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HISTORIA DE LA IGLESIA

EPOCA MEDIEVAL
PRIMERA PARTE
: SIGLOS VII-IX




CAPÍTULO I

CARACTERES GENERALES DE LA IGLESIA IMPERIAL BIZANTINA

EN VÍSPERAS DEL PRIMER MEDIEVO

I. Significado y objetivos de nuestro curso

Nuestro curso de Historia de la Iglesia en la Edad Media no debe reducirse a una mera información elemental de hechos. En primer lugar se pretende un juicio crítico y vivo de los acontecimientos históricos, los puntos focales de la Historia de la Iglesia. En segundo lugar se trata de acercarnos a las fuentes, en especial las principales de cada evento. Tener un contacto personal con el material histórico primario es de una gran importancia. Y, en tercer lugar, analizar los fenómenos estudiados, para conducir a una investigación personalizada.

1. Parámetros usados

La Historia de la Iglesia es una disciplina teológica. Intenta contestar preguntas que vienen desde la Teología. Es posible estudiar fenómenos de la Historia de la Iglesia con resultados óptimos desde la óptica de un historiador profano. Pero la Historia de la Iglesia posee su propio objeto formal.

¿Historia de la Iglesia o Historia del Cristianismo? La diferencia entre estas dos disciplinas no reside en la hostilidad o benevolencia hacia la Iglesia; tampoco está en el método histórico, que en ambos casos debe ser crítico. La diferencia la podemos encontrar en lo que se está publicando últimamente, en las nuevas historias del cristianismo. La historia profana tiene unos parámetros distintos a los del historiador eclesiástico, plantea otras preguntas a las fuentes. Un historiador de la Iglesia, que también es teólogo, se encuentra en un continuo coloquio con la tradición de la Iglesia. No lo hace para juzgar .no somos jueces de las generaciones pasadas., sino para entender. También para ayudar a la Iglesia de nuestros días acerca de lo que hoy es esencial para la propia condición eclesial y lo que está más bien vinculado a las circunstancias de tiempo y de lugar.

Un criterio de acercamiento al estudio de la Historia de la Iglesia es el eclesiológico. La eclesiología es la clave de la historia de la Iglesia, sobre todo en el Medievo. De hecho, Y. Congar ha examinado este período desde esta postura en su Eclesiología de la Edad Media. Lógicamente no es la única clave de acercamiento la eclesiología, sino también la liturgia, las costumbres .devociones, supersticiones, piedad popular..... A. Angenendt ha estudiado en La historia de la religiosidad del Medievo el fenómeno de la religiosidad medieval desde el punto de vista de un teólogo que conoce muy bien la historia, así como la antropología y la etnología .inquietud esta última de la escuela americana.. Ningún medievalista, es cierto, puede interesarse del mismo modo de todos estos aspectos. Así, por ejemplo, debemos estudiar atentamente la evolución del papado.

2. Límites cronológicos

El período que nos proponemos estudiar abarca un amplio período que va desde el II concilio Trulano (692) hasta el siglo IX. Entramos en el núcleo de la discusión sobre el inicio del Medievo. Ciertamente que el 692 es una elección arbitraria, pues es la fecha en que se inicia el camino hacia el cisma del 1054. Sin embargo, no es una fecha feliz para verificar el paso de la Antigüedad al Medievo. No hay un año preciso

La descomposición del mundo antiguo y la aparición de nuevas estructuras no es un fenómeno idéntico en todas partes. Para el mundo bizantino este período podría iniciarse con la iconoclastia. La situación en Occidente, sin embargo, es mucho más confusa. En Italia comienza con los lombardos, desde el momento en que se destruyen las estructuras estatales romano-bizantinas.. Sin embargo, la cancillería pontificia sigue su trabajo como si nada hubiera ocurrido. En España podría situarse este relevo epocal en la mitad del siglo VI con los visigodos; sin embargo, Isidoro de Sevilla está fuertemente arraigado en la tradición antigua. En la Galia, Gregorio de Tours (+594) hereda la tradición de la Antigüedad, pero teológicamente no pertenece al mundo patrístico. El mundo merovingio presenta una evolución: elementos de la administración romana van quedando atrás, mientras que elementos nuevos germánicos surgen con fuerza. Gregorio Magno acomete la evangelización de los anglosajones: es calificado como el último papa de la Antigüedad, y, sin embargo, con él comienza el giro del papado hacia el mundo germánico.

Podríamos poner, pues, el inicio del Medievo en el final del siglo VI y no al final del VII, como tradicionalmente se ha considerado. 

3. Selección de temas

Nuestro estudio lo iremos delimitando desde unas áreas muy concretas: Bizancio, el reino franco y los Balcanes. Roma no es el centro del mundo en este período del final del siglo VII. El historiador debe ver esto. Sólo en el siglo XI retomará de nuevo la iniciativa eclesiástica, no antes.

Comenzaremos nuestro recorrido por la Iglesia en Bizancio hasta los iconoclastas. Después veremos los pueblos occidentales desde el final de las migraciones, especialmente los francos. Por último, regresaremos a Bizancio

II. El Imperio bizantino en vísperas del primer Medievo 

La estrecha relación entre emperador e Iglesia, ideología y cultura cristiana en Bizancio, ha fascinado a los contemporáneos, tanto dentro de Bizancio como fuera de él. Y no sólo a los contemporáneos, sino a generaciones sucesivas. El esplendor de este sistema ha sido del todo visible. Asumía casi un modelo que ha tenido efecto hasta nuestros días en algunas regiones .así, por ejemplo, en Serbia, Rusia y otras zonas del este europeo.. Nos acercamos al estudio de este modelo sin prejuicios, con la necesidad de tener en cuenta muchos aspectos. El primer aspecto es el histórico: no hay ningún sistema que sea estático; depende todo del curso de evolución de la sociedad bizantina. Un segundo aspecto sería el ideológico, qué influjos ha tenido este modelo de relación .el sistema romano, el helenista, el oriental y el cristiano.. Un tercer aspecto es el religioso, el papel determinante que el cristianismo tiene sobre el Imperio romano. El aspecto teológico, el concepto que se tiene de Dios, es también determinante. Y, finalmente, no podemos despreciar otros elementos culturales, económicos y sociales que se interrelacionan entre sí de una manera importante. 

El período comprendido entre los siglos V y VI es muy importante para la formación del modelo bizantino de relación Iglesia-Estado. Para entenderlo necesitamos estudiar la figura de algunos emperadores. Comenzamos con Justiniano I, el último gran emperador romano (527-565). El prólogo a su Novela VI (535) es muy significativo: marca el papel del emperador en el concepto católico de sacerdocio. El sacerdocio debe estar al servicio de las cosas divinas; el emperador debe estarlo al servicio de las humanas. Ambos proceden del mismo principio. El sacerdote ha de vivir santamente, porque esto influye positivamente en el emperador. Es un texto programático, situado al inicio de la problemática Iglesia-Estado en Bizancio.

Justiniano comienza, inmediatamente de su subida al trono, con una reforma del Derecho, confiada a una comisión de diez expertos presidida por Triboniano. La finalidad del Codex Iuris Civilis es simplificar el Derecho y su administración. Al principio se piensa en tres partes: Institutiones .colección de leyes imperiales, pues se trata de actualizar las leyes antiguas.; Regesta o Pandetas .extractos de la literatura jurídica anterior, todo lo esencial de la tradición jurídica romana; cerca de 2.000 sentencias antiguas. y, finalmente, las Instituciones de Gallo .manual jurídico para la enseñanza del Derecho.. En la segunda edición del Códice sale otro libro: Novelas o Auténtica. Eran nuevas letras sobre el Códice, escritas en griego. Por tanto, el Codex Iuris Civilis se compone de cuatro partes: Institutiones, Pandetas .50 libros con extractos de derecho privado., Codex .recopilación de leyes imperiales entre el 528 y el 534. y Novelas .leyes imperiales emanadas después del 534.. 

El sistema que se propone Justiniano de realizar una unidad ordenada, una armonía entre Iglesia y Estado, no podía fundarse desde un punto de vista teológico. De hecho, hay una diferencia esencial entre el ministerio eclesiástico y el cargo imperial. No coinciden. La armonía es expresión de una peculiar ideología helenístico-cristiana, la cual procede de la ideología romano-pagana .que se remonta a la realidad política y social de aquel mundo pagano.. El resultado debía ser el ideal del emperador, que, como tal ideal, en la realidad frecuentemente no funcionaba.

Resultado de grandes concilios era el Derecho eclesiástico. Las decisiones sinodales, una vez confirmadas por el emperador, llegaban a tener rango de leyes imperiales, siendo integradas en el Derecho estatal y generando amenazas a los infractores .es decir, a los herejes.. Esta doble cara de las leyes es significativa. Hasta Justiniano la legislación imperial se ocupaba de la política religiosa de una manera muy concreta: aquellas leyes que se fijaban en los privilegios hacia el clero. Ahora Justiniano da un fundamento teórico al poder estatal y al clero, introduciendo una idea helenística: Dios es la única fuente de la ley, y ha delegado este poder legislativo en la tierra en el emperador. Con el tiempo, los obispos acabarían siendo funcionarios estatales, en cuanto ocupaban funciones de administración. El alto clero venía integrado en la aristocracia bizantina.

En el 451, con Anastasio I, el arzobispo de Constantinopla recibe un papel principal en el rito de la coronación imperial. Así se da un creciente influjo de la Iglesia. La coronación se hace, en el 602, en la iglesia de San Juan Bautista; después, en el 610 y en el 638, en San Esteban de Palacio; a partir del 641 se realizará en Santa Sofía. La jerarquía será integrada de modo creciente en el ceremonial imperial[1]. Esto favoreció la identificación entre la concepción eclesiástica y la imperial. Esta identificación se estableció, sobre todo, con el alto clero. Las diferencias entre el alto y el bajo clero son muy superiores a las de Occidente. El clero, en la sociedad bizantina, era 00bastante despreciado; esta sociedad vacilaba entre respeto y desprecio; no tenía gran reputación el clero.

Las tensiones y los problemas entre el clero tienen raíces más prácticas que teológicas. Hasta finales del siglo VI no se desarrolla una concepción política-religiosa de contraste. La oposición dentro de la Iglesia contra este sistema de relación con el Estado empezaba a emerger. La oposición teórica mejor fundada parte de Máximo Confesor (580-662), siendo profundamente diversa de la propaganda imperial. Aparte de ser un autor teológico de enorme relieve, es la cabeza de la oposición ortodoxa contra la política de integración de la Iglesia en el Estado bizantino[2], así como de los derechos de la sede apostólica de Roma. Se pone enfrente de la teoría .promovida por el emperador y la corte, así como de los teólogos aduladores. que defendía el significado teológico del emperador y su papel dentro de la Iglesia. Ante el tribunal imperial, en el 655, se defiende: la polémica contra Constante II es muy fuerte. Máximo rechaza no toda la teoría imperial, sino la tentativa de dar a esta ideología una base teológica cristiana. Pone al emperador entre los laicos, después del clero. Esto, en el siglo VII, se entendía como una provocación. Cuando en el 656 llega a la Galia, le dice a Teodosio de Cesarea en una disputa: «Ningún canon dice que sea sólo el emperador quien deba convocar un sínodo... La aprobación de las decisiones de un concilio sólo pueden reconocerse si son ortodoxas, no simplemente porque las apruebe el emperador». Sus posiciones no son de índole política, sino teológica.

