará a ser poco a poco en el siglo IX un principado o ducado más o menos autónomo. Las familias dirigentes serán los Guelfos y los Conradini.
Es Lotaringia, del que ya hemos hablado, y que oscilaba entre Francia y Germania, a pesar de que aspiraban también a su propia autonomía. Esta lucha autonómica se notará sobre todo a comienzos del siglo X, cuando los grandes lotaringios trataron de afirmarse entre las dos potencias (Carlos III, el simple, un carolingio, rey de Francia Occidental en el 911). Pocos años después este esfuerzo queda infructuoso al pasar Lotaringia a formar parte del futuro imperio germánico (925).
El rey del imperio franco Oriental se encontraba a la cabeza de una organización política que era considerada multinacional. Esta división en principados diversos, a la cual no era favorable la Iglesia porque pretendía mantener sobre los varios principados o naciones la red de diócesis constituida en tiempos de Carlomagno, correspondiendo también a las exigencias misioneras llevadas a cabo durante el imperio franco; todo ello no correspondía con la división de los ducados existentes. A causa de todo ello el episcopado de aquella zona del imperio franco contribuyó decididamente a la creación de un nuevo reino Franco Oriental.
Esta parte Oriental sufría mucho por la invasión de los Húngaros que hacían reiteradas correrías sobre su territorio (ya lo habían hecho en Moravia, Baviera y Turingia) desde los primeros años del siglo X, los cuales llegaron hasta Lotaringia. También llegaron a Italia. Pero sus incursiones siempre se reducían a breves entradas para robar todo lo que podían abandonando el territorio a continuación. En el 910 un ejército suabio, franco y bavarés, bajo el mando del rey franco Luis, el niño, fue totalmente destruido por los húngaros. El rey moriría en el 911, tras un infeliz gobierno. Tras su muerte se tomarán decisiones que determinarán la estructura política de la Alemania Medieval.
Como ya vimos, en Baviera, Franconia y Sajonia, se habían afianzado las poderosas familias aristocráticas que formarán las dinastías ducales. Este mismo proceso se trazará poco a poco en Lotaringia y Suabia. Estos nuevos poderes se irán consolidando como instituciones en sí mismas pretendiendo una mayor autonomía en el mismo momento en que la dinastía carolingia, que cubría todo el territorio, se extinguía. Se producirá el mismo proceso que en Francia. El último carolingio Oriental fue Luis, el niño, tras su muerte los grandes no pensaron ofrecer la corona al único representante de aquella venerable dinastía, Carlos III, el simple, rey de Francia Occidental, sino que dieron un nuevo paso.
El reino oriental adoptará el sistema de elección para proveer la corona; será un dato fundamental para comprender la historia de las dos partes del ex imperio franco. En Francia se afirmará una nueva dinastía, la de los capetos. En Alemania el reino se constituye en reino electivo. De este modo en la dieta de Noviembre del 911 celebrada en Fochheim que reunió a los grandes de los ducados francos, sajones, alemanes y de Baviera, fue elegido el nuevo rey que recaerá en la persona del duque Conrado de Franconia, el cual estaba emparentado con al dinastía de los carolingios, pero será el primer rey no carolingio constituyendo una importante novedad. Su reinado fue muy infeliz, como el de su predecesor, Luis, el niño. Los húngaros siguieron devastando el reino. Además los duques de los cuatro principados no estaban dispuestos a obedecer al rey que había sido elegido por ellos mismos. El rey sólo podía contar, además del propio ducado de Franconia, con el apoyo de los obispos. Este apoyo le costó hacer grandes concesiones a la iglesia, liberando ampliamente al clero de la jurisdicción laica. Supuso un primer paso hacia la colaboración en esta zona entre la dignidad real y el episcopado.
De hecho el poder pasó cada vez más a los duques, lo cual no puede ser considerado como algo negativo dada la debilidad del poder central. En una situación tal de emergencia y sufriendo constantemente las agresiones tanto de los vikingos, de los húngaros, como de los sarracenos, las familias nobles de la región aplicaron el principio de subsidiariedad:" lo que alguno de una región puede hacer independientemente de los demás, lo haga; sólo cuando no sea posible con las fuerzas regionales o locales, entonces se llegue a un nivel más alto". Este era el principio que regía en este momento para defenderse mejor de los continuos peligros de las invasiones.
Con el término Regnum Italicum no podemos entender en este momento ni durante el medievo, toda la península itálica. Sólo se extendía hasta Roma, perteneciendo el Sur de la península a otra jurisdicción. En aquel momento el poder efectivo estaba en manos de poderosos marqueses (Marchio), cuya dignidad es superior a la de los condes pero inferior a los duques. Estos marqueses eran semejantes a los duques de la futura Francia y Alemania; marqueses cuyos territorios no eran de las zonas de confín. De hecho durante el imperio de Carlomagno, el imperio se defendía, sobre todo en la zona Este con la elección de marcas (marche), que eran también centros de defensa. En el siglo X ya no existía esta connotación.
Los marqueses más importantes eran tres:
1- Friuli. Al confín del oriente de la península.
2- Toscana. Que controlaba toda la zona apenínica, que manejaba el paso de Italia Septentrional a la Central. Este marquesado era mucho mayor que la actual Toscana.
3- Spoleto. Había perdido el carácter longobardo, a pesar de las tradiciones antiguas en este sentido.
Junto a estos tres grandes marquesados había pequeños condados que luchaban por su propia autonomía. Los marqueses no eran descendientes de las antiguas familias italianas sino que todos pertenecían a la aristocracia franca venida a Italia. Entre ellos comienza una lucha encarnizada. En el año 888 tras la deposición de Carlos, el gordo, último emperador carolingio, se elige rey a Berengario I, marques de Friuli, tras vencer a Widon de Spoleto, que estaba apoyado por un grupo de obispos lombardos. Widon conseguirá, no obstante, una franja territorial de dominio que iba de Brescia al lago de Garda, llegando a ser proclamado "Rex de Italia" en Pavía. En el 891 fue coronado emperador por Esteban V, Widon de Spoleto, en la basílica de San Pedro de Roma, por las presiones a que estaba sometido el papa, ya que Widon pretendía apoderarse de todo el Patrimonium petri. Fue el primero no carolingio que tuvo supremacía sobre los marqueses, su dignidad imperial era sólo un poder regional de Italia. Los papas estaban preocupados porque podían perder su independencia, al estar cercados por los de Spoleto. Todo se complicará con la invasión de los húngaros.
En el 915 fue coronado emperador Berengario I que obtendrá el mismo pobre resultado que Widon. La Península itálica desde el punto de vista político seguirá dividida. El mediodía estará netamente separado del resto y sólo aquella parte del Norte y centro recibirá el nombre de Italia o Regnum Italicum. El resto es denominado Apulia. Hay todavía pequeños principados longobardos que han sobrevivido, como el de Benevento. Podemos constatar también que las ciudades costeras de Nápoles y Amalfi comienzan a desarrollar la propia independencia como lo harán también Génova y Pisa en el Norte. A pesar de todo estamos todavía al inicio de una evolución hacia la autonomía de las grandes ciudades italianas.
Tratamiento especial merece Roma. Estaba como presa por la lucha de las facciones hostiles de la nobleza romana, que querían ejercitar un influjo directo sobre la propia elección del obispo de Roma. En general podríamos decir que quien ejercía el mayor influjo era la familia de Widon de Spoleto. Como hombre poderoso encontramos también después del año 900 un cierto Teofilacto, el cual llevaba los títulos de Dux Senatu Consul, que él mismo había inventado. Su hija Marrotzia estaba casada con el duque Alberico de Spoleto y de este modo los Spoletini tenían un influjo directo sobre los asuntos romanos.
Los papas Sergio III (904- 911) y sobre todo el papa Juan X (914- 928), tienen todavía cierta libertad de acción. Junto a la habilidad política de Juan X hay que tener también en cuenta su alianza con los príncipes italianos y con la participación de Bizancio. Esta triple alianza liberó a Italia de los sarracenos al menos por un tiempo, el propio Juan X participó en la batalla. En Roma, en diciembre del mismo año, coronó emperador a Berengario por la ayuda recibida contra los sarracenos. Pero Juan X empeñado en lograr una independencia del papado frente a las familias nobles, fue finalmente depuesto por estas, encarcelado, muriendo en el 928.
Este desmembramiento del país dejó a Italia sin defensa, siendo de nuevo atacado por los sarracenos. Estos tenían en la costa septentrional del Mediterráneo (actual Francia) un fuerte llamado de Frassineto, que habían conquistado en el 888, y desde ahí hacían incursiones hacia la costa italiana y Francia meridional. Controlaban también los Alpes, por lo que impedían la entrada de los peregrinos hacia la Península.
Las dos islas en el siglo IX sufrían las invasiones de los vikingos (normandos). En el 789 aparece por primera vez una flota escandinava en las costas inglesas. En el 793 aparece otra en la escocesa, en el 795 en la irlandesa. Poco a poco estas incursiones no son para el comercio o para el saqueo, sino para la colonización.
Hacia el 820 surge en Dublín un reino del Norte que se mantiene hasta el 1170. Ante la invasión escandinava la afirmación de la entidad anglosajona le tocó a las regiones meridionales. Sólo el Sur de las Islas Británicas estaba protegido de las invasiones vikingas, concretamente el Condado de Essex, donde se refugia la literatura anglosajona; el dialecto sajón occidental llega a ser el idioma de la literatura y de la legislación. Este condado, además, era el puente de unión con el Continente, y el que asumía la defensa contra los escandinavos.
La reorganización de los territorios fue sobre todo la obra de una serie de enérgicos reyes. El primero de ellos, Alfred el Grande (871- 900), representa ya aquellas tendencias nuevas. Es promotor de un movimiento espiritual que trata de emular a Carlomagno, también en cuanto que quiere ser restaurador de la Iglesia.
Fueron luchas largas y ásperas, sin embargo, poco a poco, se puede extender de nuevo el dominio anglosajón, siendo los sucesores de Alfred los que la terminarán en el 954. Siguiendo un período de paz hasta el año 1000 en que llegará una segunda oleada de vikingos provenientes de Dinamarca. Los reyes anglosajones (954) habían establecido sus dominios hasta las faldas de las montañas escocesas, siendo el rey de Essex el que dominaba todo.
Con respecto a la iglesia inglesa podemos decir que desde el rey Alfred hasta Edgar (975) vive una gran regeneración. Comenzó con una restauración de las diócesis y llegó a su culmen con una gran reforma monástica, que se inspiró en modelos continentales. Tres obispos llevaron adelante esta reforma:
1.- Aethelwold de Winchester.
2.- Dunstano de , que será obispo de Canterbury, (+ 988).
3.- Oswaldo, Arzobispo de York (+ 992)
Estos tres obispos colaboraron en la reforma y restauración del monaquismo benedictino en Inglaterra inspirándose en modelos continentales. Hay una rica literatura en anglosajón y latín; destacando el monje Aelfric Grammaticus (+ 1020). Podemos ver la importancia de esta iglesia en el sobresaliente papel de la cristianización de los escandinavos. Esta iglesia aprendió primero cristianizando a los vikingos que estaban en la propia Inglaterra, y en una segunda fase, los establecidos en la costa oriental de Irlanda.
En el año 711 los árabes deshacen el Reino Visigodo quedando un pequeño reducto en la costa septentrional y sobre las montañas cantábrica y gallega. Esto unido a la dificultad de las comunicaciones y a la mezcla con el pueblo vasco de las montañas, hace que los godos se dividan en grupos étnicos que serán los futuros estados.
Todos estos grupos tenían varios puntos en común: en primer lugar la lucha contra los árabes, en segundo lugar el aumento de la población, que les empujaba a salir de las montañas y establecerse en las planicies. Estas factores se presentan como vitales para los jóvenes estados españoles.
El Reino de Asturias encabezará estas luchas. Alfonso II (contemporáneo de Carlomagno) hizo expediciones llegando hasta Lisboa, cambiando su capital después de Oviedo a León. Posteriormente, en su avance conquistador, llegarán hasta la parte superior del río Duero, fundando los reyes, el Condado de Castilla. Pero a pesar del aumento del territorio había una gran debilidad. Los condes tratan de independizarse del rey de León, ayudados por las tendencias separatistas de Galicia y los pleitos entre los cristianos, dieron a los árabes la posibilidad de comenzar una nueva ofensiva en la segunda mitad del X. A penas hubo resistencia, en el 985 cae Barcelona, Castilla, León y Navarra. La capital de León fue destruida en el 1003. La disolución del Califato de Córdoba salvó a los cristianos de una destrucción definitiva. Sólo a principios del XI los reinos cristianos del Norte comenzarán la reconquista. (¿?).
Con respecto a la Iglesia, debemos distinguir la que se encontraba en el territorio árabe de la de los pequeños reinos cristianos del Norte. La primera es llamada Iglesia Mozárabe, que continuó existiendo bajo tres provincias: Toledo (la sede más importante), Mérida y Sevilla, siendo estas tres las sedes metropolitanas que tenían a su cargo todos los demás obispados. Esta Iglesia mozárabe está amenazada por la decadencia interna y por la disminución de fieles a causa de la prepotencia política y económica de los musulmanes. No tenemos noticias de la vida literaria y sinodal de los cristianos, sólo se conoce el llamado Calendario de Córdoba donde se contienen anuncios para la agricultura, meteorología e información sobre la liturgia, hagiografía y culto de los santos en esta iglesia. Este curioso calendario fue escrito en el 961 en latín y en árabe por el obispo Raymundo de Elvira.
La situación de la iglesia en el Norte peninsular era muy diferente. Estaba consolidada bajo una red de diócesis. Sus iglesias estaban muy cercanas a las del imperio franco, siendo iglesias territoriales de tipo occidental, netamente distintas de la Iglesia indígena mozárabe.
Situación política y eclesiástica desde el siglo IX y X en Roma, Inglaterra y Españ
La situación en Roma está condicionada por dos factores: la rivalidad de las familias patricias romanas con su repercusión en la elección papal. Por otro lado, la dependencia de Roma de la benevolencia de Gregorio de Spoleto. El último papa que osó en este momento afirmar la independencia de la Santa Sede, Juan X, fue asesinado en el 928.
En Inglaterra, tras el costoso intento de los anglosajones de Essex de arrancar el territorio anglosajón hasta los confines de Escocia de las manos de los dominadores vikingos, un intento coronado con éxito. El período que va desde el rey Alfredo el Grande (+ 899/ 901) hasta el rey Edgar (+ 975), que comprenden entre ambos los dos tercios del siglo X, está caracterizado por una cultura impresionante de la iglesia de tradición anglosajona, tanto más notable cuanto que junto a una valoración de la cultura anglosajona, con una rica literatura anglosajona que comprendía muchas obras religiosas, se daba también una apertura hacia las formas continentales.
La iglesia anglosajona gozaba de una gran vitalidad en el siglo X, incluso en el campo de la misión, que se demuestra en el empeño por convertir a los escandinavos al cristianismo
En cuanto a España, es necesario distinguir claramente la parte dominada por los musulmanes del reino visigodo cristiano en el extremo Norte de la Península. La iglesia en terreno musulmán, llamada Mozárabe, se dividía en tres provincias: Sevilla, Toledo y Mérida. En el Norte se forma un tipo de iglesia territorial, muy parecida a la franca y que asume incluso el sistema de la Iglesia privada. Durante el siglo IX los reinos cristianos se encuentran en una condición de defensa contra el Islam, aunque todavía no se puede hablar de reconquista.
La iglesia está condicionada por la herencia de la antigüedad tardía y por la reforma carolingia. Podemos hablar de una iglesia occidental, netamente diversa de la Bizantina. Todas las iglesias territoriales de los diversos países se basan el mismo fundamento. En el interior del mundo occidental el cuadro general será bastante desigual a causa de la disminución o del aumento, de la decadencia o del ascenso de cada una de las iglesias territoriales.
Particularmente desastrosa es la situación el reino franco occidental, es decir, en la actual Francia. La caída del poder central conduce a los poderes regionales, a los duques y a los condes, a apoderarse de los bienes de la iglesia y de los monasterios. Mientras en el reino franco Oriental se puede constatar desde el comienzo una colaboración entre el rey y los obispos, en contra de los duques regionales.
En general podemos describir la situación de tal manera contenida en las formas de la doctrina, de las instituciones, del culto, de la pastoral y de la piedad, que no sufrieron cambios notables. Son frecuentes sínodos de varios tipos. La teología permanece bastante conservadora, mientras la disciplina de la Iglesia, que comprende: las disciplinas canónicas, los tribunales eclesiásticos, que son los sínodos parroquiales, como dicen los textos, los juicios sinodales. Los ritos litúrgicos y el calendario litúrgico estaban muy expuestos a cambio. No podemos olvidar lo dicho hasta ahora, ya que si estudiamos la iglesia en este momento oficialmente no había cambios, aunque en realidad los cambios referentes a la doctrina y a las instituciones generales de la iglesia son difíciles de verificar. Lo cierto es que por debajo se producían grandes cambios en la vida y en la praxis de la iglesia y sobre todo en la vida disciplinar. Todos estos cambios todavía no cuentan con un pensamiento o una reflexión, se presentan de modo pragmático, faltando una reflexión teológica sobre el significado de estos cambios.