La gama de interpretación entre la relación de emperador e Iglesia es muy amplia. En esta época no es correcto hablar de cesaropapismo, término que aparece en la historiografía occidental del siglo XVIII para referirse al pleno Medievo. El prólogo de Justiniano I en su Novela VI es significativo. En ámbito occidental, Gelasio I, en el 494, formula la teoría de los dos poderes, texto muy importante para el Medievo occidental y que entra en las Decretales de Graciano[3]: «Imperator intra Ecclesiam, no supra Ecclesiam» .tomado de Ambrosio de Milán..

III. El monacato bizantino

La vida ascética se difundió a partir del siglo IV en Egipto, Palestina y Siria, es decir, en las diócesis imperiales del Asia y del Ponto. En los siglos V y VI la cifra de monjes y monasterios aumenta. En Constantinopla llega a haber 92 monasterios en el siglo VI. No obstante, en el siglo VII se produce una crisis, la cual, sin embargo, no extinguió el desarrollo monástico. Constantinopla y la zona occidental del Asia Menor estaban poblados de monasterios. Los sínodos demuestran un aumento notable. Calcedonia I fue el primer concilio que empezó a regular este movimiento[4], hasta entonces espontáneo. El canon 23 es muy interesante: refiriéndose a la situación de Constantinopla, ordena la expulsión de clérigos y monjes que se acerquen a la capital sin el permiso de su obispo. Justiniano I también dictó algún decreto a este respecto.

Fundamental es el monasterio autónomo. En Bizancio no se formó nunca una centralización a lo occidental .con formación de federaciones y órdenes monásticas.. Un monje oriental que tomaba en serio su vocación era un hombre carismático. En el culmen de la estima general se encontraban los estilitas, expresión ascética muy extrema para nosotros, pero que en aquella época se presentaba como la cumbre de la aspiración espiritual.. Simeón el Viejo (412-459) vivió sobre una columna en Mesopotamia. Su discípulo, el sirio Daniel, llevó esta forma de vida a Constantinopla. Su influjo sobre la política religiosa de la capital era muy importante. El impacto de la Iglesia sobre la sociedad bizantina es enorme, siendo obra, sobre todo, del monacato. Gracias a él se va produciendo una transformación de una sociedad pagana en cristiana. En el siglo VIII Ciro, monje, llega a ser patriarca de Constantinopla (705-711).

IV. Relaciones de la Iglesia con la sociedad bizantina

Según G. Ostrogorski[5] no se puede entender la sociedad bizantina si se le quitan cualquiera de estos tres elementos: Estado romano, cultura griega e Iglesia. Hasta el siglo IV la propiedad de la tierra y la riqueza de la Iglesia iba creciendo mediante donaciones .también por parte del emperador.; la reducción de tasas para el clero favoreció este aumento de riqueza. La legislación imperial, sin embargo, tentó un compromiso de medidas contra el abuso de una parte del clero. Así, por ejemplo, ser frenaba la entrada en el estado clerical. Valentiniano III insistió en el 439[6] en que los municipios debían frenar el aumento sin límites del clero que no pagaba tasas. En el siglo VII Heraclio habla de unos 600 clérigos vinculados a la iglesia de Santa Sofía.

San Basilio Magno, san Gregorio de Nacianzo y san Juan Crisóstomo trabajan y escriben de una manera importante acerca de la labor social de la Iglesia. Sobre todo serán los monjes quienes atiendan estas ocupaciones sociales: hospitales, manicomios, comedores, asistencia al pueblo en momentos de particular carestía... Antes no existía la asistencia social. Los hospitales aparecen por primera vez en el mundo cristiano bizantino.

Todo esto se refleja en la legislación imperial de Justiniano I, poniendo esta asistencia bajo la custodia de los obispos. Así también se justificaba la exención de tasas.

Hemos hablado de la participación de la Iglesia en el ceremonial de la coronación imperial. Bajo Tiberio II Constantinos (578-582) y Justiniano II (685-695/704-711) los símbolos cristianos en el ritual de la corte llegaron a ser muy importantes. La batalla de Heraclio contra los persas fue precedida por una ceremonia religiosa en Constantinopla (5 de abril del 622). Era muy importante la defensa de Constantinopla contra los ávaros y contra los persas; los símbolos cristianos habrían salvado la ciudad. En el 630 se recupera la Santa Cruz de Jerusalén, introduciendo la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz. Se vive en un clima de entusiasmo cristiano. El influjo del cristianismo sobre la población entre los siglos V y VI es creciente, de tal manera que asistimos a un proceso de eliminación del paganismo.

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CAPÍTULO II

BIZANCIO AL INICIO DEL SIGLO VIII



I. La dinastía de los Heraclios

Iniciamos nuestro capítulo con la dinastía de los Heraclios (611-711). Bajo esta dinastía la situación del Imperio es tensa, tanto con el exterior como en el interior. Entre el 610 y el 641 Constantinopla está cercada por ávaros y eslavos al norte, y persas al sur. Las tropas bizantinas, al final, salen al contraataque, venciendo en una situación desesperada.

Las tentativas de consolidar el Imperio tocaban también a la Iglesia. Bajo Heraclio la lengua oficial de Bizancio comienza a ser el griego. El puesto de los títulos latinos de emperador .imperator, augustus. es ocupado ahora por el griego de basileus. Se refuerza el proceso de separación de la tradición latina. Se consideraban romanos, y se indignaron cuando, en el correr de los años, Carlomagno se considere emperador romano. Sin embargo, el elemento griego fue, en la práctica, aumentando.

Asistimos a tentativas de unirse con la Iglesia monofisita en los territorios reconquistados en Asia. La doctrina del monoenergismo .una sola actividad en Cristo. y del monotelismo .una sola voluntad. no dejan de ser intentos de compromiso de unión, de reconciliación, que serán condenados por el concilio de Constantinopla del 680-681 .se confirmará, pues, la doctrina de las dos naturalezas, las dos voluntades y las dos acciones en Cristo.. La consecuencia de este VI concilio ecuménico fue la delimitación definitiva de la Iglesia bizantina y la monofisita, surgiendo, además, una nueva Iglesia: la monoteleta.

Entretanto surge un nuevo peligro, el de los musulmanes. El peligro de los eslavos del norte seguía presente. En el 681 el reino de los búlgaros se desarrolla hacia el sur. Los eslavos llegarán a tomar la Iliria, que era el puente entre Oriente y Occidente. Con Justiniano II, último de los heraclios, se sufren graves acontecimientos: en el 697 los árabes marchan sobre África del Norte, perdiéndose así las provincias romanas[7]. La amenaza de los persas por el sur viene ahora sustituida por los musulmanes. Con la amenaza musulmana, el interés por la unión con los monofisitas disminuye, al padecer la pérdida de las provincias bizantinas en el Medio Oriente, Palestina y África.

II. La irrupción del Islam

En el 570 Mahoma va a la Meca. En el 622 huye de ella, iniciándose la Hégira .y con ella el cómputo musulmán.. En el 632 va de nuevo a la Meca. Mahoma, desde el punto de vista de la orientalística occidental es influenciado por el judeocristianismo sincretista presente en la península Arábiga. Bajo el segundo califa[8], Omar (634-644), y los primeros años de Ufman se da una expansión notable del Islam: en el 635 se conquista Damasco, Siria, Palestina; en el 638 Jerusalén; en el 640-641 cae Egipto; en el 642 Cirene; en el 648 Cartago... Eran provincias bizantinas. En el 650 cae el resto del reino persa.

Surgen dos guerras civiles entre los mismos musulmanes disputándose quién es el legítimo sucesor de Mahoma. Así, en el 661 se produce con Alí .cuñado de Mahoma. un gran cisma: el chiísmo.

Bajo los Omeyas se produce una segunda gran oleada de expansión, llegando el Islam hasta la India, el Cáucaso y hasta las mismas puertas de Constantinopla (717-718). Invaden todo el norte de África, entrando en el 711 en España y llegando hasta los Pirineos. Consecuencia de toda esta expansión será un cambio del peso de la escena histórica. De Oriente pasará el testigo a Occidente. Oriente deja de ser el centro de la historia de la Iglesia para pasar éste a los países germánicos, a Occidente.

III. Una nueva estructura social

Un ulterior desarrollo del feudalismo y de la estructura social se dará en Bizancio. Heraclio empieza a sustituir el sistema tradicional de prefecturas y diócesis por una unidad militar y administrativa a la vez, llamada thema .Qema., bajo el mando de un estratega, y que se encontraba en una región determinada para protegerla. El objetivo era defender las regiones de frontera. Surgen de este modo unos soldados campesinos, militares colonos, lo cual le posibilitará al Estado disponer de un ejército permanente sin tener que acudir a mercenarios. Se va dando una paulatina unión entre la administración civil y la militar, una militarización del Imperio bizantino. La consecuencia de esta reestructuración, aparte de la militarización, es la formación de una aristocracia feudal. Dentro del pueblo también se asiste a una serie de cambios: los eslavos irán integrando también los themas, de tal manera que se van evacuando las zonas orientales.

IV. Los concilios

En esta época asistimos a dos concilios principales, el Trulano I y el Trulano II. El primero es el sexto de los ecuménicos, en Constantinopla (680-681), contra el monotelismo. Se da un retorno a la ortodoxia de Roma. Lo preside Constantino IV en la sala de la cúpula .trulos. del palacio imperial, en presencia de legados romanos. Se definió explícitamente que en Cristo convivían dos energías y dos voluntades. Entre los obispos acusados de favorecer el monotelismo .una sola voluntad en Cristo. estaba el propio papa Honorio I; fueron condenados .también el papa.. El emperador, del todo interesado en el aspecto político, sanciona con un edicto las decisiones conciliares, dictando, asimismo, las correspondientes penas. Importante es la rehabilitación de la sede romana tras la humillación sufrida por Honorio. Este concilio sirvió para que la Iglesia bizantina se desligase definitivamente del monofisismo.

No se dictaron cánones disciplinares, sino doctrinales. Sin embargo, muchos abusos observados en clérigos y laicos provocan que Justiniano II .hijo de Constantino IV. convoque un segundo concilio Trulano en el 692, el cual será un complemento de los dos concilios ecuménicos anteriores en el campo disciplinar; por eso se le llama también quintisexto concilio de Constantinopla. No hay legados romanos, lo cual profundiza el foso entre Oriente y Occidente. Los papas refutaron las decisiones de este concilio, no atribuyéndoles carácter ecuménico. Reconoce todos los .cánones apostólicos., que son, sin embargo, apócrifos .no se remontan a los Apóstoles, sino que al siglo IV en Siria; no obstante, son importantes para el Derecho oriental.. Se desaprueban los sínodos occidentales. El canon 3 se expresa contra la doctrina romana del celibato de los subdiáconos, diáconos y presbíteros. Constantinopla tendrá las mismas prerrogativas que Roma. El canon 82 critica la representación de Cristo en la figura de un ángel .en algunas imágenes romanas venía así representado., de tal manera que a partir de entonces debería ser representado en figura humana.