En todo el imperio franco se había recibido total y definitivamente la liturgia romana, solamente en España sobrevivirá su propio rito Hispánico. Se da un largo proceso comenzado en tiempos merovingios, que fue forzado por los carolingios y que se concluye al inicio de nuestro período. La última transformación de la liturgia franco- romana (que es una mezcla de tradiciones diversas de la liturgia franca, galicana y romana) se producirá con el Sacramentario de Fulga del siglo X y el Pontifical romano- germánico de Maguncia, recopilado en torno al año 950. Fueron los países nórdicos de la tradición del imperio franco, los que dieron la forma definitiva a la liturgia romana, que será recogida incluso en Italia a finales del siglo X . Y como tal, esta liturgia franco- romano- germánica, se mantendrá en la Iglesia hasta el Vaticano II.
La vida cotidiana eclesiástica se realizó sobre todo en las parroquias rurales. Estas parroquias se basaban económicamente sobre los bienes de la Iglesia, las llamadas "dotes", es decir lo que era necesario para abrir una parroquia, y sobre los diezmos que los parroquianos debían pagar.
En las ciudades era habitual la institución de comunidades de clérigos: el cabildo de la catedral, la colegiata de los canónigos y de las canónigas, continuando la "institutio Aquisgranensis" del 816, surgida el sínodo de Aquisgran donde se impuso una clara distinción entre la vida monástica, que debía seguir la Regla de San Benito, y los canónigos, que recibían del sínodo una Regla propia, la llamada "INSTITUTIO AQUISGRANENSIS".
Al comienzo de nuestro período hemos de señalar con respecto a las colegiatas o cabildos un desmembramiento de la propiedad, una distribución en pequeñas prebendas para cada canónigo. El primer paso de esta evolución, que naturalmente destruye la vida en común de los canónigos, fue la división de los bienes que correspondían al obispo y que pertenecían al cabildo. Los cabildos eran muy populares en el primer medievo y son una de las características de la iglesia post-carolingia.
Uno de los derechos de la iglesia que tenían estas colegiatas y que también poseían las llamadas "piedi" (del latín Ples), eran iglesias con derechos de bautismo y sepultura, siendo las parroquias más importantes de una zona. Para conceder estos derechos particulares, el fundamento del derecho eclesiástico, era siempre el obispo de la diócesis. Se sostenía una constitución episcopalística con poquísimos contactos con Roma (concesión del palio al nuevo arzobispo), llevándose cabo en casos extremos de controversia en la propia parroquia o reino.
El poder del metropolitano estaba en declive en el siglo IX y el llamado "Xorepiscopos" se extingue definitivamente. Xorepiscopi es una palabra de origen griego ( ) que designa una institución de la Iglesia Oriental muy antigua. Etimológicamente significa "el obispo de las zonas rurales" diferenciado del obispo de la ciudad. Poco a poco llegará a ser una especie de obispo auxiliar y ahí es cuando comienzan las controversias y disputas porque iba contra la concepción de la teología del episcopado y de la diócesis de la Iglesia antigua y del primer medievo tanto en Oriente como en Occidente. Según esta concepción cada diócesis sólo puede tener un obispo, ya que es considerado como el esposo de la Iglesia. A causa de todo ello se intenta reducir la dignidad del Xorepiscopo, por ejemplo negando su consagración episcopal y manteniendo que su dignidad estaría por encima de la de los demás clérigos pero sin llegar a la del obispo.
En Occidente encontramos por primera vez estos Xorepiscopos en la Iglesia anglosajona y de los misioneros anglosajones en el continente. Aquí había un problema dentro de la Iglesia anglosajona que quería ser muy fiel a los ritos de la iglesia romana en la cual sólo había dos unciones postbautismales; la segunda siempre era conferida por el obispo de Roma, por un obispo, nunca por un sacerdote. Cuando los anglosajones transfirieron este uso, en el Norte, tuvieron dificultades con las exenciones de las diócesis y por tanto no podían conferir la segunda unción a todos los bautizados porque las dimensiones de las diócesis eran muy grandes. Para remediar esta situación encontramos en la iglesia anglosajona tanto en Inglaterra como en el continente, la institución del Xorepiscopo, que tenía prácticamente el papel de un obispo auxiliar del momento actual.
En toda la iglesia Occidental encontramos también esta inclinación hacia el Xorepiscopo. Sobre todo el falsificador del Pseudo-Isidoro que es netamente contrario al Xorepiscopo. En este texto se quieren defender los derechos del sufragáneo contra el metropolitano, para no crear otra dificultad negaban la validez de la consagración episcopal de los Xorepiscopos y esto significaba el final de esta institución, lo cual se va a producir en nuestro período. Al final de la edad Media reaparecerá, pero faltará un nexo de unión, haciéndolo por la necesidad de las diócesis y ahora serán los obispos titulares, que son obispos auxiliares, pero es significativo que tienen el título de otra diócesis extinguidas, jurídicamente son obispos de otras diócesis, no de la propia.
Aparecerá la institución de los archidiáconos en las diócesis, que era necesariamente un sacerdote pero sin ordenación episcopal. Una fuente de renovación para toda la iglesia continuará siendo el monacato, a pesar de la decadencia en el siglo IX.
Todo unido hacia que la organización eclesiástica fuera sorprendentemente estable durante la ruina del imperio carolingio. Encontramos una formulación canonística de estas estructuras eclesiásticas en algunas obras canónicas, como por ejemplo colecciones como la de Regino de Prüm (906), perteneciente a un monasterio benedictino de Renania, que escribió un manual para los obispos, cuando estos hacen la visita pastoral, para los juicios que surgen durante estas visitas. Fue muy difundido el decreto del obispo Burcardo de Worms (+1025). Ambos documentos comprenden muchos elementos anteriores.
Este ordenamiento presenta sólo un aspecto de la Iglesia que permanece endosado en el marco político y social y los cambios la enfrentaron sobre ciertos aspectos de los principios sacramentales y jerárquicos, por lo que debemos evitar una visión únicamente eclesial de los fenómenos, así llegaríamos sólo a una espiritualización de la historia eclesiástica que no corresponde a la realidad.
La desaparición del poder carolingio llevará a un efecto contrario. En Francia se disminuye la supremacía eclesiástica del rey mientras en Alemania se intensificó. En ambos casos estos cambios favorecieron un nuevo avance del sistema de la Iglesia privada, que era más fuerte que nunca.
En las provincias francas agrarias con feudatarios territoriales, siempre más abundantes que en Italia, prácticamente todas la iglesias parroquiales rurales estaban bajo el régimen de la iglesia privada, naturalmente dependientes del clero rural del feudatario. Mientras las colegiatas y los monasterios a menudo estaban compuestos por nobles y no formaban parte del sistema de la iglesia privada. La concepción jurídica de la iglesia privada era normal que los sínodos de los obispos consideraron y trataron las iglesias y si podían también los monasterios a ellos unidos como iglesias propias, por tanto desaparecía aquella distinción que existía jurídicamente entre el derecho antiguo siempre afirmado del obispo, y el derecho patrimonial sobre las iglesias que de suyo son dos cosas diversas.
Junto a las iglesias privadas de los laicos se desarrolla una iglesia privada eclesiástica, clerical. En algunas regiones donde la autoridad del monarca era muy débil y muy lejana, la nobleza feudal intentó también apoderarse no sólo de las parroquias rurales y de los monasterios importantes como propiedad privada. Esto lo podemos constatar en un cierto período sobre todo en Francia y en Lorena, donde estos nobles llegan a ser abades laicos de los grandes monasterios, sin ninguna intención de vivir como monjes, ni en el monasterio. Así por ejemplo, Bernardo Plantapilosa, padre del fundador de Cluny, firmó sus documentos como "Comes et abas". Del mismo modo encontraremos en Francia en este período muchos documentos firmados por los nobles como "abas et comes" o "Abacomes". En el Sur de Francia los patrimonios diocesanos se encontraban en manos de las grandes familias aristocráticas, destruyéndose las bases financieras de las diócesis, llevando a la iglesia francesa a una situación desastrosa.
El resultado de los derechos sobre el patronato de la iglesia propia, el derecho del soberano sobre la iglesia de su reino, eran fluidos. La diferencia era enorme y bien conocida por los contemporáneos. El rey podía tener iglesias privadas como cualquier otro propietario y decidía sobre ellas. Pero sobre las iglesias superiores, obispados y grandes abadías, el rey ejercitó su supremacía, no como cualquier otro feudatario laico, sino como portador de una dignidad sagrada, que tenía un encargo eclesiástico (¿ Qué significa la dignidad de la sacralidad real?); el rey no era considerado como jefe de un gobierno. Esta idea surgida en el reino carolingio no desapareció en la etapa sucesiva, surgiendo con especial fuerza en la lucha de las investiduras.
Podemos caracterizar la situación interna en este período como esencialmente episcopalistica. Desde el punto de vista jurídico- eclesiástico la iglesia se presenta como un conjunto, podemos hablar incluso de una federación de iglesias territoriales. Cada una de estas iglesias transparentaba los acontecimientos políticos y culturales y del propio estado donde se encontraba. Esto vale también para las iglesias del antiguo territorio del imperio franco y para España, Inglaterra e Irlanda, donde sólo lentamente las iglesias llegaron a un ordenamiento propio. Las estructuras eclesiásticas de los países apenas cristianizados: principados eslavos, Hungría, Escandinavia, estaban todavía en plena fase de construcción.
Donde el ordenamiento carolingio continuó existiendo, las viejas instituciones jurídicas se desarrollaron. Típico para Alemania se presenta el hecho de que la inmunidad de los Obispados y grandes abadías, abadías imperiales, se desarrolla. La inmunidad consiste en exenciones jurídicas y fiscales, de modo que el funcionario del rey o del emperador no puede entrar en el ámbito de la institución, sin el permiso del abad o del obispo; garantiza también libertad del juicio de los condes en nombre del emperador. Esta inmunidad se desarrolla y se enriquece con los derechos soberanos, los llamados "regalia": derecho de tener mercado, acuñar monedas, derecho de aduanas.
Con el desarrollo de la inmunidad crece la importancia de otra insitución, que tuvo su origen en la época carolingia, la "Avvocacia". Dado que el clero tenía prohibido llevar armas, Carlomagno había impuesto para los obispados y las abadías, esta institución de los avvocati, laicos que tenían la competencia de proteger los intereses de los eclesiásticos en el campo secular, y ejercitar la jurisdicción sobre los súbditos feudales, que en principio fue sólo una jurisdicción inferior y que en el siglo IX pasó a ser superior pudiendo incluso imponer penas capitales. Esta defensa se hacía con armas. Estarán presente en todas las zonas del ex-imperio carolingio.
En origen el cargo de avvocato era temporal unido a los condes. Un siglo más tarde llegará a ser hereditario. Mientras el propio rey intenta mantener la avvocatia para los obispados, la avvocatia sobre los monasterios era muy ambicionada por la nobleza, ya que el avvocato llega a ser en último término el patrón del monasterio, disfrutando de ventajas personales, por ello en vez de defender al monasterio se aprovecha de él. Por todo esto la avvocatia llega a ser la causa de muchos abusos y numerosos litigios entre los monasterios y los propios avvocati, y por ello podemos constatar en nuestro período una tendencia de los monasterios para liberarse de los propios avvocati, buscando obtener de Roma o del propio rey algún privilegio para no tener avvocato. Las familias nobles lucharán por todo lo contrario.
La avvocatia era particularmente fuerte en Alemania y en el Norte de Francia. La reforma Gregoriana luchará entre otras cosas contra el sistema de la avvocatia.
La supremacía del rey sobre la Iglesia de su territorio se manifiesta sobre todo en el nombramiento de obispos y abades de los monasterios imperiales. No obstante, el principio de una elección canónica del obispo, según el derecho antiguo, era del clero y el pueblo, o del abad por parte de la propia comunidad no fue nunca olvidado ni negado, sino más bien confirmado, aunque en la práctica se reduce a un consenso, aceptando el que propusiera el rey. Esta práctica se llevaba a cabo sin unas reglas fijas y daba al soberano o al señor feudal amplia posibilidad de intervenir en el acto de elección. Se debe estudiar en cada caso si el principio de la elección fue respetado o no. A la decisión sobre la persona seguía no sólo la consagración por parte del obispo sino la asignación del cargo por parte del rey o feudatario.
A la decisión sobre la persona elegida como obispo seguía la consagración por parte de un obispo, correspondiendo al arzobispo metropolitano este acto . Después el rey realizaba la asignación del cargo que también la realizaba el feudatario correspondiente. Esta asignación recibía el nombre de investidura. Este término es muy tardío y no lo encontramos todavía en nuestra época. Está cargado de simbolismo e incluía un juramento de fidelidad al soberano y conllevaba ciertas prestaciones económicas y militares que el rey esperaba recibir de los entes eclesiásticos, además de la obligación de orar por el soberano y por el bienestar del reino. Todas estas prestaciones se denominan "Servitium Regis" o "Servitium Regale" y que comprenden esencialmente las siguientes:
1- Gistum: Alojamiento temporal del rey y de su séquito cuando pasaban por una ciudad obispal o un monasterio. Era un peso económico enorme sobre todo si el rey no sólo se quedaba unos días sino algunas semanas.
2- Fodrum: Avituallamiento de estas personas y forraje para los caballos. Era un asunto muy importante sobre todo durante el invierno, ya que se debía tener suficiente forraje y comida para una eventualidad de este tipo.
3- Auxilium: Alojamiento de caballeros acorazados, debiendo acoger al ejercito del rey en número, según las posibilidades económicas del lugar.
Todo esto lo esperaban los soberanos como contraprestación por los numerosos regalos que hacían a las diócesis y a los monasterios.
Poco a poco esta investidura que se refería sobre todo al aspecto económico del beneficio eclesiástico, se va relacionando con la iglesia y el propio cargo, tanto más cuanto que el rey hace uso del bastón pastoral para la investidura, hasta finales del siglo IX. Más tarde encontramos una fórmula que comienza por "Accipe Aeclesia", referida no sólo a ciertos bienes para el mantenimiento y sostenimiento de una determinada institución eclesiástica sino "toma la iglesia". Esta investidura con bastón aparece a finales del siglo IX por vez primera. En el tiempo carolingio era suficiente un "praeceptum" del monarca, un documento referente a la consagración. Tenemos todavía algunos formularios que en parte derivan del período merovingio.
El anillo pastoral fue añadido como signo de investidura hacia la mitad del siglo XI.
Con la investidura se culminó la autocomprensión de la iglesia postcarolingia pero habiendo llegado a ser pábulo de la lucha de las investiduras. Podemos ver en el simbolismo del rito de las investiduras como un uso del derecho alemán practicado desde tiempo en Occidente, se introducía en la esfera alta eclesiástica. El derecho alemán preveía siempre un cierto signo, un simbolismo cuando se confería un feudo a cualquier señor feudatario. Por ejemplo la concesión de un campo se simbolizaba con la concesión de un "Fucsello"; en el sistema de las llamadas iglesias bajas, una capilla o iglesia parroquial, era concedida por el señor con la concesión de una cuerda de campana; en época carolingia pasará al sistemas de las iglesias altas, diócesis y grandes monasterios, confiriéndose también un bastón. Grandeza y eficacia son muy cercanas en la iglesia pre-Gregoriana
En cuanto al papado debemos estudiar los acontecimientos en el llamado siglo oscuro. ¿Cual era el papel del papado para la Iglesia post-carolingia? ¿Era el centro de la unidad? (como afirman algunos estudiosos que aseveran que fue el único poder que no se fracturó con el imperio franco). ¿Había llegado a ser insignificante, sin alguna importancia concreta para las iglesias territoriales?. No es fácil encontrar una respuesta convincente y satisfactoria. Para aclararnos en este tema es necesario tener en cuenta el punto de partida, en el imperio franco. Tenemos el Pacto Ludoviciano (817) y la Constitutio Romana (824).
El primer documento es de Ludovico el pío, que había concedido al papa la autonomía sobre el Patrimonium Petri, y la libertad en la elección papal, conformándose con una simple indicación de voto. Esta autonomía dejó al papado sometido a las rivalidades de la nobleza de Roma.
La Constitutio es del rey Lotario I, hijo de Ludovico el pío, daba mayor relieve al derecho del soberano de intervenir en la elección papal. Esta solución era equilibrada para ambas partes. Con la ruptura del imperio cayó una columna de este equilibrio y la nobleza romana no tenía ningún interés de favorecer el principio petrino apostólico del papado, que impedían sus intenciones de poder, la nobleza romana sólo tenía interés por tener control sobre la ciudad de Roma. Por esto es innegable una disminución de la irradiación papal romana en el período postcarolingio y esto favoreció la autonomía de los obispos metropolitanos, por lo que hemos hablado más arriba de un sistema episcopalístico en el período postcarolingio; por otra parte en toda la decadencia del imperio carolingio perduraba la unión con Roma instaurado desde el primer medioevo y no se había abolido la devoción hacia San Pedro y sus sucesores, lo cual llegará a ser una base para retomar el papado en el futuro. No podemos afirmar exactamente cual era la posición del papado en la época postcarolingia.
Partiremos del rey Corrado I (+ 918) hasta el emperador Otón El Grande ó I (+ 973).
Señalamos las fuentes de este período:
·Para finales del S. IX, las fuentes son bastante raras.
·Al final del siglo IX encontramos los Annales Fuldenses (Ann. Fuld.), provienen del monasterio de Fulda, en el centro de Alemania, donde los reyes realizaban frecuentes visitas que servían para que los monjes estuviesen bien informados de lo que ocurría en el imperio.
·Annales Vedastini , considerados la otra parte de los fuldenses para el reino occidental.
·Va surgiendo la historiografía y dependeremos ahora de cronistas de la mitad del S. X como Adalberto de Magdeburgo, que escribirá la Continuatio Reginonis, y que llegará a ser el primer arzobispo de Magdeburgo, habiendo sido misionero en Rusia, muere en el 981. Escribió su crónica como continuación de la de Reinone de Prüm, que se asemeja mucho a la historiografía carolingia.
·Liutprando, es el único representante de la cronística italiana hasta la mitad del S. X. Oriundo probablemente de Pavía , viajaba para el rey itálico Berengario II en el 949 a Constantinopla. Después se enfrentó con Berengario hasta llegar a la ruptura completa. Se refugió en la corte de Otón I quien le mandó de nuevo a Constantinopla en el 968. Morirá en el 972. Era un hombre culto y elocuente pero vanidoso, siendo un personaje insólito en la cronística de la edad media. Sus recuerdos son subjetivos hasta el exceso junto a un carácter biográfico y anecdótico. Todo esto vale para su obra mayor en seis libros llamada Antapodis que significa represalia o venganza. y que dirige directamente contra Berengario II y su mujer Dila. Esta historia es muy imprecisa desde el punto de vista cronológico y abarcan desde el 878 al 950, en Italia, Alemania y Bizancio. Según las palabras del autor quería componer las empresas del emperador y de los reyes de toda Europa , pero la obra sólo contiene noticias sobre Borgoña , Italia y Bizancio, de los reinos que él tenía conocimiento. Otra de sus obras es la Historia Otonis, que describe desde el ángulo visual de la corte imperial los hechos romanos entorno a la coronación de Otón I (960-964). De su viaje a Constantinopla del 968 y con recuerdos del viaje anterior escribe una obra titulada Legatio Constantinopolitana con una tendencia antigriega sobre todo contra el emperador Focas.
·Vidukind de Corvey, de la gran abadía benedictina de Corvey situada en la zona de Sajonia, muere en el 973. Pertenecía a la alta aristocracia sajona y es el historiador de su pueblo, como lo fue 100 años antes Pablo diácono para los Longobardos. Sus tres libros Rex Geste Saxonice , son dedicados a la hija del emperador Otón I que era la abadesa del monasterio de Quedlinburg, Matilda; este monasterio era de canónigas, no de monjas. Los libros se comienzan con la saga del inicio del pueblo Sajón, siguiendo el mismo estilo de Pablo Diácono para Longobardos. Llegará hasta el año 967, ampliándose después hasta el 973. Es una historia nacional que recorre bondadosamente el encuentro de Otón I con Roma. Es significativo que la coronación imperial del 962 no se menciona con una sola palabra, siendo una táctica de desaprobación. La obra no revela ningún elemento sobre el estado monástico del autor.
·Para Francia en el dominio carolingio y de los primeros Capetos hemos de mencionar ante todo el canónigo de la catedral de Reims, Flodoardo muerto en el 966. Sus Annales comprenden el período entre el 919 y el 966. Es una buena fuente para el estudio del imperio, pero hemos de señalar que en este momento es muy difícil separar cuales son las fuentes que tratan de la historia eclesiástica de las de la historia política de los reinos occidentales.
·Más hermosos son los cuatro libros Historie del monje Richer de Saint Remi, de Reims, escribe su obra después del 991 bajo las órdenes de su maestro Gelberto, futuro papa Silvetre II, relaizando una historia del reino franco occidental, siendo menos fiable que la de Flodoardo, recogiendo noticias hasta el 995, con un suplemento hasta el 998. Tenemos todavía el manuscrito autógrafo del autor.
·Ademaro de Chabannes, otro gran cronista del reino franco occidental. Muerto en el 1034. Su obra se llama Historia o Cronicum, y en ella quiere alejarse de la historia carolingia.
·Rodolfo il Labro, un monje que escribe una obra en cinco libros, muerto en el 1047. Su obra es una crónica de los grandes acontecimientos de la historia europea del siglo X y del incipiente siglo XI, de pronto interrumpida por la narración de anécdotas de carácter puramente local o personal. Es una historia bastante subjetiva pero preciosa y divertida, expresando las concepciones religiosas y políticas presentes en la Borgoña de su tiempo.
·Género literario de las vidas, muy desarrollado en la época otoniana, durando casi dos siglos. Junto a la hagiografía legendaria hallamos biografías en un número cada vez más creciente.
Sobre las vidas de obispos podemos citar como ejemplos:
1- Vita Brunonis, arzobispo de Colonia, escrita por su discípulo Ruotger.
2- Vita Oudalrici, obispo de Augusta, escrita por el prepósito de la catedral de Augusta, Gerardo hacia el año 983-993.
3- Diplomas de los reyes y emperadores de la época otoniana. (911-1002).
4- Privilegios papales (ediciones anticuadas y dispersas).
5- Para Italia tenemos el Cronicon del monje Benito de San Andrés del Monte Sorrate. Su relación es confusa, escrita en un latín vulgar y no se puede equiparar a la obra de Liudprando de Cremona, es interesante por las propias noticias que nos trasmite, tomando una posición contra el senador romano Alberico II y contra el emperador Otón I, en favor del papado.
6- El tratado anónimo Libellus de Imperatoria Potestate in Urbe Roma, editado por primera vez en el S. XVI por historiadores luteranos, con una postura muy crítica contra el papado. El tratado habla de los derechos del emperador sobre Roma desde Constantino, el grande, hasta la muerte de Carlomagno, en el 880, hijo de Ludovico, el germánico, rey de Italia. Hoy los estudiosos tienden a datar este tratado a finales del S. IX, aunque Zucchetti lo data en la mitad del S. X. Este aspecto de la datación es importante ya que en el S. X intervendrá Otón I en Roma.
7- Colecciones de cartas. Podemos citar dos: las teinta y tres cartas del obispo Raterio de Verona (+974). El Corpus de las cartas de Gerberto de Reims (+ 1003), futuro Papa Silvestre II, son 220 textos del 983-997. Son una fuente muy importante para el tiempo de Otón III.
El primer rey de la zona franco Oriental unida, primer rey no carolingio, fue Corrado I (911-918). Será el primero en ser llamado "Regnum Teutonicum", reino tedesco. Poco después de su coronación ocurrida en el 911, en Noviembre, visitó en Navidad de ese año la abadía de San Gallo, próximo al lago de Constanza.
El monje Edgardo IV de San Gallo, unos decenios después de aquel evento ha realizado una descripción básica de esta visita, siguiendo la tradición de su monasterio, siendo una continuación de la historia del monasterio contenida en la obra Casus Sancti Galli hasta el año 973, en un estilo claro y atrayente, pero con una tendencia contra los reformadores monásticos de su tiempo.
La visita de un rey no era una novedad en el monasterio de San Gallo. El emperador Carlos III, el grueso, último emperador de la familia carolingia, ya había venido al monasterio en el 883 y se había entretenido con un monje músico sobre cuestiones de música litúrgica, por la que estaba muy interesado. El monasterio de San Gallo tenía relaciones de muy alto rango, con muy buena información, por lo que llegó a ser no sólo un importante centro cultural, sino también político en su época.
Para Carlos III, el monje Notchiero ( ¿?)el Balbuciente, había escrito los Gesta Carolimagni , que es una biografía de Carlomagno, en la cual se refleja la idea que se tenía del emperador cien años después de su muerte. Demuestra una evolución de los intereses sobre la persona de Carlomagno, centrándose en la descripción de un ideal cristiano para ser propuesto al rey de Francia Oriental y también de la Occidental de aquel momento. No es sólo una relación de los propios hechos, sino que hay muchas anécdotas que demuestran como el emperador ha llegado a ser una figura mítica, después de su muerte.
Edgardo IV, en su cronicon, habla con gran naturaleza y desenvoltura del interés litúrgico del rey. Leyendo su obra podemos adivinar cuales eran las bases espirituales de la estricta colaboración entre el rey y el monasterio, pudiendo generalizarse para todos los reyes de esta época y todos los monasterios. El fin de la visita de Corrado I al monasterio era " la asunción del Frato Conscriptus entre los monjes". Fracto conscriptus Edgardo IV lo describe así:" el rey después de haber trascurrido serenamente la tarde y la noche, a la mañana siguiente se acercó a la reunión de los hermanos y se transforma en hermano escrito con el consenso de todos... Regalaba a cada hermano una libra de plata para que se procurasen hábitos nuevos, para los chicos decretó para ahora y en el futuro tres días de vacaciones para que pudiesen jugar".
Estos niños son los hijos ofrecidos por sus padres al monasterio durante el tiempo de preparación para monjes, práctica muy usual en la primera edad media, que ya estaba prevista en la Regla de San Benito; con siete años entraban en el monasterio y ya era entonces una profesión monástica, más bien una obligación de llegar a la profesión monástica. Es muy raro en la Edad media que un chico se revelara contra esta decisión paterna, ya que no hemos llegado todavía al periodo del individualismo. Era un medio para recibir una buena educación y evitar necesidades económicas.
Nos cuenta Edgardo que el rey adornaba el altar de la basílica con manteles. La inmunidad del monasterio, presente desde la época del abad Grimaldo, que no era del todo segura, fue concedida de forma definitiva y perpetua, con el consenso del obispo de Constanza con firma y sello. En su texto se nos muestra que la unión entre los monjes y el rey era un asunto bastante costoso para él. También nos cuenta que el obispo Salomón de Constanza, cuando llega a ser frato inscripto, hace un regalo similar al sostenimiento anual de un monje.
La vida del monasterio era bastante alterada durante los días de la visita del rey, constituyendo también un gran gasto para el monasterio. También era ocasión de nuevas donaciones por parte del monarca y de diversión para los monjes. Edgardo nos describe la comida del rey con la comunidad.
La visita de Corrado en Navidad no fue un capricho, el motivo preciso era la asunción de la confraternidad y la oración de los monjes. El rey podía contar con los sufragios de los monjes. Era una especie de aseguración que se refería sobre todo a la vida después de la muerte. Esta visita es un ejemplo para otros muchos hechos particulares, el deseo de tantos soberanos durante muchos siglos de la edad media de ser admitidos a la comunidad fraterna de un monasterio, miraba al mismo tiempo a la inclusión de su nombre en un libro terrestre, y en uno celeste y por eso estos libros recibieron el nombre de libri vitae, en relación con el libro de la vida que nos habla el Apocalipsis. El verdadero libro donde se encuentran los nombres de los bienaventurados está en el cielo, por eso el libro de la tierra es una especie de copia.
Últimamente se han estudiado mucho por parte de investigadores alemanes estos libri confraternitatis y los necrológicos. Los primeros contienen los nombres de los hermanos vivos, de los benefactores que fueron admitidos, como son los reyes y los obispos. En segundo lugar tenemos los Obituarios o necrológicos que contienen los nombres de los hermanos muertos, siendo libros que servían para la memoria litúrgica, siendo necesarios para recordar durante la liturgia, al monje difunto o vivo por el que oraban un determinado día. Estos libros eran continuamente actualizados, continuados, rehechos totalmente.
Durante el gobierno de Corrado I se celebrará un importante sínodo en Hohen-Altheim en el 916. Era una asamblea de obispos francos, de Suavia y Bábaros, pero no de Sajones. Todos ellos procedían de los tres ducados que sostenían al rey Corrado I. El lugar de la celebración facilitaba el acceso a los obispos de estos tres ducados al encontrase en el lugar central.
En este sínodo, que no destaca por ser el primero de un nuevo estado alemán, cuanto por ser la expresión concreta de la colaboración de la iglesia con el rey. De 22 obispos de su reino faltaban sólo 9. También acudió un legado del papa Juan X. El sínodo se celebró al estilo de los sínodos carolingios, en una situación difícil para el rey, la resistencia y oposición de los nobles, sobre todo de los duques de su reino. El rey intentará activar el episcopado como contrapeso contra el poder laico, apoyándose sobre el episcopado, sobre la Iglesia. De hecho este sínodo se ha declarado decididamente detrás del rey, contra el egoísmo de las potencias particulares. El sínodo condenó a aquellos dos que levantaron la mano contra la unción del señor, lo cual es una referencia al A.T., que no es nueva por que ya los carolingios la hacían. Los dos nobles rebeldes fueron condenados a reclusión perpetua en un monasterio. También este era un procedimiento usual de los carolingios.
El sínodo demuestra que en tiempos de Corrado I la iglesia de su reino, iglesia territorial, estaba decidida a colaborar con el soberano, que era el garante de la unidad del reino contra todo particularismo. También es de señalar el papel del papa mediante la presencia de un legado. Las relaciones con Roma no se habían desatado, sino que a los ojos del papa, el rey es y permanece como el centro de la organización eclesiástica de su reino. También para Roma el jefe de la iglesia territorial del reino es el rey. Lo más sorprendente es el influjo del papa Juan X, que había intentado una irradiación fuera de la ciudad de Roma, y que es mayor de lo que se pensaba hasta hace pocas fechas. Al publicarse recientemente las fuentes del sínodo se ha descubierto que fue utilizado el texto del Pseudoisidoro, haciéndonos pensar que fue el legado romano el que llevó el texto desde Roma, todo lo cual amplia mucho más la influencia papal sobre este concilio.
El apoyo de los obispos a Corrado I tiene poca influencia sobre las posiciones del rey, que morirá en el 918. Fue sepultado en el monasterio de Fulda. Poco antes de morir envió las insignias reales al más temido de sus adversario, el duque Enrique de Sajonia, designándole como su sucesor. Era un gesto generoso y al mismo tiempo, políticamente, el mejor de los posibles. Destinar al gran adversario como sucesor. Todo esto nos lo contará Widukindo de Corvey en su obra Gesta dei saxone , donde nos refiere como Corrado I mandará a su hermano Eberardo a ver a Enrique portándole todos los tesoros, haciendo la paz con él y ganándoseu amistad que mantuvo durante toda su vida. Después Eberardo proclamará públicamente ante la nobleza reunida a Enrique como sucesor al trono, según los deseos de su hermano Corrado. Este era un cambio cualitativo ya que por vez primera pasará el gobierno a una familia totalmente distante de los carolingios, los sajones.
Enrique I (919-936) pertenecía a las más noble familia sajona, los Lindolfingue, siendo la misma familia a la que pertencia el emperador Otón. Los contemporáneos con él por primera vez que el reino no estará más en manos de los francos. A partir de ahora el nuevo pueblo estatal serán los sajones, que dominarán a todos los demás. Enrique I comenzará su gobierno con mucha prudencia, se presentará como primer duque entre los demás príncipes, es decir "primus inter pares". No tenemos constancia de ninguna coronación. El arzobispo de Maguncia, el primer obispo del reino franco oriental le propone la unción solemne pero Enrique la rechaza.
Este reino del que estamos hablando, y que llegará a ser Alemania, todavía no tiene un nombre definido. Los intentos de los cronistas de dar un nombre a la zona del Imperio franco oriental, que no será más carolingio, intentan remediarlos con los nombres de Sajonia y Franconia, y otros parecidos, pero no apareciendo todavía un nombre claro. Por eso se hablará de Reino Germánico o Teutónico, sabiendo que para este período es un anacronismo. El nombre "Teutónico", aparece por primera vez en las Cartas de Gregorio VII contra Enrique IV y con un sentido peyorativo. Entre los Otones a esta parte se le llamaba sencillamente, Imperium o Regnum.
Estudiamos los acontecimientos de la Iglesia germánica, que llegará a ser imperial con los Otones, por ser la más influyente en este período para la marcha de la Iglesia occidental en general e incluso para el papado. También lo hacemos porque esta Iglesia territorial es representativa de todas aquellas iglesias occidentales que viven más o menos de la herencia carolingia.
Del reino de Corrado I (911-918), ya hemos mencionado su visita al Monasterio de San Gallo, donde fue admitido como "Frato Conscriptus" entre los monjes. Sería una equivocación imaginarse a los reyes y emperadores de la Alta Edad Media, como hombres que fingen ser hombres religiosos para obtener ventajas políticas. No tenemos ninguna prueba de que estos soberanos hayan fingido creer.