V. La dinastía siríana

La política fiscal de Justiniano provocará una revuelta en el 695, durante la cual se le expulsa a Bulgaria. Con la ayuda del Khan búlgaro llega de nuevo a Constantinopla en el 705, siendo muy cruel y, después de unos años (en el 711), será asesinado, concluyendo así la dinastía de los Heraclios. De nuevo vendrán los desórdenes y la guerra. Filípicos, en el 712, intentará una restauración del monotelismo. Con León III el Sirio (717-741) comienza una nueva fase de la historia bizantina. Con él comienza la dinastía Siríana (hasta el 802), y con ella una fase de estabilidad. León III era militar y su gobierno comienza con un golpe de estado contra Teodosio III, obligándole a dimitir y entrar en un convento. En el 717-718 se producirán éxitos militares contra los musulmanes, lo cual refuerza su poder[9]. En el 740 los árabes ya no supondrán una amenaza para Bizancio.

Atiende a reformas en la administración y en la jurisprudencia. Codifica nuevas leyes, aumentando el Codex Iustinianus y dando lugar a uno nuevo: Eklogé.

En este tiempo aparece la iconoclastia. Germán I (715-730) era el patriarca de Constantinopla. Hombre de compromiso, siempre preocupado por mantener la unidad de la Iglesia bizantina imperial, en la actualidad es venerado como santo por la Iglesia ortodoxa[10]. Sin embargo, a la hora de tratar sobre el tema de las imágenes, entra en gran conflicto con León III.

 

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CAPÍTULO III

INICIO DEL CULTO CRISTIANO DE LAS IMÁGENES



I. Antecedentes

En la actualidad, tanto para los católicos como para los luteranos, las imágenes forman parte de la decoración de las iglesias. No ocurre así, sin embargo, con zwinglianos y calvinistas, los cuales tienen precedentes en la Iglesia antigua. Icona significa, en la Iglesia ortodoxa, presencia de la persona del representado. La gran estima de la Iglesia ortodoxa hacia los iconos es el resultado de la lucha iconoclasta, cuyo origen es muy controvertido.

La más antigua cristiandad no tiene ni posesión ni culto hacia las imágenes, siguiendo el mandato del decálogo de no tener ninguna imagen sobre la tierra bajo la cual postrarse:: «No te harás escultura, ni imagen alguna de nada de lo que hay arriba en el cielo, o aquí abajo en la tierra, o en el agua debajo de la tierra. No te postrarás ante ellas, ni les darás culto» [11]. La trascendencia de Dios se veía no en las imágenes, sino en la Palabra y en la Historia de la salvación. Un segundo momento es la negación del poder mágico de las imágenes: «Si somos del linaje de Dios, no debemos pensar que la divinidad se parezca a oro, plata, piedra, o escultura hecha por arte y genio humanos»[12]. San Pablo añade en su Carta a los Romanos: «Alardeando de sabios, se han hecho necios y han trocado la gloria del Dios incorruptible por representaciones de hombres corruptibles, e incluso de aves, de cuadrúpedos y de reptiles»[13]. Para la fe cristiana es decisivo que a Dios, que es espíritu, hay que adorarlo en espíritu y en verdad, no en imágenes.

Para el escatologismo de la Iglesia primitiva el arte parecía vanidad, por lo que la representación de imágenes carecía de interés. Con Clemente de Alejandría se comienza a distinguir entre ídolon e ikonon .eidwlon, eikwn.[14]. El primero representaba una idea pagana, hecha por mano de hombre; el segundo, sin embargo, representaba la imagen de Dios. De hecho, la imagen de Dios es su Verbo; y una imagen del Verbo es la mente del hombre, el hombre verdadero .el gnous., que es un ser racional[15], creado a imagen y semejanza de Dios. Refiere dos pasajes de la Sagrada Escritura: 1 Co 4,4 .Cristo es imagen de Dios vivo. y Gn 1,26 .el hombre es creado según la imagen y semejanza de Dios: Kai eikona Qeou - kaq omoiwsin..

Muy parecida es la posición de Orígenes, quien en su polémica contra Celso cita a Ex 20,4-5 y atestigua con Clemente de Alejandría que lo que es perceptible por los sentidos está en contraste con el mundo espiritual. Según el pensamiento platónico, la belleza está más allá de los sentidos. En los dos autores se refutan las imágenes religiosas; la única imagen admisible de Dios es el hombre espiritual.

Otra desaprobación explícita la encontramos en san Ireneo (+202) en su Adversus Haereses. Los gnósticos eran proclives a hacer imágenes de Cristo, poniéndolas junto a otras de Pitágoras, Aristóteles y Platón, llegando así a un culto sincretista.

En tiempos de Decio, a mitad del siglo III, así como de Diocleciano, se refutan las imágenes. En el 306, con motivo del sínodo de Elvira, se prohiben las imágenes en las iglesias[16] Con Constantino I (306-337) la situación no cambia, pese al cambio radical que experimenta la Iglesia. ¿Era lícito representar a Cristo? Epifanio de Salamina (+403), famoso teólogo, preocupado por la pureza de la fe, en el testamento dirigido a su diócesis exhorta a no colocar imágenes ni en la iglesia ni en los cementerios, así como tampoco en lugares privados, para no hacer vagar la vista durante la oración y evitar las distracciones para mejor penetrar en el corazón y en la mente.

La tendencia de la Iglesia antigua, pues, es de rechazo hacia las imágenes. Hans-Georg Thümmel se atiene a los testimonios de la cristiandad oriental hasta la iconoclastia. Llega a la conclusión de que las imágenes cristianas son bastante raras hasta el siglo VI. ¿Cuándo se da el cambio de tendencia? ¿Cuándo se da otro modo de pensar por primera vez? Es muy discutido entre los estudiosos. Al principio empieza a haber ornamentos con la iconografía bíblica de ángeles, palomas, áncoras .símbolo con barra transversal que llegará a convertirse en una cruz.. Así, Clemente de Alejandría, no obstante su desaprobación de las imágenes, llegará a aconsejar el acceso a Cristo mediante estos símbolos, si bien, evitando caer en la mentalidad pagana[17]. Comienza poco a poco a ilustrarse el contenido de la fe en locales comunes. Así, en un cementerio de Roma, a mitad del siglo III, encontramos representaciones bíblicas: el buen pastor, Noé en el arca, Daniel en el foso de los leones... Thümmel, como otros estudiosos, tiene dudas sobre la datación de estas imágenes. Esto demostraría que el origen de representar imágenes no viene directamente de la teología de la Iglesia oficial, sino de la piedad popular.

A mitad del siglo III encontramos también una sinagoga decorada con motivos bíblicos. Además, en Dura Europos .Irak. encontramos una capilla privada con representaciones del Nuevo Testamento. Con todo, no dejan de ser excepciones.

II. CAMBIO DE TENDENCIA

Entre los teólogos más abiertos empieza a darse una tendencia hacia un reconocimiento de las imágenes. Así, por ejemplo, los tres grandes capadocios. San Basilio Magno (+379), en su segunda carta De vita solitaria, en el capítulo III[18], habla de la vida de los santos como modelos a los que podemos mirar como imágenes hechas por un pintor. Hace un parangón entre el ejemplo mostrado en la Escritura y el arte figurativo. Tras este testimonio de Basilio asistimos a una polémica. En una homilía que posiblemente podría atribuirse a san Juan Crisóstomo .+407, es decir, una generación posterior a san Basilio. se invita a los pintores a representar la muerte de los mártires, poniendo a Cristo como árbitro del martirio[19]. En su Tratado sobre el Espíritu Santo, san Basilio enseña que en Dios Padre y su Unigénito se contempla una sola imagen de la divinidad, sin diferencia. No se divide la gloria, sino que es única: «El honor hecho a las imágenes se trasvasa al prototipo»[20]. Con estas palabras se suministra el fundamento teológico para una veneración de las imágenes.

Los dos Gregorios recomiendan la representación de las imágenes de los santos .no de Cristo. por un aspecto pedagógico, no de veneración. Paulino de Nola (+431) hace decorar su iglesia para la instrucción de los fieles. Esta idea fue acogida también por san Gregorio Magno (+604).

En Oriente, sin embargo, se va desarrollando una teología de las imágenes lentamente, para justificar el desarrollo de la práctica devocional. Hacia el siglo VI se cambia la imagen por el icono, lo cual supone un cambio de cualidad. La imagen servía como memoria y medio de enseñanza. Icono, sin embargo, llega a ser un modo de presencia del representado: recuerdo e invocación a la vez. Se establece, pues, una relación entre el santo y el fiel, un medio de gracia. En el mismo siglo VI aparece el concepto de imagen no hecha por obra de mano humana, llegándose a la expresión de aceiropointoz eikwn mandulion. Según una tradición, Cristo había enviado al príncipe de Edesa .Akbar. un reflejo de su sudario: el .Santo Mandilion.[21]. Otra tradición habla de una mujer de Capadocia que encontró en un pozo una tela con el retrato de Cristo. A causa de su origen milagroso tales imágenes tuvieron una función taumatúrgica, convirtiéndose en reliquias, que después se considerarían como causa de la victoria de Bizancio frente a sus enemigos. En Occidente existe una tradición parecida con el sudario de la Verónica. A finales del siglo VI aparece la tradición de un primer retrato de la Virgen, el cual habría sido pintado por san Lucas. Entre los siglos VI y VII se veneran iconos para implorar la protección frente a peligros bélicos.

De todos modos, los teólogos se manifiestan muy cautos en estos siglos, si bien asistimos a una rehabilitación paulatina de las imágenes. Así aparece en los escritos del Pseudo-dionisio el Areopagita, a finales del siglo V y principios del VI. Una consecuencia de su teología es que la imagen apunta a una realidad más alta. Es distinta de la realidad espiritual, pero la representa, es un reflejo de la trascendencia, cuyo sentido está detrás de la imagen.

III. La lucha iconoclasta

Poco a poco la controversia iconoclasta da dando un giro hacia un enfrentamiento Iglesia-Estado. Su inicio está en conexión con la ascensión al poder de la dinastía Siríana. Esencialmente la iconoclastia era un problema interno bizantino, si bien tendrá consecuencias en la relación de la Iglesia oriental con el papado y el reino franco.

Se inicia la crisis con León III, más en concreto con una controversia del emperador con el patriarca de Constantinopla, Germán I (715-730). De una carta de Germán I resulta que la iniciativa de las medidas iconoclastas venían de ciertos grupos del interior de la Iglesia bizantina, más en concreto obispos de Asia Menor. A principios del 720 el obispo Constantino de Nakoleia y el metropolita Tomás de Klaudiúpolis, en una visita que realizan a Constantinopla, expresan su preocupación a Germán por la imágenes. Se trataba de un problema pastoral que venían a resolver con el patriarca de Constantinopla. En alguans regiones se asistía a una aversión importante hacia las imágenes. Germán se manifiesta a favor de las imágenes, pero no convence a sus interlocutores. Sin embargo, su pensamiento sobre las imágenes lo vemos expresado en dos cartas: una es la que envía al metropolita Juan de Synnada. En ella ser remonta a la unidad cuerpo-espíritu humano. La visión de la imagen lleva a la imitación del mandamiento de Dios de una manera más eficaz que la misma Palabra; conduce al amor de Dios y de los santos. La encarnación del Verbo permite representarlo en figura humana. Excluye una representación del Dios invisible, pero no del Dios hecho hombre.