La memoria litúrgica era para ellos, como para el resto de la población, un compromiso absolutamente serio y grave, lo cual no quiere decir que los príncipes de la Edad Media eran todos santos, al contrario, sabían que eran pecadores y no lo negaban
El segundo acontecimiento que hemos mencionado es el Sínodo de Hohen-Altheim (916), el cual demuestra cómo la Iglesia favorece la unidad de un reino contra las tendencias particularistas y separatistas, lo cual valdrá también para otros reinos. ¿Por qué la Iglesia, en general, ha favorecido la unidad de un reino, en vez de favorecer unidades más pequeñas, como ducados o ciertas regiones ? En el caso que nos ocupa, el motivo moral es que los que alzan la mano contra el ungido por Señor, "Christum Domini", es decir, el Rey, son perjuros porque han jurado solemnemente la fidelidad al Rey. El Estado de la Alta Edad Media no es todavía abstracto, transpersonal, sino que está muy personalizado, es decir, el Estado está encarnado en determinadas personas. La organización del Estado consiste, concretamente, en la relación entre las personas, comenzando desde el Rey.
Por otro lado existía la conciencia de tener responsabilidad para todo el reino, lo cual se observa en el reproche del Sínodo con el asentimiento de los obispos sajones.
Son muy importantes las actas de este Sínodo. En ellas podemos encontrar cosas muy diversas, como por ejemplo una prohibición formal de la "Simonía", que constituye un antecedente muy válido de la lucha que más tarde llevará a cabo la reforma gregoriana, y que nos permite no hacer generalizaciones en este campo, ya que los obispos repetían constantemente la prohibición de este abuso y prevenían contra sus peligros
Como ya indicamos, Corrado I revelará la grandeza de su carácter, cuando en el lecho de muerte destinó como sucesor a su adversario político, el Duque Enrique de Sajonia, que llegará a ser rey en el 919. Su reinado se prolongará hasta el 936. Pertenecía a la familia Lindolfingue, la misma de los emperadores Otón I, II y III. Comenzará su gobierno con mucha prudencia, presentándose como primer duque entre otros príncipes, como "Primus inter pares". No tenemos noticia alguna sobre una coronación. El arzobispo de Maguncia, le propone una unción solemne para consagrarle rey. Enrique lo rechaza.(según nos cuenta Widukindo de Corvey, por humildad). No todos aceptaron este rechazo de la coronación por parte de Enrique, sobre todo entre los eclesiásticos. Todo esto podemos verlo en la obra Vita Udalrrici , en ella se cuenta que una noche San Udalrrico, obispo de Augusta, tuvo una visión de la virgen y mártir Santa Afra, patrona de Augusta, que le había transportado a un sínodo celeste bajo la presidencia de San Pedro. Este le habría enseñado una espada sin empuñadura, identificándola con un rey sin bendición pontifical, ambos no sirven.
El rechazo de Enrique significa que no admitía las posiciones que en el Sínodo de Hohen-Altheim los obispos atribuían al rey, por lo que no estaba dispuesto a continuar la lucha contra los duques. Era una política, ante todo, muy prudente, modesta, no agresiva. Con condescendencias y concesiones, en vez de violencia, Enrique consiguió que incluso los principados del sur y oeste de su reino, Suavios, Bábaros y Lotaringios, lo reconociesen como su soberano.
Hay un hecho memorable que demuestra que Enrique I no era un soberano desinteresado de la religión y devoción de su tiempo y que destruye las teorías de aquellos que ven en el un rey laico, que no quiere relaciones ni tratados con la Iglesia y que por eso había prohibido la coronación y la unción por un obispo. Se encontró en Worms, en el 926, con el rey Rodolfo II de Alta Borgoña, obteniéndo de él la "Sacra lancia", que según la leyenda es la que atravesó el costado del Señor en la cruz. A cambio de esta donación a Enrique, Rodolfo recibirá un alto precio, una gran parte de Suavia y la ciudad de Basilea con sus contornos. Esta lanza que Rodolfo había recibido como Rey de Italia del Conde Sansone, sería la lanza sagrada que Santa Elena encontraría junto a la Cruz del Señor. Hoy esta reliquia se encuentra en Viena. Hablaremos más adelante del significado religioso y político que posee.
Enrique ha adquirido la Lanza, que también se la ha considerado la de San Mauricio, el jefe de la legendaria Legión Tebaica, un célebre Santo guerrero. Era considerada una reliquia del Señor que daba la victoria. Según Liudprando de Cremona, Enrique debía sus victorias guerreras a esta Lanza. Hemos de pensar en primer lugar en la batalla victoriosa contra los húngaros en el 933, en un lugar no identificado, Riade, para la cual Enrique había escogido el 15 de marzo, fiesta de San Longinos, el soldado que según la leyenda atravesó con su lanza el corazón del Señor. Lo encontramos descrito en el Andapodosis de Liudprando, libro IV, cap. 25.
En el 929 Enrique había reforzado la idea de la unidad del reino, destinando a su hijo mayor, Otón, casado con una princesa inglesa, Edgith, su primera mujer, como su sucesor.
En la primavera del 928, confirmó el Rey Enrique I, en una dieta en Erfurt, la designación su hijo Otón como sucesor al trono, incluso contra la resistencia de su propia familia. Pocos meses después, Enrique, como dice Widukindo, "Maximus Regus Europei", muere el dos de julio del 936
Comenzamos con la coronación real, que tendrá lugar en Aquisgrán en el 936. El acceso al trono de Otón I u Otón el Grande, se produce en el 936, cuando tenía 24 años. Significará un corte, incluso para la historia eclesiástica. Al contrario que su padre, Otón, aceptará una coronación y una unción, desarrollándose el evento en Aquisgrán, en la ciudad de Carlomagno. Widukindo nos lo cuenta de forma difusa en su Historia de los Sajones:
Otón al elegir Aquisgrán para su coronación, en la Iglesia Palatina, se unió así a la tradición franca-carolingia de manera abierta. Otón I como sucesor de Carlomagno. Con hábito franco fue elevado al trono el 7 de agosto del 936 por los grande laicos, de los cuales aceptó el homenaje en el sentido de un encuentro con los vasallos. En la iglesia el pueblo aclamó al rey, elegido por Dios, ya designado por Enrique , y ahora, hecho rey por todos los señores. Sin el consentimiento de todos los señores no podía ser el sucesor, ya que no era un reino hereditario. Por tanto, una aclamación del pueblo, más concretamente de los grandes, guiada por el arzobispo Hildeberto de Maguncia. Siguió la entrega de las insignias reales, la unción y la coronación y, por último, la elevación al trono de Carlomagno. Después hubo una comida de ceremonia después de la misa de coronación, en la cual debieron de tener un papel muy importante concepciones cúlticas-rituales, siendo no sólo una comida festiva, sino que tenía un determinado significado cultual.
En la comida prestaron su servicios los duques del reino :/El Duque de Lotaringia hacía de "camarlengo", encargándose de todo lo necesario.
El Duque de Baviera, Arnolfo, era el responsable de los caballeros y de las acampadas. Será lo que más tarde recibirá el nombre de "mariscal", responsabla de los caballas.!El Duque de Franconia, Eberardo, hacía de "copero", encargándose de las mesas.
Todos estos elementos serán tradicionales en todas las ceremonias de coronación del Imperio, hasta la última, la de José I (1774), en Francoforte y que nos describe Goethe en sus memorias. El propio ceremonial, realizado por primera vez en Aquisgrán en el 936, se fijará poco después en el Ordo de Magonza, en el famoso Pontifical Romano-Germanico, llegando a ser el modelo para toda la Edad Media, no sólo en el Imperio, sino en otros reinos
Relación con los obispos. Los obispos son considerados nuevos príncipes del Imperio. Años después de la Coronación, las relaciones con el Rey eran turbulentas. Había siempre nuevas rebeliones en el interior del Reino, en las cuales toman parte incluso parientes cercanos de Otón I. Sobre todo se revelaron los duques. Baviera aspiraba a más autonomía y reivindicaba incluso la supremacía sobre la Iglesia de su territorio. De hecho fueron puestos obispos en Baviera por parte del Duque hasta el 938.
El hermano menor de Otón huyó a Lotaringia para organizar una cédula de oposición, que Otón eliminará en el 939./En el 941 se lleva a cabo un complot para asesinar a Otón en su palacio de Cueclinburg ( ?), en Sajonia, donde el acudía con mucha frecuencia. Escapó del atentado y pudo refugiarse en Lotaringia y allí intervenir en un asunto del Reino Franco Occidental, Francia, que fue decisivo para la ocupación de la sede archiepiscopal de Reims. Incluso en Francia fue reconocida una cierta hegemonía de Otón como sucesor de Carlomagno.
En el 951 fue llamado a Italia, donde se presentó como el Rey de los Francos y de los Longobardos, a la manera de Carlomagno. Todo esto demuestra que Otón I no sólo se consideró el Rey de los Carolingios, sino que es considerado como tal por gran parte del Occidente. A pesar de todo, en Germania no desaparecían los rebeldes, siendo sus propios parientes los que se sublebaban. Su jefe era Liudolfo, nacido del primer matrimonio de Otón I. Estos hechos abrirán una gran crisis en el Reino en los años 953-954, con la rebelión de casi toda Germania. Se agrabará la situación por el hecho de que en aquel momento los húngaros hicieron una nueva incursión, tanto en Germania como en Italia.
Al comienzo del gobierno de Otón I, tras las primeras insurrecciones de la alta aristocracia, había pensado poder confiar los ducados y las más altas responsabilidades, a miembros de la propia familia. Después del fracaso de esta idea, cuando se reveló incluso la propia familia contra él, cambio de camino. A partir de entonces, Otón I se apoyará cada vez más sobre los obispos y sobre los abades, queriendo reforzar l poder regio con la ayuda de la Iglesia. Estas relaciones se intensificarán después de las rebeliones del 953-954. La importancia de la jerarquía eclesiástica no era nueva, existía ya desde hacía cinco siglos, pero Otón I ha dado a aquella colaboración una nueva cualidad.
Ya en el siglo IV, Ambrosio de Milán había asumido misiones diplomáticas de la corte. En la Galia los obispos habían tenido, desde el siglo V y hasta los primeros tiempos de los carolingios, un papel político en las principales ciudades francesas o galas. Los estados bajo el poder del propio obispo, serán asumidos por los carolingios, aunque con fatiga al comienzo, queriendo integrarlos en el propio estado franco. El estado obispal de tiempos merovingios, era el Ducado de Reccia bajo el obispo de Coira, siendo uno de los pocos conservados donde el obispo propio el Señor del Estado Obispal. Sólo en el 807, Carlomagno consiguió separar diócesis y ducados. Por otro lado, Carlomagno esperaba de los obispos y de los grandes abades de su imperio una estricta y leal colaboración, que comprendía, si fuese necesario, incluso el servicio militar.
Por todo lo dicho hasta ahora podemos afirmar que Otón I no ha inventado este sistema de colaboración con la Iglesia, pero sí lo ha perfeccionado. A causa de ello se habla con exageración de un sistema otoniano de la Iglesia imperial. Este sistema se apoya sobre la idea de que al Rey le corresponde una potestad suprema sobre los puestos olvidados de los obispados y las abadías importantes. De suyo, los obispado y los grandes monasterios eran dotados del derecho de soberanía, el cual no pertenecía al oficio espiritual de un obispo o de un abad, como jurisdicción, casos de los tribunales, derecho de acuñar moneda. Naturalmente de todo ello se esperaban las adecuadas contraprestaciones por parte de una iglesia tan privilegiada, siendo el célebre "Servitium regis".
El rey Germánico tenía la supremacía sobre todas las iglesias de su reino. Con esto se distingue por ejemplo de la iglesia francesa, donde la supremacía del rey se extiende en los siglo X y XI, pero sólo sobre 15 diócesis de 75, aunque esto no quierte decir que las otras diócesis fueran más libres sin este peso, al contrario. Las diócesis que no estaban en la zona de L¢Ille de France, la zona que había quedado directamente bajo la soberanía del rey de Francia, ya sea carolingio o Capeto. Las otras diócesis caían en las manos de otros príncipes o nobles, que eran casi obispados privados, siendo peor para las diócesis.
Los otones nunca serán propietarios de los obispados, es decir, nunca tuvieron la supremacía. Los obispados pertenecían al propio imperio. Es cierto que el rey podía ejercer una influencia sobre la elección de los obispos y abades, pero no era fácil para él deponerlos si habían sido legítimamente designados.
Había dudas en la iglesia sobre esta estrecha colaboración entre Otón I y la propia iglesia. La fuentes no cirtican abiertamente este desarrollo, pero si existen reacciones que nos hacen comprender que no todos aceptaban esta colaboración que llevaba a los obispos a comprometerse en los asuntos públicos. Hay una crítica directa en una carta del Arzobispo Guillermo de Maguncia, que es una de las pocas críticas abiertas en la disputa de estas relaciones. Guillermo pertenecía a la familia de Otón, siendo su hijo ilegítimo nacido antes del matrimonio de una mujer eslava.
En cuanto a la relación de Otón I con el episcopado de su reino, como ya hemos indicado más arriba, se intensificara sobre todo en el momento en que Liudolfo, el hijo del Rey, se revelará contra su padre. Este apoyo se extenderá hasta finales del 953, afirmando sus derechos reales. En la concepción del Rey, los obispos eran más fiables que los príncipes laicos para las gestiones del reino, ya que estaban menos interesados por la propia instalación y no tenían una familia que debieran colocar.
Lo que se ha llamado el "Sistema otoniano de la Iglesia imperial", consistía en que los obispos del Imperio no sólo eran pastores, sino también duques y condes en el propio Imperio. La tradición conserva pocas fuentes críticas en el desarrollo de esta evolución, que habría tenido un influjo profundo sobre la vida de la Iglesia medieval, en particular en Alemania y en el Reino de Italia.
Ya hemos citado la Carta del Arzobispo Guillermo de Maguncia dirigida al Papa Agapito II en el 955. En ella escribe : "los duques y los condes se arrogan lo que compete al obispo ; el obispo, lo que compete al duque y al conde". No podemos exagerar el contenido de esta crítica. El tenor de la Carta es más bien una protesta del Arzobispo contra una posible disminución de los derechos de su diócesis de Maguncia, a causa del proyecto de Otón I de erigir nuevas diócesis . De suyo el Arzobispo no era un opositor en principio contra la asunción por parte de los obispos de responsabilidades políticas del Imperio, lo cual se manifestará en el 962 cuando asciende al trono el joven Rey, Otón II.
Para comprender mejor el papel de los obispos en tiempos de Otón I partiremos de unas consideraciones sobre el ideal episcopal en el tiempo de los otones. Otón I, cuando se revelaron contra él los duques, sobre todo en el comienzo de su mandato, no sustituyó a los duques por obispos, con una sola excepción, el caso de su hermano Bruno.
Bruno era el consejero espiritual de Otón I, su confidente, representando como ningún otro eclesiástico de su tiempo la fusión entre reino e Iglesia, que es típico de aquella época. Nació en el 925, fue destinado desde la infancia a la carrera eclesiástica, recibiendo en la Escuela de la Catedral de Utrech una óptima formación, completada más tarde por las enseñanzas del obispo Raterio de Verona, que había sido expulsado de su sede y vivía en Alemania. Su formación era la mejor posible en aquella época. En el 940 trabaja como Canciller de su hermano hasta el 953. Sus intervenciones, documentadas en los documentos, demuestran su creciente influjo político. También está documentado su gran interés por el monaquismo y por la vida espiritual. En el 951 llega ser Archicapellán, es decir, jefe de la Capilla curial de Otón I, que era el órgano administrativo supremo del Reino. En agosto del 953 es nombrado Arzobispo de Colonia, nombrado por su hermano. Poco después, en septiembre del 953, en el año fatídico de la rebelión de Liudolfo contra Otón I, el Rey le confió además el ducado de Lorena. Por este motivo su biógrafo, Routger, le llamará "Archiduque", siendo la primera vez que aparece este título, por la dificultad en describir exactamente el papel que desempeñaba el Arzobispo de Colonia, Bruno.
Hasta ahora Bruno ha intentado servir al mismo tiempo a la Iglesia y al Reino. El ha sido el que ha influido en el episcopado alemán a colaborar estrechamente con el Rey. En Colonia creo unas condiciones esenciales para conseguir esta finalidad del servicio del episcopado para el Reino y el mismo toma la dirección de la formación del clero alto bajo el Reino. Para ello creará una Escuela cerca de la Catedral de Colonia, la Escuela de la Formación del Episcopado Alemán. De este modo Bruno llega a ser el organizador de lo que se ha llamado el "Sistema de la Iglesia Imperial".
Durante la ausencia de Otón I en Italia en el 965, será Bruno, junto al Arzobispo Guillermo de Maguncia, el regente del Reino Alemán.
En Colonia fundó nuevos monasterios y colegiatas. Ante el peso de tanto trabajo, sus fuerzas se agotaron prematuramente y murió a la edad de 40 años, volviendo de una misión diplomática de Reims, el 11 de octubre del 965.
Significativa sobre su concepción del estudio es la visión de un clérigo, que nos cuenta un famoso cronista sajón, Thietmar, en su Crónica, (II, 16) : Bruno estaba siendo acusado delante del trono de Cristo de haber dado demasiado espacio, demasiado interés, al estudio de la vana filosofía, y es defendido por el propio San Pablo.
En la obra contemporánea, Vita Brunonis, escrita por el monje de Colonia, Routger, se nos informa de manera fidedigna sobre la vida del Arzobispo y también sobre las ideas que dictaminaban su vida. Hace propaganda para el ideal episcopal del tiempo de los otones y se esfuerza en justificar la implicación del obispo en los asuntos políticos. Rouger sentía el deber de defender el papel del obispo en el enfrentamiento con aquellos que eran críticos y no aceptaban el papel político del obispo. Aunque no tengamos testimonios directos, críticas abiertas, por lo menos las afirmaciones de Routger nos hacen adivinar que si existían críticas. La conclusión de Routger es definitiva : "Todo cuanto hizo Bruno fue honesto y útil para nuestro Estado".
En otros pasajes nos menciona factores más personales de Bruno : "El Arzobispo es fiel a la virtud sacerdotal, a pesar de sus compromisos políticos,...". Todo ello nos hace ver que el ideal del obispo era el ascético-monástico.
En el 954 aparecerán los húngaros en Alemania, volviendo a hacer otra incursión en el 955. En esta última ocasión asediaron la ciudad de Augusta. El obispo se ve obligado a organizar la resistencia de la población de Augusta. En la Vita Udalrrici, escrita por el sacerdote contemporáneo, Gerardo, se nos da una impresión sobre esta insólita actividad del obispo. Después de plantar cara a los húngaros en la batalla, en la que participará el propio obispo a caballo, pero sin coraza ni defensas de otro tipo, acudirá en su ayuda el Rey Otón con un ejército, que vencerá a los húngaros en la decisiva batalla del 11 de agosto del 955, cerca de la ciudad de Augusta, muy cerca de un pequeño río llamado Lech, por lo que la batalla será llamada de Lechfeld. Esta batalla no sólo fue una victoria para el reino germánico, sino para todo occidente, ya que hizo que los húngaros huyesen de otros países.
Bajo Otón I y sus inmediatos sucesores reinaba a primera vista una simbiosis tan estrecha entre el Estado y la Iglesia, que muchos estudiosos, hasta el siglo pasado, vieron en esta colaboración la existencia de un sistema, una institución que unía a la Iglesia, más exactamente, a los obispos y a los grandes abades, la institución de la Iglesia, al servicio del Rey, por medio de una serie de procedimientos entre ambas partes, que encontraron su expresión simbólica en el acto de investidura.
Encontraban elementos muy vistosos :
1 En primer lugar que ninguna elección u ordenación de un obispo o un abad, era posible sin el consentimiento el soberano.
2 En segundo lugar, para ciertos candidatos, la elección preferida se dirigía hacia los miembros de Capilla de Corte, la institución suprema de administración entorno al propio soberano.
3 En tercer lugar, el candidato debía pertenecer a la alta aristocracia, que no era una condición absoluta, existiendo muchas excepciones, pero en general constatamos que todos los obispos y grandes abades pertenecían a la aristocracia.
4 En cuarto lugar, como cualquier fiel vasallo laico, el neoelecto debía prestar homenaje al soberano, y un juramento de fidelidad. Eran dos actos distintos, pero unidos en un mismo rito. El homenaje se realizaba poniendo el vasallo sus manos entre las del soberano (rito que sobrevive aún hoy en la ordenación sacerdotal). Tan importante era el juramento de fidelidad, que vinculaba el vasallo al señor, en el sentido de no dañarle en ninguna circunstancia, que consistía fundamentalmente en un juramento negativo ; no se prometían muchas cosas, sino que se prometía no dañar al propio señor. En esta época ningún obispo hacía un juramento de fidelidad al Papa, sólo se lo hacían al soberano. Hasta el siglo XI estos dos actos, homenaje y juramento de fidelidad, crean un vínculo personal muy intenso entre señor y vasallo, y por tanto, entre soberano y obispo.
5 En quinto lugar, la investidura del nuevo cargo por parte del Rey, mediante un acto simbólico, la consigna del báculo pastoral, y con Enrique III también del anillo. Esta investidura era una repetición de la que realizaba el Arzobispo correspondiente, en la que también se le entregaba al nuevo obispo el bastón pastoral.
6 En sexto lugar, los obispos y abades imperiales recibían en la investidura de parte del soberano donaciones de tierras, plena inmunidad y otras prerrogativas del poder público, prerrogativas y derechos que en línea de principio competen al soberano, y que son los llamados Ragalia : bosques, derechos de "telares" (para confeccionar trajes), derechos de acuñar monedas, de tener mercados,... Hasta el siglo XI e incluso más tarde recibían distritos administrativos, que llegarán a ser los núcleos del estado territorial eclesiástico del Imperio. Pero en un primer momento se los confiaban por el bien del propio Reino. A cambio los obispos y abades imperiales estaban obligados al "Servitium Regis", que como ya indicamos comprendía varias prestaciones : alojamiento temporal de la corte real itinerante, ya que no había una capital, el Gistum ; los regalos anuales (Donna annuaria), que no eran dones arbitrarios, sino una especie de tasa ; formación de los militares para el ejército imperial ; comisiones diplomáticas y consulta política ; por último, sostenimiento religioso, mediante la oración y también apoyo moral en todas las cuestiones públicas.
La investigación alemana hasta el siglo pasado ha dedicado mucha atención a esta simbiosis entre el Estado Otoniano y la Iglesia Imperial, y se ha constatado la creación, por parte de Otón I, de un contrapeso efectivo contra el poder de la aristocracia laica, contra los duques y príncipes seculares.
Sobre todo se ha ocupado de este problema un estudioso austríaco. L. Santifaller. En 1964 ha dado la formulación definitiva a la doctrina tradicional sobre este asunto y su sistematización. Según este autor, este sistema, que él llama propiamente "Sistema Otoniano de la Iglesia Imperial", habrían encontrado su culmen con la inclusión en él por parte de Otón I. El Rey habría sometido a Roma para poder controlar mejor al episcopado alemán mediante un Papa obediente al Emperador, en vez de un jefe eclesiástico independiente.
En los últimos años, esta visión sistemática de la relación entre el Imperio y la Iglesia ha sido cada vez más criticada. Podemos citar por ejemplo a un autor inglés, T. Reuter, que niega la existencia de este Sistema acusando a la investigación alemana de generalizaciones no justificadas. Hace notar que el apoyo dado por la Iglesia Imperial al Estado Otoniano, no era una particularidad alemana. Idénticas evoluciones se pueden identificar, siempre siguiendo la tradición carolingia, en Borgoña, en Francia, en Italia y también en Inglaterra. La Iglesia Imperial Alemana no sería otra cosa que una Iglesia nacional como todas las demás.
Otro experto estudioso alemán, J. Fleckenstein, le ha replicado rápidamente afirmando que la Iglesia Imperial Alemana presenta características que ninguna otra iglesia nacional de aquella época evidencia, ni siquiera la iglesia carolingia, de la cual la Iglesia Imperial Otoniana es la heredera privilegiada. En particular es de constatar en la Iglesia Otoniana una mayor concentración, respecto al uso de los carolingios, de la corte en torno al soberano lo que determina un papel del Rey mucho más central de lo que lo era en el Reino Imperial Carolingio, incluso el centro administrativo entorno al Rey en la Capilla de Corte. También constata una fusión de competencias espirituales y temporales confiadas a los obispos, que era más estricta que en el caso de los obispos carolingios, con Carlomagno o Ludovico el Pío.
Para concluir diremos que la posición de Santifaller y de sus predecesores del siglo pasado, es sin duda exagerada :
1 La Iglesia Imperial no era de ningún modo un cómodo instrumento político en las manos del Emperador, como pensaban los historiadores alemanes nacionales del siglo pasado.
2 Es equivocada de manera particular la interpretación del papel del papado bajo los Otones.
3 Es mejor evitar el concepto de sistema cuando hablamos de la Iglesia Imperial, ya que este sistema no existía y las cosas eran mucho más fluidas, dependiendo de varias condiciones, incluso de varias personas. Como mucho había algunos usos, más o menos desarrolladas, en la colaboración entre la corte y la Iglesia, unas ciertas tradiciones.
4 La relación con otras iglesias regionales de la época, hemos de dar la razón a Reuter, era mínimo, pero los resultados hasta ahora obtenidos demuestran más bien la singularidad de la Iglesia Imperial, a la vez que revelan su carácter especial.
5 Faltan estudios sobre las Iglesias de otros países en este momento. No deben ser estudios personales de uno u otro obispo, aunque después serán la base para la estudio de estas Iglesias, sino que es necesario hacer estudios comparativos de los diversos episcopados. Estudiar en varios países cual era el papel y el comportamiento del episcopado. Sólo entonces podremos responder con certeza a la pregunta sobre el "sistema de la Iglesia Otoniana", si realmente era particular de esta Iglesia o por el contrario era una tendencia general de la Iglesia Occidental de este período.
A) Las condiciones del papado a comienzos del 900.
B) La intervención de Otón I.
A) El Liber Pontificalis, que es la fuente autorizada del papado en los siglos VIII y IX, la biografía del papa Adriano II (867-872) termina con el retorno-expulsión de los misioneros romanos de Bulgaria. El hecho que contemporáneamente devuelve al legado papal, a quien el Rey búlgaro Voris había hecho ricos regalos, hace surgir la sospecha que con respecto al final de la misión búlgara, estaba en juego también la corrupción. El biógrafo es del parecer que "sólo Cristo, al fin del día, podrá poner luz en este asunto". Con estas palabras termina la primera parte del Liber Pontificalis.
A parte de un breve fragmento, los cronistas del papado callan por más de doscientos años. Cuando fue retomado, en la mitad del XII, por un monje francés, Petrus Guillermus, sentía interés sobre todo por la historia reciente. Los siglos IX y X fueron a penas rozados por el cronista con breves catálogos de papas y pocas noticias.
Se sabe que el Cardenal Varronio ha calificado el siglo X como "siglo oscuro", y lo ha hecho, en primer lugar, a causa de la escasez de las fuentes. Después este concepto ha pasado de ser un concepto historiográfico con respecto a las fuentes, a otro más bien moral que indicaba la "decadencia moral" de la Roma de este momento.
Esta visión negativa fue reforzada por el hecho de que desde el siglo VII y VIII, algunos historiadores designaban el gobierno de Roma antes de la intervención de Otón I como "pornocracia". Otro motivo para valorar este período como negativo era la premura para distinguir los acontecimientos del papado reformado del período precedente de decadencia. Es necesario ver si estos juicios son válidos o son más bien prejuicios.
Señalamos a continuación algunas observaciones generales sobre el papel del Papa en la Roma del siglo IX :
1. Desde la mitad del siglo IX, el verdadero señor de la Ciudad era el Papa, no un emperador o un rey. Otros emperadores posteriores fueron mantenidos siempre lejos de la Ciudad en cuanto era posible. El Borgo de San Pedro, el barrio cercano a la Basílica de San Pedro, no pertenecía a la Ciudad de Roma. La Ciudad comenzaba de la otra parte del Tíber.
Desde el siglo VIII los papas dejan arruinarse los antiguos palacios imperiales del Palatino. Por el contrario, el Laterano se convierte en la sede incluso de la administración civil y de los tribunales. Como signo de este poder se encontraba, ya en este momento, delante del Laterano la estatua ecuestre de Marco Aurelio, que en el XVI será trasladada a la Plaza del Capitolio. También la Loba Capitolina se encontraba cerca de la entrada del Laterano , como signo de autoridad pontificia. Todo ello convertía al Laterano en el centro de Roma.
2. Se producirá una creciente imitación del ceremonial bizantino, siempre en torno al Laterano como centro efectivo de la administración papal, mientras San Pedro pasa a segundo lugar, como lugar de consagración del nuevo obispo de Roma., pero no como centro.
3. Creciente importancia del personal secular eclesiástico en el Palacio Lateranense. En este momento se empieza a hablar de "Sacrum Pallacium Lateranensem", por imitación del ceremonial de Constantinopla. En el siglo IX surge el grupo de los "Jueces de Clero" que tiene a la cabeza un "primicerius". Junto al primicerius, como alto funcionario, surgirá en el siglo VIII el "bibliotecarius", que no era sólo el prefecto de la biblioteca o del archivo, sino que también era el director de la Cancillería Pontificia. El más célebre del siglo IX será Anastasius Bibliotecarius, erudito de grandes conocimientos, no sólo del griego, sino también del material del Archivo Pontificio.
4. Creciente influjo de las familias nobles romanas sobre la elección y el mandato de un pontificado.
Todo esto lo encontramos ya en el siglo IX, pero se reforzará en el período que estamos estudiando.
Iniciamos nuestro período con el año 882 cuando es asesinado el Papa Juan VIII en Roma. El período concluye el 1046, con la rivalidad entre tres papas depuestos por Enrique III.
Este período cuenta al menos con 45 papas y antipapas, la mayor parte de los cuales reinaron sólo por pocos años, pocos meses e incluso semanas. Es muy difícil saber después de mil años, quién fue un Papa legítimo y quién, por el contrario, era un antipapa. Oportunamente el Anuario Pontificio, que publica cada año la lista de los papas, no siendo una lista oficial sino oficiosa, omite para nuestro período el número de orden. Los papas y antipapas sólo se distinguen tipográficamente.
Uno de los mejores conocedores del papado de esta época, el austríaco K. Zimmerman, constata que en el siglo oscuro no menos de 15 papas fueron depuestos, algunos de ellos después de la muerte ; 14 murieron en la cárcel, en el exilio o asesinados ; 7 fueron echados de Roma y privados de su autoridad pontificia ; hubo en Roma en este período 6 cismas. Estas estadísticas son suficientes para hacernos entender que es fácil extraer una crónica negra de la historia del papado en esta época.
Si se estudia este período con más cuidado también es posible encontrar grandes personalidades merecedoras, mejores que su fama. Es competencia del historiador entender y describir a los hombres, cómo respondían a la llamada de Dios, incluso en tiempos y condiciones difíciles. Dos papas de finales del siglo IX merecen una mención particular, Juan VIII y Formoso. Ambos papas eran de la opinión que el papado no debía ser dejado al servicio de la aristocracia romana o de los pequeños señores feudales italianos.
Juan VIII (872-882). Tuvo una vida trágica. Desde hacía algunos años las facciones aristocráticas dividieron la Ciudad de Roma, agudizándose por la problemática del poder imperial y la lucha sucesoria sobre quién era o podía llegar a ser emperador. En el 875 muere el emperador Ludovico II, último representante de la línea italiana de la dinastía carolingia, hijo de Lotario I. Su poder se había siempre limitado a la zona septentrional de Italia, al Reino Itálico.
No era posible que él desapareciese sin sucesor, el Papa sin protector. La alternativa para el papado eran los Carolingios orientales o los occidentales. Juan VIII optó por el Rey franco occidental Carlos el Calvo y le coronó emperador en la Navidad del 875, eligiendo la fecha por su significado simbólico. Por su parte, Carlos el Calvo, renovó sus pactos con la Iglesia romana. Por eso en esta ocasión el Rey regaló al Papa Juan VIII el trono, que desde la Alta y Baja Edad Media se ha venerado como la "Cátedra de San Pedro", y que hoy se encuentra sobre el altar del ábside de la Basílica de San Pedro. También regaló una gran cruz de plata, desaparecida durante el "saco di Roma", y que ha sido reconstruida en un réplica colocada en la capilla situada junto a la Piedad de Miguel Angel en San Pedro del Vaticano.
La coronación de Carlos el Calvo era una imitación de la de Carlomagno, pero un cambio decisivo para la institución imperial. Esta coronación no surgió por una aclamación del pueblo franco o por una designación por parte de su padre, como en el caso de Ludovico el Pío, sino que era una elección hecha por el Papa y por los romanos. A partir de ahora (875), la coronación de parte de un Papa llegará a ser constitutiva durante muchos siglos. En todos los casos de coronación debía preceder una promesa de protección. Para el papado la dignidad imperial será desde ahora y sobre todo "defensio Ecclesiae Romanae. Y este es el sentido que tiene una coronación a los ojos del Papa.
Carlos el Calvo con esta coronación romana quería comenzar una nueva gran política franca, al estilo de Carlomagno que incluyese también Italia. Una Asamblea de los Señores Feudales italianos en Pavia (876), aclamó a Carlos el Calvo como "protector y defensor", por una relación con el Reino de Italia. Cuando en el mismo año el Rey del Reino Franco Oriental. Ludovico el Germánico, muere, Carlos el Calvo ve una buena ocasión de apropiarse también de aquella parte del eximperio Carolingio. Pero fue vencido por Ludovico el Joven, hijo del Germánico, en una batalla en Renania, suponiendo el fin de volver a restaurar y reunir el Imperio Carolingio. Carlos había sobrevalorado sus posibilidades.