La otra carta es la que envía al metropolita Tomás de Klaudiúpolis. Las imágenes invitan a una imitación. La imagen se limita a lo esencial de la vida de un santo e impulsa al fiel a imitar la vida de ese santo.. Una imagen es, pues, un resumen de una vida escrita. De nuevo recurre a la encarnación del Verbo para legitimar el uso de las imágenes. Además sirve para refutar a los herejes .en concreto a los gnósticos. que niegan la verdadera encarnación del Verbo[22]. Germán argumenta partiendo de la tradición de la Iglesia: las imágenes se legitiman a partir de su largo uso  en la historia de la Iglesia. Ciertamente que, como hemos visto en la evolución del culto a las imágenes, no sería una argumentación del todo correcta, si bien en aquel momento, en amplios estratos de la Iglesia bizantina, se vivía con total normalidad.

Según Germán, una veneración de las imágenes no era una idolatría. La Encarnación permite una adoración en espíritu y en verdad, no impidiendo una veneración. Las candelas ante las imágenes simbolizarían la luz de Dios; el incienso, la acción del Espíritu Santo. La veneración no es idolatría[23]. Argumenta de un modo hábil. Las imágenes no sustituyen a la Palabra, si bien la ilustran y profundizan su anuncio, según la estructura corpórea-espiritual del hombre. La Encarnación no sólo legitima, sino hace necesario el empleo de las imágenes.

Los argumentos de los adversarios se volvían contra el culto de las imágenes, y aquí estaba el verdadero núcleo del problema. El pueblo llano llegaba a la superstición, y esto preocupaba enormemente a estos obispos. Se usaban las imágenes como medio para curar enfermos, echar demonios, secar la mano de los ladrones, curar a los niños... Supersticiones, algunas de ellas, muy cercanas al paganismo. El obispo de Nakoleia no le dio la carta de Germán a su metropolita de Synnada.

Antes del 726 Germán ya se perfilaba como defensor de las imágenes. Su posición la mantiene incluso cuando el emperador León III empieza por esos años a tomar posiciónes contrarias. Se vislumbra la batalla. Teophanes Homologetes[24] es el historiador bizantino de aquellos años. Escribe una historia que abarca los años 284 hasta el 813. Su obra es la única fuente bizantina detallada que tenemos entre el 769 y el 813, que corresponde a la segunda fase de la iconoclastia. No tenemos escritos de los adversarios, pues fueron destruidos. Se remonta a la posición de Germán, cuya postura sería milagrosamente confirmada. La victoria de las fuerzas bizantinas sobre los árabes en Nicea el año 727 habría que adjudicarse a la protección de los Santos Padres que inauguraron el primer concilio en aquella ciudad, los cuales fueron representados en imágenes implorando la victoria. Teophanes reprocha a León III no ser fiel al voto de ortodoxia proclamado en su coronación imperial[25].

En lo que se refiere a León III, no tenía ningún comportamiento iconoclasta en el comienzo de su gobierno. Es más, siempre llevaba consigo una imagen de la Virgen. ¿Cuáles son los motivos de su cambio de actitud? Se han dado muchas opiniones, si bien no del todo satisfactorias para desentrañar la verdadera causa. Según Teophanes, el emperador, en el 726, habría hablado de secuestro de las imágenes. Los estudiosos piensas que León se habría pronunciado públicamente contra el culto a las imágenes, pero no parece que emanara un edicto. Interpretaba entonces la erupción de un volcán en Creta como un incendio de la ira divina a causa del culto a las imágenes. Poco después ordenó quitar la imagen de Cristo que estaba sore la Puerta de Hierro de su palacio. Era una imagen muy venerada por el pueblo, sobre todo por las mujeres, las cuales se lanzaron contra los soldados que quitaban la imagen, provocando su muerte. El castigo fue muy severo, poniendo después una inscripción en la puerta: sólo se veneraría la cruz de Cristo, pero no una imagen de Cristo. Es decir, se veneraría tan sólo un símbolo, pero no una imagen. Así los iconoclastas harán siempre hincapié en la cruz de Cristo.

Las fuentes se centran en dos motivos sobre el cambio del emperador: el influjo de los obispos del Asia Menor .episcopado muy tradicional e influyente en el ánimo del emperador.; y el influjo del Islam sobre León III. La primera hipótesis no está documentada, si bien no se debe excluir. La segunda es interesante. Teophanes habla de un edicto del califa Yazid II (720-724) prohibiendo las santas imágenes en su califato. León III llegaría a hacerse amigo de los sarracenos, sobre todo mediante cierto apóstata de la fe en Cristo y sostenedor de las doctrinas islámicas. Hacia el 721 Yazid, con una observancia fiel de la doctrina islámica, emana su edicto. Sin embargo, el Corán no prohibía la representación de seres vivos. Esto sí se daba en la Sunna. El edicto se extendía también a los cristianos que habitaban en territorios árabes. No se sabe en qué medida son destruidos los iconos cristianos. En enero del 724, tras la muerte del califa, se restituyen las imágenes a sus lugares de culto. Se había tratado, pues, de una medida transitoria. Los cristianos que viven en el califato de Damasco eran estimados. En el siglo VII encontramos funcionarios cristianos al servicio del califa, llevando la administración y la fiscalidad, así como la instrucción militar. Así, por ejemplo, el abuelo y el padre de san Juan Damasceno serán dos cargos muy importantes de esta administración. Y, curiosamente, será este santo uno de los mayores defensores de la veneración hacia las imágenes.

¿Todo esto influye en el ánimo de León? La influencia de Yazid no parece ser del todo fiable, por cuanto cuando León se manifiesta en contra de las imágenes, el califa de Damasco ya ha muerto y allí comienza de nuevo el culto hacia las imágenes.

La fecha que Teophanes nos da como el estallido de la iconoclastia (720) no parece que vaya asociada a la emanación de un acto administrativo contra las imágenes, pero sí el signo de un cambio de tendencia en la mente del emperador. De hecho se llegará al año 730, en el que ya se dictará un primer edicto contra las imágenes.

Las fuentes aluden a dos influjos negativos sobre León III: por una parte, la imitación del edicto dado años antes por el califa de Damasco, Yazid; por otra, el influjo del judaísmo. De todos modos, parece que ninguna de estas propuestas son fiables. Es verdad que el emperador no rechazó el influjo cultural árabe. Posiblemente fue el primer soberano bizantino que admitió la construcción de una mezquita en Constantinopla. El apelativo que se le dedica de «amigo de los sarracenos» viene de su relación amistosa con el califa de Damasco. Respecto al influjo hebreo, en el VII concilio ecuménico del 877 un patriarca oriental alude a que un judío había pronosticado muchos años de reinado a Yazid II si dictaba un decreto contra las imágenes. En la sociedad bizantina hay cierta tendencia antihebrea, por lo que parece improbable que el supuesto influjo judío sobre León III haya sido efectivo; es más, el emperador, al principio de su reinado, ordenó el bautismo de hebreos y montanistas.

Modernos estudiosos han barajado otras hipótesis. Entre ellas, una diferencia de mentalidad entre griegos y sirios. Se sostiene como probable un influjo de los paulinianos .secta armenia., los cuales no sólo expulsaron las imágenes de sus templos, sino que discutían la relación entre la Iglesia y el Estado. Otros ven un ataque directo hacia la Iglesia por parte de un Estado que ve con muy malos ojos cómo muchos varones ingresan en los monasterios y, por tanto, dejan de contribuir al fisco y al servicio militar .esto era particularmente grave en épocas de guerra.. Otros estudiosos han visto en León III un hombre iletrado, insensible hacia el mundo de la cultura, de la estética.

Otra vertiente para el estudio del iconoclasmo es la socioeconómica. La controversia habría nacido de una protesta de las masas populares .favorables a las imágenes. contra la Iglesia estatal y el emperador. Se ha hecho notar que la iconoclastia más decidida provenía, con León III y con Constantino V, de los oficiales del ejército de Tebas. Sin embargo, las emperatrices Irene y Teodora, defensoras del papel de las imágenes, habrían sostenido a una clase artesana y mercantil urbana en contra de los militares. De todos modos, no ha sido probado ningún vínculo de la iconoclastia a determinados grupos sociales; no se podría individuar la controversia a ningún grupo social fijo.

La multiplicidad de intentos de comprensión que se han dado demuestra lo complejo de este fenómeno de la lucha por las imágenes. Sin embargo, hay muchos momentos sobresalientes que debemos hacer notar. La posición misma del emperador, considerado como cabeza de la Iglesia: era un hombre de fuerte personalidad, que llega a consolidar el Imperio contra los enemigos externos e internos. Políticamente León III ha sido uno de los mejores emperadores bizantinos. Sus éxitos militares reforzaron sus posiciones frente a la Iglesia. Asumió la práctica de los emperadores precedentes. Cuando publica su colección legislativa[26] .Ekloge: Eklogé., pretende una fundamentación cuasiapostólica del poder del emperador[27]. Lo que el Señor habría conferido al papado, también lo ha conferid al emperador.

León III no estaba del todo en contra de las imágenes, sino sólo de las imágenes religiosas, en especial de aquéllas que representaban a Cristo. Por ello, el poder imperial podía ser representado, pero no los iconos de Cristo. Es posible que en el conjunto de reformas que acometió viera como fundamental cortar los abusos que se estaban dando respecto al culto de las imágenes, intentando cortar de raíz un posible retroceso de la sociedad hacia el paganismo.

Un segundo elemento nos parece muy importante. Desde Justiniano I se dan repetidas tentativas para ganar el monofisismo a la fe ortodoxa, y con ello las provincias que eran más susceptibles de caer en manos persas; estas tentativas de compromiso se dieron incluso a pesar del dogma de Calcedonia. Precisamente esas provincias en peligro tenían un componente poblacional muy importante de hebreos y árabes, contrarios a las imágenes. Es muy posible que, en la mentalidad de León III, emprender una política iconoclasta atenuaría la posición de esas provincias en contra del Imperio bizantino.

El edicto en contra de las imágenes se da en el 730. El emperador esperó obtener el consenso de Germán I, patriarca de Constantinopla, pues desde Justiniano I el ideal de gobierno se había puesto en la armonía reinante entre Iglesia y Estado bizantino. En una reunión del consejo secreto del emperador .integrado por altas dignidades civiles y eclesiásticas. se invita a Germán firmarlo. El anciano patriarca rechaza esta propuesta .fue uno de los pocos patriarcas que se opuso a su firma., declarando: «No puedo cambiar la fe sin el asenso de un concilio ecuménico». El único camino posible para él es la renuncia a su cargo de patriarca .morirá tres años más tarde, en el 733.. Su colaborador más inmediato, Anastasio (730-753) le sucede. Será obediente al emperador, no poniendo ninguna objeción a nada.

¿Cuáles son las medidas concretas que toma el emperador? Es algo discutido. Sabemos que poco después hay una rebelión. Relatos posteriores favorables a las imágenes nos hablan de una persecución contra los escultores, pero no son fuentes del todo fiables; al menos, no se pueden contrastar por la falta de fuentes en sentido contrario. Pero lo que sí que es cierto es que la actitud iconoclasta del emperador tuvo su impacto en la relación con el papado.

IV. Relaciones de León III con el papado

Bizancio mantiene cierto influjo sobre el papado por unos asientos que posee en el sur de Italia y por el exarcado de Rávena. Hasta el 684 el emperador bizantino insiste en el derecho de confirmar las elecciones papales. Hasta el 631 el resultado de tales elecciones venía simplemente comunicado al exarca. Con Martín I (649-655) se da un cambio, que provoca su arresto por Constanzo II en el 653, previo el permiso del exarca, y llevado a Constantinopla acusado de alta traición. El papado, desde el siglo VII comienza a orientarse de manera creciente hacia los nuevos reinos germánicos, precisamente por la tensión con Bizancio.  Las decisiones del Trulano II suponían un alejamiento casi irremediable entre el papa y Constantinopla. Cuando Sergio I (687-701) rechaza suscribir las decisiones del Concilio, el emperador ordena su arresto; pero no pudo consumarse, pues la población romana protegió a su obispo. La supremacía bizantina sobre Italia fue considerada por los italianos como una dominación extranjera. En tiempos de León III, además, no entendían por qué tenían que financiar sus lejanas campañas militares. De hecho, Gregorio II (715-731) rechaza el pago de estas tasas, lo cual será considerado por el emperador como una traición. Según las fuentes pontificias[28], el emperador ordenó al exarca de Rávena el arresto del papa, con el fin de provocar la elección de otro, más manejable. Pero en el 720 el exarca fue asesinado por una revuelta que protegía al papa. De todos modos, no se pensó en una ruptura de relaciones, pues Rávena suponía una especie de protección contra los longobardos, que en el 729 marchaban sobre Roma.

El edicto del 730 se dictaba para todo el Imperio, también para Italia. León III se esforzó en conseguir el consenso del papa. Se conservan dos cartas que llevan el nombre de Gregorio II, dirigidas a León III en los años 728 y 729[29]. Escritas en griego, hoy se discute su autenticidad. A favor de que correspondan verdaderamente a Gregorio II está E. Caspar, gran conocedor del papado en esta época: funda su testimonio favorable precisamente sobre Gregorio II, al que considera como el gran papa del siglo VIII, el cual llegaría a la separación definitiva con Bizancio. Tanto H. Grotz[30] como Jedin también son favorables a la autenticidad de estas cartas.

Sin embargo, J. Gouillard no llega a admitir la autenticidad de estas cartas que él mismo publica, fechándolas entre finales del siglo VIII y primera mitad del IX. El alemán H. Michels publica un artículo contra Grotz intentando demostrar la falsedad de estas dos cartas. Para ello se basa en los usos diplomáticos de la cancillería pontificia y atestigua en su autor una completa ignorancia de las reglar más fundamentales de la diplomática pontificia. Sin embargo, conoce bien el ambiente de Constantinopla, por lo que pudieran haber sido escritas allí. Son cartas que circulan en torno al año 800 en Oriente y defienden una posición netamente a favor de las imágenes.

Debemos ser prudentes, pues, al tomar estas cartas. En todo caso serían un testimonio antiiconoclasta del siglo VIII.

A san Gregorio II le sucede san Gregorio III (731-741), de origen sirio, el cual actuará enérgicamente contra el edicto del 730. A inicios de noviembre del 731 convoca un sínodo de obispos italianos, condenando a cuantos destruyeran imágenes de Cristo, de la Virgen y de los santos, pues todo esto iba contra las antiguas tradiciones apostólicas, vigentes entre los fieles.

Así fue obstaculizada en Italia la ejecución del edicto imperial. El legado del papa en Constantinopla[31] fue metido en prisión. En el 732 León III envió una gran flota contra el papa,  la cual naufragó en el Adriático. Ese mismo el emperador año toma una decisión que tendrá amplísimas consecuencias para el futuro: Calabria, Sicilia .también todo el sur de Italia. e Iliria, que eran restos del vicariato pontificio de Tesalónica, eran sustraídas de la jurisdicción del papa y puestas bajo la jurisdicción del patriarca de Constantinopla[32].

Para la Iglesia romana también tuvo consecuencias esta relación tensa con el Imperio bizantino. Ante la amenaza lombarda, en el 739 Gregorio III solicita una primera ayuda de los francos. Era la primera tentativa de alianza con un pueblo germánico. Se inicia así una evolución en vista a una alianza roana con el reino de los francos, la cual será efectiva en el 754 .en el 751 los lombardos, con la conquista de Rávena, habían puesto fin al exarcado bizantino y amenazaban directamente Roma.. Roma no abandonará los intentos de recuperar la jurisdicción sobre esas zonas sustraídas por León III, lo cual conduciría a tensiones en el siglo IX y al posterior cisma.

V. El monje-teólogo Juan Damasceno, defensor de las imágenes

Germán I había sido el último hombre de relevancia política y eclesiástica en defender, con argumentos de la tradición, las imágenes. Después de él no encontramos una voz autorizada en el Imperio bizantino que se eleve a favor de las imágenes. Pasando el tiempo, además de las declaraciones de los concilios a favor de las imágenes, la defensa más vehemente la encontraremos en san Juan Damasceno (650-750); la defensa de las imágenes es uno de los puntos de su vastísima obra teológica. De su vida se saben pocas cosas de seguro. Ya en el II concilio de Nicea .el séptimo concilio ecuménico: año 887. se le considera santo, basándose en una vida escrita sobre él por Juan VII de Jerusalén[33]. Nace en el seno de una familia noble árabe-cristiana. Su padre había sucedido a su abuelo como ministro de finanzas del califa. Juan recibe una gran formación escolástica; después de entra al servicio del califa, como su padre[34]. En tiempos de Abd-el-Malik (685-705) se produce un giro anticristiano en la política. Antes del 700 sabemos que ingresa en el monasterio de San Sabas de Jerusalén como monje. Juan V de Jerusalén lo ordena sacerdote y aprovecha sus cualidades de erudito, poeta y predicador. En el 726, durante la controversia iconoclasta, llega a ser el más notable propugnador del culto a las imágenes. Entre el 726 y el 730 redacta tres discursos famosos contra la iconoclastia[35].

Las afirmaciones teológicas de estos discursos las asume en su gran obra teológica de síntesis, Fuente del conocimiento. Intenta fundar sus argumentos sobre el uso y el culto a las imágenes desde un amplísimo punto de vista teológico, que resumimos de esta manera:

-En primer lugar tiene que afrontar el pasaje escabroso de condena de las imágenes en Ex 20. Según Juan debe interpretarse en la perspectiva de la acción unitaria de Dios en el Antiguo Testamento, en el Nuevo Testamento y en la época de la Iglesia. La prohibición del Antiguo Testamento hacia las imágenes se explica teniendo en cuenta la inclinación del pueblo hebreo hacia la idolatría. Sin embargo, se debe tener en cuenta que todo el Antigo Testamento es una sombra de la verdad. Para los cristianos, iluminados por el verdadero conocimiento de Dios, esta prohibición ya no es válida, sobre todo después de la encarnación de Cristo.

-El mismo Dios ha mantenido el sistema de comunicación en imágenes, apareciéndose en figura velada a Jacob, a Moisés, a Elías y a Daniel. Los relatos del Antiguo Testamento son typos, anticipación del futuro.

-Es más, los mismos relatos ya son en sí mismos imágenes. Una imagen pretende demostrar algo[36]. Es una semejanza, una representación .un paradigma., un retaro de algo, el cual muestra en sí mismo lo que representa. No es completamente igual al prototipo, al cual representa[37].

-Recurre a la filosofía platónica para dar una respuesta a este problema. Parangona la imagen con la idea platónica de arquetipo de la realidad terrena. El arquetipo puede existir sin la imagen, mas no a la inversa. La imagen es una representación del arquetipo, lo manifiesta y establece una relación con el contenido representado en quien contempla. Es decir, establece una relación con Cristo y, por Él, con la Santísima Trinidad. Es, pues, un medio de gracia.

-No podemos hacernos una imagen del Dios omnipotente, pero Dios mismo ha hecho una imagen de su Hijo. Con la Encarnación es dignificada la naturaleza humana y, por tanto, se puede representar a Cristo. Si bien la divinidad de Cristo no puede ser representada, el hecho de formar una sola persona con la naturaleza humana .se da la compenetración de ambas naturalezas, realidad que se ha llamado perichoresis. legitima una representación en imagen de Cristo.

-La iconoclastia nace no sólo por la existencia de las imágenes, sino, sobre todo, por su culto. Así es como Juan Damasceno intentará justificar su veneración. De la misma manera que hay una relación entre imagen u arquetipo, el honor se traspasa de la imagen a lo representado por ella. El concepto de veneración .proskónesis. daba lugar a malentendidos. Juan distingue entre una adoración a Dios y una veneración a las imágenes, aunque se use el mismo término de proskónesis para ambas realidades[38]. Hay una primera proskónesis según el sericio del culto que nosotros damos a Dios: es una adoración, una relación directa con Dios, único ser venerable por naturaleza. En otro escalón, también hay una veneración de honor, esta vez tributada a los santos. Esto preparará las decisiones del segundo concilio de Nicea.

Estos escritos provocaron la aversión de Constantino V hacia Juan. Así, deforma la raíz de su apellido árabe, la cual significaba .victorioso., para que signifique .bastardo.. Jua, ya de edad muy avanzada, muere poco antes de que se convoque el sínodo iconoclasta de Hierea (754), el cual le condena con un anatema cuatro veces repetido. De otra parte, ya en vida Juan Damasceno gozaba de la estima de los iconódulos, de la ortodoxia oriental y de la católica occidental. Venerado como santo, León XIII le proclama doctor de la Iglesia en 1890.

VI. Culmen de la controversia sobre las imágenes bajo Constantino V. El concilio iconoclasta de Hiereia el año 754

Constantino V (741-775) era también, como su padre, iconoclasta. Coronado por su padre como co-emperador en el 720 cuando sólo contaba con dos años de edad, bajo su reinado la iconoclastia llegará a ser un factor decisivo en la política. Lleva como sobrenombre kopronymos, apelativo despectivo que equivaldría a .el sucio.. Teophanes nos da la versión iconódula sobre este sobrenombre: en su bautismo, siendo niño, habría manchado la pila bautismal con sus excrementos; esto provocaría un vaticinio por parte de Germán I, el cual profetizaría un futuro desastroso con ese niño. Sin embargo, nos parece más fiable otra explicación a este sobrenombre: el emperador tenía pasión por los caballos, y, sin lavarse, entraría directamente de las caballerizas al salón del trono, lo cual provocaría el disgusto de los cortesanos ante su suciedad.