Cuando el Papa lo llamó de nuevo a Italia para ayudarle, encontró una fuerte oposición por parte de los nobles del Reino Franco Occidental y del Arzobispo Igmaro de Reims. La campaña de Italia fue un desastre. Abandonado de sus grandes, Carlos debe huir, Italia estaba perdida para él y muere el 6 de octubre del 877 en un pueblo de Saboya.
La política franca, el gran proyecto franco occidental junto con los italianos ha desaparecido. En vano el Papa fue en el 878 al Reino Franco Occidental a pedir ayuda contra la prepotencia de los Duques de Espoleto y Toscana y sus aliados de Roma. El Papa debió volver con las manos vacías a Roma, muriendo en el 882, asesinado con veneno administrado por un pariente suyo ávido de los tesoros pontificios. Tras la muerte de Juan VIII comienza en Roma una fase sanguinaria entre las familias de los nobles.
El siguiente Papa del que hablaremos es Formoso (891-896). Este Papa osó llamar contra los Duques de Spoleto al Rey del Reino Franco Oriental, Arnolfo de Carinzia, de origen carolingio, pero de origen extraconyugal. El Rey Arnolfo daba al Papa una respuesta positiva de ayuda. Después del fracaso con Francia, ahora el papado trata de encontrar ayuda del Reino Franco Oriental. Arnolfo llega a Roma, pero debía conquistar la Ciudad, que estaba ocupada por los espoletini, antes de ser coronado emperador por Formoso en febrero del 896. El motivo de esta coronación es tener un protector contra los múltiples enemigos dentro de la Ciudad de Roma y fuera de ella. Será el último carolingio coronado emperador. Desgraciadamente Arnolfo debe abandonar Roma por una enfermedad y su partida hace desaparecer su poder imperial en Italia. De este modo el proyecto de Formoso de unir Roma, el Reino Itálico con el Reino de Arnolfo, se rompe y al mismo tiempo el papado pierde su influencia por mucho tiempo sobre la Iglesia Universal.
Después de la muerte del Papa Formoso, sólo entonces el asunto llega a ser escandaloso, su sucesor Esteban VI (896-897), procesó al Papa difunto en un horrible sínodo. El cadáver de Formoso fue exhumado, mutilado delante del tribunal, y se anularon todos los actos de su pontificado. El cadáver fue mutilado y arrojado al Tíber. Oficialmente el motivo de la condena de Formoso era su decisión de abandonar su diócesis de Porto para llegar a ser Papa, por tanto la ambición. Según una teología de esta época, uno no podía llegar a ser obispo de dos diócesis por ser considerado un caso de bigamia, ya que un obispo es el "esposo de su diócesis". El auténtico motivo era su política antiespoletina. La condena de Formoso divide a la Iglesia de Roma entre formosianos y antiformosianos. Los antiformosianos consideraron las ordenaciones de Formoso como inválidas. Durante 30 años se escribieron obras polémicas sobre este problema, refiriéndose sobre todo a la validez de las ordenaciones.
Con Juan X volvió un poco de paz a la Iglesia Romana. Zimmermar observa las razones que el triste asunto de Formoso, tendría una consecuencia positiva para el papado, en cuanto que esta discusión hace camino a una convicción : el Papa no es simplemente el obispo de Roma, no encontrándose el Papa en el mismo nivel de los obispo, sino claramente sobre ellos, lo cual es un resultado de la controversia sobre Formoso. Por tanto la prohibición canónica del cambio de una diócesis después de Formoso, no impedía nunca más la elección de un obispo para Papa. De hecho Juan X (914-928), antes de llegar a Papa había sido Arzobispo de Ravena, y había sido ordenado sacerdote por Formoso. Cayó siempre en las manos de las familias patricias romanas, que en último término lo depusieron y asesinaron. Las personas que en Roma ejercitaron el influjo, también en la elección papal en aquel período eran el senador Teofilato, su mujer Teodora y su hija Marozzia, que fue la peor de los y consiguió imponer el solio pontificio a su propio hijo, Juan XI (931-935/6), mientras que su hermanastro, Alberico II gobernó Roma como príncipe de los romanos (932-954), el cual limitó al Papa, que dependía totalmente de la familia a funciones puramente espirituales, lo cual tal vez no fuera un mal. Por tanto el Papa era en este período, según Thelenbag, dominado por la familia de Teofilato, una persona muy lejana para el resto de la cristiandad, casi legendaria, desconocida, sin ningún influjo sobre los acontecimientos de la Iglesia.
1.- En los años 951-952.
2.- 961-965, con ocasión de su coronación imperial.
3.- 966-72.
Gran parte de la última fase de su vida se desarrolló en Italia, y no en Alemania. La pregunta sería ¿Porqué Othon intervino en Italia ?.
Debemos recordar primero que Italia estaba dividida en territorios feudales ; familias de la aristocracia carolingia. En estas luchas entre la nobleza alta quedó victorioso Hugo Capeto, que se hizo llamar rey de Italia desde el 926. Tuvo grandes proyectos incluida una coronación imperial. Había ya comenzado los tratos con el Papa Juan X, pero obstaculizado por la nobleza romana. Sin embargo este Hugo pudo hacer elegir a su hijo Lotario, co-regente de Italia en el 931, considerado un primer paso hacia una permanencia dinástica. La oposición de la nobleza feudal italiana encontró un exponente en el marques Berengario de Ivrea. Este tuvo que huir por un breve período de tiempo a la corte de Othon, jurando vasallaje al rey.
Tras esto acontecimientos ocurrió algo imprevisto, murió Hugo y su hijo Lotario ; aquel sueño de la creación de una nueva dinastía real en Italia a través de la Provenza, desaparecía y era la ocasión propicia para Berengario de Ivrea. Se hizo coronar rey del .Regnun Italiae., con el nombre de Berengario II, haciendo encarcelar a la viuda de Lotario, Adelaide. Obviamente tenía miedo de esta, ya que podía aún entrar en la política e impedir su carrera como rey de Italia. Adelaide acude en petición de socorro a Othon I, respondiendo este con su primera expedición a Italia. Quizás esto sólo fue el pretexto que necesitaba Othon I para ir a Italia, algo que ya tenía pensado desde hacía algún tiempo.
Othon I llegó a Pavía (951), donde recibió el homenaje de los grandes del .regnun italicum. y además se casó con Adelaide. También intentó entablar relaciones con el papa para su coronación imperial, pero no lo consiguió, porque el Papa dependía totalmente de la familia de Teofilacto, y el heredero de aquella familia, Alberico II, no le interesaba que el Papa Agapito II coronara a Othon.
Así, Othon, regresó a principios del 952 a Alemania. Berengario II se unió a él con un juramento de fidelidad y recibió en feudo el .regnun italicum., como representante de Othon I.
Los años 953-54, fueron años difíciles para Othon I, ya que tuvo la rebelión de su propia familia, siendo la más peligrosa de todas la de su propio hijo Liudolfo, y por lo mismo en esos dos años no pudo ocuparse de Italia, y no podía tampoco controlar a Berengario II.
Berengario II aprovechando la situación extendió su ambición a los lugares del Patrimonium Petri, provocando la reacción del Papa Juan XII (955-964).
Juan XII era hijo de Alberico. Su verdadero nombre era Octaviano ; pero a causa del carácter pagano de este nombre, había tomado el de Juan. Fue el primer Papa que cambió su nombre. El siguiente será Juan XIV, que se llamaba Pedro (983).
La ocasión de la segunda llegada de Othon a Italia, fue la llamada de Juan XII pidiéndole ayuda contra Berengario II. Othon preparó con cuidado esta segunda expedición. En Mayo del 961 hizo elegir rey a su hijo Othon II, coronándolo en Aquisgrán, para así asegurar la sucesión dinástica. En el 961 se dirigió a Italia. La primera estación era en Pavía, considerada prácticamente la capital del reino de Italia, con la tradición del antiguo reino longobardo. Desde Pavía mandó al Abad de Fulda Atone (¿ ?) para organizar todo su viaje a Roma.
Othon llegó a Roma el 2 de Febrero del 962. Hizo ante el Papa un juramento de fidelidad según el modelo carolingio, y fue ungido y coronado emperador, junto con su mujer Adelaide en el 962. A continuación el Papa y el pueblo romano también hicieron un juramento de fidelidad al nuevo emperador. Comienza aquí una larga tradición litúrgica. Esta constaba de tres momento fundamentales :
1) Ungido emperador según un ceremonial, que había comenzado con Ludovico el Pío y los siguientes. Esta unción indicaba que la soberanía imperial era más elevada que la real, aunque el rey también podía recibir la unción por parte de un Obispo. Este hecho constituía evidentemente una sacralización mayor del poder imperial y le daba al papa un poder discrecional, sea teórico, acerca de la idoneidad o no del designado a ser emperador. La misma coronación.
2) Era los llamado laudes : es decir los augurios que recitaba la gente presente al nuevo emperador. Era una especie de letanía, que es del tiempo carolingio.
Pocos días después (15 de Feb.), el nuevo emperador confirma con un solemne privilegio al Papa la posesión de Roma y del Patrimonium Petri. Este es llamado Privilegium Othonianum.
Este documento habla extensamente del patrimonium petri, pero con reserva de la supremacía ejercitada ya por los carolingios, con la condición de un juramento de fidelidad, que de ahora en adelante, todo nuevo Papa debía de realizar al emperador antes de la consagración.
A lo largo de la historiografía alemana ha habido dos tendencias fundamentales a la hora de dar un significado a la coronación de Othon I, cada una de ellas representa una escuela en Alemania :
1.- La de von Sybel.
2.- La de Julius Ficher.
Von Sybel era prusiano, y su escuela habla de la injerencia de los reyes alemanes, comenzando por Othon I, como de un trágico error en cuanto las fuerzas de Alemania se agotaban en los asuntos italianos, en vez de extenderse hacia el Norte y el Este de Europa. El juicio de esta escuela sobre la política italiana, de los emperadores alemanes, es totalmente negativa.
Ficher, en cambio, defendió el interés de los emperadores por Italia, y sostenía que Othon se consideraba heredero de los carolingios y de Carlomagno, y no podía hacer menos de la corona imperial, si quería consolidar su autoridad como sucesor de Carlomagno. Esta escuela consideró el interés en Italia como consecuencia del carácter supranacional de la dignidad imperial. Por tanto para esta escuela la coronación de Othon I fue un hecho positivo, y podemos decir que necesario.
Hoy vemos esta polémica con más calma. La posición de Sybel, antiromana, anticatólica, estaba determinada por el nacionalismo alemán del siglo pasado. Ficher que vivía en el imperio Austro-húngaro, y que era católico, tenía razón cuando dice que es necesario valorar tal evento, partiendo de las condiciones de entonces, no según nuestra visión actual.
Debemos también echar una ojeada a lo que dijeron los contemporáneos de Othon sobre su coronación. Keller ha escrito un artículo sobre el tema donde nos dice que hay fuentes de la época que utilizan el título de emperador para Othon antes de su coronación. Y sobre todo encontramos este título en la Crónica de Widukind, donde habla del emperador después de su victoria sobre los húngaros (955). Es importante ver que el título no estaba estrechamente ligado a Roma y al papado como se pensaba en el siglo pasado. La coronación por un Papa no era absolutamente necesaria para ser llamado emperador. También encontramos este título en otros países.
En el pontifical romano-germánico del 960, encontramos un ordo secundum occidentalis, donde se describe una coronación imperial sin intervención de un Papa. Recibir la corono de manos de un Papa era ciertamente un honor, pero encontramos que también era posible sin la presencia papal.
Al porqué de la coronación de Otón I le podemos dar podemos dar varias respuestas :
a) La relación con el papado podía tener ventajas para la organización de la iglesia imperial, a causa de la posición más alta de un emperador. De hecho un resultado inmediato de aquella coronación, fue el permiso dado a Otón para fundar un nuevo Arzobispado en Alemania (Magburgo), y medio año después, el privilegio de poder erigir diócesis en Alemania a su arbitrio.
b) Esta coronación sin duda significaba un aumento de la sacralidad. La dignidad imperial era siempre una posición de hegemonía ; pero en circunstancias favorables podía intervenir también en otros reinos que no pertenecían al imperio. Este no era sólo un hecho político,sino también un aspecto de la realidad religioso-cristiana del Occidente. Y precisamente en estos años encuentran difusión y consenso, aquellas ideas en las cuales el emperador es colocado en la línea de desarrollo de nociones escatológicas de la Iglesia. La presencia del imperio romano en la mentalidad medieval constituye un baluarte contra los enemigos de la fe y en particular contra las fuerzas del anticristo. Cuando cae el imperio, significa que el anticristo viene. Es una idea que está presente en el medievo hasta el siglo XVIII. Estas ideas nos indican como la ideal imperial no estaba muerta, sino que era una idea muy compleja.
A todo lo anterior hay que añadir que el hecho que Italia y Alemania han encontrado su unidad nacional solamente el siglo pasado, viene de la decisión de Otón I de unir partes contrarias y siempre prontas a separarse.
Por otro lado debemos decir que Otón no estaba de acuerdo con la idea que se tenía en Roma de un emperador ; no quería el título de emperador romano.
Por último la coronación imperial era la consecuencia de la política de expansión de Otón I y de los importantes grupos feudales de Alemania, que tenían intereses económicos en la rica Italia. Esta política expansionista, fue apoyada por poderosos grupos de la aristocracia italiana, en gran parte de origen franco, alemán, bávaro ; luego, no de origen italiano y por el episcopado de Italia, que se prometían gracias a un gobierno centralizado, más paz y más crecimiento económico.
Apenas abandonó Otón Roma, el Papa Juan XII, comenzó a mostrar arrepentimiento de haber llamado al emperador. Entabló relaciones con enemigos de Otón y con Bizancio ; lo que condujo a Otón a regresar a Roma en el 963. El Papa huyó y fue depuesto por un sínodo convocado por el propio emperador, eligiéndose a Juan XIII un miembro de la familia romana de los Crescenzi.
Si bien, también este Juan XIII tuvo que huir por breve tiempo, para escapar de sus adversarios romanos, fue el primer Papa que plenamente colaboró con los otones ; entró pues en la órbita de la iglesia imperial.
En el tercer viaje de Otón a Roma su estancia fue de 6 años, aunque no tanto por los asuntos romanos, como por las condiciones del mediodía y para encontrar un acuerdo con los bizantinos. Por que sobre todo en la Italia meridional sus intereses chocaban con los de Bizancio. Otón como sucesor de los carolingios, pretendía la supremacía sobre los ducados longobardos de Espoleto, Capua y Benevento, la Puglia y Calabria. Mientras Basileus el bizantino los consideraba pertenecientes a su zona.
Otón tenía la convicción de llegar a un acuerdo con los bizantinos, y posiblemente sin las armas ; no tenía intención de luchar. En la Navidad del 967 hizo coronar como Cesar Augusto a su hijo Otón II, por el Papa Juan XIII. En esto siguió el modelo carolingio ; es la única vez en todo el medievo que un emperador se asocia un co-emperador, un cesar. Otón deseaba el reconocimiento del imperio occidental por parte de los bizantinos. Fue mandado a Oriente Liutprando de Cremona, personaje de absoluta confianza de otón, para establecer tratos diplomáticos con el emperador Niceforo Focas : reconocimineto del imperio Occidental, y pidiendo también una princesa bizantina para su hijo Otón II.
Este Liutprando, ha dejado una narración sobre esta misión ; no fue ciertamente el embajador más prudente y apta para esta misión, por que estaba lleno de rencor hacia los bizantinos, por lo que la misión fue un fracaso total. El asesinato de Focas y la subida al trono de Juan Zimisques, hizo que la cuestión cambiara su rumbo. El nuevo emperador tenía necesidad de reconocimiento por parte de otros países.
Otón reconoció a Zimisques y este le reconoció como emperador de los francos. Mandó una princesa de la casa bizantina Teofane, como futura esposa de Otón II. Esta princesa tenía el defecto que no había nacido en el palacio imperial por lo que disminuía su valor, los sajones estaban desilusionados, venciendo al final la razón política y fue aceptada. El matrimonio y la coronación de la princesa fueron celebrados por el Papa Juan XIII (Roma 972). Muy pronto Teofane mostró su capacidad intelectual y administrativa. Poco después del matrimonio muere Juan XIII (972) y Otón I (973).
Otón I fue sepultado en Magdeburgo. Widukind de Corbey, el gran cronista de los sajones, exalta todas las dotes de este rey.
Otón II tenía 18 años cuando subió al trono despues de la muerte de su padre (973). Era rey desde el 961 en que fue coronado en Aquisgran, y co-emperador desde el 967. Murió en el 983. Su gobierno fue más difícil que el de su padre y cono menos éxitos. Había conflictos con la propia familia ; con su madre Adelaide, que no quería a la nueva Teofane, y se mezclaba continuamente en la política. Luego, con su cuñado el bávaro, el duque Enrique, que aspiraba a suceder en el ducado de Suevia, Lotaringia y también Italia.
En este conflicto Otón II tomó en el 976 una decisión importante para el futuro de lo que hoy llamamos Europa. Dio en feudo al conde Liutpoldo Babemberg, una parte del ducado de la Baviera. Comienza aquí la historia de esta zona que hoy día llamamos Austria (Ostarrichi), este nombre aparece por vez primera en un documento del 996, de Otón III.