Hombre muy enérgico, entabló luchas armadas notables. Estando en guerra contra los árabes, en el 742, se rebela su cuñado Artabaste, haciéndose proclamar nuevo emperador. El usurpador toma apoyos en los iconódulos. El patriarca Anastasio (730-754), que antes había apoyado a los iconoclastas, ahora se pone de parte del usurpador. En mayo del 743 llega Constantino a la ciudad imperial y ejecuta un castigo humillante sobre el patriarca en el hipódromo[39] .a Artabasdo y a sus hijos les hijo desfilar cargados de cadenas y con los ojos arrancados.; no obstante, conservó su sede, volviendo a la adulación de los mejores tiempos. La iconoclastia llegará a convertirse en un factor político, como un signo de lealtad hacia su persona.

Mientras se empeña en la lucha contra los árabes en la parte oriental .en Armenia y en Mesopotamia., pierde el poder en Italia. En el 751 los lombardos conquistan Rávena y su entorno. Bizancio, pues, ya no estaba en condiciones de defender Italia ni Roma. Un enviado de Constantino llega al papa, Esteban II (752-757) con la petición de que se acerque a Pavía y pida al rey lombardo, Estulfo, la restitución a Bizancio de los territorios conquistados. Esteban se acerca a Pavía y después a Pipino, rey de los francos (754), lo cual significa una auténtica revolución en el papado en su influencia posterior en Occidente. Esta nueva orientación hacia los francos, y, por ello, alejamiento de Bizancio, viene en gran parte motivada por la iconoclastia de Constantino V: el papa no podía colaborar con un emperador hereje.

Con la rebelión de Artabasdo salen a la luz las divisiones de la sociedad bizantina. Había defensores de las imágenes en el episcopado, en la administración, en el pueblo y, sobre todo, en los monjes. Ya bajo el emperador León III, el patriarca de Constantinopla, Germán, había señalado que sólo un concilio ecuménico podría decidir en una cuestión de fe, decidir sobre este problema de las imágenes.

Ante esta experiencia de su padre, Constantino V actuará de un modo más sistemático. En primer lugar, su objetivo es la convocatoria de un concilio ecuménico. Para asegurar el éxito había que convencer primeramente a los indecisos y alejar a los adversarios. Para asegurar una mayoría favorable trató de confiar las sedes episcopales a sus secuaces, fundando nueve diócesis, las cuales encomendó a obispos hostiles a las imágenes. Asimismo provocó manifestaciones públicas para ganar al pueblo a su causa. Tenía una gran formación teológica, redactando una serie de escritos[40] que perseguían el mismo objetivo: leídos en asambleas públicas, debían anticipar los resultados de un futuro concilio.

El emperador trata de fundar una refutación teológica contra el culto de las imágenes, sobre todo contra la de Cristo. Su argumentación es muy hábil. Se presente, en primer lugar, como defensor de la ortodoxia, lo cual le lleva a la afirmación de las dos naturalezas en Cristo sin mezcla. Después de esta confesión cristológica toma posiciones sobre a identidad del arquetipo y la imagen: una imagen es buena cuando es idéntica a lo que representa. ¿Cómo es posible representar a Cristo en su doble naturaleza? La divinidad de Cristo es ilimitada y, por eso, no representable. Pero, si se le representa bajo figura humana, llega a ser una persona humana sólo, porque falta el elemento divino. Tal imagen, que representa a Cristo s´lo cmo hombre, no se puede referir al dogma cristológico. La verdadera imagen de Cristo no puede encontrarse en una pintura hecha por mano de hombre, sino en la Eucaristía, estando presente el Resucitado como Dios y como hombre. Usando la fórmula de las dos naturalezas .en vez de la calcedoniana en dos naturalezas. intentaba aproximarse a los monofisitas. Si la representación de Cristo es ilegítima .porque va contra el dogma., con mayor razón el culto hacia las imágenes es intolerable. En otros escritos a los obispos recoge una colección de textos patrísticos contra las imágenes.

Nada más adherirse los obispos a estas teorías, redacta otros escritos contra la Virgen y los santos. Así convoca el concilio de Hieria, en un palacio imperial, el cual se desarrollará entre el 10 de febrero y el 8 de agosto del 754. La fuente principal sobre este concilio la tenemos en Teophanes. Asistieron 338 obispos. Los iconódulos negaron autoridad ecuménica a este concilio, pues faltaron las sedes patriarcales .ni el papa, ni Constantinopla, Jerusalén, Antioquía, Alejandría y Constantinopla[41]. El emperador confía la presidencia del concilio a Teodoro, arzobispo de Éfeso. El emperador, hábil político, sólo hace elegir el nuevo patriarca de Constantinopla cuando se aprueben los decretos del concilio.

No obstante, el concilio fue menos cómodo de lo que supuso al principio el emperador. Su resultado final se ha conservado no en modo directo, sino a través del II concilio de Nicea del 787, donde fueron leías las conclusiones de Hieria párrafo por párrafo. El concilio de Hierea subrayaba los anatemas de seis concilios ecuménicos anteriores; se consideraba a sí mismo como ecuménico. Se revalida la unidad indivisible y no mezclada de las dos naturalezas en Cristo .asunto en el que Constantino V no era manifiestamente ortodoxo.. En cuanto a las imágenes, se llega a hacer un problema teológico de lo que fue un problema pastoral en su origen: ni siquiera podría ser representada la humanidad de Cristo, pues equivaldría a una negación del carácter teándrico de Cristo, una caída en el nestorianismo y en el arrianismo. La única imagen legítima de Cristo es la Eucaristía. Se funda en pasajes bíblicos, sobre todo en Jn 4,24[42]: «Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad».

A diferencia de los escritos imperiales, procura moverse en el ámbito de la teología calcedoniana. No obstante, extiende la refutación de las imágenes a las de la Virgen, los santos y lo smártires. Después de los anatemas, se declara a sí mismo como VII santo concilio, con decisiones vinculantes para toda la Iglesia. Al final el emperador declara a Constantino de Sylaion .al sur del Asia Menor. como patriarca de Constantinopla. Los decretos conciliares fueron leídos ante el pueblo en el foro de Constantinopla. Condena a los defensores de las imágenes, a Germán y al obispo de Chipre. Por cuatro veces es condenado Juan Damasceno. Así, todo defensor de las imágenes sería considerado no sólo enemigo del emperador, sino también hereje.

Según Nicea II hubo muchas persecuciones, se destruyeron y profanaron muchas imágenes y se cerraron muchos monasterios. Sin embargo, es difícil dar una fiabilidad total a estos relatos, pues no nos han llegado fuentes iconoclastas. Posiblemente la acción iconoclasta fue especialmente brutal en Constantinopla y su entorno. En otras partes del Imperio las medidas tomadas dependían mucho de los responsable locales. Muchas imágenes fueron destruidas y sustituidas por otras de animales y plantas: al lugar de la imagen de Cristo se puso la cruz. También se persiguieron las reliquias, siendo muchas de ellas destruidas.

En los diez años siguientes al concilio no parece que hubiera una persecución sistemática, debido a la amenaza de los búlgaros. Sólo en los años sesenta se ven persecuciones más violentas, con el martirio de monjes[43], si bien no parece que fueran muchos los que murieron.

El monacato fue el alma de la oposición y también el centro de las iras más feroces del emperador. Muchos monjes fueron obligados a prestar el servicio militar. Las necesidades de la guerra eran perentorias. Con estas medidas, además de la persecución contra los iconódulos, se pretendía impedir que muchos jóvenes se acercaran a los monasterios.

En el 775 muere Constantino V en una batalla contra los búlgaros. El ejército le fue siempre fiel. Las controversias continuaron durante unos decenios más.



                                                                       * * *

CAPÍTULO IV

LA AFIRMACIÓN DEL CULTO A LAS IMÁGENES

I. La dogmatización del culto de las imágenes: el concilio II de Nicea (año 787)

León IV (775-780), hijo y sucesor de Constantino V, no derogó los edictos promulgados por su padre, quizá porque en el ejército y en el alto clero predominaban los partidarios de la herejía. Sin embargo, procedió con cierta benignidad. A su muerte tomó las riendas del gobierno su mujer, Irene, por la minoría de edad de su hijo Constantino VI .tenía sólo diez años cuando subió al trono.. Con Irene, natural de Atenas y con una predisposición a favor de los iconos, se inaugura una nueva etapa, en la que se volvió a autorizar el ingreso de los jóvenes en la vida monástica, abriéndose monasterios que habían sido suprimidos.

No obstante, en la derogación de las medidas iconoclastas debía actuar con prudencia, por la fuerza del ejército .aún fiel a Constantino V., de los funcionarios .en su mayoría habían sido nombrados por él. y de los obispos .que estaban vinculados a las decisiones de Hieria.. La única solución era un nuevo concilio, verdaderamente ecuménico.

El patriarca de Constantinopla, Pablo IV (780-784) había jurado las decisiones de Hieria. Para evitar ser un obstáculo, renuncia en agosto del 784 a su cargo y se retira a un monasterio. La emperatriz propone para sucederle no a un monje .evitando así las suspicacias iconoclastas., sino a un laico, su canciller Tarasio (784-806), de cuya habilidad se esperaba una actitud conciliadora. Cuando la Junta de electores había mostrado su consentimiento a la futura convocatoria de un concilio, Tarasio aceptó su nuevo cargo envió al papa Adriano I (771-795) la Sinódica, comunicación de su nombramiento pidiéndole la comunión[44].

La carta contiene una profesión de fe iconódula y se refiere a la intención de convocar un concilio que discutiese definitivamente el problema, para el cual pide la asistencia del papa o el envío de legados. Irene dirigió al papa una misiva similar y conocemos la respuesta de Adriano I (octubre del 785)[45], en la que muestra su desagrado por la consagración ilícita de un laico como patriarca, por el empleo del título de patriarca ecuménico y por la poca disponibilidad de Tarasio a devolver a la jurisdicción del papa los territorios de Iliria... Pero, al mismo, tiempo, alaba la iniciativa de restaurar la imágenes, aunque esto no representaba un problema para Occidente, donde únicamente eran vistas como un elemento catequético-pedagógico. Finalmente anuncia el envío de dos emisarios, reservándose el derecho de confirmar las decisiones del Concilio.

«...Aquel pseudo-sínodo, que sin la sede apostólica tuvo lugar... contra la tradición de los muy venerados Padres, para condenar las sagradas imágenes, sea anatematizado en presencia de nuestros apocrisarios... Y cúmplase la palabra de nuestro Señor Jesucristo: .Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.; y también: .Tú eres Pedro....; la sede de Pedro brilló con la primacía sobre toda la tierra y ella es la cabeza de todas las Iglesias de Dios»[46].

La oposición de los iconoclastas era grande, sobre todo entre el ejército. El Concilio había sido abierto en agosto del 786 en la iglesia de los Santos Apóstoles, pero fue disuelto inmediatamente por la irrupción de soldados iconoclastas. Sólo fue posible convocarlo de nuevo cuando las tropas se encontraban ausentes de la capital, combatiendo a los árabes. Al mismo tiempo. Irene hizo venir de la Tracia a un contingente fiel y tuvo la precaución de hacer la convocatoria en Nicea, no en Constantinopla.

El Concilio realizó su trabajo en siete sesiones[47] y las resoluciones fueron promulgadas por Irene y Constantino VI el 23 de octubre. Es el VII concilio ecuménico y el último considerado como tal por los ortodoxos. Participaron más de 300 obispos, muchos monjes y dos legados pontificios no obispos. Tarasio llevaba la iniciativa y, frente a los sectores más radicales, permitió la actuación de obispos que anteriormente habían apoyado los decretos iconoclastas.

Se leyó una versión de la carta del papa en la que se suprimían los párrafos críticos con el patriarcado de Constantinpla y se acentuaban los relativos a las imágenes. Los debates[48] no fueron de gran altura teológica e, incluso, se mezclan leyendas piadosas y milagros. En la decisión final se hace la distinción entre el culto de adoración a Dios .latreuein. y la veneración hacia las imágenes .proskunein.. La posibilidad de hacer imágenes de Cristo se basa en la Encarnación. Las de los santos pretenden que se imite su ejemplo. Por tanto, no vemos una argumentación original, sino ideas ya conocidas.

«Entrando, como si dijéramos, por el camino real, siguiendo la enseñanza divinamente inspirada de nuestros Santos Padres y la tradición de la Iglesia católica .pues reconocemos que ella pertenece al Espíritu Santo, que en ella habita., definimos con toda exactitud y cuidado que de modo sejejante a la imagen de la preciosa y vivificante cruz han de exponerse las sagradas y santas imágenes, tanto las pintadas como las de mosaico y de otra materia conveniente, en las santas iglesias de Dios, en los sagrados vasos y ornamentos, en las pareces y cuadros, en las casas y caminos, las de nuestro Señor y Dios y Sanvador Jesucristo, de la Inmaculada Señora nuestra, la santa Madre de Dios, de los preciosos ángeles y de todos los varones santos y venerables. Porque cuanto con más frecuencia son contemplados por medio de su representación en la imagen, tanto más se mueven los que éstas miran al recuerdo y deseo de los originales y a tributarles el saludo y adoración de honor, no ciertamente la latría verdadera que serún nuestra fe sólo conviene a la naturaleza divina, sino que, como se hace con la figura de la preciosa y vivificante cruz, con los evangelios y con los demás objetos sagrados de culto, se las honre con la ofrenda de incienso y de luces, como fue piadosa costumbre de los antiguos. .Porque el honor de la iagen se dirige al original. .san Basilio., y el que adora una imagen, adora a la persona en ella representada»[49].

El concilio de Hieria es declarado ilegítimo y se rebaten sus conclusiones mientras que hay una explícita voluntad de moverse sobre la línea de los concilios ecuménicos anteriores. Finalmente se puso un icono en un puesto de honor, junto al evangeliario, como reconocimiento expresivo del culto de las imágenes. En la sesión final el emperador y su madre fueron aclamados como la nueva Elena y el nuevo Constantino.

II. Las controversias bizantinas en torno al II concilio de Nicea

Las decisiones del concilio II de Nicea fueron rechazadas por los teólogos carolingios. En el Libri Carolini se dice que ni en Hieria ni en Nicea se había acertado con la verdadera doctrina. El primero por su vandalismo iconoclasta, y el segundo por su adoración idolátrica de las imágenes. En una línea semejante se mueve el sínodo de Francfurt (795). De todos modos, nos  referiremos por ahora a las controversias que tuvieron lugar en Oriente.

Las tensiones en el seno de la sociedad bizantina no acabaron con el Concilio. Estaba en cuestióni el papel de los monjes, los cuales habían salido fortalecidos sobre todo en dos grandes problemas: en primer lugar, el rechazo que éstos hacían del principio de oikonomía .oikonomia., condescendencia propia del derecho canónico ortodoxo y que había aplicado el patriarca; dudaban de su ortodoxia y de su actuación con los obispos en el sínodo, a los que habría convencido con dinero. En segundo lugar, la disputa moiquiana .mokos..

Irene vio que el partido iconoclasta quería apoyarse en su hijo y encontró una ocasión propicia para alejarlo del trono. Estaba casado con María de Paflagonia y, después de siete años de matrimonio, la repudió obligándola a entrar en un convento, con el fin de casarse con una dama de la corte llamada Teodota. El patriarca toleró este comportamiento, pero se despertó una fuerte oposición entre la sociedad bizantina y especialmente los monjes, que denunciaron que se trataba de un adulterio. La tensión que se originó no es sino un botón de muestra de las tensiones que la sociedad bizantina albergaba en su interior. Dándose cuenta de la presión de la opinión pública, Irene aprovecha la oportunidad para volver al poder. En el 797 Constantino VI es capturado y expulsado.

Irene es la primera reina bizantina que tiene un poder absoluto. Teopnanes refiere un proyecto de matrimonio entre la reina y Carlomagno, pero esto no parece del todo fiable, pues el rey franco era considerado como un bárbaro. La reina no se hace designar como basilisa, sino basileus, emperador. Cubre de grandes favores al monacato, pero desde el punto de vista administrativo y defensivo no fue eficaz. En el 802 es depuesta y muere al año siguiente.

Nicéforos I (802-811), que era el canciller, asciende al trono. Hombre experto en finanzas, sanea la economía. A la hora de nombrar un sucesor al patriarca de Constantinopla, pasó por encima de Teodoro Estudita. En el 811 muere en un enfrentamiento con los búlgaros .su cabeza sirvió de copa al khan búlgaro..

A Nicéforos I le sucede Miguel I el Árabe (811-813), el cual reconoce la coronación imperial de Carlomagno (812). Tal reconocimiento implicaba la existencia de dos imperior cristianos separados. Ante la incapacidad administrativa y militar de los emperadores iconódulos se formó de nuevo una oposición iconoclasta, intentando la renovación política y el poner en cuestión las decisiones de Nicea II. En el 815 se convoca un nuevo sínodo, el cual abre la segunda etapa del iconoclasmo; en él se renuevan los decretos de Hiera. No era un asunto menor, sino una muestra de la crisis profunda de la soceidad y de la Iglesia bizantinas.

En esta época el teólogo que lucha a favor de las imágenes será Teodoro Estudita (759-826). En torno al 780 entra en el monasterio. Llega a abad en el 794. Debido a la incursión árabe en el 798, traslada el monasterio a las inmediaciones de Constantinopla: es el monasterio de Studios. En él inicia una reforma monástica que influye en todo el monacato bizantino, lo cual le acredita como el mayor representante del monacato ortodoxo después de san Basilio. La aportación de Teodoro es un reforzamiento del elemento cenobítico, comunitario. Su doctrina se encuentra en dos catequesis. Organiza el monasterio, a diferencia del individualismo de otro tiempo, como una comunidad que se mueve al ritmo del trabajo y de la oración. Más que la contemplación, entiende que está en la diakonía la expresión de la vida angélica que los monjes deben imitar. El monje renuncia al mundo para entrar en otro nuevo mundo. Su renuncia no comporta una separación absoluta del mundo, pues entraría en contradicción con los mandamientos de Dios. Se trata de testimoniar ante el mundo la importancia del servicio. Para Teodoro es esencial la obediencia .la virtud más alta en el monje. según el ejemplo dado por Jesucristo: así como Él sirvió a los apóstoles, lo mismo ha de hacer el monje con los hermanos y con los hombres. Es una apertura al apostolado y a la diakonía. La regla del monasterio era el typikom, que, más que una regla propiamente dicha, se trataba de un documento de fundación, donde se señalaba cuál era el modo de vida monástico. El monacato adquirirá un gran relieve como expresión de una mayor perfección en la vida cristiana.

En cuanto a las imágenes, su idea viene plasmada en tres Antirrhetikoi[50]. Negar la representación de Cristo equivale a negar la Encarnación. Luego entonces, hablaríamos de un Cristo incorpóreo. Por tanto, las imágenes no sólo son lícitas, sino necesarias. Supera, pues, la mera importancia catequética que hasta entonces se les daba. En cuestión dogmática se pone frente al emperador, lo cual le costará el exilio.

La victoria definitiva de las imágenes vino finalmente en el 843-844, con Teodora, mujer de Teófilos. El 11 de marzo del 843, en una solemne función religiosa en Santa Sofía, se restablece el culto a las imágenes. Un sínodo del 844 sanciona estas decisiones. La Ortodoxia celebra cada año el Domingo de la Ortodoxia, coincidiendo con el primero de Cuaresma, precisamente en recuerdo de la victoria del culto a las imágenes. En una pieza poética, litúrgica, llamada troparion .himno., aparece condensada toda la discusión de la iconoclastia; en ella los iconoclastas son llamados herejes, y se recuerda cómo el honor a las imágenes ha de pasar al original .idea de san Basilio..

Como conclusión a nuestro tema podemos ver cómo el concilio II de Nicea, desde un punto de vista dogmático, es muy sobrio. Renuncia a una larga argumentación cristológica. Sin embargo, lo que sí abundan son las afirmaciones cristológicas de varios teólogos iconódulos. Pero no pasan de la afirmación personal: no tienen la fuerza vinculante de una declaración conciliar, si bien es cierto que fueron enormemente influyentes.

Las imágenes se reafirmaron como inseparables en el culto litúrgico de la Iglesia ortodoxa, lo cual ha llegado hasta nuestros días.

                                                                       * * *

CAPÍTULO V

LA IGLESIA OCCIDENTAL EN TORNO AL AÑO 700



I. Introducción

Nos adentramos en un mundo muy distinto al bizantino, el cual fue heredero directo de la Antigüedad cristiana. El centro de la Cristiandad había gravitado sobre Bizancio. Ahora vamos a estudiar las distintas Iglesias que aparecen en Occidente. Ciertamente que quedaban cristianos de la antigua Romanitas, aunque dependiendo de las regiones .muy pocos en Inglaterra, ninguno en Irlanda..

Con la invasión de los pueblos germanos, la situación de la Iglesia cambia totalmente. Llega a ser una Iglesia occidental. Esta Iglesia tenía la misma fe, pero en la disciplina se presenta con una gran autonomía, así como en la liturgia y en la práctica de los nombramientos episcopales. Reconoce al papa como obispo de Roma, pero no permite injerencias por parte de Roma.

II. La Iglesia visigoda en España

En tiempos del rey Leovigildo (568-586) los visigodos, tras haber conquistado el reino suevo, crearon un reino estable y muy importante en la Península Ibérica, con capital en Toledo. El reino sobrepasaba los límites de la Península. Leovigildo .que era arriano. pensó en la posibilidad de una unidad nacional junto con los católicos de procedencia romana; para ello se valió de una fórmula de compromiso que giraba en torno al arrianismo. La oferta era conciliable con el dogma católico, pero con los años triunfará la solución católica.

A la muerte de Leovigildo le sucede su hijo Recaredo (586-601), el cual, al poco tiempo de la muerte de su padre, se convierte al catolicismo (587). El III concilio de Toledo supone un momento crucial en la historia de la Iglesia en occidente, pues en él se dio la conversión del reino visigodo al catolicismo. Es considerado es concilio como el nacimiento de la Iglesia nacional visigoda, la cual alcanzará un esplendor enorme, con un gran grupo de obispos santos y una liturgia de rito hispánico que aún en nuestros días sigue siendo uno de las joyas de la Iglesia española.