Una vez solucionado este problema Otón II pudo volver sus ojos hacia Italia y a Roma. En el 981 se encuentra en Roma, donde en un sínodo bajo la presidencia de Benedicto VII, fue disuelta la diócesis de Merserburg, fundada por Otón I.
Otón II comienza a llamarse .Imperator Augustus Romanorum., y reclamaba los derechos sobre los bizantinos en el sur de Italia. Una imprudente expedición militar a la Italia meridional(982) terminó con un encuentro frontal con los musulmanes, siendo derrotado completamente. El emperador huyó pero murió de malaria en Roma el 7 Dic. 983, con apenas 28 años, su tumba se encuentra en S. Pedro. Los contemporáneos vieron la caída de Otón II y su muerte prematura como una venganza de S. Lorenzo, al que estaba dedicada la diócesis de Merserbur, que él había hecho desaparecer.
El hijo de Otón II a la muerte de su padre sólo tenía tres años. Fue coronado como Otón III en Aquisgran por dos arzobispos ; el de Maguncia y Juan de Rávena. Naturalmente era decisión de su madre Teofane. Su madre tomó la regencia y la mantuvo hasta su muere en el 991, asistida por el arzobispo Willigs de Maguncia. Teofane era una mujer inteligente, con unas ideas políticas muy claras ; pero tenía dificultad de afirmarse como regente, a causa de las sospechas y de los obispos del imperio : una mujer como regente ; es más, una griega. Y también a causa de la antipatía de su suegra Adelaida. Murió joven, a los 31-35 años, el 15 de Junio del 991. Fue sepultada en la Iglesia abacial de San Pantaleón en Colonia. La regencia pasó a la emperatriz Adelaida, que por fin había conseguido su propósito.
Los otones tenían la intención de conseguir la unidad entre la parte germánica y la italiana. Los contemporáneos no hablaban de dos reinos unidos, sino de muchas unidades étnico políticas. Por lo tanto el imperio estaba constituido por muchos reinos, ducados o principados (Sajonia, Franconia, Lotaringia, Baviera, Suavia, Italia), no era considerado como una unidad nacional y mucho menos alemana. La idea que unía a varios reinos y principados era la franco-carolingia, y por ello se seguía hablando de Imperium Francorum.
Los señores feudales italianos aceptaron un rey de origen sajón, pero con la condición de que la autonomía del reino longobardo fuera garantizada. La presencia de un arzobispo de Rávena en el acto de coronación de Otón III, el niño de tres años coronado en Aquisgrán, no bastaba ; para hecer un rey itálico debía él mismo recibir el homenaje de los grandes de Italia, en Italia, en Pavía, para ser reconocido como rey de Italia.
Otón III fue educado bajo el influjo de su madre griega y de su maestro, el calabrese griego, Juan Filagatos (desde el 988 arzobispo de Piacenza), y del capellán Bergardo, que luego sería obispo de Hildesheim. Otón fue declarado mayor de edad a los 15 años en Septiembre del 994. Pronto manifestó una idea de impreio diversa de las de su padre y abuelo, una idea romano bizantina. Las bulas de sus privilegios, que llevaban sellos de metal y no de cera, al estilo bizantino, portaban la siguiente inscripción : renovatio imperii romanorum. Tratará de realizar este programa a partir del 998, escogiendo Roma como capital de su imperio. En el 995 había recibido la petición de ayuda del papa Juan XV, expulsado como tantos otros por las facciones romanas. Cuando se encontraba en Pavía (996) recibió la noticia de la muerte del papa. Para sustituirle nombrará a su sobrino Bruno, duque de Carincia y que adoptará el nombre de Gregorio V, siendo Papa del 996 al 999, el primer papa alemán. Fue un hombre culto, amigo de los monjes, pero todavía muy joven ya que sólo tenía 24 años y el emperador apenas 16. Pero si olvidamos por un momento la edad de ambos, y miramos sólo a lo que hicieron, demuestran una gran madurez. El intento de Otón era obvio : una estrecha colaboración entre imperium et sacerdotium. Pocas semanas después de su entronización, Gregorio V coronó a Otón III emperador, el 21 de Mayo del 996, en San Pedro. Es significativo que luego tomó el título que su padre había llevado de vez en cuando : romanorum imperator augustus. En esta concepción del imperio, que ciertamente había sido influenciada o inspirada por su madre Teofane, los romanos eran el pueblo principal.
Con respecto a la iglesia, Otón II continuó plenamente la política de su padre, pero sus diez años de gobierno imperial son menos importantes en la historia de la Iglesia, que los de su padre y su hijo Otón III.
Otón III es declarado mayor de edad en el 994, después de la regencia de Teofane y de su abuela Adelaide. Tenía desde el principio una concepción de su papel imperial diversa de la de su padre y de su abuelo. Su programa lo encontramos en el texto de sus bulas : renovatio imperiri romani. Luego una distancia de la idea franco-carolingia de Otón I. El Papa Gregorio V, a quien había designado como Papa, todavía antes de entrar en la ciudad de Roma (996) ; encontró en él un fiel colaborador que dividió plenamente su idea de nexo entre imperio y sacerdocio.
Otón III convirtió a Roma en capital del imperio y como emperador romano pretendió una hegemonía, sobre todo los otros reinos de Europa Occidental : en su idea debía ser un imperio en estrecha colaboración con la iglesia de Roma. Este programa de la renovatio imperii romani encontró su expresión en al renovación de los antiguos palacios imperiales del Palatino ; y el conferir títulos bizantinos a sus colaboradores. Esta idea de Otón III no toleraba una autonomía del Papa. Por el contrario suponía un sinergismo del jefe espiritual y del jefe temporal de la cristiandad en una capital común.
Sólo así se entiende como Otón III ha rechazado el papa Gregorio V.

Si Gregorio V era el primer papa alemán ; Silvestre II era el primero francés. Geberto nacido en torno al año 950 en Aquitania, de humilde origen ; había entrado en el monasterio benedictino de San Geraldo en Aurillac. Luego lo encontramos en Cataluña haciendo estudios y durante un viaje a roma en el 970-971 conoció a Otón I, el cual le ofreció la posibilidad de seguir sus estudios en la escuela de la catedral de Renz, y de la cual, pronto Geberto tomó la dirección. Su saber era de tal manera legendario, que más tarde se habló como si tuviera pacto con el demonio ; en una disputa de Gerberto en Ravena 981 con el maestro de la escuela de Magdeburgo Ohtrich, en presencia del emperador Otón II, terminó con un éxito estrepitoso de Gerberto. El emperador quedó de tal manera impresionado de esta disputa que le confirió como premio la abadía de Bobbio ; probablemente incluso, porque tenía en mente otra carrera. Y comenzó como consejero del arz. de Renz, esperando llegar a ser su sucesor. Gerberto ciertamente era un personaje muy ambicioso ; en efecto lo logró, pero de un modo discutible en el 991, después de una deposición del predecesor de Arnolfo arz. de Renz. Y como el papa entonces no daba el consentimiento a la deposición de Arnolfo, Gerberto debió ceder y vino de nuevo a Italia y llegó a ser, bajo el influjo de Otón III, en el 998 arz. de Ravena y luego Otón III lo hizo Papa en el 999.
Ya como Papa, Gerberto, confirmó a Arnolfo, en el cargo de Arz. de Renz.
Silvestre II era el papa ideal para Otón III. Los dos tenían la misma concepción sobre el papel del imperio, con su centro en Roma ; en donde ambos debían llevar la responsabilidad de la cristiandad. Sin embargo ni el emperador, ni los papas Gregorio V y Silvestre II, dos papas extranjeros, elevados, por un extranjero, eran particularmente simpáticos para los romanos. Y esto se demuestra en las repetidas revueltas que hubo en Roma en aquellos años.
Cuando Otón III, en Agosto del 996, debía regresar a Alemania, el senador Crescenzio II, jefe de la familia romana de los Crescenzi, se apoderó del poder de la ciudad y expulsó al Papa Gregorio V. El arz. Juan Filagatos, aquel griego de Italia del Sur que había sido educador de Otón III, y que había marchado a Constantinopla en busca de una mujer para el futuro emperador, a su regreso a Roma en rebelión cometió la imprudencia de consentir que se le nombrara Papa con el nombre de Juan XVI, por Crescenzio y sus aliados.
Otón III profundamente irritado y desilusionado reaccionó con dureza. Después de la toma de Roma en Febrero del 998, el antipapa fue cruelmente mutilado y condenado a reclusión perpetua en un convento. Crescenzio fue decapitado después de estar refugiado en el castillo de Sant Angelo durante dos meses. Sólo entonces Otón III pudo reformar las condiciones romanas según su concepción ; luego de haber suprimido toda oposición en Roma misma. Y comenzó con la restauración
La nuevas cargas tomadas del ceremonial bizantino demuestran que con energía ponía mano a su gran programa de renovación del imperio romano. Sin embargo esta renovación cristiana del imperio romano se orientó no sólo al imperio bizantino, sino que también otro modelo era Carlomagno. Cuando regresó a Alemania en el 996, Otón se detuvo en el 997 por varios meses en Aquisgrán. Allí las iglesias recibieron ricas donaciones de Otón III, y en Pentecostés del año 1000 hizo abrir el sepulcro de Carlomagno y le depositó una cruz de oro, como signo de su interés por imitar al gran modelo
Junto a estos dos ideales político-religiosos : el ideal Bizantino, el ideal carolingio, podemos notar un tercero que es típico para él : y que determinó no sólo su vida privada, sino que ha tenido también influjo sobre la iglesia, incluso hasta nuestro tiempo : el ideal ascético.
Hay múltiples contactos del emperador con los ascetas y reformadores de su tiempo. Merecen ser nombrados :
1.- San Adalberto de Praga, que tuvo un especial influjo sobre Otón III, sobre todo en la cristianización de Polonia, Bohemia y Hungría.
2.- San Nilo de Rossano, fundador del monasterio de Grottaferrata (abadía griega que existe aún hoy).
3.- San Romualdo de Camaldoli.
Son tres personajes que vivieron en torno al emperador, y él se sentía el discípulo de estos grandes santos y ascetas.
Hacia la mitad del año 1000 Otón III fue de nuevo a Roma, pero ya al inicio del año siguiente se vio amenazado por otra revuelta en la ciudad, a pesar de un discurso muy emocionante del emperador, el cual da cuenta la "Vita Bernardi" (obispo de Hildesheim). Pero ni siquiera este discurso pudo convencer a los romanos. Otón III junto con el Papa Silvestre II debían dejar Roma ; la situación estaba muy inquieta. Permaneciendo en Rávena y esperando tropas de Alemania, buscó tranquilidad espiritual en la cercanía de Rávena (Pereo), asentamiento de los eremitas de San Romualdo. Algunos afirman que él mismo quería hacerse monje, pero ninguno de sus consejeros quisieron aceptar tal vocación.
En el verano del año 1000 se dirigió a Roma de nuevo pero no logró entrar en la ciudad, muriendo de un ataque de malaria el 24 de Enero del 1002, en el castillo de Paterno, en las cercanías de Montesorate (¿ ?) a los 21 años de edad. Según su última voluntad su cuerpo fue trasladado a Aquisgrán y sepultado en la Iglesia de Santa María donde estaba la tumba de Carlomagno ; en el traslado fue acompañado por el arz. de Colonia, Heriberto, a través de los Alpes. Silvestre II se entendió en este momento con la aristocracia romana y así se mantendrá en el papado hasta su muerte en el 1003, aunque ya había perdido todo su influjo.
En este momento podríamos hacernos dos preguntas : ¿Cómo evaluar a Otón III y su gobierno ?.
¿Cuál fue la repercusión de su actividad sobre el papado ? Para poder responder a estas preguntas nos falta por el momento un elemento importante, todavía no discutido, es decir el interés de Otón III por las iglesias polaca y húngara. Sólo sabiendo que ha hecho por estas dos iglesias, al inicio de la cristianización de estos países, podremos dar un juicio más completo sobre su actividad. Por el momento basta decir que la política de Otón era discutida por sus contemporáneos y que sus proyectos imperiales no encontraron eco en Italia. Por otra parte no faltaron voces de admiración.
La historiografía del XVIII, sobre todo la alemana, afirma que Otón III era un desastre, un soñador ; su política fue ásperamente criticada, precisamente por su predilección por Roma, su concepción romano-cristiana. Hoy se ve, en su idea de imperio, un reflejo de su educación griega. Otón III se considera emperador de los romanos, el padre de una familia de reyes independientes y de príncipes dependientes, que son sus hijos. Y esta es una terminología que encontramos en el ámbito bizantino : el Basileus, emperador, el padre, que tiene en torno a sí una familia, con hermanos e hijos. Y si Otón III adopta este modelo bizantino significa una superación de la concepción germánica : señor-vasallo. Era una idea a la que los reinos europeos de entonces no estaban habituados y que rechazaban. Pero en los nuevos estados del Este, Polonia y Hungría, Otón encontró resonancia. Si bien a causa de su muerte prematura no pudo realizar su idea de renovación de la cristiandad europea bajo el símbolo del imperio romano, su visión supranacional puede ser hoy valorada mejor después de tantas rupturas causadas por un nacionalismo ciego.
La segunda pregunta tiene que ver con el papado y su influjo sobre él. Los juicios de los historiadores son divergentes. Según el padre Kempf, la reputación del papado creció con Otón III. La elevación de dos papas no italianos al solio pontificio habría puesto en evidencia la tarea supranacional del mismo. Indirectamente el emperador, calificándose como "propagador de la Santa iglesia" y servus apostolorum habría reconocido la preeminencia de la sede romana como guía de la cristiandad, y al papa como sucesor de los apóstoles. No obstante el padre Kempf admite que los papas no estaban todavía en grado de actuar independientemente frente al emperador. Este es un esfuerzo de interpretación de esta relación.
Gerd Tellenbach es más cauto y observa que el influjo de los emperador otonianos en Roma se ve en la debilidad de la posición de los papas puestos por los otones. Todo esto demuestra la dificultad de ser papa en Roma en este momento. Por otro lado es cierto que con los papas otonianos, y sobre todo los nombrados por Otón III, el papado se siente de nuevo responsable de los asuntos eclesiásticos de otras regiones de la cristiandad. El papado supera el capillismo de los predecesores (Juan VIII) que no se interesaban para nada de asuntos de la Iglesia fuera de Roma
La influencia del papado en este tiempo se puede calificar de jurisdiccional que no había sido ejercido por ninguno de los anteriores. Los obispos no se preocupan en general para nada de Roma, el único nexo con Roma se limitaba a solicitar por parte del metropolitano el palio. Para el resto de los asuntos, Roma era una instancia muy lejana, legendaria, siendo de hecho los obispos muy independientes en la gestión de sus propias diócesis. Sabemos muy poco de la existencia de conflictos entre el papa y los obispos, ya que la distancia entre ellos ofrecía pocas ocasiones de tensión o de crítica. Hay excepciones que confirman esta regla provocados por los conflictos y litigios en una diócesis, llevando a una o ambas partes a dirigirse a Roma. Tenemos documentos que nos informan sobre las posiciones tomadas por el papa en estos asuntos. Esta es la única excepción, no existiendo ningún documento sobre asuntos ordinarios de las diócesis. Tenemos diversos ejemplos, como el caso de una controversia de un monasterio con el obispo de una diócesis, incluso de monasterios femeninos.
Para valorar el influjo del emperador y del papa sobre la iglesia imperial del siglo X nos puede ayudar una referencia sobre la hagiografía. Los reyes sajones desde Enrique I hasta Otón III, sin duda, prestaron mucha atención sobre la iglesia de su imperio ya que estaban personalmente interesados por el estado de la misma, pero ninguno de ellos fue declarado más tarde santo, a excepción de Enrique II, el único emperador medieval canonizado. Por el contrario, sus mujeres tuvieron este honor :
1.- Santa Matilde : Primera esposa de emperador canonizada. Fue la mujer de Enrique I, madre de Otón I y del arzobispo de Colonia, Bruno. Era biznieta del duque sajón Widukindo, adversario de Carlomagno. La veneración de Matilde fue legitimada por su preocupación por los pobres y la fundación de monasterios, que en la baja edad media eran los motivos para la canonización.
2.- Santa Regina y Adelaida : Mujer de Otón I hasta el 951, muere en el 999. También Adelaida fue apreciada por la preocupación por los pobres y su empeño por los monasterios. El culto comienza ya en aquella época favorecido por la biografía hecha por el abad de Cluny, pero la canonización oficial se producirá en 1097, por el papa Urbano II.