Llama la atención la regularidad en la convocatoria de concilios. Sus decisiones desvelan cómo el rey se siente responsable de la disciplina eclesiástica, así como de la liturgia, el celibato, las propiedades. Actuaba como verdadera cabeza de la Iglesia. Los decretos conciliares, después de la confirmación regia, se hacían de obligado cumplimiento para todo el reino. El rey se presentaba en la inauguración del concilio y consigna una lista con el orden de los asuntos a tratar. No tomaba parte en las discusiones conciliares, pero las decisiones finales cobraban un carácter oficial. Delitos de religión o transgresiones disciplinares eran considerados como delitos públicos. La Iglesia establecía así la posición del rey, y por ello esperaba de él un ejercicio de la justicia y de la piedad. Bajo el influjo de la Iglesia, con Chindasvinto (642-655) se produce una humanización del Derecho. Por primera vez se afirman los derechos del esclavo, el cual tenía derecho a la vida y a la integridad corporal frente a su señor[51].

Con Wamba, en el 672, se introduce pro primera vez un rito que llegará a ser muy importante en todo el Medievo occidental: la unción del rey en la coronación. Se trataba de una sacralización del rey, de la cual el Antiguo Testamento ofrecía una gran base teológica. Junto al rey estaba el primado de Toledo, que presidía los concilios nacionales. En el 671 se aprueba que el candidato al primado fuera propuesto por el rey, lo cual provoca que se convierta en un funcionario real más.

La relación con Roma era muy débil. Se trata de una Iglesia nacional católica, pero con una relación muy peculiar con Roma. La correspondencia de san Julián de Toledo con el papa (674-675) muestra este celo por la autonomía. El XV concilio de Toledo (688) asume en las actas la última carta de Julián confirmando esta actitud de independencia.

La invasión musulmana del 711 no eliminará completamente esta Iglesia visigoda.

Una de las glorias de la Iglesia visigótica es el ofrecer la última flor de la literatura patrística antigua. Hombres como san Leandro, san Isidoro, san Braulio, san Ildefonso, san Julián... San Isidoro de Sevilla (+636) es el transmisor del saber antiguo al Medievo. Sus Etimologías han sido objeto de muchísimas copias, y han servido como base para el razonamiento teológico y científico de la Edad Media. .Etimologías. es una palabra que procede del hecho de buscar la esencia, la raíz, de cada concepto. Tiene un gran interés también por su teología de los pobres, volcada sobre lo social. No obstante, en lo político encontramos en él cierto aislamiento peligroso, al considerar a España como el centro del mundo, quizás con cierto sentimiento de superioridad sobre las demás naciones. Este proceso de .hispanocentrismo., de no estar abiertos al mundo circundante, posiblemente haya que esgrimirlo como una de las causas de su sucumbir ante la invasión musulmana.

III. La Iglesia lombarda en Italia

Los lombardos eran un pueblo muy fiero, mucho más que el resto de los pueblos germanos. Provocaron una gran destrucción de iglesias, expulsión de indígenas, etc. Sin embargo, no llegaron a conquistar toda la península italiana, entre otras cosas porque no estaban muy unidos entre ellos. Lograron, eso sí, derrotar a los bizantinos, lo cual supuso la separación completa entre Bizancio e Italia.

La situación de la Iglesia se presenta muy difícil, tanto que el metropolita de Aquileya huye, así como el arzobispo de Milán. Agilulfo (591-606) se casó con la católica Teodolinda (+627), lo cual influyó muy positivamente sobre los lombardos para dar el paso al catolicismo. Será en la segunda mitad del siglo VII cuando el catolicismo gane definitivamente terreno: bajo el rey Pertarit (671-688) se extingue el arrianismo. Pavía, la capital del reino, se convirtió en el centro de la actividad católica. Pavía era una extensión del dominio del papa, dependiendo directamente de él.

Desde el principio de su existencia, dos serán sus grandes enemigos: los francos y los bizantinos. En el 774 los francos destruyen el reino lombardo ante la amenaza que suponían para el papado. Quedarán insertos en el reino de los francos.

IV. El reino franco

La Galia aparece como un territorio de grandes diferencias étnicas. En el sur hay existe una tradición cultural y religiosa aún dependiente de la Antigüedad. El resto precisaba de una gran obra de cristianización

1. El bautismo de Clodoveo

El punto esencial en la historia del reino franco es la conversión de su rey Clodoveo (498 ó 499; otros autores hablan del 506), y con él de todo el pueblo. La fuente más antigua que nos da noticia de este acontecimiento es la carta de Avitus de Vienne (+518)[52].

El motivo de la conversión de Clodoveo está en la búsqueda de un Dios de los ejércitos que le ayude en la batalla contra los enemigos. Gregorio de Tours lo refiere[53]. Relacionada con la conversión de Clodoveo está la conversión de su pueblo, una conversión colectiva, en masa, conforme al ca´racter arcaico de las nuevas sociedades guerreras. Según Gregorio eran más de 3.000 los que recibieron el bautismo con Clodoveo. En el primer medievo la cristianización se convierte en un acto colectivo.

La decisión de Clodoveo debilita definitivamente el arrianismo moderado .homeo, por el que el Hijo de Dios era similar al Padre.. Un pueblo germánico-pagano se convertía directamente al catolicismo, sin pasar por el arrianismo de otros pueblos bárbaros.

2. La Iglesia franca

Junto al bautismo de Clodoveo observamos lo que podemos llamar el modelo franco de relaciones entre Iglesia y Estado, las cuales han impregnado la historia eclesiástica medieval. Desde el principio se dio una unidad entre poder político e Iglesia, la cual llegará a tener un carácter galo-franco. Gálico en cuanto al orden tradicional de la Iglesia, según el modelo de la Iglesia antigua romana .derecho canónico lengua litúrgica, estructura en provincias eclesiásticas a las que pertenecían los obispos, etc... Cuando los germanos se adhieren al catolicismo, quieren ser como ls romanos, y así adoptan la lengua latina en la liturgia[54]. De todos modos, se va produciendo una evolución que nos permite calificar a este período como la gran época de transición de la Iglesia antigua a la medieval.

Los sínodos se convocan cuando el rey lo estima necesario, y es él quien confirma los decretos sinodales. Estamos ante una Iglesia que está bajo el rey. El papa tiene una autoridad espiritual, pero nunca llega a tener un poder directo sobre la Iglesia franca. Al final del siglo VII desaparece la estructura antigua metropolitana, dando paso a una relación estrechísima entre el rey y cada obispo de su Iglesia. El modelo se asemeja mucho al de basileus de la Iglesia bizantina. Los sínodos se hacen frecuentes[55]. Tratan de todas aquellas materias que caen bajo la competencia del obispo, especialmente cuestiones prácticas, y nos dan una visión panorámica de los problemas de aquella Iglesia. Sin embargo, de la misma manera que se debilita la estructura metropolitana, así también el papel del obispo irá decayendo.

La Iglesia franca desarrolló un orgullo institucional que se basaba en el hecho de que su conversión no estuvo viciada por la herejía. Esto podemos verlo en su Lex salica, la primera ley que codifican los pueblos germánicos, con ciertos influjos también romanos. Ha sido conservada en 87 manuscritos, lo cual nos hace idea de la creciente cristianización. Nos interesa esta ley por su prólogo, donde se muestra al «pueblo fiel» de los francos, que nunca ha caído en la herejía, como los lombardos lo los visigodos.. Se autocalifican como el «nuevo pueblo de Dios»[56]. Un manuscrito del 763 nos da noticias de otro del 700, que posiblemente sería el más antiguo, el de Montpellier .H-136.. La imagen de Cristo como el Dios nacional franco nos parece muy polémica, y nos hace pensar en los redactores de estos documentos, que no parecen ser otros que clérigos francos.

En cuanto a la estructura de esta Iglesia, observamos el debilitamiento de la figura del obispo, puesto que está vinculada sobre todo al rey. La Iglesia no desempeña sólo una responsabilidad espiritual, sino también pública, en cuanto a la asistencia social, las obras públicas .puentes, caminos, albergues, etc.. y la administración de justicia. Llega a haber estados eclesiásticos, gobernados bajo la jurisdicción de un obispo. Carlomagno intentará reformar el reino franco, queriendo que el obispo se circunscriba a sus competencias espirituales. Pero esto no era fácil. Tenemos el caso del obispo de Tréveris, Milo (+761), el cual era hijo y sucesor en el episcopado de Liutwin, perteneciendo a la alta aristocracia de Austrasia. Era el prototipo de un episcopado degradado que debía desaparecer. Un episcopado que se encontraba demasiado vinculado a sus familias de pertenencia de sangre.

3. El sistema de la iglesia privada

Iglesia propia o privada es un concepto traducido del alemán Eigenkirche, acuñado por Ulrich Stutz en el siglo pasado. Pretende designar a una Iglesia que pertenece a un gran propietario de la tierra. Éste hace construir, a cuenta de sus fondos, una iglesia para sus campesinos, dotándola de rentas para la sustentación del clero. Con esto, el señor de la tierra era propietario no sólo del edificio, del templo, sino también de lo espiritual, estando capacitado para el nombramiento del sacerdote que debía servir en su iglesia. De hecho, se corrió el gran riesgo de la explotación de la Iglesia: el señor del dominio territorial nombraba sacerdote para su iglesia como podía nombrar un molinero para su molino cuando éste se quedaba sin obrero. Es más, el sacerdote era elegido entre las personas incapaces de hacer otros trabajos más productivos. Era un clero sin formación alguna; no había una preparación teológica mínima.

Será tal la unión entre altar y suelo, que el sistema de la iglesia privada llegará a convertirse en una institución jurídica, estando en la base la propiedad del suelo. Todo lo que estaba incluido en la iglesia .campos donados, habitantes que mantener, el cementerio, etc.. era considerado propiedad del patrón de la tierra.

Los sínodos merovingios trataron de abolir este sistema, aunque al final se limitaron sólo a evitar abusos, pues el sistema en sí no se puso nunca en discusión. Se pretendía que el sacerdote estuviera libre de los abusos del señor; y para esto, nada mejor que fuera un hombre libre, es decir, no siervo. De hecho, si había sido siervo, la ordenación sacerdotal le confería la libertad. Los obispos no podían protestar demasiado, porque esta iglesia privada, rural, llegaba a ser indispensable en una sociedad agrícola como era la altomedieval. El sistema de iglesias privadas llegó a tener un papel relevante en muchos lugares donde el obispo no podía llegar.

Estudiosos actuales ven en este sistema una forma de asegurarse los señores terratenientes la salvación familiar. Organizaban los oficios litúrgicos como medio de asegurarse el sufragio por sus difuntos. Lo mismo decir de los monasterios fundados por estos señores laicos. Con los carolingios la concepción de la vida diocesana cambiará, teniendo un desarrolló hacia iglesias o monasterios propiedad del obispo. El propietario no era un laico, pero el sistema funcionaba de la misma manera.

V. La Iglesia irlandesa