Teófane nunca fue venerada como santa, aunque su vida, según lo que sabemos, era intachable. Aquella joven princesa, con 13 años debía esposarse con un príncipe que no conocía, un matrimonio consensuado por otros, pero un matrimonio muy feliz que tuvo 5 hijos en pocos años. Tenía muchos enemigos. Era una griega, era una extranjera. No fundó monasterios, como Adelaida y no ha promovido el monacato reformado como ella. Teófane tenía otra idea del papel de los monjes, coincidente con el desarrollado en la iglesia Bizantina, donde el monacato era muy fuerte, pero los monjes estaban siempre un poco apartados, según la tradición que provenía de la antigüedad, nunca estaban presentes en la corte, ni eran gobernadores y mucho menos comandantes del ejército, como en el imperio occidental. Los monjes no eran políticos. Esta visión de Teófane no gustaba a todos en occidente. De hecho nadie a cultivado su memoria después de su muerte y ningún monje ha escrito su vida, que era el primer paso para un culto. Además no podemos olvidar que Teófane muere antes que Adelaida, la cual era su gran adversaria. La única memoria que tiene después de su muerte era en el monasterio de San Pantaleón en Colonia donde quería ser sepultada y donde se encuentra su tumba. Tras la muerte de Adelaida, Otón III, que se encontraba bajo la regencia de Adelaida, cuando llegó a ser más independiente comenzó a hacer donaciones para el descanso eterno de su madre.
También dos obispos de la Iglesia imperial del siglo X son canonizados muy pronto :
1.- Bruno de Colonia : Arzobispo de Colonia del 951 al 965. Su culto estaba limitado sobre todo a la ciudad de Colonia, extendiéndose a toda la diócesis en 1870.
2.- Udalrico de Ausburgo : Muerto en el 973. Es la primera canonización por parte de un Papa. Fue en el año 993, por parte del papa Juan XV.
El culto de un santo estaba originariamente siempre unido a un elemento sensible, es decir a la presencia de los restos mortales de la personalidad venerada. El culto de un santo nace siempre junto a su tumba. Cuando el culto de los santos aumentó apareció el problema de las reliquias, debiéndose por tanto transferirse reliquias al lugar donde faltaban. En la época carolingia observamos ya transferencias múltiples de reliquias de otros centros de Europa, incluso de Roma, ya que si faltaban las reliquias no era posible el culto. Esta necesidad de la presencia del cuerpo derivaba de la concepción arcaica de que la salvación que emanaba de un objeto sacro podía comunicarse sólo a aquellos que estaban corporalmente presentes, que podían tocar este cuerpo, o al menos verlo. Según la concepción arcaica si era posible debía ser un cuerpo entero, no un pequeño trozo, lo cual era sólo una fase secundaria cuando faltaban los cuerpos, y entonces es cuando se comenzaba a distribuir las reliquias. Esta misma concepción suponía la resurrección del cuerpo entero y no de trozos distribuidos por todo el mundo.
Este uso de venerar a las personas junto a su tumba era de necesidad absoluta y continuó después de la nueva concepción de la canonización oficial y así se explica la insistencia de muchos hagiógrafos medievales sobre el acto de la traslación, que para el pueblo era casi más importante que la aceptación como santo en un acto jurídico por parte de un papa lejano.
La historia de la canonización es por esto determinada por una presencia contemporánea de varias concepciones sobre el culto del santo, iniciativas laicales y un proceso eclesiástico o un proceso de canonización, que no son dos fases que se suceden sino que se entrelazan. No se puede describir la hagiografía según el esquema rígido en un proceso continuo hacia formas jurídicas.
Hasta finales del siglo VIII las voces que piden la intervención de las instancias jerárquicas en el culto de los santos, se van haciendo cada vez más fuertes. Por ejemplo las encontramos en la Admonitio generalis de Carlomagno(789), en el capítulo 42 y en el sínodo de Francoforte (794),... ya en tiempos carolingios había una tendencia de regular el culto de los santos contra los abusos que provienen de la piedad popular. Los resultados de tales esfuerzos fueron bastante modestos y las canonizaciones per viam cultus, es decir sin autorización, no terminaron y estos cultos tampoco fueron prohibidos, lo cual vale hasta el siglo XIII o XIV.
Podemos evidenciar los tres actos que permanecerán como constitutivos durante toda la edad media, para un proceso de canonización :
1.- Se necesita una "petitio", con una presentación de la vida y relaciones de milagros, por lo que muchas vidas de santos en la edad media tienen dos partes : una biográfica y después largas relaciones sobre los milagros.
2..- La "informatio", una indagación del material..
3.- La "publicatio", la promulgación de la canonización
La bula de canonización de Uldarico es del 3 de Febrero del 993, y se dirige no sólo a Alemania sino también a la Galia. La petitio no se dirige al Papa, sino que va directo a un concilio a un sínodo. Sólo un sínodo tenía el derecho de canonizar, y el papa como presidente de un sínodo.
Con Alejandro III y su bula de canonización de Enrique II, las cosas cambian , el papado pretender tmar el derecho de canonización, aunque reconociendo la participación de un sínodo, es decir de otros obispos, pero era una segunda etapa. Al final el papa Alejandro III reclamó en el 1170 que sólo un papa podía decidir una canonización. Esta decisión fue elaborada jurídicamente hasta nuestros días.
Si miramos a los santos particularmente venerados en el siglo X podemos mencionar algunos :
1.- San Miguel Arcángel : el centro del culto era el santuario del monte Gargano en Apulia .Su culto tenía connotaciones militares (batalla contra los húngaros).
2.- San Mauricio : era otro santo guerrero. Fue un mártir legendario romano de la legión Tebaica que era uno de los santos predilectos de los merovingios, particularmente venerado por Otón I. Llegará a ser el patrono del imperio.
3.- San Nicolás, obispo de Mirra. Su culto fue traído a occidente por la emperatriz Teófane. A causa de la propagación de este culto, que comienza sobre el año 1000, en 1087 una expedición de la ciudad de Bari se apropiaron de sus reliquias, y desde Bari se impuso el culto en todo occidente sobre todo en las ciudades costeras, ya que era el patrono de los navegantes.
En la primera Edad Media existe el tipo del santo noble atestado como tal por múltiples vidas hagiográficas. Un santo en aquella época es un hombre o una mujer de familia noble. Podemos ver aquí el desarrollo de una concepción arcaica pagana de la nobleza hacia una cristianización de la aristocracia, hacia una concepción cristiana del papel de una familia noble en aquella sociedad. Estas familias con sus tradiciones, sentían cada vez más la necesidad de una legitimación y la encontraron en el culto de los miembros excelentes de la propia familia como santos. Lo encontramos ya en la época carolingia ; por ejemplo para la familia Carolingia, que tiene al comienzo un santo de la propia familia, el obispo Arnolfo de Metz.
Todo lo que hemos señalado hasta aquí, formaba parte del proceso de cristianización de la sociedad de este momento, en particular de los pueblos germanos. Por lo tanto es un aspecto de la cristianización de las inculturación en la Edad Media.
En la Bula de promulgación de la canonización de San Udalrico se pueden distinguir los tres actos constitutivos del proceso de canonización :
1.- La petitio, que procede siempre de las personas interesadas en una canonización ;
2.- La informatio o indagación del material propuesto ;
3.- La publicatio.
Ya hemos indicado que al principio la canonización correspondía casi siempre a un sínodo reunido bajo la presidencia de un papa. En el siglo XII el papado reivindica el derecho de discernimiento. Tras la Reforma Gregoriana el papado estará más centralizado. Con Alejandro III el papado actuará libremente en materia de canonizaciones sin recurrir a un sínodo.
Comenzamos nuestra exposición sobre el papel del monacato en la Alta Edad Media.
La influencia del monacato sobre la cristiandad occidental nunca fue tan fuerte como en período que va del siglo IX al XI. Este monacato, que incluye en sí el de la tarda antigüedad y de la Alta Edad Media, permanece en la base de la vida religiosa, incluso en las órdenes religiosas aparecidas después de aquella época hasta el siglo XII y XIII, también en las órdenes mendicantes y, en general, todas las órdenes religiosas tienen algunas raíces del monacato de aquella época.
El impacto de los monasterios y de las comunidades de canónigos sobre la espiritualidad de la Iglesia, la tradición de la cultura, el desarrollo de la economía y de las formas de vida social, es incalculable, pero no es igual en todos los países ni en todas las zonas de Europa. Ciertamente el papel de los monasterios de Italia era distinto del que desarrollaron los grandes monasterios de Alemania o del gran movimiento de Cluny.
La vida monástica recibía en todos los tiempos una cierta separación del mundo, constituyendo la relación del monje con el mundo uno de los problemas perennes de la historia monástica. Uno de los fenómenos más sorprendentes de la historia mundial es que personas ricas, acomodadas, con tantas oportunidades en la vida y en el poder, se dediquen en la Alta Edad Media a la vida monástica. Se observa muy raramente alguna afirmación sobre falta de vocaciones, las cuales provenían habitualmente de los sectores nobles de la sociedad. Todo esto demuestra la falsedad de un análisis marxista del fenómeno vocacional, según el cual la vida monástica sería un modo de autorealizarse para las gentes que no tenían otras posibilidades.
Es cierto que muchos monjes habían sido dados como oblati por parte de sus genitores para que llegasen a ser monjes ; podían surgir problemas vocacionales cuando llegasen a la edad adulta. Pero en general debemos suponer que la mayor parte de los monjes entraban en el monasterio en edad madura y lo hacían para salvar su propia alma, con un motivo teológico o escatológico. Además la mayor parte de los monjes llevaba una vida bastante separada del mundo.
Con respecto a los abades y otros encargados, otros oficiales del monasterio que estaban obligados a tomar parte en la vida pública, no podemos generalizar su manera de vida para la marcha habitual del monasterio, sobre la vida de los simples monjes. Había siempre una diferencia entre los abades, en algunos casos esta diferencia era notable, como por ejemplo en el monasterio de Cluny, de la de los simples monjes.
Naturalmente la vida monástica no era sólo oración, ascesis y silencio, sino que ofrecía muchas posibilidades de actividades culturales, que apenas eran posibles fuera de la clausura. De todo esto nos informa una basta literatura proveniente de los monasterios medievales que habla de todos los aspectos, desde la vida espiritual hasta la administración de los bienes temporales del monasterio, la historia de los abades y las tradiciones del propio convento. Muchas historias que poseemos de aquella época no son más que la historia de un determinado monasterio alargada en el horizonte. También poseemos escritos que evidencian el interés de los monjes por la vida política.
De lo que sabemos muy poco es la individualidad de los monjes ; sólo en los últimos años en la búsqueda del papel de la memoria de los vivos y de los difuntos en la liturgia de los monasterios, nos ha podido mostrar una idea más precisa sobre la composición de un gran convento, esperando que según avancen los estudios podemos ir conociendo más cosas sobre los monjes : cómo se llamaban, desde cuando pertenecían a un determinado convento, si habían recibido una ordenación diaconal o sacerdotal y cuando han fallecido. Al final de estos estudios sabremos por cuantos fratelli y benefactores querían y debían orar. De miles y miles de monjes conocemos poquísimo, sobre todo si no eran abades.
Con respecto a la tradición memorial, la investigación de hoy distingue dos tipos :
1.- Libri memorialis o también llamado Libri vitae. Se conservan sobre todo del siglo VIII y IX y contienen nombres individuales o de grupos enteros (fundadores, benefactores), comunidades enteras con la que se realizó una hermandad de oración, siendo un nexo entre monasterios que incluso se encontraban muy distantes ; se mandaban listas de los propios monjes para la oración en otro monasterio. Estos libros provienen de los llamados Dípticos de la Iglesia antigua y que estaban sobre el altar durante la misa ; al comienzo contenían pocos nombres, siendo una especie de pro memoria para el sacerdote para que supiese que nombres debía mencionar en el canon de la misa. Después aumentaron los nombres hasta que llegan a ser los Libri memorialis, cuyo nexo con la celebración de la Eucaristía es evidente.
2.- Necrologii. Contienen los nombres de los difuntos que se han de conmemorar en un día determinado, tanto durante la Misa como en el Oficio. En general los nombres que encontramos en estos libros son miembros del propio convento y después los más estrictos amigos de un determinado convento, que tenían el privilegio de figurar en tales libros. Así los Libri memorialis contenían nombres de vivos, mientras que los Necrologii recogían los de los difuntos. En los tiempos otonianos muchos monasterios usaban los dos libros, el de la Hermandad de oración y los Necrologii.
Lo que se esperaba de un monje en la Alta Edad Media no era el apostolado pastoral activo y mucho menos la cura de almas en las parroquias. Había abundantes sacerdotes seculares, pero mal formados y a penas distintos en su modo de vida de los laicos. Además estaba expresamente prohibido para los monjes ser párrocos de una parroquia, sólo en algunos casos, cuando el monasterio era muy pobre y no podía pagar un sacerdote diocesano, entonces los monjes podían también administrar una parroquia. Ni siquiera se esperaba una actividad cultural, económica ni política de los monjes. Leyendo las fuentes de la Edad Media observamos que la actividad cultural en los monasterios constituía una tarea secundaria. La razón de ser de los monjes era sólo la oración ritual, de noche y de día por los vivos y los difuntos, por el fundador y benefactores del propio convento, por el Rey y su familia y el bien de la Cristiandad.
Tenemos un curioso documento del 819, que se llama Notitia de servitio monasteriorum, promulgado por Ludovico el Pío en Aquisgrán, siendo un documento más o menos oficial. Nos ofrece un elenco de monasterios del Imperio Carolingio, que se distribuyen según tres clases :
1. Monasterios que deben dar Dona et Militia, deben pagar impuestos y deben suministrar un contingente militar al ejército carolingio.
2. Monasterios menos ricos, que están obligados solamente a Dona , a los impuestos y tasas..
3. Monasterios que no deben dar ni Dona ni Militia, ni impuestos ni soldados, sino Sola Orationes pro salute Imperatores vel filiorum eius et stabilitate imperius, lo cual sustituía a las tasas.
Esta oración ritual es una característica que permanece en toda la época otoniana y no es sólo de la época carolingia. Para que esta oración fuera pura y pudiese garantizar el fin deseado, debía estar seguida por una vida sujeta a la pureza de una regla. Aquí se encuentra el nexo entre esta expectativa que la sociedad tenía en su relación con los monasterios y las reformas monásticas. Este nexo lo encontramos en una carta del Emperador Enrique III dirigida al abad Hugo de Cluny, en la cual el Emperador le pide que sea el padrino de su hijo, el futuro Enrique IV, y le insiste en la necesidad de que la oración eficaz debe ir acompañada de una pureza de vida. Enrique IV será bautizado en Colonia el 21 de marzo del 1051 en presencia del Abad de Cluny como padrino.
La vida monástica no era sólo una vocación individual, sino que toda la sociedad cristiana, rey, reina, obispos, nobles, pequeños libres, siervos de la gleba, todos estaban interesados por el buen funcionamiento de un monasterio, ya que el monasterio eran los garantes del bien público. Los monasterios eran necesarios al igual que lo era un ejército.
La reforma de la que se habla en la historia del monacato medieval, no era de suyo un acontecimiento interno de los monasterios o hechos de monjes desconocidos, sino que el mundo exterior a la clausura estaba siempre implicado. Muchas veces eran laicos u obispos los que abrían caminos a una reforma, que habían observado, en el trono. Por todo ello, para comprender el papel de los monasterios en aquella sociedad debemos dar algunos saltos mentales. De suyo la sociedad estaba preocupada cuando sentía que este sistema no funcionaba más al faltar el dinero, al ser demasiado viejos los monjes,... Esta preocupación, que es típica en nuestro tiempo, podemos trasladarla a la sociedad medieval en cuanto a los monasterios. Aunque no se pensaba en el bienestar de la propia vida terrestre, sino a la vida después de la muerte y los monasterios eran los garantes de una vida en el más allá.
La base de todo el monacato benedictino de la Edad Media, incluidos los Cistercienses, es la Reforma Carolingia iniciada por el Abad Benito de Aniano, que se podía apoyar sobre todo en la ayuda de Ludovico el Pío. En tres sínodos en Aquisgrán (816, 817, 818-819), bajo la presidencia del Emperador, se pudo aprobar el programa de Benito de Aniano para todo el monacato del Imperio Franco. A partir de ahora podremos hablar de un monacato imperial. Este programa se puede condensar en el lema : Una regula, una consuetudo. La regla que se impone a todos los monasterios carolingios es la de San Benito, excluyéndose todas las demás reglas. La consuetudo quiere decir que sobre los puntos importantes de la vida cotidiana dejados en sombra por la Regla de San Benito u observados de maneras diversas en los monasterios, todos de ahora en adelante debían seguir las prescripciones de Aquisgrán.
Benito de Aniano no pudo reformar en este sentido todos los monasterios francos cuando murió en el 821, pero sus directivas permanecen en la base del monacato postcarolingio y también, y sobre todo, en el otoniano.
A finales del IX muchos monasterios, sobre todo de Francia, fueron destruidos a causa de las incursiones de los vikingos, de los húngaros y de los sarracenos, también porque los laicos intentaron apoderarse de los bienes de las abadías. Pero el siglo X se caracteriza por un extraordinario resurgimiento de la vida monástica, comenzando en el antiguo centro del ex Imperio Franco, en Borgoña y en Lotaringia. El inicio partió de Cluny.